CAPÍTULO 19º:

LA COSA SE COMPLICA


MANIFIESTO SOBRE LA IGLESIA EN ARAGÓN


En el mes de marzo de 1971 cristianos aragoneses, entre curas y seglares, redactamos un documento titulado "La Iglesia en Aragón". En él destacamos una serie de problemas que presentaba la organización eclesial a nivel regional. En Pueblo en Marcha del 13 de marzo publicamos el siguiente resumen del citado documento:

"En las provincias de Huesca, Teruel y Zaragoza está madurando, desde hace unos 5 años, una conciencia irreversible de país, de sentido comunitario, de identificación con nuestros propios problemas y con las vías de solución.

La Iglesia es una de las instituciones sociales que más han contribuido a mantener vivo el concepto de lo aragonés, haciendo de puente con el pasado. Pero no basta con esto. Pensamos que ha llegado el momento en que la Iglesia debe preguntarse muy seriamente qué está aportando en estos momentos de sustancial a este renacer aragonés.

Las 6 diócesis aragonesas (Barbastro, Jaca, Huesca, Tarazona, Teruel y Zaragoza) subsisten totalmente desvinculadas. No se ha emprendido ninguna tarea pastoral que aglutine al clero y laicado más consciente. Las diócesis rurales se están vaciando de líderes y miembros valiosos de movimientos apostólicos.

Las economías diocesanas deberían basarse en un patrimonio económico constituido desde las posibilidades reales actuales. Un patrimonio gestionado por un cuerpo de representantes de toda la Iglesia (curas, religiosos y laicado organizado). Hay que crear una estructura que ponga a salvo a la Iglesia de todos los vaivenes de los gobiernos.

Es importantísimo el conocimiento práctico de los obispos que nos rigen. El actual sistema de nombramiento de obispos es insatisfactorio, como lo era cuando intervenía el Estado. Las diócesis deberían tomar parte activa en el nombramiento. Si la Santa Sede trata de cubrir las sedes de Cataluña, País Vasco y Galicia con obispos de los respectivos países, también las diócesis aragonesas piden obispos aragoneses.

Es totalmente insostenible la desmembración eclesiástica del territorio aragonés. Las comarcas aragonesas de la provincia de Huesca que ahora forman parte de la diócesis de Lérida deben ser reintegradas en su espacio eclesiástico propio. La diócesis de Jaca, cuna y solar del Reino de Aragón, debe volver al Arzobispado de Zaragoza (actualmente pertenece a Pamplona).

Existen motivos para ser optimistas. Pero la Iglesia debe hacer un esfuerzo muy considerable para ser sacramento de salvación y santificación entre las gentes que habitan el territorio aragonés".


Días antes, el 1º de marzo, fui invitado por Cáritas Aragón a participar en Monzón en una mesa redonda sobre "acción social" moderada por Aurelio Orensanz y José Luis Febas. En ella participaron igualmente José Luis Batalla, Francisco Beltrán, Ramón Salanova, Ramón Martí y otros. Las conclusiones de la animada tertulia se publicaron en el libro "Recursos Sociales de Aragón" que al mismo tiempo constituía una guía de los mismos. En el debate destaqué la distancia geográfica que existe entre muchas zonas y los centros hospitalarios. Insistí en la importancia de la cultura sanitaria y en el hecho de que muchos pueblos del Sobrarbe carecían todavía de agua y sus viviendas no poseían las condiciones higiénicas más elementales. Para finalizar añadí que "en los pueblos de la montaña no es sólo el anciano de 60 años el que se encuentra marginado. Tal vez el anciano sea ya el que tiene 40 años porque se siente inútil, sin esperanza, sin futuro".


ELECCIONES


El curso continuó sin sobresaltos hasta finales de enero en que repetimos con éxito la fiesta de Sto. Tomás. Pero fue el canto del cisne. A partir de ahí la situación empezó a deteriorarse y la política se metió por medio. Surgió la ebullición de las elecciones y el Presidente del Patronato se movilizó como promotor de Alianza Popular. El mitin que este partido organizó en Aínsa fue contestado con una pancarta exterior colocada al parecer por los operarios que estaban instalando los nuevos teléfonos.

La actualidad me llevó a publicar en Pueblo en Marcha del día primero de mayo de 1977 el siguiente editorial titulado "Verdad y Justicia":

"El 15 de junio tendrán lugar en España elecciones generales. Numerosos partidos en todo el país están haciendo propaganda para conseguir nuestros votos. Ante esta situación PM declara que no se identifica con ningún partido. PM está tan sólo en favor de la justicia y trata humildemente de seguir el ejemplo de Jesucristo que vino para ser testigo de la verdad. Y la verdad es la verdad, la diga quien la diga.

