Tema 14: Dichosos los que aman, incluso a los que les fastidian.

 

Como resumen y punto final a las bienaventuranzas, que son el eje central del estilo de vida de Jesús, vamos a centrarnos ahora en el amor sin el cual no puede entenderse todo lo demás.

 

Diálogo previo sobre el tema:

 

Leemos los siguientes testimonios (se les dan por escrito):

 

INÉS (Quiere amar y ser amada; padece desengaños y se aturde)

 

“Tengo 17 años. Mi problema es tener demasiada confianza en todo el mundo y el no haber encontrado a nadie que haya correspondido a mi confianza. Yo ayudo a todo el que viene a mí en todo lo posible, y cuando está resuelto su problema se van y no dan siquiera las gracias. Así llevo bastante tiempo y ya estoy cansada de dar y no recibir a cambio, ni siquiera un poquito.

                  Para complicar más las cosas, acabo de tener mi primera desilusión amorosa en serio y he quedado asqueada de todo esto del “AMOR”. Es una porquería, al menos como yo lo he conocido; yo pensaba que el amor era más lírico, más poético. Creía que era amar y que te amasen, pero no basaba el amor en el sexo, eso estaba en segundo término. Ahora he visto que la gran mayoría de las parejas no conciben el amor sin practicar el sexo. Verdaderamente es un asco. Después de todo esto, descubro que la vida no merece la pena ser vivida.”

 

 

JUAN (periodista joven que contesta a la carta de Inés. “A veces llamamos amor y amistad a cosas que no lo son”).

 

“Yo, personalmente disiento de la comunicante. Ni la amistad ni el amor, del que aquélla es sólo una forma, son ninguna porquería y lamento que por tu experiencia montes una estadística con una muestra tan pobre como para acusar a “la gran mayoría de las parejas”. Creo sinceramente que lo que ocurre es que demasiado a menudo calificamos de amigo, y así lo aceptamos, a quien no puede serlo. O de amor lo que no es ni puede serlo tampoco. Entonces la amistad y el amor nos salen una porquería o, cuando menos, un fracaso.

                  Tú misma dices que estás harta de “no recibir nada a cambio, ni siquiera un poquito”. Es humano, humanísimo; pero si hablamos de amor con la integridad que lo reclamas tendremos que acordarnos de las cualidades con que lo calificara S. Pablo, que son útiles para todas sus manifestaciones.

                  Sí, el amor puede ser lírico y poético, pero eso es accesorio. Supongo que conoces una frase famosa, aunque no sé de quién, que dice refiriéndose al amor humano que “no consiste en mirarse a los ojos sino en mirar juntos en la misma dirección”.

 

 

ENTREVISTA A BUERO VALLEJO, AUTOR DE TEATRO

 

-“¿Qué opinas del amor?

 

Supongo que pasa lo mismo que con la amistad. Son sentimientos dañados por las dificultades y las esperanzas de la vida. Pero me parece que son sentimientos muy importantes, que tienen plenitud en más ocasiones de las que pensamos. Incluso en aquellos casos en que la torpeza humana o la dureza de la vida amenazan con extinguirlos, son ellos en el fondo quienes nos sostienen.

 

-Hablábamos de esperanza: la esperanza trasciende cualquier sentimiento.

 

A mí me parece que hay esperanza en el amor. Me parece que el amor y la amistad no son sentimientos pasivos, sino creaciones; sentimientos dinámicos que se alimentan de sí mismos.

 

-¿Y el tema de la relación amor-sexo?

 

Unamuno decía que cuando somos jóvenes y ponemos la mano en el muslo de nuestra novia sentimos una sacudida, y que cuando somos viejos y ponemos la mano en el muslo de nuestra mujer ya no sentimos nada; pero que si a nuestra mujer le tuvieran que cortar ese muslo lo sentiríamos exactamente igual que si nos lo cortaran a nosotros. Y yo creo que eso es el amor. Aunque la emoción física lo sea. Sospecho que las dos cosas son reflejo, proyecciones de algo que nos sucede, y que ni siquiera nuestra modernísima ciencia puede descubrir qué es.

 

-El amor y la mistad son fenómenos importantes, pero son fenómenos. Llega un momento en que te las tienes que agenciar a solas.

 

Cuando te las tienes que agenciar a solas también percibes el hueco del amor y el hueco de la amistad. Los percibes como huecos y por eso te sientes solo. La soledad es desconfortadora, tremenda y trágica, porque queremos amor y amistad.

 

 

ROSALEEN Y BRENDAN (El amor sin fronteras entre dos personas)

 

                  La prensa traía una foto emotiva con el siguiente pie: “Rosaleen McNern es conducida a la iglesia por su novio Brendan Murria, en una silla de ruedas, ya que a la novia le faltan las dos piernas y un brazo que perdió a causa de la explosión de una bomba. La foto encierra el gran dramatismo de tantas víctimas inocentes que sufren las consecuencias del odio entre la gente. Pero también nos da la lección de que el amor es cosa de dos y no tiene fronteras”.

