CAPÍTULO 10º:

REVOLUCIÓN


REVOLUCIÓN EN UN COLEGIO PONTIFICIO


Tras un primer curso de toma de contacto, de intenso trabajo intelectual en la Facultad, de consolidación de amistades y, digámoslo también, de jugar a las cartas cantidad (como ya he apuntado antes), el segundo fue completamente distinto. Suele ocurrir.

Ya conocíamos Roma, especialmente su amplísimo y a la vez recogido centro, abarrotada de callejuelas con su olor romano a cuestas, llenas de vecindad compartida, ropas colgando, gritos de las madres, gesticulación abundante e historia antigua y medieval a raudales. Habíamos disfrutado muchas veces de una Piazza Navona repleta de artistas al amparo de la fuente de los tres ríos de Bernini y las estatuas de Borromini; las iglesias de la Minerva y del Gesù, el Pantheon, los palacios de Monte Citorio (Gobierno) y Quirinale (Presidencia), éste detrás de la Gregoriana; los Foros, el Campidoglio, el Circo Massimo, el Arco de Tito, el Colosseo; la via Condotti, que te acercaba a la Plaza de España tentándote desde sus escaparates de ropa cara, y la columna de la Inmaculada a donde se dirigía el Papa para honrar a la Virgen el día de la fiesta; la basílica de S. Pedro con La Pietà de Miguel Ángel que fue deteriorada en mayo de 1972 a martillazos por un enajenado; las otras 3 basílicas mayores, especialmente la de S. Pablo extramuros; la estación Termini con aires de película; las Termas de Caracalla; las múltiples fontanas entre las que destacaba la de Trevi sorprendentemente adosada a la parte trasera de un edificio, siempre repleta de turistas arrojando monedas y de espabilados recogiéndolas; la via del Tritone y la Plaza Barberini; el poderoso Vaticano y sus museos cuyos pasillos te iban encajonando entre obras de arte en dirección a la inigualable Capilla Sixtina; el Castel S. Angelo; el Trastevere como un mundo de rincones, pizzerías y bohemia; los helados italianos; las decepcionantes catacumbas; el musoliniano barrio del EUR, además de los pueblos de alrededor, los "castelli romani", con sus maravillosas villas... Roma no se acaba nunca. En Roma te pierdes y te encuentras. La Roma atiborrada de curas, monjas, turistas y mendigos. En esa Roma, fundamentalmente barroca, y en su Colegio Español intentamos una "revolución" moderna. Demasiada osadía pero digna de unos años en que todo parecía posible o al menos creíamos que se podía intentar.

No sé cómo empezó pero seminaristas y curas nos vimos envueltos en una revisión a fondo de las estructuras y de la vida del centro. Fueron unos meses tremendos y convulsos por la agitación. No todos los vivieron con el mismo protagonismo, con la misma implicación, pero se creó una comunidad de intereses, una ilusión por el cambio, que durante un curso hizo que se tambalearan muchas cosas hasta que el cansancio, la reacción contraria a las modificaciones estructurales, la intervención incluso de cardenales, las propias contradicciones entre nosotros, hicieron que todo se quedara en caldo de borrajas y que al final, como suele ocurrir, la revolución devorara a sus propios hijos.

En la movida, como digo, los seminaristas, entre ellos especialmente Bernardo y yo, tuvimos un papel destacado. Pero nada hubiera ido adelante si no nos hubiéramos unido a gran número de curas que apostaban decididamente por un cambio real. Ya comentaba la revista "Mater clementissima" de 1972 que "más que en una etapa de creación, de grandes creaciones, vivimos una etapa crítica. Como la sociedad actual. Esta psicología crítica se respira en todas las actividades intelectuales, universitarias o no". Sus redactores (los josefinos), que habían intentado capear un temporal que les desbordó desde el principio, describieron lo ocurrido en el Colegio de esta forma:

"Este año la Asamblea ha sido el acontecimiento del curso. Desde las primeras semanas comenzó a germinar y durante el resto de los meses ha sido el tema de opinión de unos y de otros, de dentro y de fuera del Colegio.

La Asamblea quiere ser un lugar de diálogo, de encuentro, de estudio de los propios problemas, de revisión del propio vivir y de análisis del propio estar en la Iglesia y en Roma.

