EL DIOS GOLPEADO
Las salas de espera de los hospitales son frecuentemente una buena escuela. El ser humano, qué duda cabe, ante la enfermedad y la fragilidad se manifiesta tal cual es, sin trucos ni máscaras que le disfracen de otro distinto a él.
No hace demasiado tiempo me encontraba en una de estas salas de espera hospitalarias acompañando a un enfermo cuando vi una escena que me sorprendió. Una joven madre, que también había acompañado a una persona mayor, estaba esperando que ésta saliera de hacerse unos análisis. Mientras, su hijo andaba jugueteando por allí, absolutamente ignorante de la seriedad exigida en el lugar en el que se encontraba. El niño, un poco pelma a decir verdad, daba gritos, saltos y patadas en las paredes mientras la gente aguardaba su turno en silencio roto sólo por los gritos del crío. Reía la criatura ante la pasividad de la madre, convencido como estaba de que su actuación era de lo más graciosa. Los demás empezábamos a impacientarnos esperando una reacción contundente de la impasible madre que se limitaba a fumar sentada en un banco.
De pronto, y ante el estupor de los presentes, el niño soltó un tremendo escupitajo que fue a parar a una pared. La madre, reaccionando desde su posición pero sin incorporarse, levanbtó la voz y le espetó: "Niño, no escupas que te pegará Dios". Yo me quedé atónito ante tal afirmación. El niño se detuvo, sonrió y empezó a escupir una y otra vez intercalando la frase "Te pegará Dios..., te pegará Dios..., te pegará Dios".
Me sentí estremecer. No era suficiente la impertinencia del niño que todavía teníamos que aguantar la impertinencia de la piadosa mamá. Por un momento pensé en el futuro del crío, en su formación religiosa, en su comportamiento ant e una posible catequesis. Me sentí sofocado ante una actitud pedagógica tan bochornosa educativa y teológicamente. ¿Qué idea de Dios -pensaba- puede tener una madre que dice una barbaridad como ésta a su hijo? ¿Qué idea de Dios se irá forjando la criatura impertinente?
Me dieron ganas de proclamar a voz en grito que Dios no pega a nadie. Que al Dios de Jesús le pegaron, le maltrataron y le mataron. Me dieron ganas de proclamar a los cuatro vientos que Dios es bueno, que trata amorosa y paternalmente a sus hijos y los sumerge en una infinita ternura. Y es que Dios no se queda sentado e impasible ante los desatinos de sus hijos sino que se incorpora en una cruz y junto a Él yergue a hombres y mujeres que dan la vida para que en nuestro mundo los seres humanos no necesiten ofenderse ni escupirse para compartir la existencia.
Josan Montull