 

 

LORD BYRON

 

                  A los 15 años se enamoró de su prima. Ella tenía dos años más. En realidad no se había enamorado de ella, se había enamorado del amor, y esto equivale a enamorarse de una quimera. No respiraba ni existía más que a través de su prima. Y cuando no estaba con ella se abandonaba a un largo sueño que su prima llenaba por entero. Al siguiente día  de una radiante jornada en que apenas se había separado de su prima y cuando había decidido declararle abiertamente su pasión, Byron oyó por casualidad lo que ella decía hablando con sus amigas: “¿Creéis que yo puedo querer a un chico cojo?”. Fue una puñalada para el joven lord (que efectivamente era cojo). No había de volver a enamorarse jamás de mujer alguna sin sentir en el corazón el recuerdo de aquella pasión no correspondida.

 

Comentario entre todos:

 

-¿Qué entendemos por amor?

-¿Qué características debe tener el amor para que podamos decir que es auténtico?

-¿Todo lo que se suele llamar “amor” podemos considerarlo como tal?, ¿por qué?

-¿Qué es lo que más abunda en las relaciones entre las personas en este punto?

-¿Cuáles son los principales obstáculos para el amor entre las personas?

 

- El texto de 1Cor 13: las características del amor (se les da por escrito).

 

“Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios - el saber más elevado -, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta amor nada soy.

Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve.

El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.

No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.

El amor nunca pasará.”

 

 

1. El mandamiento principal.

(se les da por escrito)

 

En aquel tiempo los fariseos, al oir que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?” El le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y el primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos resumen la ley entera y los profetas” (Mateo 22,34-40).

 

Comentario a este texto:

 

- A Jesús le preguntan por el primer mandamiento y responde con toda claridad: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón…” Pero Jesús responde también por lo que no le preguntan, dando a conocer inmediatamente que el segundo, semejante al primero, es “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús es consciente de que puede haber una tendencia a olvidarse de este segundo mandamiento, sin el cual no puede realizarse el primero.

 

Cuando Jesús habla del amor a Dios observamos que se trata de un amor humano: “con el corazón, con toda el alma, con todo el ser”, no sólo algo meramente espiritual. ¿No implica esto la necesidad de realizar ese amor a Dios amando precisamente a los demás? El amor a Dios se hace carne y realidad en el amor al prójimo, de ahí que escriba S. Juan: “Si alguno dice ‘amo a Dios’ y aborrece a su prójimo es un mentiroso, pues quien no ama a su prójimo, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Juan 4,20).

 

- “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Al escuchar este mandamiento fácilmente se dirige la atención a la necesidad de amar al prójimo y no a la de amarse uno mismo. Pero, ¿acaso el amor puede excluir al que ama? ¿Es posible el amor al prójimo si uno siente desprecio por si mismo? El que no se acepta a sí mismo tampoco puede amar al prójimo, sin que esto signifique una condescendencia facilona con los propios defectos, sino más bien reconocerlos, padecerlos y tratar de superarlos.

 

- Hay que amar al prójimo en concreto, en sus circunstancias, tal y como es. Si pudiéramos aislar al prójimo del mundo en que vive, de la clase a la que pertenece, de la red de relaciones en que se desenvuelve, el amor sería relativamente fácil, pero no sería amor al prójimo tal como existe y no le serviría de ninguna ayuda.

 

Por eso hay dos pasajes del Evangelio especialmente significativos: la parábola del buen samaritano (Lucas 10,30-37), en la que el amor al prójimo se hace muy concreto, y el juicio final (Mateo 25,31-46) en el que seremos juzgados por cosas tan concretas como dar de comer al hambriento, beber al sediento, etc. El amor es la columna vertebral del Cristianismo, de ahí que San Juan afirme que “el que tiene bienes de este mundo y viendo a su prójimo pasar necesidad le cierra las entrañas, ¿cómo vive en él el amor de Dios? No amemos de palabra ni de boquilla sino con obras y en verdad” (1 Juan 3,17)

 

- Un ejemplo de amor concreto al que necesita de tu amor (se les da por escrito):

 

EL MATRIMONIO X (Un amor que ha llegado a plenitud no puede quedar encerrado entre las paredes de su casa)

 

                  Metido en este círculo de violencia, Pedro estaba “maduro” para caer definitivamente. La mitad de los de su banda ya había conocido la prisión, los interrogatorios, los correccionales. Reunía todas las condiciones para convertirse en un auténtico gángster.

