CAPÍTULO 25º:

PROPUESTAS ASAMBLEARIAS


15.5.78 (continuación). - La Asamblea Diocesana de Sacerdotes prosigue (?) su curso. A finales de junio tendremos la Plenaria en Barbastro. Mientras tanto se supone que los curas vamos reflexionado por grupos los diferentes borradores. Pero no se oye comentar nada de esto. Algunos curas de mi zona hemos trabajado ya dos ponencias y nos falta emprender el análisis de la restante. Lo de "hemos trabajado" es un eufemismo, ya que el peso lo he llevado yo casi exclusivamente. Los otros se han limitado a aprobar lo que este servidor iba elaborando.

Y elaboré muchísimo. Tenía tiempo para hacerlo y no lo desaproveché. Como muestra de ello consigno a continuación todo un elenco de propuestas que salieron de mis reflexiones:

- El sacerdote no puede desarrollar plenamente su trabajo pastoral si se halla aislado del de otros sacerdotes. Uno de nuestros principales defectos es la falta de trabajo en equipo. Debemos compartir solidariamente la responsabilidad en una parroquia o zona pastoral.

- Con respecto a la atención pastoral de la juventud trabajadora de los pueblos es necesaria la elaboración de una línea pastoral por parte de la Comisión de Juventud y un compromiso por parte de los sacerdotes de cada zona para realizarla. Habrá que tener en cuenta, por un lado, la movilidad de desplazamientos de los jóvenes y, por otro, la necesidad de crear conciencia comunitaria entre los jóvenes de los diferentes pueblos.

- Hemos de cambiar el modelo de comportamiento pastoral consistente en reducirnos a la misa dominical en nuestras visitas a los pueblos.

- Hace falta organizar en cada zona un servicio de actualización de conocimientos a base de reuniones periódicas de estudio en común. Igualmente es necesaria una adecuada orientación bibliográfica, reorientar la biblioteca del Seminario hacia el servicio intelectual de los sacerdotes y organizar eficazmente a nivel diocesano la formación permanente del clero.

- En las épocas de las malas comunicaciones invernales a causa de la nieve y en la de los trabajos de la gente en verano hay que buscar medios pastorales distintos del contacto personal. Uno de éstos podría ser la potenciación de las Hojas Parroquiales.

- Es de lamentar la falta de intercomunicación pastoral a nivel diocesano que facilite el trabajo pastoral en los diferentes campos a base de recibir sugerencias o experiencias de otros. Es necesaria tanto una auténtica comunicación pastoral entre los sacerdotes como reformar el Boletín Oficial de la Diócesis para que sirva de cauce a esta comunicación.

- Sería conveniente llegar a algún tipo de especialización pastoral dentro de las zonas para atender la multiplicidad de tareas pastorales. Esto presupone el trabajo en equipo de los curas y la superación de los límites parroquiales de cada uno de ellos.

- Es conveniente que el sacerdote no permanezca mucho tiempo encerrado en su zona de residencia. Debe realizar salidas periódicas a otros lugares para entrar en contacto con otras personas y realidades.

- Hay que elaborar un plan pastoral de cara al turismo.

- Ante la casi general ausencia de iniciativa pastoral por parte de los seglares, propongo lo siguiente:

a) El cura debe tener presente que el servicio a la comunidad debe ser su objetivo y razón de ser.

b) El sacerdote debe intentar estar en comunión fraterna con todos y cada uno de los seglares. Esto no significa que deba buscar una postura acomodaticia y de falsa unidad eclesial ya que en los momentos de crisis tiene la obligación de definirse evangélicamente en favor de los que buscan la justicia y en contra de los que la ofuscan.

c) El sacerdote no debe ser acaparador y monopolizador de la acción pastoral, sino promotor de comunidad cristiana, aceptando y fomentando los diversos carismas de los laicos.

- Hay que vivir de forma eficaz el hecho de ser colaboradores y consejeros necesarios del obispo.

