CAPÍTULO 21º:

NO SACUDÍ EL POLVO


SIGUE LA POLÉMICA


Dos días antes el periódico afirmaba haber recibido un pliego con 36 firmas de alumnos del Instituto protestando por la "inexplicable expulsión del director espiritual y profesor de religión del mismo colegio, y pedimos una aclaración sobre este hecho que debería haber sido consultado con nosotros".

El 17 de octubre volvía a la carga P. Gombau en el Heraldo y con el título de "Un despido polémico" seguía dándole vueltas al tema:

"Las causas del despido se van por las ramas de la metafísica y los miembros del Patronato alegan defectos en la labor pastoral de la víctima, pero en el trasfondo aparecen las motivaciones políticas y la sospecha de que ha sido el talante independiente y liberal del profesor cesante el que ha originado tal decisión. Antecedentes sobre la aplicación de la ideología del patronato gestor no faltan y son muy pocos los que dudan sobre este tema.

Las reacciones han sobrevenido en cadena y tanto partidos políticos como alguna central sindical y asociaciones culturales han salido al paso de los hechos y las acusaciones a los causantes de los mismos no han sido suaves que digamos, como tampoco lo han sido algunos recordatorios de pasadas actuaciones. Mientras tanto, el Obispado de Barbastro no se ha pronunciado sobre el tema y ha dejado a su sacerdote solo ante el peligro, después de que a petición de éste lo relevara de sus tareas en la parroquia de L'Aínsa. Veremos ahora si el 'affaire' finaliza de forma distinta a la que se ve venir y que se adivina como poco edificante".


El miércoles 19 de octubre se publicó una carta de la UCD de Huesca en la que afirmaba haber recibido un escrito firmado por 75 padres de alumnos -cabezas de familia- de los 121 que llevan sus hijos al Colegio Sobrarbe de Aínsa en el que públicamente muestran su gratitud a la Junta Rectora del Colegio por la labor que ésta desempeña. Esta nota es la que presenté en el capítulo anterior. Se insistía en la importancia del número de padres firmantes del escrito indicando la afirmación de éstos que "por residir en núcleos alejados, por estar de viaje o por motivos de enfermedad, se ha omitido la firma de otros padres de alumnos que sin lugar a dudas están totalmente identificados con el texto del escrito". A continuación, este partido expresaba su postura al respecto:

"Es norma de UCD conocer las causas que motivaron los hechos antes de lanzar a los cuatro vientos acusaciones o defensas que sólo pretenden crear clima de desazón y confusionismo en la opinión pública.

Ante la polémica levantada por distintos medios informativos de la región sobre el cese de don José María Nerín Baselga como profesor de religión en el Colegio Sobrarbe de Aínsa, UCD se ve en la necesidad urgente e imperiosa de, una vez conocida la opinión de los padres de alumnos de dicho Colegio privado, manifestarse en favor de la decisión tomada por la Junta del Patronato del Colegio Sobrarbe.

Si tanto hemos pedido todos el advenimiento de la democracia, dejemos que el pueblo se manifieste ordenadamente y acatemos su voluntad; esa voluntad soberana expresada por los padres de alumnos del Colegio Sobrarbe de Aínsa en apoyo total de su Junta Rectora.

Es necesario recordar que la Asamblea de Padres de alumnos, en un colegio privado de la categoría que nos ocupa, es el órgano consultivo máximo cuyas directrices debe acatar la Junta Rectora del Centro. Y si esos padres de alumnos no han considerado conveniente que don José María Nerín Baselga imparta clases de religión en el Colegio que subvencionan y rigen por medio de su Junta Rectora -elegida por ellos mismos- sus razones, muy poderosas, tendrán. Y en virtud de estas razones, aceptadas por el Obispo de Barbastro, que es quien nombra y depone -si lo cree conveniente- al profesor de religión de dicho centro, es por lo que don J. María Nerín Baselga ha cesado como profesor.

En definitiva, no sabemos en base a qué ideología, ni por qué extraños motivos se quiere atentar ahora contra esa expresión de la voluntad soberana del pueblo. Esa voluntad que tanto hemos añorado, suplicado y que, por fin, puede manifestar libremente el pueblo español.

