CAPÍTULO 17º:
NOS ASOCIAMOS
LA ASOCIACIÓN
Mientras tanto, en el verano iban a producirse dos hechos que darían un vuelco a la situación. El primero fue la creación de la Asociación Cultural Sobrarbe. El segundo la llegada de Aurelio Ricou al Instituto. El primero de ellos iba a ser decisivo, mientras que el segundo me afectaría tan sólo a mí principalmente ya que no respondió exactamente a la expectación e ilusión que puse en su venida, pese a la aportación positiva que nuestra convivencia supuso en bastantes momentos.
Pero antes es preciso explicar un poco sus precedentes. Antes de ser destinado yo a Aínsa, el presidente del Patronato, juntamente con Garanto, proyectó la creación de una Asociación de Antiguos Alumnos. Parece que la finalidad era reunir a sus miembros alguna vez al año en comida de hermandad con jolgorio deportivo o de otro tipo, mantener los lazos con el Instituto, incluido el posible apoyo económico que los socios pudieran aportar al centro, y algún que otro objetivo más. Se celebraron incluso asambleas para constituirla y establecer los estatutos. Pero resultó que empezaron a intervenir antiguos alumnos de Ánchel Conte, varios de ellos miembros del Partido Comunista, con pretensiones más concretas de cara al Instituto y a la zona. Al constatar su interés por el tema, el presidente se dio cuenta de que el PC podría llegar a condicionar su idea de la Asociación y rápidamente dio marcha atrás y se canceló el asunto. Los del PC salieron bastante escamados por lo ocurrido, aunque había calado en ellos la idea de establecer una Asociación cuando el momento fuera más favorable.
Al poco de llegar yo a Laspuña se me presentaron en la abadía Severino Pallaruelo (natural de Puyarruego, pueblo cercano en dirección al Cañón de Añisclo, y que, con el tiempo, llegaría a ser el famoso antropólogo aragonés que es hoy, si bien entonces contaba tan sólo 21 años de edad) y dos más, uno de ellos Javier Sazatornil. Sabían de mi existencia por medio de mi amigo Manolo que les había dado clase en la Universidad de Zaragoza. Pues bien, la delegación pecera entró en contacto conmigo. Lo recuerdo perfectamente. Aquél día sólo habló Severino mientras los otros dos permanecían en silencio. Nos pusimos de acuerdo en colaborar en todo aquello que coincidiéramos, si bien dejé claramente sentado que nuestras posiciones eran ideológicamente diferentes y que, llegado el caso, podríamos discrepar y no caminar juntos. No se habló de crear una Asociación sino simplemente de unir fuerzas en pro de un servicio en favor de la comarca. Esto ocurrió en el verano del 75. Pero no sería hasta doce meses después cuando se concretó la idea de la Asociación. Hasta entonces nuestras relaciones se redujeron a una mesa redonda en el club de Laspuña en la que también participaron José Mari Campo (de Mediano) y Mauricio Sabás (de Aínsa).
Ya a principios del verano del 76 el PC, todavía no legalizado a pesar de la autorización de partidos políticos producida el día 9 de junio, se movilizó para crear la Asociación y entonces empezaron a contar conmigo más en serio. Fueron ellos los que elaboraron un borrador de estatutos y nos reunimos un buen día en el club de Laspuña para discutirlos. Coincidimos en aquella ocasión unas 20 personas pero la voz cantante la llevamos Severino, su novia Mariví Broto, José Mari y yo. A mí me pareció correcto el planteamiento y fui designado miembro de la Comisión gestora juntamente con Pilar Cazcarra, Augusto, la directora de las Escuelas de Aínsa y Nicolás López, cura de Arcusa y primo de mi amigo José Mª. Nasarre. De todos éstos, sólo Pilar y yo creo que estábamos presentes en la mencionada reunión. Nos pareció a todos oportuno que los cabezas visibles del PC no formaran parte de la Comisión por la sencilla razón de que estaban fichados políticamente.
Vistas así las cosas, y así fueron, puede dar la impresión de que me presté al juego del PC, pero la realidad no es tan simple. Ciertamente me necesitaban de cara a la imagen exterior. Pero también es cierto que, si se quería hacer algo por Sobrarbe, había que contar con ellos ya que eran casi las únicas personas con inquietudes. La alternativa era cruzarme de brazos y no podía aceptarla. Por otra parte, bastantes de los reunidos no éramos miembros del partido. Además, el acuerdo no era a nivel ideológico de doctrina marxista o cristiana sino a nivel práctico de apoyar la promoción de la zona. En esto no había discrepancias entre nosotros.