- Los curas hemos dejado bastante de lado el fomento de las vocaciones sacerdotales. Hay que hacer un estudio serio del problema de la ausencia de las mismas en nuestra Diócesis, tanto a nivel diocesano como nacional, y la adopción de las medidas oportunas, aunque para ello haya que abrir caminos diferentes a los tradicionales. Una importante línea de acción sería fomentar el compromiso eclesial de los laicos adultos, facilitando el acceso al sacerdocio de los más comprometidos, sea cual sea su estado civil y sin necesidad de sacarlos de su comunidad de origen.

- El sacerdote debe ser un trabajador dentro de la comunidad en la que se encuentra. Debe sentirse y vivir como servidor de su comunidad. Esto exige su encarnación dentro de la misma. Los problemas y esperanzas de la gente, sus alegrías y tristezas, sus esfuerzos, la vida de la gente, en definitiva, debe ser el marco vital para el sacerdote. Pero, a la vez, debe ser testigo de la transcendente, mensajero del Reino de Dios, viviente de un mundo nuevo.

- Los trabajos pastorales del cura son los siguientes:

1) Anunciar el mensaje de Jesucristo.

2) Acción sacramental, con la Eucaristía como centro y la conversión como tema siempre renovado.

3) Responsable de la comunidad cristiana: estimular la actividad de su Iglesia y el sentido misionero de la misma.

4) Educar hacia la madurez cristiana y, por tanto, humana.

5) Acción caritativa hacia los más pobres y débiles.

- De lo anterior se pueden deducir, entre otras, las siguientes consecuencias:

a) Dedicar el tiempo suficiente para la preparación de la homilía, no abusando del espontaneísmo, de las homilías ya elaboradas procedentes del exterior o de su experiencia anterior. La homilía debe consistir en acercar la Palabra de Dios a la gente y no en un lucimiento personal o en una cátedra para exponer simplemente nuestras ideas personales. No hay que abusar alargándola.

b) No limitarnos a las catequesis de niños. Los jóvenes y adultos deben ser objeto de especial atención en nuestras comunidades.

c) Fomentar la participación litúrgica de los laicos. Cultivar el arte litúrgico y tener bien dispuesto el templo.

d) Orar con el pueblo y por el pueblo. Fomentar en todos el espíritu de oración.

e) Cuidado de los pobres, ancianos, minusválidos, marginados y moribundos.

f) Abrir la comunidad particular a la Iglesia Diocesana y a la Iglesia universal.

g) Iluminar desde el Evangelio las situaciones concretas de la vida de la gente en la sociedad.

h) Educar cívica y políticamente a nuestras comunidades.

i) Denunciar proféticamente las situaciones injustas.

j) Cooperar con cuantos, cristianos o no, aman y cultivan la justicia para edificar el mundo en la verdadera paz.

k) Tener espíritu ecuménico y trato con no cristianos y con no practicantes.

- Actividades para mayor enriquecimiento común:

1) Con niños: catequesis escolar, catequesis de primera comunión, catequesis de confirmación, excursiones, actividades manuales, guitarra, club, reuniones esporádicas, fiestas en Navidad, fuegos de campamento, celebraciones penitenciales, participación en campamentos...

2) Con estudiantes: estudios socio-culturales sobre los pueblos, guitarra, reuniones nocturnas, reuniones con los padres, excursiones, club, cantos y lecturas de misa...

3) Con adultos: reuniones semanales sobre temas diversos, revitalización de cofradías, restauración de templos, vigilias funerarias, reuniones esporádicas, reunión de pueblos con motivo de alguna festividad, lecturas de la misa, preparación de cantos, visitas por las casas, visitas a enfermos, misas en sus casas, misas domésticas en pueblos sin templo con homilía participada, hoja parroquial semanal con alguna colaboración de los laicos, celebraciones comunitarias de la Penitencia en tiempos fuertes, romerías...