Y UCD quiere puntualizar que, así como en este caso concreto defiende el derecho de una comunidad que mayoritariamente se define católica, lo haría de aquella otra que se proclamase en su mayoría evangelista, protestante o lo que fuese. Esto es respeto a la libertad; lo demás, querer imponer criterios ideológicos desde posiciones no claras.

Y es más. Si la provincia de Huesca está carente de centros de enseñanza, si a la vista está la labor docente que este patronato realiza en su comarca, no nos dediquemos -por favor- a torpedear realizaciones que solamente su carencia nos daría el inmenso valor de su existencia hoy. Que los que gustan de demagogias las utilicen para otros fines que no comprometen una realidad cultural a la que todos debemos prestar nuestro apoyo incondicional.

Sin ánimo ninguno de politizar el tema, Unión de Centro Democrático, a la vista de todo lo expuesto y actuado por los padres de alumnos, la Junta Rectora del Patronato y el excelentísimo señor Obispo de Barbastro, declara su apoyo total a la decisión de cesar en su puesto de profesor de religión del Colegio Sobrarbe de Aínsa a don J. María Nerín Baselga". Lo firmaba el Comite político de UCD Huesca.


Una de las primeras reacciones a esta nota fue una carta de mi amigo Ramón Martí desde Barbastro en la que me remitía copia de otra que había enviado a un miembro del Comité político de UCD. En ella Ramón se expresaba de este modo:

"Con la independencia que me da el no pertenecer a ningún partido político, me tomo la libertad de decirte que es una pena que no hayáis tenido más cuidado antes de opinar sobre el asunto, que no dudo en calificar de auténtica cacicada, no tanto por la buena y estimable amistad que me une al interesado, cuanto porque estoy absolutamente convencido -creo conocer bien el asunto- de que se ha obrado a la ligera, injustamente, con un estilo inhabitual en unos tiempos en que los usos democráticos deben presidir todo tipo de actuaciones, sobre todo a la hora de poner en juego algo tan sagrado como la valía profesional y la imagen sacerdotal de una persona que por el solo hecho de serlo ya merecería otro trato. Pero es que, además -y creo que no me guía la pasión de amigo en este caso- José María Nerín me parece un sacerdote excepcional, en todo el sentido de la palabra, con una conciencia muy clara de su deber pastoral, con una formación humana y cultural poco común por lo extensa y lo profunda, y con un sentido muy, también excepcionalmente, muy exacto de cómo debe hoy darse testimonio evangélico y eclesial.

En todo caso, lo único que se le puede imputar a Nerín es que con la rectitud y a la vez ingenuidad que tienen estas mentes claras no haya sabido darse cuenta de la raquítica mentalidad de unas personas que no están en condiciones de valorar las actitudes abiertas y progresivas, confundiéndolas con torcidas actuaciones que les tienen sumidos en permanente sospecha. Pero en cualquier caso es un elogio para Nerín, una pérdida doblemente lamentable para el Colegio de Aínsa, y agravamiento de vuestro proceder a la hora de tomar partido".


Tres días más tarde salía de nuevo a la palestra P. Gombau en su sección "Cuatro líneas" de la página "Huesca al día" en el Heraldo de Aragón para insistir en que "el método utilizado para dejar cesante al profesor de religión del colegio homologado de Aínsa no me parece democrático, ni conveniente, ni ortodoxo, ni otras muchas cosas que se quedan amordazadas en la máquina de escribir.

No puedo evitarlo, pero el procedimiento es contrario a las normas más elementales que rigen las relaciones laborales en este país, y esto a pesar de los méritos del patronato, de la intervención del obispo y de cualquier otra 'democrática' razón que se me quiera dar... Hay unas cuestiones, digamos que procesales, que invalidan todo el proceso, aún a pesar de que una buena parte de los padres de alumnos se hayan solidarizado con el patronato, cuando la decisión se había tomado y sin que hubiesen participado en la misma. Igual que el claustro de profesores y alumnos, que tampoco se enteraron de lo ocurrido hasta después.

