CAPÍTULO 12º:

PINITOS DE SOCIÓLOGO


VERANO DEL 74


Mi regreso definitivo a España supuso retomar algunas redes que durante mi estancia en el extranjero habían permanecido en un segundo plano. Mis amigos de siempre habían ido siguiendo sus propios caminos y Barbastro había dejado de ser el lugar de los reencuentros. José Mª Poza fue el primero que contrajo matrimonio poco después de mi marcha a Innsbruck y se había establecido en una oficina bancaria de Lloret de Mar. Emilio y Paco Satué, a quienes visitaba en Barcelona haciendo un alto en mis viajes al extranjero, también pasaron por la vicaría dedicándose el primero a sus clases en un instituto y el segundo a promocionar el dinero de otros en el Banco Central. Paco Jiménez y Joaquín Villar, completados sus estudios en la Escuela de Automovilismo del Ejército, ocuparon sus destinos militares acompañados por sus respectivas mujeres e hijos. Mariano Buera, también casado, daba clases en la llamada Universidad Laboral de Huesca junto con Jaime Bruno. Luis Manuel García permanecía soltero y se trasladaría a la Delegación del Gobierno en Murcia. Michel se había casado y residía en un pueblo cerca de Le Mans en donde había montado su propio negocio de ebanistería. En Barbastro había permanecido solamente Antonio, cuya boda fue la única de entre las de mis amigos que celebré, en esta ocasión en la Catedral. Y poco antes de mi regreso me trasladé a Burgos para asistir a la boda de Manolo. Sólo dos de ellos contrajeron matrimonio con chicas de Barbastro, a diferencia de lo que les ocurrió a nuestras colegas de los tiempos del Bachillerato. Por otra parte, había ido perdiendo el contacto con mis compañeros del Seminario que no llegaron a ordenarse.

El verano de 1974 comenzó con alarma política: aquejado de una tromboflebitis, Franco entregaba el Gobierno de forma provisional al príncipe Juan Carlos en el mes de julio. Era una "alarma" que apuntaba a cambios próximos, al final de una dictadura en la que yo había vivido toda mi existencia. En los Estados Unidos, al presidente Nixon, derrotado en la guerra del Vietnam, no le quedaba más salida que dimitir de su cargo a causa del escándalo Watergate y se despedía del poder desde la escalerilla del avión el 8 de agosto. Todas estas noticias se entrelazaban con la vida cotidiana y anunciaban tiempos nuevos y mejores que no se harían esperar demasiado.

En Barbastro arreciaban los intentos de conseguir ubicar en la ciudad el ansiado Hospital Comarcal, en clara competencia con la vecina Monzón, mientras se obtenía un logro con grandes repercusiones de cara al futuro: la concesión de la Denominación de Origen a los vinos del Somontano. En otro orden de cosas, en el mes de julio, el sastre Borruel, situado en el Paseo del Coso muy cerca de mi casa y al que siempre acudía mi padre para encargarle su ropa y la mía, además de ser tío de mi amigo Michel, me cobraba 1.300 pts. por confeccionarme un pantalón a medida. Un año después el coste de la vida lo haría subir 100 pts. más y en esa progresión continuaría en años sucesivos, tal como lo muestran los recibos que guardo de aquella época.


INVESTIGACIÓN SOCIO-URBANÍSTICA


Fue un verano a la espera de mi nombramiento y destino como cura. Lo aproveché para intensificar el trabajo de campo de nuestra investigación sobre los barrios de la ciudad. En el mes de julio del año anterior, Antonio Abarca y yo elaboramos un proyecto titulado "Crecimiento de Barbastro: sus variables morfológicas y sociológicas". Por aquel entonces, Antonio estudiaba en la escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, faltándole únicamente el Proyecto Final de Carrera para su licenciatura.

Partíamos del supuesto de que el crecimiento demográfico de Barbastro y la existencia de nuevas necesidades en cuestión de vivienda habían originado la aparición de nuevos barrios, que se sumaban a los que ya existían desde hacía décadas. Pretendíamos, por un lado, analizarlos teniendo en cuenta su modo de constituirse y su crecimiento, sus variables morfológicas y sociológicas; por otro, comparar los diferentes barrios entre sí y con el tipo ideal; y también estudiar los planes de remodelación o reforma, verificando el cumplimiento o incumplimiento de las normas vigentes en cuestión de urbanismo. Como puede apreciarse, tanto Antonio como yo veníamos lanzados y con los estudios bien frescos, una vez terminadas nuestras carreras respectivas.