Esta colaboración la analicé con mi grupo de jóvenes de Laspuña y fue objeto de largas reflexiones con personas miembros de la Comisión y tan poco sospechosas de izquierdismo rojo como Augusto o Nicolás. No niego que con estos dos últimos tomamos nuestras precauciones. Pero, analizadas desde ahora las cosas, creo que nos pasamos en nuestros recelos. Y pensar que yo iba a ser tachado de comunista por el búnker... Pero ya he dicho que para esas personas no parecía existir la capacidad de matizar.
Veíamos al PC como una secta o iglesia siempre dispuesta a manipular y ante la que teníamos que tomar precauciones. No teníamos todavía, al menos yo, la capacidad de considerarlos como un mero partido político, con lo que ello supone de dejar de lado otras connotaciones. La política tiene su propia lógica y no es válido confundir sin más los planos político y moral so pena de caer en confusiones. Era lógico, por otra parte, que los miembros de la Asociación tuvieran sus propias ideas políticas, como las tenían en otros aspectos. Lo que sí puedo decir con toda claridad es que mis amigos comunistas no manipularon en ningún momento la Asociación más de lo que pudiéramos hacerlo otros, si es que alguno lo hicimos, que creo que no. Eran, eso sí, el grupo más numeroso pero nunca se provocaron discusiones políticas y yo, como presidente que fui más tarde, jamás sufrí la menor coacción ni cortapisas; más bien me correspondió a mí estimular y empujar en diversas ocasiones. Con todo esto trato de romper el esquema de buenos y malos ya hace tiempo abandonado por mí.
La ilusión en los primeros momentos era muy grande y pensábamos que nuestra presencia en Sobrarbe iba a contribuir en gran medida a mejorar la situación. Éramos unos ingenuos y más que nadie los del PC. Pero todos fuimos aprendiendo.
A TRANCAS Y BARRANCAS
Una vez conseguida la aprobación oficial del Gobernador Civil de Huesca, planificamos una Asamblea en el cine de Boltaña para presentarnos públicamente. Cursamos muchas invitaciones. Al presidente del Patronato del Colegio no le enviamos, aunque sí a sus hijos, razón por la cual se me mosqueó, aunque al mismo tiempo me comentó que no hubiera acudido en caso de haberla recibido. Conseguimos reunirnos unas 70 personas y empezamos desde entonces la captación de socios. Fue una Asamblea moderadísima, presidida por la Comisión Gestora, y en la que se apuntaron ideas sobre posibles realizaciones. El optimismo continuaba.
Pero el búnker se lanzó rápidamente a hacer campaña en contra nuestra y consiguió atemorizar a muchos. Curiosamente la localidad más receptiva a sus ideas fue Laspuña y tanto los del grupo de jóvenes como yo mismo empezamos a encontrarnos en dificultades a causa de los cuchicheos, lo cual provocó mi intervención enérgica en la homilía de la misa del día de la fiesta. En ella dije, entre otras cosas, que "me veo en estos momentos en la triste obligación de denunciar el hecho de que en nuestra comunidad cristiana se está criticando la postura de algunos de nuestros jóvenes que han decidido tomarse en serio los problemas que afectan a nuestro pueblo y a nuestra comarca. La fe cristiana no puede ser una fe de sacristía, no puede separarnos de los problemas reales, a no ser que queramos convertirla en opio para el pueblo. La fe cristiana exige obras, exige un compromiso, exige el riesgo de salir en defensa del hombre allí donde se encuentre oprimido. Pero tenemos miedo, un miedo tremendo que nos paraliza y que nos hace aconsejar vergonzosamente a los demás que no se metan en líos. Como si Jesucristo no nos hubiera dado ejemplo con su vida metiéndose en el lío de salir en defensa de los hombres y de preocuparse por ellos hasta el punto de que lo mataran. ¿Qué fe cristiana es la que tenemos que cuando uno se preocupa por los demás lo tratamos en seguida de comunista? ¿Qué amor tenemos a nuestro pueblo si criticamos a nuestros jóvenes cuando intentan preocuparse por nuestros problemas y por los de nuestra comarca que son, en resumidas cuentas, los mismos?". Fue en vano. El mal estaba ya hecho y no habría vuelta atrás.