En estos momentos no resulta demasiado conveniente alegar principio del más puro liberalismo económico para justificar un despido que debió haber seguido un procedimiento más ortodoxo y que si exclusivamente tenía motivaciones políticas, no debió producirse en ninguno de los casos. E insisto que todo esto a pesar de nuevos y antiguos, a pesar de arrepentidos y contumaces. A pesar de todos que son los mismos.

Otra cosa es que el 'affaire' se intente utilizar como arma arrojadiza para ganar puntos de cara a las próximas elecciones, y el colegio quiera utilizarse de la misma manera. Esto, como digo, es otra cosa que por sí misma merecería otro comentario".


El 23 de octubre apareció en el Heraldo una nota de la Asociación contestando a la de UCD. Sacaba a relucir algunos datos sobre la composición del patronato y el sistema utilizado para conseguir las firmas:

"Una vez conocida la nota hecha pública por el comité político de UCD, esta Asociación Cultural y Recreativa Sobrarbe no duda en afirmar que, desde luego, tiene muchísimo más interés que entre todos los miembros de dicho comité en el éxito del Colegio Sobrarbe; razón por la cual aspiramos y esperamos conseguir que sea regido por un patronato que efectivamente cuente con la confianza de todos los sobrarbenses, cansados de prácticas inquisitoriales, fáciles de poner en evidencia sin más que acudir a una ligera información acerca de lo ocurrido con los numerosos profesores que por él han pasado en el tiempo de su existencia.

Nos llama mucho la atención la inconsecuencia de los señores que integran ese comité de UCD, porque, si no nos engañamos, son los rectores de un partido político en la provincia, ¿no? Sobra entonces su quejumbrosa petición de que no se politice el tema, cuando precisamente ellos, un comité político, lo politizan.

Desde luego, a esta Asociación del Sobrarbe, cultural y recreativa, no le llama en absoluto la atención que dicho comité de UCD coincida con este patronato que actualmente rige el Colegio. Más bien lo encuentra lógico.

El comité provincial de UCD hace grandes frases sobre la democracia, frases que parecen recién aprendidas de 'neófitos demócratas'. Y eso nos obliga a dar algunos datos concretos: el doctor Berdún es presidente del patronato del Colegio desde su fundación, hace 16 años; el presidente de la Asociación de Padres de Alumnos es su cuñado; el alcalde de Aínsa, y miembro del patronato, tiene concedida la explotación del transporte escolar al Colegio; el diputado del partido judicial y alcalde de Boltaña hace mucho tiempo que no asiste a las reuniones del patronato por la imposibilidad de llevar a cabo cualquier tipo de propuesta contraria a los deseos personales del señor Berdún.

Que la firma de los padres fue recogida no en asamblea, que se evitó convocar, sino mediante visita personal por las casas, realizada por la señora del alcalde y otros. Todo esto y mucho más el comite político de UCD de Huesca, pese a la amistad personal que pueda tener alguno de sus miembros con el doctor Berdún, debiera saberlo.

Insistimos en que toda nuestra intervención no está guiada sino por el deseo de robustecer el Colegio Sobrarbe, al mismo tiempo que dejar en su lugar, el que le corresponde, al sacerdote don José María Nerín Baselga, al que con tan poco respeto tratan los miembros del comité político de UCD.

Creemos que era nuestro deber romper lanzas por un sacerdote que tan honestamente ha ejercido su profesión hasta el momento en que el bochornoso dictado de un patronato, a todas luces inquisidor, le obliga a abandonar el Colegio.

Allá aquéllos que hablan por hablar y los que callan cuando debieran pronunciarse".


El 24 de octubre recibí una carta con membrete del secretario general de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Me la dirigía José Antonio Escudero, entonces miembro destacado de UCD y en tiempos compañero de colegio de mis hermanas en la Academia Cerbuna de Barbastro así como amigo personal de Ramón Martí. En ella me comunicaba, además de otras consideraciones, lo siguiente:

"Quiero decirte tres cosas. Primero, que tu carta [la que me publicaron] me ha gustado y me ha parecido convincente, especialmente el final de la misma. Segunda, que la nota de UCD -de la que no tenía la menor noticia- no me ha gustado, con independencia de que haya algunos extremos discutibles pues en este dichoso mundo nadie solemos tener la razón total. Tercera cosa y más importante: ¿Quieres que yo haga algo en este asunto? Ya me dirás.

