CELEBRACIÓN PENITENCIAL DE ADVIENTO
(20.12.2010)
“NACE UNA ESPERANZA ANTE
- La gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, nuestro Salvador, estén con todos vosotros.
- Nos sentamos.
PRIMERA PARTE
- En toda celebración, incluida esta penitencial, Dios lleva la iniciativa por puro amor y generosidad, por pura gracia, y nos hace regalos. Esta celebración la realizamos en Adviento, y ya en el 1er. Domingo recordábamos y celebrábamos lo siguiente: “Despertemos del sueño del desánimo que nos produce la crisis” (Domingo 1º).
Tocamos campanillas para ello. Cantamos:
“Vamos
a preparar el camino del Señor. Vamos a construir la ciudad de nuestro Dios.
Vendrá
el Señor con la aurora, Él brillará en
la mañana, pregonará la verdad.
Vendrá
el Señor con su fuerza, Él romperá las cadenas, Él nos dará la libertad.”
Él
estará a nuestro lado, Él guiará nuestros pasos, Él nos dará la salvación.
Nos
limpiará del pecado, ya no seremos esclavos, Él nos dará la libertad.”
- ¿Cuáles son nuestros desánimos? Los reflexionamos en silencio. ¿Por qué nos desanimamos? No es posible vivir así: hemos de abrirnos a la esperanza, a nuevas perspectivas aunque ahora nos parezcan irrealizables.
Bien despiertos escuchamos Romanos 13,11-14: “Ya es hora de despertarnos del sueño, porque ahora tenemos la salvación más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades propias de las tinieblas y pertrechémonos para actuar en la luz. Comportémonos como en pleno día, con decoro: nada de comilonas ni borracheras, nada de orgías ni desenfrenos, nada de riñas ni porfías. En vez de eso, revestíos del Señor, Jesús Mesías, y no deis pábulo a los bajos deseos”.
- Para prepararse a algo nuevo, para salir de la crisis, se nos recomienda q ue empecemos por aceptarnos unos a otros: por ahí pasa la conversión a un nuevo tipo de relaciones humanas y, por tanto, de sociedad que supera las crisis (Domingo 2º).
¿A quiénes aceptamos normalmente? Lo reflexionamos individualmente. ¿No será que sólo aceptamos a los que se parecen a nosotros, a los que nos halagan, a los que nos tratan bien, es decir, que centramos la aceptación en nosotros?
Lectura de Mateo 5,46-48: “Si queréis sólo a los que os quieren, y si mostráis afecto sólo a vuestra gente, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen eso mismo también otros que no comparten vuestra fe? Por consiguiente, sed buenos del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo”.
- Nos tenemos que aceptar especialmente porque Dios quiere que seamos sus hijos (Inmaculada).
Y con ello se refiere a todos, justos e injustos, “buenos y malos”, cercanos y lejanos.
¿Cómo vivimos esa paternidad de Dios? ¿Me lleva a una mayor fraternidad con los demás?
- La solución no está en quejarnos unos de otros encerrándonos en nuestros pequeños círculos, sino más bien en dirigir nuestra mirada y actuación hacia los pobres para ayudarles a superar penas y aflicciones en estos tiempos difíciles de crisis (Domingo 3º).
Pensamos en las veces que nos quejamos y los motivos que aducimos. ¿No será que de nuevo nos centramos en nuestros intereses y no tanto en el de los demás?
¿Estamos atentos a la situación de los más pobres que nosotros y tratamos de ayudarles? ¿Cómo lo hacemos?
Lectura de Lucas 7,19-22: “Juan Bautista, llamando a dos de sus discípulos, los envió a preguntarle a Jesús: ‘Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro?’. Entonces Jesús mismo curó a muchos de sus enfermedades, ataques y malos espíritus, y a muchos ciegos les devolvió la vista. Después contestó a los enviados: ‘Id a contarle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la buena noticia”.
- El amor solidario es la clave: todos formamos parte de un pueblo santo y el nacimiento de Jesús destaca que Dios es el primer amor solidario, que está con nosotros (Domingo 4º).