Le amenazan dos juicios extremos: la Asamblea destruye al Colegio, la Asamblea es el Colegio. Creemos que estos juicios son también pre-juicios. La Asamblea es un lugar de diálogo y no debe ser un lugar de presión o de búsqueda de poder. La Asamblea no es el Colegio -que existe antes y después de cada alumno y de cada grupo de alumnos o superiores-, pero sí puede ser un instrumento de búsqueda de la única voluntad de Dios para los que en el Colegio convivimos.

Aparte del contenido o de la estructura, es discutido el modo del diálogo. Hay quienes en nombre de la sinceridad pueden actuar agresivamente. Y quienes en nombre de una paz sin lucha suelen abstenerse. Ambas posturas son erróneas. Pero se dan como realidad, como pecado. Y como gracia, como caridad, se da el encuentro de puntos de vista diferentes que quieren descubrir la voluntad de la Iglesia. El encuentro de personas diferentes que buscan complementarse.

Ha habido cinco Delegados de la comunidad para tratar en reunión periódica con los Superiores los temas normales de la marcha del Colegio. Este encuentro es más fácil. El grupo es más reducido y su dinámica más clara. Creemos que es un bien este encuentro y que exige en la dirección y en los alumnos un estado de continua conversión a Dios y a los demás".


Los josefinos, como puede apreciarse, tratan en este escrito de situarse en el centro, en la moderación, en el equilibrio, en la madurez. Pero no siempre lo lograron ni mucho menos. Al sentirse desbordados, especialmente el rector, reaccionaron a la manera tradicional: frenando, contraatacando, defendiéndose, buscando ayuda procedente de las alturas, etc. En el texto anterior se nota que preferían reuniones con grupos pequeños que no hacer frente a una Asamblea que los apabullaba. Seguramente en ningún Colegio Pontificio romano se había experimentado nada igual; no podían, por tanto, echar mano de otros precedentes para encontrar el punto justo en el que situarse y la manera más adecuada de reaccionar. No los juzgo por eso. Los comprendo incluso. No se trataba tampoco de una mera reacción contra ellos sino que se encontraron en medio de un estallido que rompía los moldes de estructuras eclesiásticas caducas tras un Concilio Vaticano II que había finalizado tan sólo ocho años antes, una movida de curas jóvenes y de seminaristas que vivían el final del franquismo y que buscaban nuevos horizontes democráticos en los que creían, incluidas perspectivas y formas democráticas para la Iglesia. Los superiores trataron, sin éxito, de minimizar todo esto. No hay más que repasar la crónica oficial del curso 72-73 en la que apenas se menciona nada de ello, como no fuera lo más oficial, la elección de delegados: Carlos Prieto (Zamora), Ginés Pagán (Murcia), Miguel Payá (Valencia), Luis Daniel Bedia (Santander) y Rufino Godoy (Arequipa).

Años antes se había realizado una encuesta entre seminaristas del Colegio en la que aparecían ya unas cuantas claves para entender lo que sucedería en 1973. Se hablaba ya entonces de llegar a una autogestión en los niveles económico, estructural, intelectual y religioso; de descontento y desorientación general producidos por la dualidad de mentalidades de los dirigentes y dirigidos. "Sólo coexistimos, nos desconocemos y el respeto consiste casi en prescindir del otro ya que cuando exponemos nuestras ideas no existe diálogo". "No existe colegio ya que falta colaboración tanto por parte de los dirigentes como por la de los que no se dejan dirigir". "El hecho de haber escogido Roma no supone haber confundido nuestra formación con la adaptación a la camisa de fuerza de una estructura como la de este Colegio". Se deseaba que fuera una especie de Colegio Mayor Universitario, bien estructurado y democrático, "donde un grupo de individuos dirigidos por un rector lleven su vida, pero sin limitaciones de disciplina (horario, salidas, asistencias...)". Una de las finalidades del mismo sería el "análisis profundo de la actual situación política, cultural, económica y religiosa de España para descubrir el lugar del sacerdote en tal situación". Hay quien afirmaba que el hecho de estar en Roma, la "romanidad, significa estrechez mental, clericalismo, burguesía; hay excesivo peso institucional sin suficiente libertad de acción personal; además las materias estudiadas están muy lejos de la vida". Se discutían los diversos cargos de los superiores y se constataba la falta de formadores, personas capacitadas para "responder a nuestros problemas y orientarnos". No se querían reformas parciales sino totales, aunque algunos temían que eso podría llevar al cierre del Colegio, algo no deseable. Se suspiraba por nuevos símbolos y formas en la liturgia, más acordes con las nuevas mentalidades. Incluso se proponía una vida más austera prescindiendo de lujos: "Una persona de servicio para cada cuatro es un escándalo". Como también se consideraba un escándalo que en el Colegio hubiera dos pabellones vacíos así como los dispendios en las fiestas.