Tranquilízate y no des demasiada importancia al tema. Ten presente en todo caso -y esto lo sabes tú mejor que yo- que la incomprensión y la maledicencia han seguido siempre a los que están o quieren estar cerca de Dios".


En una hoja parroquial del domingo 23 de octubre apareció esta "nota especial del párroco": "Con fecha 20 del corriente he escrito a D. José María Nerín Baselga solicitando colaboración para lograr que, con su intervención indudablemente importante, termine la escalada originada por su cese como profesor de religión del Colegio y que ha llegado a la amenaza escondida bajo siglas de una organización terrorista. Hay que recordar que la decisión final del cese correspondió al Sr. Obispo, cuyas razones pastorales no vamos nosotros a juzgar".

Se refería el sacerdote a alguna pintada aparecida en Aínsa conteniendo amenazas y firmada por el FRAP. Le escribí indignado por el hecho de que me relacionara con un grupo terrorista.


Por su parte, el alcalde de Boltaña matizaba las referencias de la nota de la Asociación en carta al Heraldo del martes 25 de octubre: "Las causas por las que no asisto a las reuniones del patronato que rige el Colegio antes citado son de una mayor entidad que las allí expuestas, responden a unos criterios personales muy fáciles de comprender dadas las circunstancias que en mí concurren y de ninguna manera al hecho de supuestas imposiciones de algún componente de la entidad citada; comprenderás que dada mi condición de miembro de corporaciones de mayor entidad, en las que la unanimidad, si se consigue, es después de arduas y muchas veces penosas discusiones, tengo costumbre más que suficiente para que esto no me llame la atención". La verdad es que la nota aclaraba bien poco.


Mi caso fue tratado en la Primera Asamblea de Enseñantes que tuvo lugar el domingo 30 de octubre en el I.N.E.M. Ramón y Cajal de Huesca. Según el periódico "Nueva España", "la Asamblea manifestó su unánime repulsa a la arbitraria expulsión del Instituto de Aínsa del profesor don José María Nerín, dejando de momento en suspenso el análisis y tipo de medidas encaminadas a solucionar estos problemas".


Finalmente, el 1º de noviembre apareció en la revista "Aragón Socialista" un artículo de mi amigo Bernardo bajo el título "La democracia del caciquismo". En él resume lo acaecido hasta ese momento añadiendo afirmaciones como éstas:

"No es la primera vez que dicho patronato toma la decisión de despedir a un profesor utilizando procedimientos inquisitoriales. En esta ocasión ni se han molestado en aducir una justificación... La ambigüedad de tal explicación [la de trasladar al obispo su insatisfacción] permite que ésta se interprete en el sentido de que estos señores se lavan las manos y declinan su responsabilidad directa, ya que se habrían limitado a exponer al obispo su disconformidad con el sacerdote. En primer lugar nos preguntamos quiénes son ellos para juzgar la labor pastoral de un sacerdote; creemos que esa misión no es de su competencia.

Aparte de esto, puesto que en efecto es el obispo quien nombra y revoca a los profesores de religión, nos encontramos ante un nuevo caso en el que un jerarca de la Iglesia se pliega a los intereses de quienes hacen y deshacen en nuestras tierras. El obispo podía haber mantenido en su puesto a José Mª. Nerín a pesar de la opinión del patronato; pero, sobre todo, debía haberse expresado públicamente respecto a un sacerdote de su diócesis que era objeto de una campaña difamatoria y cuya expulsión servía de pretexto para consolidar unas posiciones políticas en una zona que empieza a despertar su conciencia, pues no de otro modo se explica que la señora del alcalde fuera casa por casa instando a firmar en favor de la gestión de la junta rectora del colegio y convenciendo de la necesidad de la expulsión del profesor de religión. Ahora que abundan las declaraciones episcopales sobre la 'libertad de enseñanza' en defensa de los intereses privados de la enseñanza, hay actuaciones como ésta del obispo de Barbastro que nos obligan a preguntarnos hasta qué punto la jerarquía eclesiástica está en actitud de respetar la libertad que oficialmente proclama y de asumir una educación cristiana que no suponga imposición...

