Tema 10: Dichosos los que saben asumir el dolor.
-El dolor y el mal están ahí: que
pongan ejemplos tanto de la
sociedad como sacados de su vida cotidiana (familia, colegio, barrio, etc.).
- Problemas que me causan dolor:
dar a cada uno el listado y
trabajar sobre el mismo.
1) Rodea con un círculo los tres
que más te afecten.
2) Podéis elegir el más señalado y
comentarlo, o que alguien se ofrezca voluntariamente a decir el suyo: ¿en qué
consiste en concreto ese dolor?, ¿lo tengo desde hace mucho tiempo?, ¿lo
comento con otros?, ¿hay muchas más personas a las que les pasa lo mismo?, ¿de
qué modo me afecta en mi vida diaria?
- Hay dos grandes tipos de dolor o de mal:
a) dolor o mal físico: producido
por la naturaleza (desde los cataclismos hasta las enfermedades y la muerte);
b) dolor o mal moral: el que
provocamos los humanos con nuestra conducta (guerras, opresión, abusos, etc.).
-¿Por qué existe el dolor? Comentamos entre todos esta pregunta.
Cuando ya está lo suficientemente comentada les entregamos el siguiente texto
tomado del libro de Luis González Carvajal “Esta es
nuestra fe”, página 96:
a) El mal físico es una
consecuencia de la finitud. Para que el agua, por ejemplo, produzca todos sus
buenos efectos (apagar la sed, regar los campos, etc.) tiene que ser agua. Pero
si es agua, también pueden seguirse consecuencias negativas, como que uno se
ahogue en ella. Los pies del caballo son magníficos para correr pero no le
permiten coger cosas. La lluvia es muy buena para el agricultor pero perjudica
a los excursionistas. Una característica de la finitud consiste en que cada
perfección resulta también un límite. No se puede ser todo a la vez, igual que
un círculo no puede ser a la vez un cuadrado. Imaginar un mundo donde el mal no
tuviera cabida sería tanto como imaginar un mundo infinito.
b) El mal moral es consecuencia
del abuso que hacemos de la libertad. El hombre no se distingue del animal
solamente porque es capaz de mayor altruismo sino también porque es capaz de
mayor abyección y de más refinada crueldad. Una gran
parte de los males que deploramos son producto directo de la voluntad humana.
Parece necesario concluir que
Dios no podía crear seres humanos totalmente libres de sufrimientos, porque el
ser humano no puede dejar de ser a la vez finito (a diferencia de Dios) y libre
(a diferencia de los animales).
- Comentamos el texto entregado.
-Nuestra actitud: ¿cómo reaccionamos nosotros ante el dolor? Diálogo
entre todos. Conviene concretar lo más posible recordando situaciones que nos
han pasado o nos pasan. Pero se trata de señalar cómo reaccionamos, no cómo
deberíamos reaccionar, algo que trataremos al final.
ACTITUD DE DIOS ANTE EL DOLOR.
(Se les da fotocopiado,
juntamente con la actitud de Jesús que sigue a continuación)
No siempre es fácil de
comprender: es un misterio. Pero tenemos algunas pistas:
-No es Dios quien produce el
sufrimiento. Cuidado con expresiones como “Dios te ha castigado”, “Dios hace
sufrir al que ama”, “Dios aprieta pero no ahoga”, etc.
- Dios ha dado plena libertad al
hombre y la respeta. Por eso “consiente” que el justo lo pase mal. No
interviene directamente para atajar el mal. No consiste en que Dios recurra a
los milagros para que no tengamos males porque no daría abasto y acabaría por
eliminar la libertad humana y su dignidad. Dios no quiere el mal pero lo
permite porque sabe que es una consecuencia inevitable de la creación. Dios
debió considerar que, a pesar de todo, el mundo valía la pena.
- Pero Dios no se desentiende de
lo que nos pasa. Más aún: Dios sufre cuando el hombre sufre. Y esto por una
razón: porque nos ama, y el amor no deja indiferente.
- Dios, por medio de su
Espíritu, nos estimula a dar una respuesta al sufrimiento de los hombres y
mujeres. Por eso los que ahora lloran pueden llegar a ser felices al encontrar
la solidaridad de los otros.
ACTITUD DE JESÚS ANTE EL DOLOR.
1) Siente como suyo el dolor
ajeno. Se com-padece (sufre con el otro). Llora ante
el dolor que ve a su alrededor, por ejemplo ante la muerte de su amigo Lázaro.
2) No se resigna ante el dolor.
Lucha contra él: cura a bastantes, denuncia las injusticias que causan dolor.
3) Se solidariza con los que
sufren y experimenta él mismo el dolor: llega hasta morir violentamente en la
cruz. Muere pasando por una terrible angustia.
4) El dolor no le vence: tiene
plena confianza en Dios su Padre y esta confianza le ayuda a seguir adelante.
5) Una vez resucitado continúa
solidario con los que sufren: “Lo que hagáis a uno de estos que sufren es como
si me lo hiciérais a mí”.
6) Llega incluso a considerar
que del sufrimiento puede nacer algo nuevo en nosotros: como la mujer con los
dolores de parto.