No haremos, pues, política de partido pero tampoco renunciaremos a buscar la justicia y a denunciar la injusticia. Y aquí nos hacemos eco de las palabras de los obispos españoles: 'No podrá decirse sin más que un obispo o un sacerdote 'hacen política' cuando en virtud de su misión pastoral enjuician hechos, situaciones u obras de la sociedad civil desde la perspectiva de la fe. El silencio por falsa prudencia, por comodidad o por miedo a posibles reacciones adversas nos convertiría en cómplices de los pecados ajenos'.

Se va terminando, gracias a Dios, la época del miedo, la época de obediencia incondicional a la autoridad, aunque estuviera corrompida, la época en que sólo podían hablar públicamente unos pocos que siempre creían estar en posesión de toda la verdad y en la que se perseguía a todos los que no opinaran como ellos. 'Una efectiva pluralidad de opciones es parte integrante del bien común', dice el Concilio Vaticano II. Saquemos las consecuencias y no nos escandalicemos cuando toman la palabra públicamente personas hasta ahora consideradas como malditos. A nadie se le debe tapar la boca. PM se declara en favor de la libertad de expresión para todos. Defendemos la tolerancia como forma de convivencia. Y la tolerancia no es una 'concesión' que hacen los 'buenos' a los 'malos'. Los 'malos' también nos toleran y nos aguantan, y sin tantos aspavientos.

A lo que nos oponemos firmemente es a la calumnia. Y de la calumnia son responsables los que la propagan y los que no la rechazan pudiendo hacerlo. Si somos personas racionales utilicemos la razón y no la insidia ni la mentira. Si queremos a nuestra zona esforcémonos para que en ella haya justicia. Si amamos a los demás, respetemos sus diferentes puntos de vista y sus opiniones, aunque no estemos de acuerdo.

Y si nuestra zona está mal, no llamemos, sin más, 'comunistas' (con sentido despreciativo) a todos los que intentan cambiarla. ¡Que ya nos sabemos el cuento!, pues desde hace 40 años lo vienen repitiendo. Un poco más de 'originalidad', por favor".


El PC también se movilizó. García Salve, primer candidato de su lista, acudió a Aínsa en dos ocasiones. El primer mitin tuvo lugar al aire libre ya que no les dejaron ningún local apropiado. Lo realizó cerca del Instituto y con la única asistencia de alumnos del centro. Llegó a intervenir incluso la Guardia Civil. El asunto tuvo cola, y yo, aunque opté por no asistir porque me olía lo que me podían montar después, pese a que se me vino a invitar personalmente, fui involucrado en el asunto. Cosas de la pre-democracia. Cuando subí a Laspuña aquella misma tarde ya se había corrido la voz de que no había sido García Salve sino yo quien había dado el mitin. Increíble, pero cierto. Supongo que en ello influyó el hecho de que el conferenciante del PC había sido sacerdote. Tuve que publicar un fuerte editorial en "Pueblo en Marcha", pero de nuevo el mal estaba hecho.

Aún dieron otro mitin los del PC en Aínsa, esta vez en el cine. Pero alguno de los conferenciantes se pasó de histerismo provocando la hilaridad de la concurrencia. García-Salve atacó ferozmente a la Guardia Civil, a causa de un incidente con la publicidad, y los efectos electorales no se hicieron esperar, entrando a partir de ese momento el partido en un serio bache que ya no pudo remontar.

Los comicios constituían una auténtica novedad. Ante las insistentes preguntas que nos hacían los parroquianos acerca de a qué partido debían votar, optamos por hacer del número de PM del 12 de junio un "especial elecciones". Expusimos una información sucinta dedicando cinco líneas a cada una de las agrupaciones que se presentaban y la precedimos de un editorial titulado "¿A quién hay que votar?" en donde expresamos, entre otras cosas, lo siguiente:

"Nosotros no os vamos a hacer propaganda de un partido determinado. Dicen los obispos que no hay (ni puede haber) un partido especial que sea 'el partido' de la Iglesia. Puede haber y hay coincidencias entre lo que defiende la Iglesia (o al menos debe defender) y lo que defienden diversos partidos: la libertad, el respeto, la justicia, los derechos humanos. Pero la misión de la Iglesia no acaba ahí (aunque pase por ahí) y la dimensión religiosa no es lo mismo que la organización política. Por eso renunciamos a deciros por qué partido debéis votar: eso sería caciquismo, es decir, utilizar nuestra posible influencia para fines que no son específicamente nuestros...

