CAPÍTULO 20º:

REZANDO Y POLEMIZANDO


UNOS EJERCICIOS MUY MOVIDOS


A mi regreso a Laspuña y Aínsa para despedirme, la Asociación empezó a pergeñar un plan de protesta y me pidieron que les informara debidamente, cosa que hice, pero desligándome de verme involucrado en la campaña. Difícil tarea. Decidieron convocar una reunión en Barbastro para planear la respuesta adecuada y allí tuve que reunirme con Javier, Severino, Pilar, Ramón Salanova, Julián, Mariví, etc. Me limité a informarles sin entrar en las decisiones a tomar. Decidieron organizar una campaña de prensa solicitando la colaboración de otras Asociaciones y partidos políticos. Me despedí de ellos y me encerré en la Casa de San Ramón durante una semana para hacer ejercicios espirituales con los otros curas de la Diócesis. Estábamos a finales de septiembre del 77 y la campaña de prensa a punto de comenzar.

Al llegar a San Ramón para incorporarme a los ejercicios sentí con fuerza que aquel ambiente clerical no me atraía lo más mínimo. Allí estaban viejos y jóvenes con los problemas de siempre, con el lenguaje tradicional que contaminaba hasta los últimos temas de actualidad. Se notaba cierta expectación hacia mí, pero no se exteriorizaba en mi presencia, aunque pronto llegaron a mis oídos sus conversaciones. Entonces me indigné profundamente al constatar que no era mi expulsión del Instituto lo que preocupaba sino mi baile en el Entremuro, al menos a los sacerdotes mayores. Los jóvenes, por su parte, no parecían comprender mi situación. Ya en mis despedidas de los curas de Sobrarbe noté con fuerza la distancia que nos separaba. Algunos llegaron incluso a poner en tela de juicio la pureza de mis intenciones, insinuando que había provocado mi expulsión para lograr que me trasladasen a Barbastro. Era ingenuo pero no para planear esa memez. Y no comprendieron que tuviera que marcharme de Laspuña. "Si te quedas -me dijo alguno aumentando mi perplejidad- saldré en tu defensa". Yo alucinaba. En realidad lo que les preocupaba era que se marchaba un colega de la zona ya que, por esa razón, tendrían que atender a más pueblos y, lógicamente, trabajar más.

Mientras, mi expulsión del Instituto parecía ser un simple gaje del oficio para la mayoría de mis compañeros. En definitiva, me lo había buscado por ir con gente de mal vivir, como los del PC, por comportarme como un "rojo" y dar de qué hablar. Además, no les afectaba la cuestión ya que no había contado con ellos. Yo era, en su opinión, un intelectual, tal vez extravagante e incómodo lector de libros en un mundo de mera lectura de folletos, y estaba claro que no servía para el mundo rural. En definitiva: que se vaya y que nos deje tranquilos. Tranquilidad, ésa era la palabra. Qué más felicidad, me dijo uno, que quedarme sólo con Laspuña sin otras preocupaciones. Estaba claro que vivíamos en dos galaxias alejadas y que lo espiritual, según ellos, no debía mancharse con lo temporal.

Pero regresemos a los ejercicios. Los dirigía Pedro Sandi, sacerdote de Torrelavega de mediana edad, a quien curiosamente también habían expulsado del Colegio en que impartía clases. Creo que fue al tercer día cuando apareció la primera nota en la prensa y desde aquel momento los ejercicios tomaron un cariz diferente, surgiendo dos líneas paralelas de meditación que acabarían fundiéndose el último día.

Al publicarse la nota de la Asociación en el Heraldo de Aragón del día 29 cundió el nerviosismo, especialmente en algunos curas de la zona. El escrito decía lo siguiente:

"La Asociación Cultural y Recreativa 'Sobrarbe' nos remite con el ruego de su publicación la siguiente carta dirigida a los vecinos de Sobrarbe y a todos los altoaragoneses: D. José Mª. Nerín Baselga, presidente de la Asociación Cultural 'Sobrarbe', sacerdote de Laspuña y profesor de religión en el colegio homologado Sobrarbe de L'Aínsa, ha sido injustamente cesado de su cargo de profesor por el Patronato de Gobierno presidido por el doctor Berdún.