En enero pudimos celebrar la primera Asamblea de socios en la abadía de Aínsa. El párroco dio toda clase de facilidades. En ella fui elegido presidente a las primeras de cambio y con gran mayoría. Los restantes cargos recayeron en personas del PC: Josemari Campo (vicepresidente), Pilar Cazcarra (secretaria), Julián López (Tesorero), Javier Sesé, Mariví Broto y Lucía Dueso (vocales). No pude negarme ya que, por otra parte, era lógica mi elección: no había otras personas residentes de forma permanente en la zona que pudieran ocupar ese cargo, como más tarde habría de demostrarse con creces. Además de la elección se aprobó la realización de algunos actos puramente culturales y se lanzó el primer número del boletín.
Al día siguiente teníamos fijada una reunión de curas en Laspuña. Aprovechando la ocasión les planteé el tema de mi elección como presidente. La opinión casi unánime de los allí congregados fue que debía renunciar a ese cargo dado que, de lo contrario, mi posición se haría muy difícil. La postura de estos colegas era bastante cerrada con respecto al PC. Tal vez fue Aurelio el que menos se definió en la cuestión.
Dado el rumbo que tomaban las cosas decidí bajar a Barbastro aquella misma tarde para entrevistarme con el obispo. La opinión de éste coincidió prácticamente con la que me habían expresado los curas y me aconsejó que abandonara mi cargo de presidente aunque, eso sí, debía permanecer dentro de la Asociación como socio.
En vista de todo ello, regresé a Laspuña con la intención de presentar mi dimisión al día siguiente. Sin embargo las cosas no iban a desarrollarse exactamente así. Una vez en el pueblo conversé con Aurelio y le encontré más definido. Llegamos a la conclusión de que no podía dimitir en aquel momento dado que estábamos a 7 de enero y que no había tiempo para elegir otro presidente en nueva Asamblea. Habría que esperar a Semana Santa para que regresaran los estudiantes, que eran mayoría en la Asociación.
Un día más tarde teníamos reunión la Junta Directiva y, curiosamente, antes de que les dijera nada, ellos en bloque comentaron que pondrían sus cargos a disposición de la Asamblea en Semana Santa. Nuestras posturas coincidían y aprobamos dimitir en bloque en ese momento. Por otra parte, los actos a realizar hasta entonces estaban ya determinados y no podían crearnos ningún problema dado su total "apoliticismo". Así pues, pensé que se había encontrado la solución más acorde para todas las partes. Con todo, más tarde tuve que escuchar la crítica de algunos curas por no haberles hecho caso. Hasta el obispo me lo recordó, aunque con buenos modales y sin darle mayor importancia.
No obstante, tampoco en Semana Santa iba a producirse la proyectada dimisión. Aquellos meses iban a poner al descubierto el principal fallo de la Asociación: su falta de base. Los socios que residíamos normalmente en Sobrarbe éramos muy pocos y los estudiantes apenas aportaban nada cuando venían de vacaciones a su tierra. Tan sólo alguno del PC se presentaba esporádicamente para proponer alguna acción, aunque a título individual. Severino era engullido por la mili. En la práctica quedábamos reducidos a Pilar, Julián López, Javier, Augusto y yo. Incluso Augusto acabó distanciándose cada vez más de cualquier tipo de compromiso. El cura Nicolás fue trasladado a Huesca y prácticamente ya no lo vimos más. Los restantes miembros de la Junta Directiva se esfumaron. Tuvimos que cargar, por tanto, con un enfermo en coma y sin grandes esperanzas de rehabilitarlo. Con todo ello, pocas ventajas podíamos obtener y sí, en cambio, nos convertimos, principalmente Pilar y yo, en blanco de las iras bunkerianas (mi querida amiga Pilar Cazcarra, maestra comprometida y sensible, fallecida pocos años después víctima de un accidente de automóvil). A esto había quedado reducido el gran fantasma que tanto asustaba a algunos. Ésta era la terrible Asociación casi "terrorista dominada por el PC".
El 23 de enero moderamos una mesa redonda en el local parroquial de Tierrantona sobre "Alternativas al Pantano de Campo" en la que intervino el que pocos años después sería presidente de la Comunidad Autónoma de Aragón, Santiago Marraco, y a la que acudieron casi cien personas de toda la comarca. En el coloquio que siguió a la exposición del conferenciante se puso de manifiesto que las personas más afectadas por la construcción de estos pantanos son las menos beneficiadas ya que las que obtienen más provecho son las grandes empresas hidroeléctricas.