Nuestra postura (y esto sí que tenemos que decirlo) es apoyar la democracia oponiéndonos a la dictadura y votar a los partidos que defiendan a los menos favorecidos de nuestra sociedad.

Finalmente, no penséis que la democracia consiste en votar cada cierto tiempo. Poder votar libremente es sólo un comienzo. Tener diputados en Las Cortes que nos defiendan verdaderamente es un avance. Poder cambiar el Gobierno cuando lo hace mal es una gran ventaja. Pero si nosotros no somos responsables en nuestros asuntos comunes y no nos organizamos en nuestros pueblos y en nuestra comarca, seremos manipulados por aquellos políticos en los que hemos descargado irreflexivamente nuestra responsabilidad. La democracia tiene que empezar desde abajo, desde nuestros pueblos. Todos estamos metidos en política, lo queramos o no, ya que la política es el 'arte' de organizar la sociedad: unos se preocupan, hacen política, buscando organizar mejor nuestra convivencia; y otros, los que se dicen 'apolíticos', los que dicen que no quieren saber nada de política, también la hacen pues favorecen la política de los que mandan al no poner obstáculos a sus caprichos y aguantar todo lo que hagan los de arriba, esté bien o mal. La organización de la sociedad es, pues, tarea nuestra. Democracia es, por consiguiente, igual a responsabilidad de todos. El momento actual es una llamada a nuestra responsabilidad como cristianos".


HACIA EL CHOQUE FRONTAL


Pero el punto clave que provocó mi "sentencia de muerte" fue una conferencia abortada. Ella ocasionó mi único enfrentamiento fuerte con el presidente del Patronato delante de los profesores, los cuales permanecieron mudos, naturalmente, tal vez atemorizados por mi atrevimiento. El Presidente no podía perdonarme mi arrogancia y no me la perdonó. Resulta que, dentro de los planes que habíamos elaborado al final del dramático curso anterior, entraba el llevar a cabo en el colegio periódicamente una serie de conferencias para los alumnos sobre temas de interés. Pasó por allí el arte (D. Manuel Iglesias), la biología, la economía (el director de la Caja de Ahorros), la sanidad (el médico de Aínsa) y no recuerdo si más. Entonces me puse en contacto con mi amigo Ramón Salanova para sugerirle que subiera a hablarnos sobre Aragón y la Autonomía, puesto que él había dado esta conferencia hacía poco tiempo en el Instituto de Monzón. El claustro de profesores aceptó la idea, pero el Presidente la vetó por teléfono, seguramente porque supo que Ramón era miembro del PSA (Partido Socialista de Aragón). Esto provocó mi indignación. Llegué incluso a solicitar que constara en acta, si bien al final no se puso. El claustro entonces caló rápidamente que se avecinaba un enfrentamiento con el presidente del Patronato y empezó a temblar.

Y así fue. Aprovechando una de sus escasas visitas al Instituto le abordé para manifestarle mi repulsa a su veto. Él entonces sacó sus fobias políticas y me negó el derecho a pedirle explicaciones. La suerte estaba echada. Se había abierto una peligrosa grieta y todos íbamos a sufrir las consecuencias. El claustro ya no funcionaría más como hasta ese momento.

Aún hubo alguna otra escaramuza en tono menor y más bien folclórico que otra cosa. Encargué a los alumnos de 2º de BUP efectuar una encuesta sobre el amor entre personas de la zona siguiendo un modelo que aparecía en uno de los libros de texto. Uno de los entrevistados, miembro de una asociación religiosa, cogió el libro en donde figuraba la encuesta y descubrió una cita de García Salve a propósito del amor adolescente. En seguida se lo comunicó a un miembro del Patronato que echaba pestes desde el principio de curso contra mí, tal vez a causa de mi homilía en la misa del día de la apertura de curso. Éste lo mencionó en la reunión del Patronato acusándome de comprar esos libros de texto para hacer propaganda del PC. Demencial. Los del Patronato al parecer se despacharon a gusto contra mí en aquella reunión. El presidente observaba y preparaba el terreno. Javier, que estaba presente, me defendió. La directora no intervino. Era un paso más.