- Para profundizar en la actitud
de Jesús se puede realizar un estudio
de Evangelio sobre Lc 18,35-43.
Se
les reparte el texto del Evangelio fotocopiado. Primero cada uno hace una
lectura personal, en voz baja. Luego, uno del grupo la hace en voz alta,
despacio, dando sentido a lo que lee:
Cuando
se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo
limosna. Al oir que pasaba gente, preguntaba qué era
aquello y le explicaron: “Pasa Jesús Nazareno”. Entonces gritó: “¡Jesús, hijo
de David, ten compasión de mí!”. Los que iban delante le regañaban para que se
callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”.
Jesús
se paró y dijo que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca le preguntó: “¿Qué
quieres que haga por ti?” El ciego contestó: “Señor, que vea otra vez”. Jesús
le dijo: “Recobra la vista; tu fe te ha curado”. En seguida recobró la vista y
lo siguió glorificando a Dios. Y todo el mundo al ver esto alababa a Dios. (Lc 18,35-43)
Se puede aclarar que mientras los
discípulos y los sabios de aquel tiempo no comprendían nada de lo que decía
Jesús, fue un ciego el que “vio” y entendió a Jesús llamándole “hijo de David”
por dos veces, título que se refiere al Mesías, al Salvador esperado por los
judíos.
Se les comenta que los ciegos vivían
marginados de la sociedad. Se creía que la ceguera era un castigo de Dios por
algún pecado suyo o de sus padres; tenían que vagar por los caminos pidiendo un
mendrugo de pan; no tenían dónde vivir y tenían que soportar las burlas y
desprecios de la gente.
La expresión “ten compasión de mí”
hay que entenderla no en plan paternalista sino como una súplica para que Jesús
sienta lo que él siente, comprenda su situación, le acompañe en su soledad.
Nos metemos en el personaje del
ciego: ¿qué es lo que más os impresiona de este hombre, de sus sentimientos,
actitudes o palabras que dice?
A continuación analizamos al resto
de personas que iban con Jesús: ¿cómo veis a los que rodean a Jesús, que ni le
entienden y que, si al principio responden al ciego diciéndole que es Jesús
Nazareno el que pasa, luego le regañan y le dicen que se calle?
Y, finalmente, nos detenemos en la
figura de Jesús: ¿qué es lo que más os impresiona en los gestos y palabras de
Jesús? (Recordad: se paró, dijo que se lo trajeran, pregunta, cura…).
Y ahora nos centramos en nosotros
mismos: Jesús te habla como le habló al ciego: ¿Qué quieres que haga por ti?
¿Cuál es tu respuesta?
Pero no se trata sólo de una
relación personal con Jesús. Él nos anima a comprometernos: ¿qué personas de
las que te rodean están esperando de ti, como el ciego lo esperó de Jesús, que
te pares, que les hagas caso, que les quieras, que hagas algo por ellas para
darles ánimos y esperanza?
Por último, y a partir de la
experiencia de oración que acabamos de tener, intentamos hacer entre todos una
oración sintiendo que Jesús está presente en medio del grupo.
POSIBLES PASOS A DAR.
- Ahora ya estamos preparados
para apuntar respuestas a la pregunta “¿Cómo deberíamos reaccionar nosotros
ante el dolor y el sufrimiento de otras personas?”. Recordamos los ejemplos que
se han puesto al principio y empezamos a trabajar sobre ellos, aunque podemos
ampliar a otros casos. Es importante llegar a criterios de actuación, por lo
cual ponemos a continuación algunos de ellos:
a) Hay que saber asumir el
dolor, especialmente el que me afecta a mí: no desesperarme, no pensar que es
una injusticia porque sólo me pasa a mí, no estarme quejando constantemente, no
obsesionarme ni acomplejarme. Curiosamente, cuando comentamos nuestro dolor con
otros nos damos cuenta de que lo que me pasa a mí les pasa a muchos otros. Hay
que saber reaccionar ante él: tal vez nos impida determinadas cosas, pero
podemos hacer otras. El dolor forma parte de la vida igual que el placer.
a) Pero tampoco es una respuesta
cristiana la resignación ante el dolor, ni la búsqueda del dolor por el dolor
(como los que se autolesionan por culpa de sus supuestos pecados).
b) Hay que reconocer que el
dolor acompaña constantemente a los hombres y mujeres, pero que un día
desaparecerá definitivamente. Eso nos tiene que estimular a intentar ir
eliminándolo desde ahora.
c) Hay que reconocer los
sufrimientos y sus causas. Por ello: prestar atención personal a los que sufren
y luchar contra el dolor transformando las estructuras y las causas que lo
producen. Somos responsables de los sufrimientos de los demás si no hacemos
nada por ellos.
Pero
también sería bueno no quedarnos en los criterios y ver si es posible concretar
algunas actuaciones. Aquí van algunas posibles a realizar en común:
- Visitas a
- Hablar con alguna de las
mujeres del Equipo de Pastoral de
Igualmente
se podría llegar, sin forzar, a algún tipo de compromiso personal.
CONCLUSIONES FINALES: Entre todos hacemos un resumen
de lo más significativo que ha salido en la reunión y se va anotando en los
cuadernos.