- Cada sacerdote debería presentar anualmente, primero en su zona y luego en la Vicaría de Pastoral, un informe bastante detallado de los trabajos ministeriales y extraministeriales que ha realizado a lo largo del año, incluyendo un enjuiciamiento de los mismos. La Vicaría, a la vista de los informes recibidos, debería realizar un estudio de los mismos señalando los déficits, los aciertos y sugiriendo pistas de actuación para el futuro, presentando el estudio en primer lugar al Consejo Diocesano de Pastoral y luego a las zonas. Para la elaboración de este estudio convendrá que utilice materiales procedentes de otras Diócesis. Este estudio, analizado y discutido, será utilizado en cada zona a la hora de planificar la acción pastoral al comienzo de cada curso.

- No existe un estilo unívoco de cura. De ahí que deba respetarse por todos (obispo, sacerdotes y laicos) el pluralismo de formas sacerdotales, incluso suscitarlo y fomentarlo. Pistas de pluralismo:

a) Nivel de diversos campos pastorales: rural, urbano, obrero, cuadros técnicos, universitarios, trabajo parroquial, supraparroquial, investigación, enseñanza, enfermos, emigrantes, niños, jóvenes, adultos, turismo, diocesano, supradiocesano...

b) Nivel de formas de vida: sacerdotes liberados, trabajadores civiles, viviendo solos o en comunidad, etc.

Los criterios en que se debe basar el pluralismo sacerdotal pueden ser los siguientes, tomados de la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes Españoles del año 1971 (II,29):

- tener en cuenta las exigencias de la misión y las necesidades pastorales;

- que se haga dentro de una pastoral de conjunto en la que todos participan;

- con un espíritu de mutuo reconocimiento y aprecio de la tarea pastoral, forma de trabajo, estilo de vida, etc.;

- que destaque la presencia solidaria de la Iglesia entre los más pobres;

- que el juicio de la validez y conveniencia de estas formas competa a la comunidad eclesial en su conjunto y, en última instancia, a la Jerarquía.

- Como todo trabajador, el cura debe tener derecho al consiguiente período de vacaciones pagadas. Que se arbitren las medidas oportunas a nivel diocesano para determinar las mismas y establecer las suplencias.

- Tener en cuenta que la atención pastoral a la comunidad cristiana en los diversos ministerios es en sí misma un trabajo humano valioso y que exige una verdadera capacitación para realizarlo y que debería llenar real y seriamente todo su tiempo (II,32).

- Los curas que, por las razones que sean, sólo dediquen al ministerio sacerdotal parte de su tiempo, pueden e incluso deben trabajar en tareas civiles para procurarse el sustento.

- Motivos que pueden hacer necesaria la realización de un trabajo extraministerial:

a) empleo del tiempo ocioso;

b) inserción y cercanía a la vida y a la gente con sus problemas, cuando esto no se consiga con el trabajo ministerial;

c) la independencia económica del Estado, en el caso de que no se arbitre otra solución;

d) evangelización de ambientes de otra manera difíciles.

- Criterios para un trabajo extraministerial:

1) La principal función del cura es la ministerial. El trabajo extraministerial debe considerarse a la luz del sacerdocio y no al revés, y debe intentarse normalmente cuando el primero no llena el tiempo normal de la jornada de un trabajador.

2) El que trabaje extraministerialmente debe estar unido en equipo con los otros sacerdotes de la zona y viceversa.

3) Los laicos deben ser informados claramente sobre los motivos que le han llevado a él.

4) El cura que por su trabajo extraministerial recibe un sueldo normal o superior debe renunciar a la paga del Estado e incluso colaborar económicamente a los gastos de la Iglesia Diocesana.

- Para equilibrar el trabajo de los curas y estimular su acción pastoral debe llevarse a cabo una razonable distribución del clero.

