FELIZ NAVIDAD
Queridos amigos monitores del Club de Tiempo Libre "El Corrillo": Os deseo feliz Navidad, como os la desea toda la parroquia de Begoña. Os deseo que la celebración del nacimiento de Jesús suponga para todos vosotros un gran apoyo y una buena luz.
En primer lugar reitero mis gracias, y creo que las de toda la parroquia, por vuestro trabajo con los chavales, especialmente con los más marginados. Gracias por vuestra dedicación, por las horas que metéis, incluso en momentos como los del domingo en que la inmensa mayoría de personas de vuestra edad se dedican a otras cosas más fáciles y menos comprometidas. Gracias por mantener un club como El Corrillo, pretendiendo servir de puente entre la primera comunión y la Confirmación. Gracias por vuestra contribución a potenciar una serie de valores muy en línea con el Reino de Dios que viene a animarnos a descubrir el mismo Jesucristo. Y seguro que me dejo por olvido otros motivos de daros las gracias. Tenéis mucho mérito y así hay que reconocerlo, y vuestro trabajo merece la pena. Gracias, de verdad.
Respecto a lo de evangelizar, también hay que reconocer que ya con vuestro testimonio de dedicación generosa a los chavales estáis contribuyendo a su evangelización. Estos chavales disfrutan con vosotros y siempre recordarán que pasaron unos buenos años en un club parroquial cristiano y quedará para ellos la imagen de una gente cristiana divertida, entregada, buena gente, vaya, que les enseñaron cosas muy valiosas y unos valores que ahí quedan. Yo, además de esto, lo que os proponía era dar un paso más: pienso que a los chavales (como a jóvenes y adultos) desde una parroquia hay que ofrecerlas la posibilidad de la fe. En el caso de los chavales consiste en posibilitarles que quienes quieran puedan ser amigos de Jesús, tanto individualmente como en grupo; puedan colaborar con él en la construcción de su Reino (una sociedad distinta y mejor, en donde reine la paz, la justicia, la libertad, el amor, etc., en donde Dios se sienta a gusto porque los humanos también nos sintamos así); puedan reunirse para celebrarlo y para alimentar esta amistad con Jesús y entre ellos.
Se trata, en mi opinión, no sólo de que aprendan unos valores (lo cual es muy interesante) sino que puedan llegar a un trato de amistad y de amor con una persona, con Jesús. Y en el trato no es suficiente que admiremos a otra persona por sus cualidades o sus valores. Es como los novios, que no sólo aprecian las cualidades del otro u otra sino que se quieren; les importa no sólo cómo son sino la persona del otro, el tú, alguien único e insustituible. Por eso la oración no es tan sólo una reflexión más o menos profunda; ni es leer algo juntos o concentrarnos sin más en torno a un poema; como tampoco es, aunque estéis en un club de tiempo libre, dar gracias a la naturaleza, ya que no es "alguien", no es una persona aunque a veces se hable de la "madre" naturaleza. La oración es un encuentro "personal", es un diálogo con Dios, o un silencio compartido pero sugerente. Es estar en "presencia" de Alguien. Es "relación", pero, además, una relación basada en el amor profundo y mutuo.
Lo anterior es compatible con chavales de procedencia diversa (cristianos, de otras religiones, indiferentes, ateos, etc.). No se trata de imponer nada, pero tampoco de ocultar nuestra identidad parroquial como si se tratara de no manipular a nadie. La gente ya sabe de antemano quiénes somos y cuando los padres nos traen a sus hijos al club ya saben que es un club de la parroquia y que la parroquia, lógicamente, tiene una identidad de creyentes en Jesucristo. No se trata, repito de imponer, pero tampoco de ocultar (aunque no de exhibir), sino de dialogar y proponer. Y es que no podemos renunciar a lo que somos o somos llamados.
Yo creo que podemos tener un problema, especialmente entre adolescentes y jóvenes, relativo al sentido de la fe. Recuerdo que hace unos años, hablando con un chico que se acababa de confirmar, le propuse seguir en grupo en la parroquia. A él no le pareció mal la idea, pero, añadió, siempre que no tratemos lo de Jesucristo y todo eso. A mí, reconozco que me hizo pensar mucho aquello y me sigue haciendo pensar. ¿Qué hemos hecho, qué catequesis hemos dado, qué misas hemos celebrado, etc., que han podido llevar a un joven a considerar que lo de Jesucristo, la fe y todo eso, es un rollo o cosa por el estilo? Especialmente cuando Jesús fue un tío genial, inconformista, coherente, liberador, amigo hasta la médula, entregado, divertido, amigo de fiestas y que curaba a la gente de todas sus neuras y miserias. Y cuando sigue entre nosotros muy presente por medio de su Espíritu que nos impulsa a estar con los chavales, a trabajar con los inmigrantes, a visitar enfermos, a comprometernos en el barrio, etc., y, especialmente, a querernos y reunirnos, celebrando con él toda nuestra vida.
A mí, personalmente, pienso que la fe en Jesucristo me potencia la vida y no me es una carga sino todo lo contrario. La vivo como un regalo y no como una obligación. Me da alegría y no tristeza. Me abre y no me cierra. Jesucristo es para mí "Alguien" y alguien que me quiere, que me anima, que me orienta, que me impulsa. Gracias a él me aclaro más y me uno con otros. Gracias a él siento un sentido profundo en mi vida.
Sin embargo, todo lo anterior es libre. A mí personalmente me gustaría que El Corrillo se planteara como un lugar de evangelización en el sentido que os vengo indicando y a través del tiempo libre y del juego. Me gustaría que se utilizara para ello un método adecuado (que no es el de la catequesis clásica, pero que tampoco es el de rezar en alguna ocasión alguna oración). Me gustaría que se aceptara un espíritu que impregnara todo lo que se planifica y se va haciendo. Me gustaría que los monitores asumieran esto porque ellos mismos viven su fe como una amistad personal y comunitaria con Jesucristo.
Pero una cosa son los deseos y otra la realidad tal como me la habéis expresado. Y sólo se puede actuar desde la convicción profunda, lo cual necesita un recorrido. Por eso asumo la actual realidad del club y doy gracias a Dios por vosotros y por vuestro trabajo y esfuerzo. Al mismo tiempo, reitero mi oferta de colaboración para lo que necesitéis de mí y de la parroquia, y para lo que yo pueda y esté disponible. ¡Feliz Navidad!