Confeccionamos una lista de los barrios y los delimitamos explicando las razones que teníamos para ello: Entremuro, Centro, Arrabal, Campo de S. Juan, Terrero, Ctra. de Huesca, Ctra. de Graus, Ensanche, Cooperativa, Vacamorta, Bellavista, S. Valentín y Sta. Bárbara, además de la zona militar. Los datos a obtener eran tanto sociológicos (origen, viviendas, familias y habitantes, equipamientos, actividades del barrio como tal, dificultades y soluciones) como morfológicos (situación, extensión, tipología de edificación, anchura de calles, colores y texturas, carácter de la zona, infraestructura...). Nos inclinamos por realizar entrevistas abiertas, además de descripciones del espacio, acudir a diversas fuentes de datos (Ayuntamiento, otros estudios, hemerotecas, etc.), efectuar recorridos a pie y en vehículos, obtener visualizaciones desde distintos ángulos, esquemas, planos, fotografías, analizar las distintas imágenes que tienen las personas de su ciudad y de los barrios, etc. Teníamos claro, sin embargo, que no podíamos estudiar cada uno de ellos como si formara una unidad independiente del resto de la ciudad. En definitiva, intentábamos dar "una exposición y descripción de la situación que pueda servir de base y contribución a una política social que pretenda solucionar los problemas planteados".

Para realizar este trabajo formamos un equipo con gente joven interesada en el tema. Recuerdo a Leles Fábregas que colaboró con nosotros en las entrevistas y recorridos por los barrios y también a Lourdes Lachén, Mª Ángeles Villagrasa y Mª Carmen Naval. Yo mismo elaboré una serie de sugerencias y orientaciones para todos los que participaran en las entrevistas. Establecimos, como es obligatorio en toda investigación, una serie de hipótesis que nos guiaban en el estudio. Cito algunas de ellas:

- Las urbanizaciones que tienen por promotores a personas privadas se alejan más del tipo ideal que las que tienen por promotora a una asociación.

- La población inmigrante (la de los pueblos) se asienta en las primeras, así como la de nivel socio-económico inferior.

- La zona centro dispone de equipamientos más completos que las restantes.

- El Entremuro está despoblándose y carece de equipamientos.

- En las nuevas urbanizaciones no existen viviendas alquiladas ya que sus propietarios suelen preferir vender y no alquilar.

- Los socios de la Cooperativa de Viviendas son cada vez más de un nivel socio-económico superior. Su grado de satisfacción a causa de las condiciones de esta zona es el más elevado de la localidad. Ejerce una gran atracción sobre el resto de la ciudad en cuanto que recibe personas de los barrios más antiguos.


RECOGIDA DE DATOS


Tengo que dejar constancia de que aprovechamos bastante el tiempo y nos entregamos con entusiasmo al estudio de nuestro pueblo como lo atestigua la abundante información que guardo de lo que fuimos realizando a lo largo de nuestra investigación. En ella se encuentran apuntes y notas de todo tipo, destacando cantidad de lecturas, tanto sobre la historia de Barbastro como artículos de autores especializados en este tipo de estudios, revistas, memorias del Ayuntamiento, informes, etc. Topamos con la dificultad de no encontrar trabajos similares sobre localidades con una entidad de población similar a la de Barbastro, y también nos entraron dudas sobre si éramos demasiado osados con la amplitud que le habíamos dado a la investigación. Por otra parte, tampoco teníamos todo el tiempo del mundo para hacerla y, por supuesto, nuestros recursos económicos eran muy escasos.