Sin embargo, el curso iba a terminar sin problemas y pacíficamente. A toda prisa por marchar, como ocurría siempre, y previéndose abundante cambio de profesores para el siguiente debido a las oposiciones. El viaje de estudios de los de BUP se resolvió como el verano anterior: me los llevé en esta ocasión a Laspaúles e invité a la directora a venir con nosotros, a lo que accedió. Era una forma de acercarnos y evitar malentendidos pasados. La excursión resultó muy agradable y sin problemas, pero ahí acabó todo. Era mi última relación con el Colegio y yo no lo sabía, ni siquiera lo sospechaba en aquellos momentos. De hecho en la excursión hicimos planes para el próximo curso y la directora participó en ellos.


EXPULSIÓN


Con todo, la posibilidad de mi expulsión era algo que se podía prever ya desde aquella mañana de la muerte de Franco. "No te comerás los turrones", me repetía Javier medio en broma medio en serio constantemente. Pero después del pacífico verano del 77 ninguno pensábamos en la posibilidad de la inminente traca final. Sin embargo, la mecha estaba a punto de encenderse.

Antes de describirla tengo que volver a hablar de Aurelio necesariamente, aunque sólo sea para agradecerle que no se prestara al juego del Patronato. Hubo alusiones a lo majo cura que era por parte de algún miembro de esa institución, incluso delante de los profesores. Encomiaban su trato con los chicos, sus juegos, excursiones, etc. Pero Aurelio se mantuvo también distante del Patronato y siguió como un enigma para todos, por lo cual no pudo ser utilizado para contraponer su figura a la mía.

Y estalló la traca. El 31 de agosto recibí en Laspuña una llamada telefónica del obispo en la que me rogaba que fuera a entrevistarme con él cuando bajara por Barbastro. Otro 31 de agosto, tres años antes, su predecesor me había convocado para comunicarme mi nombramiento como párroco de Laspaúles y, dada la coincidencia, en seguida pensé que se trataba de un cambio. Ni se me pasó remotamente por la cabeza que pudiera referirse a mi expulsión del Instituto.

Al regresar Aurelio a la abadía le informé de la llamada y él, que había conversado con el obispo aunque sin que éste le desvelara el asunto, optó por callarse ya que el prelado le había pedido que no me dijera nada. Pero sospechaba algo. Y yo, intrigado ante la perspectiva de un nuevo cambio (¿a dónde?), me trasladé a Barbastro el domingo día 4. Por otra parte, si yo formaba equipo con Aurelio, ¿por qué se me convocaba a mi solo? Le di mil vueltas durante el viaje por una carretera desierta y entre el bullicio del comienzo de las fiestas me introduje en los aposentos del prelado. Eran las doce del mediodía y retumbaban los primeros cohetes.

El obispo tardó en entrar en materia, con lo cual aumentaba mi intriga. Por fin se destapó. ¡Pobre obispo haciendo de frontón! Me comunicó que el Patronato había decidido prescindir de mí y que su propio presidente había bajado pocos días antes para comunicárselo. "Si se hubiera tratado de un Instituto público yo habría intervenido -se excusaba el obispo- pero tratándose de uno privado tengo las manos atadas". Comenzó entonces a hablarme de motivos profesionales, que si yo había defendido no sé qué opiniones sobre el aborto y cosas semejantes. Hasta que le interrumpí y le dije claramente: "Bueno, supongo que usted se da cuenta de que los motivos son políticos". Y el obispo entonces me lo confirmó y añadió: "Ya te dije que no aceptaras el cargo de presidente de la Asociación".

Yo estaba algo desconcertado porque ni remotamente había sospechado mi expulsión. Pero me repuse y acepté fríamente la nueva situación tratando de adivinar cuál sería el nuevo paso. El obispo entonces me confesó que no sabía a dónde trasladarme y empezó a hablar de la conveniencia de estudiar la "etnia". Entonces vislumbré rápidamente la posibilidad de poder dedicarme a algo que tenía en mente desde mi venida de Roma: la investigación sociológica. Le comuniqué que tenía previsto viajar a Zaragoza para hablar con Aurelio Orensanz y ver qué posibilidades de colaboración se ofrecían. Al obispo le pareció bien. Pero al referirse al trabajo parroquial que yo podía desempeñar a partir de entonces me sugirió Eriste, aunque añadió: "Estoy seguro de que me vas a decir que no". Y le dije que no, claro, ya que me parecía un sitio muy alejado del lugar de residencia de los sociólogos que conocía. Antes ya le había pedido que me sacara de la zona para evitar los lógicos problemas que se me podían presentar si permanecía en ella y el prelado lo encontró natural.