La encuesta finalizaba con algunas conclusiones. Destaco por ejemplo ésta: "Se deben discutir los problemas en grupos en los que deben tomar parte los superiores, no como superiores sino como uno más que discute, no para defender posiciones o hechos, sino para buscar la mejor manera de vida social, dispuestos incluso a sacrificar, si es necesario, la propia visión y quizá la propia posición. La humildad en el servicio debe ser la primera dote de un superior". O esta otra más radical: "Hay que tender a la autogestión completa. No contentarnos con pequeñas o grandes concesiones. Tender a constituirnos en poder delante de quien sea. Se podría pensar en una estructura de 'sindicato' con ingerencias en el Colegio a todo nivel. Estar dispuestos a todo, pero responsable y consecuentemente". Por último, también es significativa la siguiente: "Nos interesa mucho un diálogo a fondo sobre España; quizá a quienes viven en Roma también les interesa. La opinión pública nos hace falta. La mayor parte de nosotros se vuelve a casa con los mismos apriorismos que sus abuelos del Altemps, con la única diferencia de que ellos eran franquistas y nosotros no. Me interesa profundizar en el conocimiento de otras regiones. Todos tendríamos mucho que decirnos. Pero esto no interesa a nadie; cuando uno pregunta se encuentra con despreocupación por la propia realidad, tópicos y apologías. Si intentas exponer los propios problemas comprendes que es inútil. Los problemas de España (de todo tipo) han de resolverse por una comprensión mutua".

El ambiente, como se desprende de lo anterior, estaba lo suficientemente cargado como para que llegara un momento en que todas las ideas irrumpieran con fuerza. Eso ocurrió en el curso 1972-1973. Desconozco qué fue lo que provocó el inicio asambleario, pero lo cierto es que se produjo. La agitación fue tremenda. Las conversaciones por habitaciones, pasillos y salas se sucedían sin descanso. El 24 de enero de 1973 la Asamblea aprobó un Proyecto de cogestión que se decidió enviar a los obispos patronos del Colegio. Constaba de 7 artículos y un apéndice. Todo ello, que ocupaba tan sólo un folio, lo transcribo a continuación:

"Artículo 1º: El órgano rector del Colegio Español San José de Roma está compuesto 1º por los representantes de la Jerarquía y 2º por los representantes de los alumnos.

Artículo 2º: Son competencia de este órgano rector todos y cada uno de los asuntos que atañen a la gestión de este colegio.

Artículo 3º: El número de los representantes de los alumnos será el mismo que el de los representantes de la Jerarquía.

Artículo 4º: La Asamblea de los alumnos nombrará sus representantes por un período de un año, con posibilidad de reelección. Las elecciones tendrán lugar al final del primer trimestre de cada curso.

Artículo 5º: La Asamblea se celebrará una vez al mes como mínimo. La Asamblea puede además ser convocada cuando lo crea oportuno la mayoría de los representantes de los alumnos o cuando lo soliciten por escrito el 20 % de los alumnos del Colegio. Las decisiones se toman en la Asamblea por una mayoría de 2/3 de los alumnos.

Artículo 6º: Las decisiones en la dirección del Colegio deberán ser tomadas por una mayoría de la mitad más uno de los miembros del órgano rector. En caso de no poder conseguir esta mayoría se volverá a estudiar el asunto una segunda vez y así sucesivamente hasta conseguir la mayoría necesaria.

Artículo 7º: Tienen derecho a voz y voto en la Asamblea tanto para nombrar delegados como para tomar parte en las deliberaciones todos aquéllos que figuran como alumnos en el Colegio.

