HISTORIAS DE NO REPETIR
(Publicado en la revista "Punto y seguido".
Navidad 2000.
Escuela-Granja-Taller Torrevirreina, del barrio de Movera de Zaragoza)
Ésta es la historia de un chico que tenía veinte años y que, por no saber afrontar sus problemas, se echó al alcohol y a los juegos recreativos. Tanto le daba gastar mucho que poco.
Empezó porque se encontraba muchas puertas cerradas por no tener los estudios necesarios para realizar trabajos que buscaba. No supo confrontar la realidad de que el alcohol y las máquinas de juego eran el mayor impedimento para un buen trabajo.
Al cabo de una semana encontró un trabajo de cocinero en un restaurante gallego en las afueras de Barcelona. Estuvo trabajando dos meses pero al final no podía ir a trabajar pues el alcohol se lo impedía.
Los padres le preguntaban que cómo le iba en el trabajo y él contestaba que bien. Pero un día se presentaron en el trabajo y descubrieron que realmente ya no trabajaba. Al llegar el chico a casa por la tarde sus padres le preguntaron que cómo había ido el trabajo y les contestó que muy bien. El padre le dijo que no le engañara, que se habían presentado en su trabajo y ya no estaba trabajando de cocinero. Los padres le pidieron dinero, pues al estar trabajando debía colaborar en la casa y que si no podía aportar se debería marchar de casa.
El chico recogió sus cosas y se fue de casa. Esa noche tuvo que mentir para dormir en casa de su hermano. Para poder dormir encontró una habitación. Mientras, su hermano se enteró de la verdad llamando a los padres.
El chico decidió no quedarse más días y comenzó a buscarse la vida. Primero una temporada en una habitación. Al cabo de un tiempo llamó su madre preguntándole por su situación, pero la relación se fue distanciando poco a poco.
Después de una temporada de trabajos inestables, este chico ha decidido parar, reflexionar y hacer un punto y aparte. Lo primero ha sido, ¡cómo no!, afrontar sus verdaderos problemas y buscar sus causas. Él sabe que le va a costar tiempo y mucho sufrimiento pero la ilusión de ver que va avanzando le ayuda en el camino.
Éste es el punto y final de una triste historia. Ahora el mismo protagonista anónimo va a empezar a escribir y vivir otra historia con final feliz. Él viene echando toda la carne al asador, nosotros venimos echando una mano y de vosotros esperamos también colaboración.
Anónimo