Lo que le causa insatisfacción [al presidente del patronato] es el despertar de la comarca a través de la Asociación Cultural Sobrarbe de la que José Mª. Nerín era presidente... Desde la óptica del patronato, no hacer política, mejor dicho, no hacer 'cierta' política es politizar la enseñanza, la religión y el colegio. Como si no estuvieran ya politizados por quienes en él ordenan y mandan".


Días más tarde recibí una cariñosa carta de mi antiguo director espiritual del Seminario de Barbastro, D. Ángel Ximénez de Embún, en la que me mostraba su preocupación por las informaciones que le llegaban a través del Heraldo, diciendo entre otras cosas: "Ya sé que hoy día se encuentran muchas personas que toman por marxismo lo que está muy lejos de serlo. No me cabe en la cabeza que tú puedas ser marxista pues de sobra sabes lo que es el marxismo materialista y ateo. Pero me molesta que sean precisamente los de la 'acera de enfrente' los que te defiendan".


Más abundante fue la correspondencia con algún cura de la zona. Guardo numerosas cartas en las que tras un distanciamiento fuerte de principio se van moderando las posiciones. En realidad, todos padecimos una situación de fuerte tensión ambiental. Por mi parte, en ningún momento intenté alimentar la misma, pero al mismo tiempo tenía muy claro que si no hubiera sido yo el expulsado, sino otra persona, hubiera reaccionado defendiéndola, por lo cual no podía rechazar a quienes salieron en mi defensa. También tengo que decir, a tantos años de distancia de los hechos que estoy mencionando, que mi relación con los curas se recompuso cuando terminó toda esta historia. Actualmente, en las escasas ocasiones en que coincidimos, nos saludamos afectuosamente y no queda en nuestras relaciones ni rastro de lo ocurrido. Lo mismo sucedió con mi obispo de entonces. Estas memorias no intentan remover rescoldos sino expresar sinceramente que he pasado página, dar explicaciones que entonces tal vez no di y contribuir a que todos aprendamos de nuestra historia para evitar repetirla en sus aspectos negativos.


También mi amigo Manolo G. Guatas me escribió una carta desde Zaragoza en la que afirmaba que "la triste realidad es que todavía siguen los mismos de antes empleando idénticos métodos expeditivos... No te voy a dar ninguna palmadita en la espalda. Solamente quiero pensar que lo habrás encajado con sentido del humor y con esa flema de que habitualmente haces gala. Sería absurdo que perdieras energías gastándote en una lucha contra lo irracional y contra personas que han perdido su sitio en la vida y en el tiempo y a las que nos les queda otra alternativa que jugar a mantenerse".


CONCLUYE EL DEBATE


A todo esto, la actitud del obispo fue dura. Se puso nervioso ante la campaña de prensa al ver que se iba prolongando y me echó en cara el haberla permitido. No quiso intervenir en ningún momento, pese a que su nombre y actitud fueron puestos en entredicho. Y me confesó que los que me defendían eran contrarios a la religión y que al menos los del Patronato, aunque no en la práctica, sí eran religiosos en teoría. Su opción era clara.

Pero es que, además, acabó por cambiar de idea en cuanto a mi trabajo. Si al principio el plan era que me dedicara a la sociología y fuera los fines de semana a Eriste, al final me mandó que no me moviera del pueblo y que mis investigaciones sociológicas las podía hacer perfectamente desde mi despacho parroquial y de memoria, ya que yo conocía perfectamente la diócesis.

Yo estaba indignado y pensé, ingenuo de mí, en pedirles la dimisión de sus cargos tanto al obispo como al vicario. Con el primero ni lo intenté porque reflexioné y llegué a la conclusión de que en esa época un obispo no podía dimitir y menos a sus cincuenta y tantos años. Era una utopía sólo pensarlo. Pero al vicario sí que se lo expresé y en plena calle. Entonces me sugirió que se lo pusiera por escrito para presentárselo al obispo ya que nada le haría más feliz que abandonar el cargo. Pero también añadió que estaba dolido conmigo por no haberle consultado mi problema. Me sorprendió esta manera de pensar ya que lo lógico hubiera sido acudir en socorro del que lo necesita sin tener que pedir esa ayuda. El caso es que no llegué a escribir la tal carta.