Apéndice: El número necesario de presencias para que haya "quorum" suficiente para la celebración de una Asamblea será de la mitad más uno de los alumnos presentes en el momento de la convocatoria."


Como puede apreciarse, se habla de dos entes: el órgano rector y la asamblea. La periodicidad, como mínimo mensual, de esta última hace pensar que dábamos mucha importancia al movimiento asambleario y lo considerábamos como la forma ordinaria.

Se aprobaron también unas "Notas explicativas" al Proyecto. La 2ª de ellas declara que "la necesidad de modificar pronto los Estatutos actuales del Colegio no admite discusión alguna" ya que varios de sus artículos "hacen referencia a una situación que ya no existe". La número 6 afirma en letras mayúsculas que "el objetivo fundamental del Proyecto es hacer viable una participación efectiva de los alumnos en la dirección del Colegio". No se trata simplemente "de una corresponsabilidad de diálogo a nivel consultivo" (nota 7), sino de algo más: "Por participación efectiva (cogestión) entendemos que, cuando una mayoría de 2/3 de la Asamblea de alumnos aprueba una decisión sobre la marcha del Colegio, esta decisión debe tener las mismas posibilidades de ser llevada a la práctica que la decisión presentada por los superiores" (nota 9). En la nota 13, y también con mayúsculas, se afirma que "un Colegio es una institución que admite perfectamente una gestión democrática, una participación de los alumnos en la gestión, una cogestión". Obsérvese el uso de este último término, muy en boga entonces especialmente a imitación del modelo de la Yugoslavia de Tito. En las notas se incluye una mención expresa a los seminaristas. ¿También éstos podían participar en la cogestión? La respuesta que da el documento en su nota 15 reza así: "La minoría de seminaristas que en la actualidad pertenecen al Colegio no plantearía problemas especiales, pues quedarían insertos en la Asamblea y su formación sería un poco ayudada por todos los sacerdotes quienes, a su vez, se beneficiarían de su aportación y presencia".

Todo lo anterior, continúan las notas, es muy conveniente por estas razones: "Sería la forma más eficaz de hacer realidad el espíritu de colaboración y diálogo en el que tanto se insiste hoy día" (nota 16). "Dejar el poder de decisión únicamente en manos de los superiores, provocaría inevitablemente una actitud de absentismo, por lo menos en los alumnos que no piensan como ellos" (nota 17). "El no tener un cauce institucional para hacer realidad efectiva las propias aportaciones puede provocar una situación de tensión entre superiores y alumnos, perjudicial para la marcha del Colegio" (nota 18).

El Proyecto se aprobó definitivamente por los alumnos el 24 de febrero. Previamente los josefinos habían presentado el 31 de enero unas observaciones al mismo en donde destacaban como positivo la vivencia de la corresponsabilidad, el diálogo, el intento de institucionalización y reglamentación del mismo, la cooperación con los superiores, el hecho de elegir delegados de alumnos que los representen, el que se pidan reuniones conjuntas de superiores y delegados. Lógicamente, ellos trataban de subrayar su papel como superiores responsables de la casa. Pero también apuntaban 6 aspectos negativos:

"1. El aire un tanto juridicista del articulado concreto.

2. La ambigüedad del concepto "cogestión".

3. La ambigüedad del concepto "órgano rector".

4. El poder deliberativo de los alumnos, negado anteriormente por la Asamblea.

5. El no limitar los asuntos a tratar conjuntamente. Tanto por los derechos de la persona humana de cada alumno como por los deberes hacia las autoridades superiores al mismo Colegio, debe haber una limitación de asuntos a tratar en reunión conjunta.

6. El equiparar (en plan de igualdad total) la responsabilidad de los superiores y la de los delegados."

Y terminaban con unas observaciones o advertencias bajo el epígrafe de "hacia el futuro":

"Dejamos libertad a la Asamblea para que siga estudiando su propio funcionamiento. Creemos que con estas advertencias generales podrá mejorar su proyecto.

Sugerimos que en el articulado aparezca más claro un "espíritu" de diálogo eclesial y que no se note un aire de "votaciones" exagerado, ya que en nuestras propias reuniones nunca solemos "votar" sino dialogar, buscar conjuntamente la voluntad de Dios sobre el Colegio".


