CAPÍTULO 27º:
LA SUERTE ESTÁ ECHADA
29.6.78.- La suerte está echada: no iré a la Residencia de Zaragoza. Son momentos difíciles y críticos. Una vez más he pasado por el calvario de ir a hablar con el máximo responsable de la Diócesis. Ayer por la tarde, al finalizar la Asamblea, me dijo que fuera a verle hoy por la mañana. A las 11 estaba allí, si bien hasta las 12 no me ha atendido porque había recibido en audiencia a Javier Mur. Ha empezado diciéndome que mi asunto tenía dos partes: una era la Residencia y otra Zaragoza (entiéndase aquí mi deseo de trabajar como sociólogo). En cuanto a lo primero, es decir, a mi petición de ocupar el puesto de Ernesto, era imposible satisfacer mi petición. Ya se había decidido quién iba a desempeñar esa tarea y mi petición había llegado tarde pues hacía ya bastante tiempo que se había ido configurando la presencia allí de otro sacerdote. En cuanto a lo segundo, es decir, a mi deseo de trabajar como sociólogo, él no podía hacer nada. Comprendía mis ganas pero en la Diócesis no había campo para ello e incluso pensaba que ni siquiera en Zaragoza.
He permanecido silencioso mucho tiempo, en un silencio de muerte, dominándome una tristeza infinita. Ya casi ni oía las palabras y palabras que la persona situada ante mí iba desgranando. Pienso que mi interlocutor intentaba evitar quedarse callado para no hacer más insoportable la nada que se iba adueñando del ambiente. Volvió a insistir en que no recordaba haber dicho algo sobre la revisión de mi estancia en Eriste al cabo de un año.
Yo, en realidad, no sabía ya qué decir. Mejor dicho, sí que lo sabía, pero suponía igualmente que era inútil todo cuanto le dijera. El obispo tuvo hasta palabras de padre, de buenos deseos sobre el cumplimiento de mis aspiraciones. "Lamentaría tener que perder un sacerdote, pero si no ves otra salida más que la de marcharte... Lo importante es que cada uno estemos a gusto en nuestro puesto de trabajo". Me comentó que había incluso rechazado las clases en el Seminario que él me ofrecía y no veía que existiera para mí otra posibilidad en la Diócesis.
No sé si me ha dicho más cosas. Como he indicado, he permanecido largo tiempo en silencio, pensando claramente que era el final de mis cuatro años de estancia en la Diócesis. Hasta que me he decidido a hablar, pero con un tono de impotencia y tristeza inmensas. Tal vez como despedida anticipada. Y sin ninguna fe en el efecto que mis palabras pudieran originar en aquella estructura representada por mi superior.
He pasado una vez más revista (¿para qué?) a mis años de permanencia en la Diócesis. He hablado de la incomprensión práctica que he encontrado en el obispo hacia mi problema. Le he recordado cómo desbarató mi estudio socio-urbanístico de Barbastro. Cómo ya antes de darme destino, su predecesor me propuso irme al Perú como sociólogo, lo cual produjo en mí la desalentadora impresión de que en mi propia Diócesis no se me necesitaba puesto que se me sugería irme a otro lugar. Cómo había estado siempre disponible a aceptar cualquier puesto que me encomendaran (cuatro en tres años). Le he manifestado simplemente, y como tema fundamental, que tenía la impresión de que quizás en él hubiera buena voluntad, pero que consideraba sus palabras carentes de toda eficacia. Y le he repetido lo que me comentó hace unos días: que si no funcionábamos los sociólogos a nivel regional era por falta de interés de los obispos.
Pero ha habido más. Le he recordado también que cuando me envió a Eriste él mismo me informó que había presiones para alejarme de Barbastro. Pues bien, el prelado ha negado que él hubiera dicho nada de esto. Y ha añadido que si parecía que no me fiaba de él, tampoco él podía fiarse de mí, puesto que yo incluso había comentado con algún cura que no pedí ser trasladado de Laspuña sino que había sido el obispo quien me había removido.
Yo no daba crédito a lo que estaba oyendo. Era una situación esquizofrénica. ¿Cómo podía haber afirmado tal cosa si había dicho la verdad públicamente en el Heraldo de Aragón del 14 de octubre? Ha continuado con otras cuestiones como, por ejemplo, que yo no había seguido el espíritu de los nombramientos acordados en la Asamblea ya que no tenía en cuenta a los curas de la zona. Le he contestado que, en primer lugar, no formábamos equipo (condición necesaria para la nueva política de nombramientos) y, en segundo lugar, que desde mi llegada al Valle de Benasque les había explicado claramente mi problema y que incluso a uno de ellos le había comunicado que acababa de exponer mi situación ante el obispo.