Salí de la entrevista con el lógico disgusto por mi expulsión. De golpe y porrazo terminaba toda una etapa de entrega a una zona como la de Sobrarbe y a una gente con la que me identificaba. Era injusto que todo terminara mediante maniobras en la oscuridad, como una cacicada. Era un golpe bajo contra mi persona pero a la vez contra nuestras movidas asociativas en favor de la comarca. Pero, al mismo tiempo, me encontraba con un mundo nuevo por delante. Ya con Pedro Escartín aquella misma tarde empecé a darle vueltas a las posibilidades que me ofrecía la nueva situación. Pedro, al parecer, no estaba al tanto de nada. Por la tarde telefoneé a Aurelio para comunicarle la noticia y después a Javier, que se quedó consternado. Era lógico: habíamos sido carne y uña, y el golpe lo iba a acusar él incluso más que yo.

Quedaba separado de esta forma del Instituto. Lo que no sospechaba el Presidente del Patronato era que mi intención, antes de conocer la expulsión, era permanecer en el Colegio tan sólo un año más, pues no quería demorar por más tiempo mi dedicación a la Sociología. Cada vez veía más claro este punto.

Digamos que en casa se alegraron ante la posibilidad de que pudiera fijar ahora mi residencia en Barbastro, al menos por más tiempo. Y echaron pestes, naturalmente, ante la cacicada de que había sido objeto.

Pero aquella noche iba a ocurrir una anécdota que tendría su pequeña importancia, ya que sería explotada en contra mía enturbiando aún más las cosas. Sucedió en el barrio del Entremuro de Barbastro con motivo de un baile popular de sus fiestas. Caí por allí con Ramón y Carmenchu y coincidimos en medio de la juerga con otros amigos. En un momento dado, Susi, la mujer de Antonio, me sacó a bailar en plan divertido y nos enzarzamos en un casto pasodoble. Detrás de mí se encontraban algunas autoridades del Ayuntamiento.

La noticia trascendió, ¡oh mores! Y, según me comunicó primero el obispo y luego su vicario, ambos sin darle mayor importancia a mi actuación, unas ocho personas que pasaron por el palacio episcopal a la mañana siguiente aprovecharon para comentar el hecho y alguien del Ayuntamiento llegó incluso a protestar airadamente ante el prelado por mi atrevimiento, afirmando que si quería ligar que me fuera a la Costa Azul. Bailar en plena plaza pública con una mujer casada y delante del marido era más de lo que algunos podían soportar.

Naturalmente, me indigné con el obispo por permitir estos chismorreos en palacio y él comentó sorprendido con su vicario mi indignación. Pero ya me había cogido en falta y podía hacer uso de ella cuando quisiera.


¿TRABAJAR COMO SOCIÓLOGO?


Dejemos esto y sigamos con lo anterior. Me trasladé a Zaragoza y Aurelio Orensanz, que dirigía entonces la Oficina de Estadística del Arzobispado, se mostró de acuerdo con mis proyectos. Ya hacía tiempo, por otra parte, que veníamos conversando sobre la conveniencia de trabajar en sociología a nivel regional y mi nueva situación iba al pelo.

Así que regresé muy contento a Barbastro y de nuevo me entrevisté con mi obispo. Éste aceptó la idea pero insistió con más fuerza en nombrarme cura de Eriste ya que no había otro puesto disponible. "Además -me confesó- existen presiones para que no te traslademos a Barbastro". La pastoral otra vez supeditada a la política clerical. Le recordé que jamás había solicitado ser enviado a la capital de la Diócesis, pese a que por títulos hubiera sido lo normal. Pero encontraba absurdo tener que desplazarme 100 km. de ida y otros 100 Km. de vuelta todos los fines de semana, ya que con mi nueva ocupación sociológica mi punto de residencia más fijo tendría que ser Barbastro. Así y todo tuve que pasar por el aro de Eriste y ya podía estar contento dado que lo de sociología parecía seguro. Pero se trataba de un espejismo.

Para descansar de los follones me trasladé una semana a Madrid a casa de mi hermana Pilar. Disfruté de unos días relajantes que coincidieron con los conciertos de Leonard Cohen y el lanzamiento de su disco "I'm the man". Pero no pude evadirme del todo. Antes del viaje le había comunicado mi expulsión a Pilar Cazcarra y ésta se encargó de difundir la noticia entre los miembros de la Asociación. Así que hasta en Madrid recibí llamadas telefónicas y me vi obligado a hablar del asunto con algunos de ellos, lo mismo que me ocurrió con Augusto y Enriqueta que se encontraban en la capital a causa de las oposiciones de esta última.