A pesar de estas "observaciones", los alumnos aprobamos el Proyecto y señalamos toda una serie de problemas que debían ser objeto de estudio y reforma:

"I.- Edificio: se encuentra semihabitado. Problemas que de aquí nacen:

1) Económicos: los gastos de mantenimiento son desproporcionados a su utilización.

2) Sociales: ante el problema de vivienda en general, y ante la situación de muchos españoles residentes en Roma, resulta un despilfarro insultante.

II.- Finalidad del Colegio y posibilidades de acceso:

1) ¿Es un seminario?, ¿una residencia sacerdotal?, ¿una residencia?

2) Condiciones y criterios de admisión.

3) No se fía de las personas sino de los papeles que las avalan. No se presupone la aptitud sino la inaptitud.

4) Esto, unido al apartado anterior, da que, mientras hay españoles con dificultades de vivienda y no existe en Roma un centro abierto a los españoles, aquí hay locales sin utilizar.

III.- Habitantes del Colegio:

1) Religiosas y chicas: condiciones en que se encuentran: horas de trabajo, días libres, retribución económica que reciben, seguridad social, etc. Situación humana: ¿se encuentran satisfechas?, ¿qué posibilidades ofrece el Colegio a la servidumbre para mejorar su condición social y humana?

2) Porteros: necesidad, condiciones y sueldo.

3) Superiores: número. Para esto habría que determinar su función y su necesidad. ¿Se encuentran satisfechos? Control sobre los alumnos: informes a los obispos, archivos o ficheros secretos. Reglamentación: horas de entrada, visitas, etc.

4) Alumnos: demasiado individualismo. Sería necesaria mayor disponibilidad, apertura a todos. Distanciamiento entre los diversos grupos. Peligro de ser meros residentes.

No existe ninguna clase de intercomunicación de bienes. Cada uno lo pasa como puede. En teoría, el dinero no importa, en la práctica, quien lo tiene, lo tiene; pero quien no lo tiene, tiene que buscarlo como puede.

Vida aislada tanto respecto a la Iglesia como respecto a la sociedad de la ciudad en que vivimos. Igualmente respecto a la nación de que procedemos.

IV.- Vida intelectual:

1) Discriminación en lo referente a los diversos centros de enseñanza.

2) Dentro del Colegio. Planificación de conferencias o de otros medios de formación.

V.- Economía:

1) ¿Cómo se financia el Colegio? Si hace falta dinero, ¿cómo se soluciona? Si sobra, ¿cómo se invierte?

2) Criterios de ayudas y concesiones de becas.

3) El gran problema en este sector está en que tenemos un ignorancia total respecto a él.

VI.- Colegio y otros organismos:

1) Relación y dependencia del Colegio respecto al Episcopado Español, a los Cardenales patronos, al Vicariato, al Vaticano.

2) Relaciones con la Embajada, con el Ministerio de Educación y Ciencia, etc."


LA REVOLUCIÓN SE TAMBALEA


La movida no se detuvo sino que se aceleró. Pero empezaron a aparecer grietas entre los mismos alumnos. Bernardo y yo formábamos parte del ala más radical. Se convocó asamblea extraordinaria para el 14 de marzo, tras presentar las firmas exigidas que superaban el 20 % de los alumnos. El orden del día iba a constar de 5 puntos y conservo las propuestas que presentamos en la misma:

"1) Envío de los Estatutos a los patronos del Colegio:

A finales de enero se aprobó por mayoría aplastante enviar los Estatutos a los patronos del Colegio. Ha pasado mes y medio y los Estatutos no se han enviado todavía. Ni siquiera sabemos si se ha encargado alguien de hacer la introducción.

Considerando que ésta ha sido la decisión más importante que ha tomado nuestra Asamblea, denunciamos la gravedad de tal incumplimiento.

En las actuales circunstancias, dado que los alumnos del Colegio han manifestado su deseo de responsabilidad en la marcha del mismo, no podemos permanecer inactivos manteniendo el estado de interinidad en que nos hallamos, interinidad que desconcierta a muchos y que no hace más que favorecer la continuidad del actual statu quo. Por lo cual:

PROPONEMOS que en el plazo de esta semana, sin más dilaciones, se envíen los estatutos a los patronos del Colegio. [Y escribo de mi puño y letra: "Habrá que añadir una nota indicando que el discurso del rector ante D. Marcelo responde solamente a una visión personal y parcial del problema".]