Me dijo que no tuviera complejo de marginado y le contesté que le agradecería que no me echara encima complejos. Él me quería, había buscado mi colocación en Aínsa... ¿Es que yo quería privilegios?, afirmaba.
Creo que hay que cortar esta crónica. Tengo encima de mi mesa el Heraldo mencionado y pienso que voy a escribirle al obispo una carta definitiva.
Junto a mí el silencio. Mañana me desplazo a Madrid para seguir a continuación vía Málaga. Me servirá para despejarme. A la vuelta habrá que empezar a pensar ya en concreto en buscar trabajo en otra parte.
11.7.78.- Ya hemos regresado de Málaga. Lo he pasado muy bien con las siete mujeres a las que he acompañado. El tiempo ha sido formidable. Hemos realizado excursiones a Ceuta, Málaga, Nerja, Vélez-Málaga y Torremolinos. Residíamos todos, bastante apretados, en un apartamento de Torre del Mar que nos han prestado. Vivía también con nosotros un chaval de 15 años, Julio, el hijo del dueño, que pensaba venir al campamento pero que al final ha desistido por quedarse ligando con una moceta. Han sido días de relajo, de sol y playa, de serenidad ante un porvenir que cada vez tiene más carácter de irreversibilidad.
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Hablé con el cura que había sido destinado a la Residencia. Quería dejarle bien claro que no sentía ninguna animadversión contra él. Lo que me contó fue desconcertante: él no deseaba ir a Zaragoza y prefería quedarse en el Seminario. El tema lo venía hablando con el obispo desde hacía tiempo. Incluso el vicario, una vez que yo presenté mi solicitud, le anunció que no le iban a trasladar a Zaragoza. Pero luego el prelado le comunicó lo contrario.
Llegué a pensar si el obispo tenía animadversión contra mí. ¿Sería como represalia por mi comportamiento (moderadísimo) en la Asamblea? Lo comenté con mis amigos curas de Barbastro y me dijeron que todo lo que se me contara lo tomara con pinzas. Me pidieron calma, que se podía encontrar otra solución. Les advertí que ya no podía intentar otra de cara al jefe y que no creía que ellos pudieran lograr nada. Desde luego, no espero más.
En realidad todo parece confuso.
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La Asamblea no fue negativa. Apenas se había hincado el diente a las ponencias en el período previo, pero durante los tres días sí que se hizo, al menos en mi grupo. Los encargados de añadir las aportaciones a la ponencia sobre el trabajo de los curas empobrecieron terriblemente el material presentado, al menos el nuestro, que era casi el único. Los de catequesis y religiosidad popular no pudieron entregarlo a debate por falta de tiempo.
Nuestro tema ocupó casi todas las deliberaciones. Se aprobó la organización pastoral que yo había elaborado en Eriste, insistiendo en el trabajo en equipo y en los Consejos de Pastoral, revisión de nombramientos cada cinco años, confección de planes pastorales, etc. Pero al final la Asamblea no quiso abordar el nombramiento de un nuevo vicario de pastoral.
El obispo condicionó. Nos trató en ocasiones como niños ("fijáos bien en lo que vais a votar"), exhortó a votar sí en una ocasión (tuve que llamarle la atención públicamente). Y propiamente vetó el tema de El Cruzado Aragonés y la sustitución del vicario. Por cierto, su director estuvo prácticamente ausente de la Asamblea y la información que publicó fue de pena.
Las intervenciones de los curas en el pleno no fueron abundantes y hubo una descarada insistencia en salvar la independencia, libertad y jerarquía del obispo. Allá ellos. Algunos parecía que llevaban el Código de Derecho Canónico bajo el brazo. Y uno, en concreto, casi llegó a pedir mi cabeza después de que fuimos derrotados al proponer la sustitución del vicario.
¿Para qué seguir? En septiembre presentaré mi despedida al obispo.
2.8.78.- Terminamos el Campamento. Este año ha durado del 17 de julio al 1º de agosto. Lo abandoné el día 31 por tener que asistir a las fiestas de Eriste que comenzaban al día siguiente. La afluencia ha sido menor que en otras ocasiones: tan sólo 52. El número de los chicos ha disminuido peligrosamente a 16. Esto, unido a que había menos críos mayores que otros años nos desanimó terriblemente el día en que llegaron: los mirábamos y realmente abultaban muy poco todos juntos con sus macutos. Luego lo hemos ido superando y a ello contribuyó la adecuada preparación que habíamos ido realizando y el fenomenal ambiente existente entre los monitores. Se ha revisado en serio cada noche el funcionamiento del campamento y hemos sentido tristeza al despedirnos.