El 6 de febrero organizamos en los porches de la plaza de Aínsa una exposición de 30 fotografías de Antonio Buil Giral y objetos de la zona que nos prestaron los vecinos: calentadores de cama, cremallos, chocolateras, cardas, esquillas, canablas, morillos, etc., ambientándola con música de cantautores aragoneses y con diversos carteles alusivos a nuestra Asociación. Por la tarde teníamos previsto celebrar una conferencia sobre "La agricultura en nuestra comarca" pero no recibimos autorización del Gobernador, requisito indispensable en aquella época.
Nuestros planes comprendían también cinco conferencias sobre agricultura y ganadería, un proyecto de folleto sobre el arte de la zona y una mesa redonda en Gistaín sobre el tema de la fabla. Esta última fue abortada por el Gobernador y por la Guardia Civil. Ésta nos dio el alto en plena pista en varias ocasiones al vehículo en que viajábamos Pilar y yo requiriéndonos la documentación (¡como si no nos conocieran de sobra!) y conminándonos a abandonar la empresa. Para evitar la celebración de la mesa redonda se movilizó toda la Guardia Civil de aquella zona y cuando llegamos al pueblo nos lo encontramos prácticamente tomado por la misma. El panorama que apareció ante nuestros ojos resultaba lamentable.
No nos conformamos con lo que considerábamos un claro abuso. Guardo un borrador de carta enviada al Gobernador Civil protestando por no habernos concedido el permiso necesario:
"El motivo de la presente carta es manifestarle nuestro desagrado por no haber podido celebrar el sábado día 16 en el pueblo de Gistaín la mesa redonda sobre la fabla aragonesa, ya que no recibimos contestación a la solicitud de permiso que le enviamos el martes día 12. La ley establece que, en caso de no recibir contestación autorizativa o denegatoria del acto, es suficiente para su celebración el poseer una copia de la solicitud de permiso, una vez que ésta haya sido sellada en el Gobierno Civil acreditando su entrada en el mismo; pero esta condición es muy difícil de conseguir por nuestra Asociación, ya que ello requeriría nuestra presencia en Huesca cada vez que presentáramos una solicitud de permiso, y no olvide, Sr. Gobernador, que nos hallamos a muchos kilómetros de distancia de la capital y apenas disponemos de medios económicos.
No comprendemos cómo una mesa redonda sobre la fabla aragonesa en un pequeño pueblecito de nuestras montañas no reciba autorización para su celebración. Y no comprendemos tampoco la postura de la Guardia Civil que interrogó y pidió la documentación a los representantes de la Junta Directiva de la Asociación que se dirigían a Gistaín".
Ni siquiera en verano pudo intentarse nada ya que los estudiantes no aparecieron. Hasta el punto de que en una reunión en Lafortunada llegamos a plantearnos el tema de la disolución integrándonos en las otras Asociaciones locales de la zona y decidimos entablar conversaciones para sondear las perspectivas existentes en este terreno. No hubo, sin embargo, necesidad de ello ya que sólo funcionaba (?) en realidad el Círculo de Boltaña. Seguimos, pues, independientes pero apenas sin horizontes. En el fondo algunos pensábamos que la Asociación estaba ya muerta pero seguíamos sin enterrarla debido a la cobertura legal que suponía de cara a posibles o hipotéticas acciones futuras.
El boletín tuvo vida lánguida. Con gran esfuerzo y después de mucho insistir a la comisión que lo confeccionaba, en especial a Mauricio Sabás, se lograron publicar dos números. ¿Cómo era posible que ni siquiera el boletín saliera adelante? Parecía mentira que el PC no aprovechara este medio. Pero no lo aprovechó. ¿Dónde estaban sus manipulaciones? En realidad, al final ya casi ni existía el PC de la zona. Las elecciones del 15 de junio, las primeras democráticas tras 41 años, así como su desgraciado mitin electoral en el cine de Aínsa, los hundieron. Mariví fue elegida secretaria provincial del PC, se trasladó a Huesca y los miembros del Partido en nuestra zona se quedaron sin dirección. Éste era el terrible PC tan denostado por el Presidente del Patronato y sus amigos. La desmoralización era total.