- Consideraciones complementarias a lo anterior:

a) Si bien a partir de las siete de la tarde es cuando la mayor parte de la gente empieza a estar disponible pastoralmente, hasta ese momento los curas hemos ocupado ampliamente el tiempo a base de la preparación seria de actividades (reuniones, catequesis, homilías, hoja parroquial, etc.).

b) El horario de trabajo del cura no coincide con el del trabajo civil. Al sacerdote rural pueden quedarle ciertamente horas libres mientras los laicos están en su tarea; pero ello no significa que deba ocuparlas necesariamente en trabajar ni que le queden como mínimo 6 horas diarias para un oficio no ministerial, ya que en caso de ocuparlas emplearía más de las 8 horas diarias entre el ministerial y el otro. También los laicos disfrutan justamente de horas libres para el descanso.

c) Un sacerdote dará mal ejemplo, ciertamente, si es un vago. Pero si no lo es, entonces a lo mejor resulta que la gente no ha descubierto en qué consiste el trabajo del cura y por eso lo comenta desfavorablemente.

d) Ante la afirmación de que "no hay trabajo ministerial para todos los curas", hay que puntualizar lo siguiente: lo que sí hay son diferencias entre la cantidad de trabajo encomendado a unos y a otros, y también diferencias en las ganas de trabajar que tenemos unos curas y otros.


Me preocupa especialmente el trabajo en equipo de los curas, pero al mismo tiempo soy muy consciente de que para llegar a ese nivel habría que remover toda una serie de obstáculos. Por eso, en una de mis propuestas detallo minuciosamente lo que, a mi modo de ver, sería conveniente:

"Hay que empezar por un nuevo enfoque en los nombramientos de curas. Tanto el sacar a uno de una zona como el insertarlo en otra es problema que afecta no sólo al obispo o a la Vicaría de Pastoral sino también a los curas y a la gente de las zonas afectadas.

Cada sacerdote debe sentirse amigo de los curas que le rodean en la zona para así poder trabajar en equipo, lo cual es exigido por la unidad de misión. Como la amistad no puede imponerse por decreto, se propone que los curas ya amigos puedan trabajar juntos. Este principio parece fundamental si se quiere una auténtica colaboración sacerdotal. Y de ahí se deduce también que no pueden estar juntos sacerdotes que presenten entre sí aspectos de incompatibilidad.

Para lograr esta reestructuración sacerdotal en función de la amistad y con vistas a la colaboración, un primer paso sería que cada sacerdote propusiera por carta a la Vicaría de Pastoral los nombres de los curas con los que le gustaría trabajar en común, así como la zona o zonas que él aceptaría más gustoso. Una vez que la Vicaría tuviera toda esta información debería proceder a cuantas reestructuraciones hicieran falta. Previo al envío de los nombres por parte de los sacerdotes, éstos dispondrían de un breve período de tiempo para hablar con aquéllos a quienes quisieran elegir como compañeros.

En el caso de que hubiera sacerdotes no elegidos, la Vicaría procuraría con toda delicadeza y sin divulgar sus nombres estudiar su inserción en las zonas. En el caso de que fueran pocos los que se eligieran, se procuraría, al menos, establecer una zona-piloto, teniendo en cuenta, además, que los grupos sacerdotales que se formaran en adelante tendrían en lo sucesivo preferencia de elección.

Una vez reestructurados los sacerdotes por zonas (y todavía sin nombramientos concretos sobre el lugar a ocupar en la misma), éstos se reunirían para elaborar un plan pastoral de conjunto y para decidir entre ellos la ubicación concreta de cada cura. Todo ello, el plan y la ubicación, sería notificado a la Vicaría, la cual expresaría su opinión sobre los mismos. En caso de incompatibilidad de criterios entre la zona y la Vicaría, sería el obispo el que intervendría para encontrar una solución con las partes afectadas.

Aceptado el plan y los nombramientos, los sacerdotes pasarían a ocupar sus respectivas demarcaciones e informarían a sus seglares sobre el contenido de los mismos, de modo que en cada demarcación la comunidad parroquial estudiara el plan. Una vez debatido el plan por cada comunidad, cada una de éstas elegiría a algunos representantes para que, juntamente con los sacerdotes y teniendo en cuenta lo decidido en cada comunidad, elaboraran un definitivo plan pastoral que comunicarían a la Vicaría y eligieran a los principales responsables de su cumplimiento, es decir, a los miembros de las diversas comisiones. Entre los agentes de este plan pastoral puede incluirse algún sacerdote, al menos, que realice un trabajo extraministerial: este sacerdote estaría íntimamente unido a sus compañeros y su realidad y trabajo deberían ser aceptados por todos para evitar que pudiera sentirse marginado.