 

                  Una tarde, en medio de una terrible pelea con su padre que le había pegado más duramente que nunca, Pedro le rompió una botella en la cabeza y se marchó de casa, esta vez para siempre. Pero, ¿a dónde iba a ir?

 

                  Por una serie de circunstancias imprevisibles vino a parar en una de esas 20 familias cristianas que, en el mismo barrio, se habían comprometido a recibir en su casa, como a uno de sus hijos, a chicos como él que ya sólo tenían por hogar las calles y los estercoleros.

 

                  Yo he cenado una noche con la familia que le acogió y he comprendido cómo el amor había salvado a este chaval. Es sencillo y desconcertante. El señor y la señora X, con sus gemelos de dos años, son ahora cinco. El padre tiene 30 años, tiene un trabajo sencillo y su piso, lleno de pájaros enjaulados, refleja una serena felicidad.

 

                  La señora X recuerda con cariño la llegada de Pedro a la intimidad familiar:

 

-“¡Traer a un chaval difícil a nuestra casa! Sí, lo hemos pensado mucho. Todo el mundo nos trató de locos. Mi padre me suplicó que no lo hiciera. Pero, a pesar de todo, lo aceptamos. Desde hace tiempo habíamos decidido “hacer algo”. Nos decíamos que ser cristianos no podía consistir en conformarse con ir a misa el domingo. Por tanto, trajimos a Pedro una tarde. Hace cinco meses que está aquí. Forma parte de la familia. Le queremos como a nuestro hijo.”

 

                  Pedro, desde el primer día que entró en la familia, dijo extrañado: “No recuerdo que alguien se haya ocupado de mí. Nunca creí que se pudiese vivir sin insultarse ni pelearse”. Nos comenta que quiere hacer formación profesional para aprender un oficio.

 

 

2. El amor al enemigo.

(se les da por escrito)

 

En otro momento les dijo Jesús:

 

“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues si amáis sólo a los que os aman, ¿qué merito tenéis? También los pecadores aman a los que les aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando pensáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.

                  ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestar sin esperar nada: tendréis un gran mérito y seréis buenos hijos de Dios, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará. La medida que uséis la usarán con vosotros” (Lucas 6,27-38).

 

Cuando Jesús dice estas palabras acababa de pronunciar las bienaventuranzas  (“Dichosos los pobres…”) y las malaventuranzas (“¡Ay de vosotros los ricos…!”). Y sabe que en este mundo dividido hay enfrentamiento, guerra, enemistad. Es consciente de que la suerte de sus discípulos no va a ser mejor que la suya y que les perseguirán. Sin embargo les dice “Amad a vuestros enemigos”.

 

Jesús no les dice que no tendrán enemigos, sino que más bien supone lo contrario. El amor que les pide no es un amor para cuando no haya enemigos. Amar como si no hubiera enemigos, amar a los enemigos como si no lo fueran, no es amarlos a pesar de su enemistad. Tampoco es un amor que pueda resolver los conflictos y eliminar las enemistades. El amor al enemigo es un amor que acaba con el enemigo, pero no con el hombre. Es la única fuerza que puede batirse cuerpo a cuerpo con el odio. Frente al enemigo se pueden tomar tres posiciones:

1) suponer que no es enemigo, imaginar que aquí no ha pasado nada y no tomarlo en cuenta, en cuyo caso todo seguirá igual;

2) se puede también enfrentar al enemigo y responder a su agresión con las mismas armas, oponiendo odio al odio, en cuyo caso siempre vencerá el odio y se caerá en la espiral de violencia; o

3) y ésta es la actitud que pide Jesús, se puede amar al enemigo y haber bien a los que nos hacen mal, sabiendo que el mejor bien que se puede hacer al enemigo es desarmarle para ganarlo como hombre.

 

El que ama al que le ama y sólo porque le ama, siempre tendrá la duda de si ama o no de verdad. Pues el amor sólo puede revelarse sin equívocos cuando es amor al enemigo, ya que de éste no cabe esperar, en principio, nada a cambio. Esto no quiere decir, claro está, que sólo se pueda amar a los enemigos, pero sí quiere decir que el verdadero amor se revela nítidamente en el caso extremo del amor al enemigo.

 

Este amor al enemigo no le deja en su injusticia. No es, por tanto, una debilidad de los buenos a costa de que se mantenga la injusticia. Hay que intentar, amándole, liberar al enemigo de su alienación. Amo al opresor intentando que deje de serlo.

 

Diálogo sobre el amor a los enemigos (convendría explicar esta palabra):

-¿Es posible amar a alguien que te ha hecho una faena o que está constantemente fastidiándote?

-¿En qué consiste este “amor”, según acabamos de ver?

-¿Merece la pena?, ¿se consigue algo practicándolo?

 

CONCLUSIONES FINALES: Entre todos hacemos un resumen de lo más significativo que ha salido en la reunión y se va anotando en los cuadernos.