2) Problema del servicio:

Nos parece intolerable que dejemos pasar el tiempo ante un problema que fue considerado por la Asamblea del 28 de febrero como de extrema gravedad. Por eso preguntamos:

- ¿Qué pasos se han dado hasta ahora?

- ¿Cuál ha sido la justificación que los superiores han dado de la actual situación, ya que ellos son los principales responsables del estado actual del problema?

Esto lo preguntamos ya ahora porque, en primer lugar, no es suficiente en absoluto el limitarse a una indignación inoperante, y porque, en segundo lugar, en cuestiones de esta gravedad dejar pasar el tiempo es hacernos cómplices.

3) Actuaciones del rector:

1.- Queremos que la Asamblea se dé cuenta de que el rector sigue actuando prácticamente como rector con poder absoluto, de modo que la misma existencia de la Asamblea y de los delegados son como una concesión de favor, de acuerdo con su escrito del 24 de enero. Esto hace posible que se reserve el derecho de limitar la competencia y las iniciativas de la Asamblea, como ha podido verse en el caso del delegado de la Gregoriana que iba a venir a informarnos sobre el caso Díez-Alegría.

2.- Creemos que en el Colegio no existe verdadera libertad de expresión, como queda demostrado en los hechos que se refieren a algunas notificaciones aparecidas en el tablón de anuncios y retiradas sin la menor consulta, sin expresar públicamente las motivaciones de tal acción (tales como el caso de la exposición de Alberti* o la carta de una monja de clausura). Reconocemos que poner carteles en el tablón es un hecho en sí banal, pero la reacción del rector -y éstos son rumores de los que pedimos aclaración- llegando incluso a proferir amenazas es un síntoma más de la actuación de una autoridad absoluta. Repetimos: queremos que la Asamblea tome conciencia de todo esto.

4) Problemas del organismo superiores-delegados:

1.- No queremos que los delegados se conviertan en una clase burocrática más dentro de la casa. El principal síntoma de este peligro es el de la información. No podemos descargar nuestras responsabilidades en los delegados, lo cual no significa que neguemos su relativa autonomía, sino que, tratando problemas que nos afectan a todos, tenemos el deber y el derecho a estar suficientemente informados de todos los pasos que se dan y cuando se dan, información que no puede producirse una vez cada mes como hasta ahora sino que tiene que encontrar cauces que la hagan más flexible.

Por lo cual afirmamos que no podemos esperar de asamblea a asamblea para enterarnos de cómo van las gestiones. Comprendemos que los delegados no pueden dedicarse a informar constantemente uno a uno a los individuos. Por lo cual

PROPONEMOS: o información escrita periódica, o reuniones informativas que no necesiten el quorum de la Asamblea ni el plenum de los delegados.

Si contamos con la suficiente información podremos reflexionar con tiempo sobre la misma, vivir más responsablemente los pasos que se den y tener una mayor capacidad de lanzar sugerencias oportunas. En definitiva, queremos evitar una pasividad que puede llevar y está llevando ya a un desinterés y al establecimiento de un nuevo estamento (superiores-delegados-asamblea) cuya existencia siempre contribuye a frenar el impulso renovador.

2.- Ya desde ahora queremos evitar un peligro: que los delegados sean utilizados para presentar una fachada democrática del Colegio de cara al exterior.

El rector, en su escrito del 24 de enero, punto 3, veía como positivo el hecho en sí de que tengamos unos delegados. Nos preguntamos bajo qué aspecto es positivo este hecho para el rector. ¿Acaso solamente para poder exhibirlos en sus discursos y aparecer como un Colegio modernizante como sucede en la Gregoriana, por ejemplo? Nosotros queremos que nuestro sistema de representación realice eficazmente su función porque sabemos que la estructuración formal de la representación no es un fin en sí misma.

Pero hay todavía una pregunta más radical: ¿Por qué el rector habla en público de los delegados cuando éstos no han sido reconocidos todavía oficialmente? La pregunta queda ahí. Pero el hecho es que presenta un tipo de delegados que no es el que nosotros hemos votado. A este respecto podemos citar las palabras que pronunció el sábado día 10 en el comedor en su discurso de salutación al cardenal D. Marcelo González.