Esta sorprendente decisión obliga a dicho sacerdote a emigrar de la comarca, al quedar sin trabajo en contra de su voluntad y los sentimientos de la mayoría de sus alumnos y feligreses que aprecian en él el interés y esfuerzo depositado ante los problemas de la comarca, tanto desde su puesto de religioso, como de profesor y de presidente de la Asociación Cultural 'Sobrarbe'.

Indignados por semejante hecho, que calificamos de antidemocrático, arbitrario y opuesto a los intereses de la mayoría de los vecinos de esta comarca, declaramos nuestra repulsa por este acto que se ha llevado a cabo sin consultar al claustro de profesores y sin pedir opinión a los alumnos y padres de éstos.

Hacemos un llamamiento a todos los vecinos de esta comarca para exigir explicaciones por este injustificado acto, para solidarizarnos con don José María Nerín y para que entre todos impidamos que un centro de tanta importancia para la comarca esté regido por personas que con su actuación vienen demostrando su carácter antidemocrático y de escasa representatividad."


Al día siguiente uno de mis colegas me abordó con otro artículo del periódico presentándomelo como algo calumnioso para mí a causa de que entre otras cosas más importantes afirmaba el periodista que me había quedado sin trabajo. Se trataba de un artículo del Heraldo firmado por P. Gombau titulado "Indefensión" y en el que se podía leer lo siguiente:

"Ayer publicábamos una carta abierta de la Asociación Cultural y Recreativa 'Sobrarbe' en la que se denunciaba un hecho gravísimo y, desde luego, absolutamente intolerable. Intolerable ya en cuanto a la forma y sin entrar en el fondo de la cuestión, sobre el que no tengo datos contrastados como para emitir un juicio. Lo que, desde luego, está clarísimo es que a estas alturas no resulta ni ortodoxo ni conveniente que un patronato, por muy patronato que sea, expulse, despida o ponga en la calle a un profesor sin haber consultado con el claustro de profesores, alumnos y padres de éstos y sin abrir el correspondiente debate, proceso o como se le quiera llamar para justificar la decisión.

Si a todo esto añadimos que en el tema existen indicios de que hay un cierto trasfondo político, se podrán hacer idea ustedes de por dónde van los tiros, por lo menos aproximadamente.

Uno creía que los juicios sumarísimos en pequeño comité y con oscuridad informativa sobre todos sus extremos habían pasado a la historia. Uno creía que ahora se guardaban las formas y que los tiempos democráticos habían traído aires de transparencia y participación en tan delicadas cuestiones. Uno creía que los procedimientos inquisitoriales habían muerto y que ya no se utilizaban. Pero parece ser que sí. Parece que todavía hay quienes tienen facultades para aplicarlos y, haciendo caso omiso del contexto en el que se encuentran, lo hacen.

Por lo menos así lo demuestran las noticias llegadas de L'Aínsa, del colegio homologado existente en la localidad sobrarbense, que es donde ha ocurrido lo que narraba más arriba. Yo creo que ha llegado la hora de que se eviten estas cosas y de que se garantice la seguridad en el puesto de trabajo, para que la quiebra de tan importante derecho responda a un proceso limpio, claro y justo, amén de democrático. Mientras esto no sea así las cosas seguirán como antes y la arbitrariedad será la norma, produciendo una absoluta indefensión en sus víctimas. Me parece que los tiempos no están para eso."


Otro de mis colegas redactó una fuerte nota condenatoria contra los escritos aparecidos en el periódico y con ella acudió al obispo para que se la aprobara, pero encontró a éste más frío e indiferente de lo que él deseaba ya que le tenía sin cuidado que se atizaran unos y otros en la prensa.