Este Consejo Comarcal de Pastoral se reuniría periódicamente para analizar la marcha del plan y exponer y estudiar las diversas sugerencias aportadas por las diferentes comunidades.

Es evidente que la formación de estos Consejos Comarcales de Pastoral llevaría después a la constitución de un Consejo Diocesano de Pastoral, con participación de todos los agentes implicados en la pastoral diocesana, y con un funcionamiento similar al enunciado sobre el Consejo Comarcal.

Las posibilidades de esta reestructuración dependen de varios factores:

1) que la Vicaría de Pastoral no considere a ninguna persona (de Barbastro o de los pueblos) como inamovible de sus actuales cargos;

2) que los sacerdotes superemos la inercia de considerar nuestras parroquias como cotos cerrados del párroco;

3) que los curas decidamos eficazmente aceptar el esfuerzo de trabajar en equipo;

4) que no consideremos a los seglares como menores de edad sino como corresponsables de la pastoral;

5) que los curas no nos desanimemos de entrada pensando en la imposibilidad de encontrar seglares responsables y capaces (¿lo somos nosotros?);

6) que nos abramos claramente a los seglares, comunicándoles nuestros problemas y reuniéndonos a menudo con ellos".


He presentado igualmente propuestas sobre el papel que debía desempeñar el vicario de Pastoral, incluida la de cambiar a su titular. Y, siguiendo las orientaciones de la Asamblea Conjunta, me he atrevido a perfilar algunos de los rasgos esenciales que deberían caracterizar al obispo:

"- Es el Pastor de la Iglesia Diocesana.

- Debe ser vínculo y promotor de la unidad, por encima de las diversas ideologías y mentalidades; y aceptar el pluralismo ideológico y práctico de los cristianos y sacerdotes de la Diócesis.

- Su autoridad no debe ejercerse ni aparecer como estructura de poder, sino que ha de estar fundada en una actitud de pobreza y servicio. No debe aparecer como una autoridad homologable con cualquier otro poder. Sería interesante que viviera en un piso y que el 'palacio episcopal' fuera dedicado a oficinas, museo diocesano, locales para la pastoral, etc.

- Debe plantearse con sus curas y seglares, en un clima de corresponsabilidad, la organización diocesana de la pastoral, informando de todo aquello que se realiza en la Diócesis, de los problemas y soluciones que se arbitren, para que todos queden viva y activamente incorporados y nadie se sienta marginado de la labor diocesana.

- Debe vivir de cerca los problemas, tanto de los curas como de los seglares; compartir la vida de su pueblo; dejar tareas burocráticas y lanzarse al contacto personal. Sería interesante que normalmente celebrara la Eucaristía turnándose por las diferentes parroquias, tanto de Barbastro como de los pueblos, y sin esperar a ser llamado. En definitiva, que estuviera en constante Visita Pastoral, desprendida ésta de toda solemnidad que aleja y eleva a las alturas la figura del obispo.

- Misión del obispo es discernir, coordinar y promover las distintas opciones pastorales para que el servicio del Pueblo de Dios sea una respuesta a las múltiples necesidades de las comunidades y del mundo a evangelizar".


[Todos estos escritos y propuestas son una muestra clara de que me tomé muy en serio la Asamblea y que le dediqué una parte muy importante de mi tiempo y energías. No creo exagerar si afirmo que tal vez mis aportaciones supusieron quizás la mitad o más de todo el conjunto de las que se presentaron. Reflexioné sobre los diversos aspectos diocesanos y acabé por diseñar algo así como un esquema bastante amplio del funcionamiento de una Diócesis de la que estaba, paradójicamente, a punto de ausentarme, aunque eso no lo sabía yo todavía en aquel momento.]