3.- Los delegados no deben ser transmisores de las decisiones que el rector tome por propia voluntad. Al menos mientras la Asamblea no sea reconocida oficialmente con los estatutos votados, el rector no puede injerirse en su marcha. En el actual statu quo, si el rector toma una decisión de cara a los alumnos, debe ser él el que se la comunique a los mismos, no utilizando para ello la Asamblea ni en concreto a los delegados como meros transmisores de sus órdenes.

5) Metodología interna de la Asamblea:

Esto nos lleva a la existencia y funcionamiento del organismo superiores-delegados. Después de una serie de reuniones del mismo, nuestra pregunta es: ¿responde al diálogo votado por nosotros en la Asamblea de finales de enero? Mirando los hechos vemos que no se ha producido ningún resultado práctico hasta el momento. Más bien parece que en estas reuniones no se llega a tomar decisiones. Entonces, o en la casa no se toman decisiones o éstas son tomadas en otro tipo de reuniones.

Solicitamos que los delegados expliquen sin paliativos y con toda claridad cómo ven ellos el funcionamiento de estas reuniones, cómo se ven considerados, ec.

PROPONEMOS que si este organismo no responde a un contenido práctico se abandone inmediatamente la participación en el mismo.

Para lo sucesivo proponemos que se siga la siguiente metodología:

1.- Que al final de cada Asamblea se determine el tema a tratar en la siguiente.

2.- Que en el plazo de tres días todo el que tenga alguna sugerencia la dé por escrito a los delegados.

3.- Que los delegados nombren una comisión que se encargue de estudiar ese problema y de elaborar un proyecto resolutivo.

4.- Que sea discutido y votado por la Asamblea el supradicho proyecto [Estos tres últimos puntos aparecen tachados en el escrito del que dispongo]."

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(*) Con motivo de un homenaje por su 70 aniversario, Alberti expuso toda su obra gráfica en la Galería Rondanini. Lo más significativo era La palabra y el signo y la carpeta El lirismo del alfabeto, que constaba de 26 serigrafías en color y otras tantas en blanco y negro.


Repasando mis apuntes de aquellos años, veo reflejados algunos otros problemas más concretos referidos al ordenamiento interno del Colegio. Así, por ejemplo, nos quejábamos de un desconocimiento del funcionamiento concreto de la economía del mismo y de que no teníamos responsabilidad colectiva en ello. Lamentábamos la separación de pabellones entre curas y seminaristas. Protestábamos porque había alumnos a los que se les prohibió oficialmente estudiar en el Angélico. Por otra parte, queríamos participar en la redacción de las normas y elaborar informes al final de curso sobre la actuación del equipo directivo.

Los superiores no tomaban la palabra en las Asambleas, pero aprovechaban las homilías para hacer referencias a las mismas, lo cual nos hacía maldita la gracia ya que de esta forma no podíamos interpelar a los muy "astutos". Movieron, lógicamente sus hilos, tanto entre los alumnos como entre los obispos. Llegó incluso a intervenir el mismísimo Cardenal Tarancón, a quien se le conocía con el apodo cariñoso del "torero" por su habilidad para salir airoso lidiando las situaciones más difíciles.

Fue demasiada movida y acabamos agotados. Poco a poco se fueron ampliando las grietas entre nosotros mismos. A finales de marzo los estudiantes de Sociología nos desplazamos a España para el trabajo de campo y permanecimos casi un mes fuera. Ya nada volvió a ser lo que había sido y, como se suele decir, la revolución devoró a sus propios hijos. Pero fue, qué duda cabe, una experiencia apasionante al mismo tiempo que arriesgada. Tratamos de dar cauce a nuestra pasión democrática, aunque la radicalidad y nuestras propias contradicciones, aparte de las intervenciones jerárquicas, acabaron con nuestros sueños. Cuando releo todo esto no dejo de experimentar, sin embargo, una sana envidia y nostalgia al comparar las movidas eclesiales de entonces con las de ahora. En lugar de avanzar y profundizar en todo aquello, hemos retrocedido espectacularmente y ya casi nadie parece atreverse en nuestras Diócesis a reclamar una participación y corresponsabilidad que se desprendían claramente del Concilio. Confío en que la situación actual sea pasajera y que florezca una nueva primavera eclesial.