Los vecinos nos recibían muy bien en sus casas cuando les visitábamos para entrevistarlos. Nos sacaban incluso de merendar y se mostraban complacidos del protagonismo que les concedíamos. Tomábamos notas de cuanto nos informaban y, una vez en nuestro domicilio, las transcribíamos concienzudamente a máquina de una manera clara y organizada. Solían comentarnos sus cuitas con bastante confianza, desbordando en ocasiones la información que les solicitábamos. Nos hablaban de las ventajas y también de los inconvenientes, tanto del barrio y de sus calles como de las propias viviendas, al tiempo que se notaba que al establecer comparaciones la referencia era el centro de la ciudad y, en concreto, su calle más emblemática, el Coso. Cito algunas de las observaciones de entre las muchas que nos hicieron. "La ventaja de este barrio es que en zapatillas me voy a cualquier lado. Por eso no viviría en el Coso. Respiramos un aire más puro. Aquí la vida es tranquila y se puede mirar al cielo". "Si viviera en el Coso" -nos decía una vecina de uno de los barrios periféricos- no podría ir vestida así". "No hay bancos por ningún lado para sentarte. Si sales a pasear tienes que llevarte la silla"."La construcción es mala, así como la distribución de las habitaciones. El suelo es un desastre. Hay mucha humedad y goteras; la pared que cierra no tiene cámara de aire y se pone verde: alguno no quiere empapelar porque se cae el papel. La fontanería tiene pegas y los grifos son malos. El agua llega con dificultad porque la conducción es antigua y no estaba pensada para tanta casa como hay actualmente. Los pisos superiores apenas tienen agua porque la presión es nula: sólo a partir de las doce de la noche adquiere un nivel aceptable. Para fregar estás dos horas. Abundan las ratas que han llegado incluso a morder a alguna persona. Hay ratas en las viviendas y por las calles". Todo ello había provocado que los vecinos fueran reformando unas viviendas edificadas según los stándares y posibilidades de épocas pasadas. "Como reformas, todos han disminuido el espacio dedicado a cocina y han hecho un pasillo; muchos han quitado también la cocina económica, pero otros la han mantenido utilizándola como calefacción".

Varios de los entrevistados se habían trasladado desde el pueblo a vivir a Barbastro y establecían comparaciones en las que salía ganando la ciudad. "Estoy mejor que en el pueblo pues aquí hay más comodidades. En el pueblo siempre estabas con los bichos. Aquí llevas vida de señores. Aquí no te molesta nadie. Estoy estupendamente, independiente, tranquilo, aireado, las calles están muy limpias". Pero, al mismo tiempo, no dejaban de reconocer que también aquí había inconvenientes y muy serios. "Las viviendas son fatales; la arquitectura es buena pero el resto es malo: las baldosas, mal material, puertas que no cierran, calentadores y cocinas que no valen. Levantas una baldosa y aparece el cordón de la luz: a un albañil le pegó una descarga al levantar una baldosa. Lo que ocurre es que vienes del pueblo y necesitas la vivienda con urgencia, así que cierras los ojos y alante".

Hablamos con algún vecino a quien le llamaban "el alcalde del barrio" y a cuya casa la denominaban "la casa de Dios", ya que entraba todo el mundo y estaba pendiente de los problemas que pudiera haber. Incluso se definían acerca de la ubicación y características de la proyectada parroquia de San José : "Si la parroquia va a ser una parroquia más no merece la pena que la construyan. Ha de ser un sitio al que vayamos todos, que el párroco se preocupe de sus feligreses, que les vaya a ver cuando se cambien de parroquia. Yo, cuando me cambié de parroquia, se lo dije en la Catedral y en San Francisco, y me dijeron que muy bien pero nada más. Si no hay una comunidad no hay parroquia: no vale enviar saludas o pedir dinero. Ha de haber contacto con todos, tener un fichero de los parroquianos, dar vueltas por las casas..."

Nos dieron abundante información relativa al origen de cada barrio, especialmente los nuevos vecinos de la Cooperativa, zona en aquel momento en clara expansión y que suponía una novedad por sus planteamientos y por su organización vecinal. También recabamos datos sobre otros barrios de mayor antigüedad, como los surgidos en décadas anteriores siguiendo la estela de la política de viviendas de barriada a bajo coste impulsada desde el Régimen. La información estaba impregnada de un estilo muy popular presentando, lógicamente, la visión desde abajo, desde los propios afectados. Se vivía entonces un florecer de la organización popular (no olvidemos que estábamos en los estertores del franquismo), pero que se había ido entrenando a través, en gran medida, de la puesta en marcha de las fiestas populares en las que los vecinos tenían que echar el resto distribuyéndose las tareas para que resultara un éxito tanto cada acto festivo como la financiación de los mismos.

Todo este trabajo de campo amplió mucho nuestros conocimientos sobre la ciudad y más pudo hacerlo si hubiéramos continuado y llegado hasta el final. Pero no olvidemos que yo permanecía a la espera de mi nombramiento y ésta concluyó antes de que el verano tocara a su fin.