Canto: “Jesús está entre nosotros; Él vive hoy y su Espíritu a todos da.
Jesús razón de nuestra vida. Es el Señor, nos reúne
en pueblo de amor.
Cambia
nuestras vidas con tu fuerza. Guárdanos por siempre en tu presencia.
Tú
eres verdad. Tú eres la paz.
...
Rompe
las cadenas que nos atan. Llénanos de gracia en tu palabra.
Gracias,
Señor. Gracias Salvador.
...
Nuestras
existencias hoy te alaban. Nuestros corazones te dan gracias.
Tú
eres amor, eres canción.
SEGUNDA PARTE
- Nos reconocemos pecadores y decimos juntos y de pie: “Yo confieso ante Dios todopoderoso…”
- Pidamos humildemente a Dios misericordioso, que purifica los corazones de quienes se confiesan pecadores y libra de las ataduras del mal a quienes se acusan de sus pecados, que conceda el perdón a los culpables y cure sus heridas:
- Que nos concedas la gracia de una verdadera penitencia. OREMOS.
- Que nos concedas el perdón y borres las deudas de nuestros antiguos pecados.
- Que quienes nos hemos apartado de la santidad de
- Que permanezcamos de aquí en adelante con entrega sincera y mostremos siempre nuestra adhesión a Ti.
- Que renovados en la caridad seamos testigos de tu amor en el mundo.
- Que perseveremos fieles a tus propuestas y lleguemos a la vida eterna.
- Rezamos juntos el Padrenuestro.
TERCERA PARTE
- Nosotros nos reconocemos como ciegos para captar tu presencia en las alegrías y en las penas de nuestros vecinos, en tu acción sobre cada uno de nosotros, en los marginados de este mundo.
- Pero te damos gracias y te expresamos nuestra alegría porque Tú abres nuestros ojos gracias al Jesús cuyo nacimiento nos disponemos a celebrar. Contigo nace una esperanza ante la crisis.
-
Canto de alegría: “Maravilloso
Jesús es para mí, y más dulce que la miel que mana del panal.
Me
liberó, Él me liberó. Yo le alabaré por toda la eternidad.”
- Con esta alegría nos acercamos al sacramento de la reconciliación.
- Mantenemos una música de fondo (si es posible).
CUARTA PARTE
- Gracias, Padre, por estar cerca, por estar con nosotros en nuestra vida cotidiana, porque conoces nuestras debilidades y nos aceptas.
- Oración en común:
“Te damos gracias, Dios Padre, porque en medio de la crisis y de
nuestras crisis, la celebración del nacimiento de tu Hijo hace renacer nuestras
esperanzas.
Tú nos ayudas a superar nuestros desánimos instándonos a que nos
aceptemos unos a otros, especialmente porque todos somos hijos tuyos, para
cambiar las relaciones humanas.
Tú nos animas a madurar, no quejándonos unos de otros encerrándonos en
nuestras pequeñeces, sino dirigiendo nuestra mirada y actuación hacia los que
están peor que nosotros para ayudarles a superar penas y aflicciones en estos
tiempos difíciles de crisis.
Tú nos indicas que el amor solidario es la clave: todos formamos un
pueblo santo y el nacimiento de Jesús destaca que Dios está con nosotros.”
- De pie: rito de conclusión:
- El Señor dirija vuestros corazones en la caridad de Dios y en la espera de Jesucristo. AMÉN.
- Para que podáis caminar con una vida nueva y agradar a Dios en todas las cosas. AMÉN.
- Y que os bendiga Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN.
- El Señor ha perdonado vuestros pecados. Podéis ir en paz.
-
Canto final: “Nadie hay tan grande como Tú, Señor, nadie hay, nadie hay. /bis/
¿Quién habrá que haga maravillas como las que haces Tú? /bis/
Alabaré, alabaré, alabaré, alabaré, alabaré a mi
Señor. /bis/
Todos
unidos alegres cantamos gloria y alabanza al Señor.
Gloria
al Padre, gloria al Hijo, y gloria al Espíritu de amor.
Nadie hay tan grande como Tú”.