Los dos meses de polémica resultaron ciertamente agotadores y, lógicamente, llegó un momento en que ya estaba todo dicho y también hecho. No había vuelta atrás y dejaron de aparecer escritos en la prensa. Pero, curiosamente, no se llegó apenas a airear una de las razones principales de mi despido y que colmó el vaso de la paciencia de quienes impulsaron a continuación mi expulsión. Me estoy refiriendo a mi preocupación por la situación de explotación laboral en que se encontraban bastantes de mis alumnos en su época de vacaciones o en los fines de semana. La apertura del túnel transfronterizo de Bielsa había abierto la puerta a una catarata de turistas franceses que transitaban sábado y domingo por nuestra tierra dejando, lógicamente, una buena cantidad de dinero. Ello obligó a ofrecer trabajos, normalmente muy mal pagados, en diversos establecimientos de la zona arreglándoselas para eludir a los inspectores laborales.

Sobre este problema reflexioné bastante con mis alumnos y fuimos recopilando datos. En la hoja parroquial "Pueblo en Marcha" nos hicimos eco del mismo. Así, en el número 21 del 10 de abril de 1977 informábamos de que el nuevo salario mínimo en España era de unas 13.000 pts. al mes, es decir, 440 pts. diarias. Ante este dato preguntábamos: "¿Hay personas en nuestra zona que no alcanzan todavía este mínimo? ¿Cuánto cobran los adolescentes que trabajan en los establecimientos (tiendas, talleres...) de nuestra zona? ¿Cuántas horas trabajan? ¿También les beneficiará a ellos y a sus familias la apertura del túnel de Bielsa?"

Una semana después publicábamos la colaboración de uno de los adolescentes: "Los que superan los 18 años y se colocan en una empresa suelen cobrar más del mínimo; pero es evidente que una gran mayoría de los adolescentes tienen un salario por debajo del mínimo.

Entre los adolescentes hay una gran variedad de salarios que oscilan entre un mínimo de 200 pts. diarias y un máximo de 900. Ahora bien, más de un 65 % de estos adolescentes no están asegurados.

La jornada laboral para los adolescentes de nuestra zona oscila entre las 5 y las 9 horas diarias.

¿Les beneficiará la apertura del túnel de Bielsa? Unos opinan que NO, porque los precios de los productos subirán y tanto ellos como sus familias se verán obligados a hacer más pequeña la bolsa de la compra y a abstenerse de comprar productos que no sean de primera necesidad. Otros dicen que SÍ porque con la entrada de turistas las ventas de los establecimientos donde se encuentran subirán y será mayor el beneficio; entonces los adolescentes podrán pedir aumento de sueldo. Pero... si lo piden, ¿se lo concederán?"

No acabó ahí la cosa ya que en el número siguiente, y tras comentar el escrito anterior con mis alumnos, tuvimos que insertar una nota de la redacción "para rectificar parte de lo afirmado por nuestro colaborador. El número de horas de trabajo diarias llega en ocasiones incluso a las 15 o 16".

Evidentemente, esta labor de "denuncia" desde una hoja parroquial no iba a sentar bien a quienes podían sentirse perjudicados. Todo ello, como acabo de comentar, contribuyó a poner fin de la manera mencionada a mis dos años y unos meses de estancia en Sobrarbe. Mi ubicación geográfica iba a cambiar y mis inquietudes iban a dirigirse a otras realidades. Nuevos problemas me esperaban. Cuando me fui, sin embargo, no sacudí el polvo de mis sandalias. Tampoco me consideré un héroe injustamente maltratado. Ni mucho menos le concedía gran valor a lo que había realizado. Me expuse porque vi que tenía que hacerlo, pero sin más mérito ya que si me sacaban de allí tampoco se me hundía el mundo. Puede haber curas que le concedan gran relevancia al puesto que ocupan. Y el mío no era de los menos importantes, precisamente. Pero tampoco era la ilusión de mi vida permanecer años y años en un mismo sitio. Le vi el lado positivo y con ello me quedé: volver a empezar en otro lugar y hacerlo con la experiencia que ya iba acumulando, afrontar nuevos retos y conocer nueva gente a la que querer y echar una mano.