La tensión crecía y se pensó que lo más conveniente era convocar una reunión de los curas de la zona a la que se invitó también a Pedro Sandi. Alguno tuvo que ser presionado para que acudiera ya que no era su intención hacerlo, dado el santo cabreo que le embargaba a causa del tema. En medio de la expectación de los presentes comenzó la reunión. Sandi hizo lo posible por ejercer de moderador pero a duras penas lo consiguió. Uno confesó que lo más le preocupaba era regresar a su pueblo y tener que encontrarse con el Presidente del Patronato; necesitaba, por tanto, saber qué responderle pero ni eso se le aclaró. Parece como si el compañero expulsado fuera lo de menos. Otro jugó a progre, otro a defenderme o a atacarme, o a ambas cosas a la vez. Hubo quienes demostraron su desconocimiento del tema y no se definieron. Alguno permaneció callado hasta que destapó su caja de los truenos: lo importante era para él el desconcierto que en el pueblo llano y sencillo estaría produciendo la campaña de prensa; además puso verde a la Asociación y criticó mi actuación en el Instituto. Manifestó sus dudas acerca de mi buena fe en todo el asunto y pretendió publicar una nota bastante fuerte en su hoja parroquial aunque entre todos logramos contenerle.

Pedro Sandi se esforzó al máximo para ayudarnos en la reflexión. Nos reunimos tarde y noche. Propuso que finalizados los ejercicios lo volviéramos a hacer para conciliar nuestras posiciones, pero fue inútil ya que tan sólo yo acepté esta sugerencia. Finalmente sugirió la conveniencia de que tal vez debiera redactar una nota explicitando mi postura, lo cual fue apoyado por los restantes. No me negué a hacerlo pero dejé muy claro que estaba con la Asociación fundamentalmente y que no podía esperarse de mí que lanzara un desmentido contra ella.

No hubo modo de llegar a un acuerdo porque para ello se requería más tiempo y nuestras posturas eran muy distantes. Baste como botón de muestra el hecho de que ni siquiera coincidiéramos en que es injusto expulsar a un profesor por motivos ideológicos. Pero, con todo, fue positivo el hecho de reunirnos para hablar y creo que algún hielo se rompió. Algo avanzamos. Al parecer quedaba atrás la reunión que los curas de la zona tuvieron días antes con el obispo para reflexionar sobre mi caso. Entonces, según me comentó uno, nadie me defendió. La verdad es que no fue exactamente así. Ahora tampoco es que me defendieran pero creo que iban entendiendo mejor mi postura aunque sus posiciones estuviera muy alejadas de las mías. A lo que en ningún momento se llegó ni se llegaría fue a la solidaridad con el compañero en apuros.


ARTÍCULOS EN LA PRENSA


La campaña de prensa prosiguió. Durante mes y medio los periódicos expusieron mi caso, siendo Heraldo de Aragón quien llevó la voz cantante mientras la Nueva España de Huesca se hizo eco de las opiniones favorables al Patronato. El sindicato UGT protestaba el 4 de octubre tanto contra el obispo como especialmente contra el Patronato, destacando que éste era el segundo caso en pocos años (el primero fue el despido del director Ánchel Conte) y pidiendo públicamente la dimisión de sus componentes así como mi readmisión. Lo mismo hacía la Peña Zoiti de Huesca exigiendo explicaciones. El día 7 publicaban sus notas cuatro partidos políticos (Izquierda Democrática, PCE, PSA y PSOE) y también la Asociación Cultural del Somontano (ACUSO), que destacaba "el lamentable estatus legal que sigue haciendo de los profesores contratados, no numerarios, etc., verdaderos parias del establecimiento docente del país."


Un día antes, apareció en Heraldo una réplica del Patronato Rector del Colegio Sobrarbe en la que se manifestaba lo siguiente:

"1º. La potestad de nombrar y cesar directores espirituales y profesores de religión de los centros docentes corresponde al señor obispo de la Diócesis, quien hace dos años tuvo a bien nombrar para tales cargos en el Colegio al sacerdote don José María Nerín Baselga. El año pasado nombró director espiritual del Colegio Sobrarbe al sacerdote don Aurelio Ricou Sanjuán, quedando el señor Nerín como profesor de religión, a quien este año ha decidido trasladar a Eriste para regentar su parroquia.

Queda, pues, bien claro que don José María Nerín no es actualmente un parado forzoso, ni se le puede aplicar el calificativo de emigrante.

2º. En virtud de los derechos y obligaciones que le confieren los estatutos vigentes, la junta directiva de este Patronato ha tenido que trasladar al señor obispo de Barbastro su insatisfacción por la labor realizada por el señor Nerín Baselga, en el campo de la pastoral en el Colegio Sobrarbe, y el señor obispo ha debido de encontrar suficientemente válidos los argumentos expuestos como para tomar las decisiones que ha considerado oportunas.

3º. Que en un pueblo como Aínsa, de 600 habitantes, funcione -y con grandes éxitos- un centro docente en el que los jóvenes de la comarca puedan cursar incluso COU es un caso singular en toda España.

La vida del Colegio, que nació en 1961, ha estado jalonada de gravísimas dificultades de todo orden, que sólo ha sido posible vencer mediante la tenacidad y generosa entrega de unos hombres -miembros de la junta del patronato- que no han regateado esfuerzos en favor del Colegio.

Si consideramos que todos ellos, o la mayor parte, no hubieran tenido problemas para los estudios de sus hijos, hay que aceptar que han dado una auténtica lección de amor a su comarca y de solidaridad con los menos favorecidos por la fortuna.

Y si, además, algunos de ellos han sido reelegidos una y otra vez por los padres de alumnos para seguir al frente de los destinos del Colegio, queda fuera de toda duda su representatividad.

4º. En cuanto al artículo del señor Gombau, sólo podemos decir que es una verdadera lección de mal periodismo, pues si, como él confiesa, 'no tiene datos contrastados para emitir un juicio', tenía dos caminos: o bien informarse adecuadamente o bien callarse. Hubiera sido lo más honesto."


La redacción del Heraldo respondió con una nota en la que, entre otras cosas, declaraba:

"Para refrescarles la memoria sólo subrayaremos que en dicho trabajo únicamente se pronunciaba nuestro redactor sobre la forma -totalmente antidemocrática y sin participación del claustro de profesores, alumnos y padres de éstos- con que había sido llevado a efecto el cese, circunstancia que es confirmada expresamente en esta carta que reproducimos, y en la que no se cita nada de la participación de los estamentos citados. Ahora, a la vista de la misiva, ya es posible, igualmente, pronunciarse sobre el fondo de la cuestión y, además, poco favorablemente para los implicados."


Uno de los párrocos, por su parte, escribió el 7 de octubre la siguiente carta a sus feligreses:

"Durante mis Ejercicios Espirituales, la pasada semana, me enteré del problema surgido entre nosotros y que va en aumento. Me preocupa e inquieta sobre manera. Después de haber actuado con un profundo respeto hacia todos -y haberlo pedido de unos para con otros- durante la pasada campaña electoral, a fin de que las diferencias en ideología política no rompieran la convivencia ciudadana y, entre creyentes, la comunión de fe y de vida, hay un hecho que altera los espíritus. Y por medio, colocado a su pesar como protagonista, un sacerdote.

Del Patronato del Colegio se venía pidiendo su relevo. El Obispo, después de varios meses, ha aceptado. Los sacerdotes del Arciprestazgo también hemos aceptado la decisión episcopal y, tras analizar y discutir los acontecimientos, nos hemos aprestado a tapar este hueco que se ha producido entre nosotros por acceder el Prelado a relevarle igualmente, a petición propia, de los cargos parroquiales que desempeñaba en la zona y trasladarle a otro Arciprestazgo sin reponer aquí su puesto. Sin duda que pesó en nosotros la frase del Apóstol: 'somos espectáculo para el mundo, ángeles y hombres'. Y aquella otra: 'nos oprimen por todas partes'. Somos servidores de nuestro pueblo, sobre todo para la fe, y cuando nos rechazan en un sitio, vamos a otro lugar, aunque sacudamos el polvo de nuestros pies en testimonio contra los que no nos aceptaron. Es, también hoy, el signo evangélico del apóstol.

Quisiera pedir honradez. Puede entrar en juego la supervivencia del Colegio, con lo mucho que hasta hoy ha costado de esfuerzo personal y de sacrificio económico a todo Sobrarbe. Por eso hace falta honradez en los planteamientos. Y por eso hace falta discutir serenamente, analizar pareceres, renovar ideas y perspectivas hacia el futuro.

Desde mi posición de pastor de vuestras almas, me atrevo a hacer a mi hermano en el sacerdocio y a todos los más implicados esta petición: que sean colaboradores para construir y que no haya destrucción, para pacificar y que no haya violencia; que serenen sus espíritus, que dialoguen sin enconos y que busquen caminos conducentes al bien y la paz en Sobrarbe. En cuanto pueda servir, sabiendo el riesgo personal que esto lleva -esta carta ya lo es y no pequeño- estoy dispuesto a colaborar en la búsqueda serena de los objetivos señalados.

Quiero hacer constar que la redacción final de esta carta es fruto de muchas horas de meditación, de contraste y discusión en privado y en grupo con sacerdotes y, últimamente, de reflexión profunda con catorce padres de alumnos del Colegio, que, a mi juicio, están alejados de cualquier posición extrema. A todos ellos mi gratitud por la luz que han aportado."


Los escritos en los medios de comunicación continuaron en los días sucesivos. Con fecha 7 de octubre y en la sección cartas al director se publicó una nota firmada por padres del Colegio en la que hacían constar:

"1. Que expresamos públicamente nuestra gratitud hacia la Junta Rectora del Colegio Sobrarbe de Aínsa, a cuyo tenaz esfuerzo se debe la existencia del Colegio, que hace posibles los estudios de Bachillerato de nuestros hijos, que de otro modo les estarían vedados, dada nuestra humilde condición económica.

2. Que con arreglo a las normas estatutarias, la Junta se renueva por elección de los padres de alumnos cada dos años. La actual fue reelegida por nosotros con fecha 7 de noviembre de 1976 y, tanto entonces como ahora, goza de nuestra confianza total y absoluta.

3. Ha sido y es el deseo general que nuestros hijos reciban en el Colegio Sobrarbe, además de la adecuada información técnica, una formación moral y humana de la mejor calidad, dentro de la doctrina de la Iglesia Católica.

4, Repudiamos enérgicamente la campaña de prensa montada contra la Junta del Patronato de este colegio con motivo del cese de don José María Nerín Baselga como profesor de religión de dicho centro y nos solidarizamos de modo incondicional con todo lo actuado por la Junta en lo que a este caso se refiere, y asimismo con todos los demás relacionados con la marcha y funcionamiento del Colegio, en los que el Patronato Rector ha puesto y pone su máximo interés y desvelos".


Mucho se comentó posteriormente acerca de quién había redactado esta nota tan laudatoria y legitimadora del Patronato, con un estilo que recordaba mucho al de los dirigentes políticos franquistas. Por otra parte, Andalán sacó a la luz el 9 de octubre un artículo con el expresivo título de "Un cura peligroso" en el que, entre otras cosas, se indica que el profesor Nerín "como una forma de colaborar en la promoción de la zona aceptó la presidencia de la A. C. Sobrarbe, cuyos planteamientos resultaron sospechosos a los caciques locales encabezados por el presidente del Patronato. Por otra parte, la forma directa de explicar la asignatura de religión y su trato liberal con los alumnos chocó con la concepción autoritaria y coactiva que para el Patronato debe revestir la enseñanza y prácticas de la religión.

Su preocupación y puesta en evidencia de la injusta situación laboral de algunos empleados del Colegio motivaron que para el Patronato la presencia de José María Nerín comenzara a ser 'incómoda'".

Seguía después el articulista aportando detalles sobre el Colegio y sobre el presidente del Patronato y concluía de esta forma: "Al comienzo de las clases, hace unos días, los alumnos de José María Nerín pusieron un cartel preguntando los motivos de su cese. Nadie les ha contestado."


RESPONDO AL PATRONATO


Ante la inhibición del obispo, el 14 de octubre envié al Heraldo el siguiente artículo precisando mi situación en el conflicto y aclarando algunos puntos de la nota hecha pública por el Patronato del Colegio. No me publicaron la carta en su totalidad pero sí sus aspectos más interesantes. Le pusieron por título: "El profesor despedido contesta al Patronato" y seleccionaron estos 6 puntos:

"1. Para empezar quiero reconocer los esfuerzos del señor Berdún para consolidar el colegio, utilizando su influencia personal en una época -espero que en vías de desaparición- en que éste era el modo normal de conseguir las cosas. Pero es de justicia reconocer también el esfuerzo callado de los profesores. Igualmente el de los padres de los alumnos y el de los ayuntamientos de la zona, que son, juntamente con otras entidades, los que han ido pagando el mantenimiento del Colegio.

2. El patronato del Colegio no es que haya trasladado al final al señor obispo su 'insatisfacción' por la labor realizada por mí en el campo de la pastoral en el colegio, sino que tras votación realizada en el claustro del patronato celebrado a finales de agosto, se presentó ante el señor obispo el señor Berdún comunicándole, como hecho consumado, que el patronato había decidido prescindir de mí como profesor de religión. El señor obispo me comunicó el hecho consumado, tal como lo he relatado, y yo entonces solicité ser relevado de mi trabajo pastoral en las parroquias de la zona que estaban a mi cargo para evitar que mi presencia allí sirviera de punto de referencia polémico y que mi futura actividad pastoral fuese, a causa de ello, no rectamente interpretada.

Por otra parte, meses antes ya se había presentado el señor Berdún ante el señor obispo para manifestarle -esta vez sí- su insatisfacción. El señor obispo, pese a ello, me mantuvo como profesor de religión del colegio.

3. La presencia de don Aurelio Ricou Sanjuán en el colegio se debe a un acuerdo entre él y yo para trabajar juntos, tanto en el colegio como en las parroquias. Se lo propusimos al señor obispo en el verano del 76 y él aceptó. La iniciativa, por tanto, no partió del señor obispo, como parece sugerir, con no sé qué intención, la nota del patronato.

4. El señor Berdún y compañeros del patronato comienzan a protestar ante el señor obispo por mi actuación precisamente a partir del momento en que la Comisión Gestora de la A. C. Sobrarbe consigue la aprobación legal por parte del señor Gobernador.

La presencia en la Asociación de algunas personas pertenecientes al Partido Comunista hace que gentes interesadas en manipular la realidad me presenten a mí y a la Asociación como comunistas en el peor de sus significados. Poco les importa que la Asociación fuera una asociación cultural y no un partido político; poco les importa que haya muchos miembros de la Asociación, entre ellos yo, no vinculados a ningún partido político; poco les importa que la Asociación esté abierta a todas las personas que sientan preocupación por la deprimida zona del Sobrarbe y que quieran trabajar por su promoción sin pasar luego facturas de ningún tipo; y poco les importa, en definitiva, la sencillez y limpieza no partidista de los actos organizados por la Asociación y cuyo contenido puede ser juzgado sin tendenciosidad política por cualquier observador no totalmente dominada por sus prejuicios.

5. Para denigrar mi actuación en el Colegio se agarrarán a lo que haga falta: me acusarán de llevar textos de religión comunistas por el hecho de salir un párrafo de García Salve hablando sobre el amor adolescente en el libro -libro aprobado por la Comisión Episcopal de Enseñanza y empleado también como texto en el Seminario de Barbastro-; me acusarán de disminución de la frecuencia sacramental en los alumnos, cuando en primer lugar de este hecho no somos los sacerdotes del colegio los únicos responsables, y en segundo lugar no creo que sea yo el único cura al que le ocurre esto en su colegio o parroquia.

6. En el fondo de este asunto hay algo fundamental que interesa aclarar. Se me ha criticado el hecho de que como sacerdote no me oponga a relacionarme con personas que, usando la terminología del Evangelio, son consideradas por algunos como 'publicanos y pecadores'. A esto tengo que contestar que, como otros sacerdotes, intento imitar, humildemente y con todos mis defectos, la actitud de Jesús, que no pedía certificados de buena conducta a aquellas personas con las que se relacionaba. Pienso seguir colaborando con esos llamados 'publicanos y pecadores', y con todas aquellas personas que intentan hacer algo beneficioso para la sociedad y, en definitiva, para la construcción del Reino de Dios."


A mis amigos curas de Barbastro, Pedro Escartín, Enrique Calvera y José María Garanto, los reuní para leerles esta carta antes de enviarla. Ellos, desconcertados por la actuación del obispo, decidieron intervenir ante él solicitando para ello apoyo a otros curas de la localidad, pero ninguno les secundó. Aquellos días creí descubrir en ellos cierto sentimiento de culpabilidad e impotencia al verse incapaces de hacer nada por un compañero. No obstante, alguno procedió a hablar con el vicario.