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Garanto vino a verme para comunicarme la noticia: dimisión del vicario de Pastoral y muy posible ascenso de Pedro Escartín al cargo. La noticia es buena pero seguramente llega tarde como solución a mis problemas.
11.8.78.- Mañana me voy a Suiza con mi madre y dos hermanas. Nos ha dejado un apartamento Heidi, la azafata de Swissair amiga de Pilar. Residiremos en Kloten, una población al lado de Zürich en donde se encuentra el aeropuerto.

En la abadía se ha quedado Luis, uno de los parados recalcitrantes. Le he informado que nos íbamos y que debía buscarse otro sitio para dormir pero se ha escudado en que no había encontrado. Está allí desde el domingo y ha encontrado trabajo, esta vez en Eriste en los apartamentos que construyen los de Minchod.
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El Papa Pablo VI murió el día 6. Ni se confirma ni se desmiente el nombramiento de Pedro como vicario. Lo que sí parece segura es la dimisión del actual ya que él mismo la ha comentado.
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Nos reunimos el día 8 los curas que queríamos trabajar en equipo. Lo hicimos en Guayente y estábamos Teodoro, Fernando Zapater, Ernesto, José Antonio Castán y yo. También acudió Aurelio pese a que su intención es simplemente la de reunirse de vez en cuando con el grupo. Expusimos nuestra situación y les comenté mi intención de marcharme. Aurelio también se desahogó informándonos del trato que le están dando.
El panorama se presentó negro. Ni Domingo ni yo vamos a estar. Mozás sólo acudirá a la zona los domingos. Esto significa que va a recaer sobre los que se queden el cuidado pastoral de unos 35 pueblos más de los que atienden actualmente. Es imposible una adecuada labor pastoral con los medios actuales.
Esto me crea desazón. He llegado a querer a la gente y me doy cuenta de que soy necesario aquí. El grupo de curas, por otra parte, sufre un golpe con mi marcha. Pero no puedo continuar, dadas las difíciles relaciones con mi obispo, y abandonar definitivamente la sociología. ¿Hay todavía alguna solución? Por otra parte, en estos momentos haría falta estudiar el problema con el prelado y con el vicario de Pastoral. Pero el hecho es que el primero no da muestras de interés ante el tema y que no hay en estos momentos vicario a quien dirigirme.
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Continúo sin trabajo, claro. En el mes de agosto está todo cerrado por vacaciones. Cuento con la ayuda de Bernardo en Zaragoza pero ya me ha dicho que hasta septiembre no se puede intentar nada.
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Situación confusa.
30.8.78.- Mi decisión de marcharme de la Diócesis parece definitiva. La he comentado ya claramente con los curas con los que me voy encontrando. La noticia se ha corrido hasta el punto de que ya la conoce todo el mundo. No han faltado incluso anécdotas esperpénticas como el rumor extendido entre el clero de que me había fugado a Suiza. Incluso en mis pueblos Adolfo me ha colocado en una situación delicada ya que en Sahún anunció públicamente mi marcha. El clero, de todas formas, no parece conmocionado ni mucho menos por la noticia (tampoco me esperaba ningún tipo de conmoción). En el fondo supongo que piensan que es lógico que me vaya, aparte de que mis posturas "izquierdistas" no gozaban de sus simpatías. Se van a librar de un colega algo incómodo y crítico al que creo que no han entendido ni querido entender nunca. Muchos curas, como la mayoría de las personas, se mueven por clichés estereotipados y es muy difícil que acepten la más pequeña variación de los mismos.
Decidido a despedirme del obispo me he presentado hoy en palacio. Antes he querido hablar con Pedro y éste me ha desaconsejado entrevistarme con el prelado sin presentarle un trabajo alternativo en Zaragoza (actualmente no tengo nada). Me ha dicho que el obispo podría sentirse muy ofendido y llegar incluso a reducirme al estado laical, con lo cual yo no podría ejercer de cura. Le he comentado mi difícil situación y mi deseo de dejar el campo libre para que pueda reestructurarse cuanto antes la situación pastoral de mis pueblos. Por otra parte, difícilmente voy a encontrar en Zaragoza una alternativa válida que presentarle, al menos en este primer año.
Con todo, he accedido y no me he presentado al jefe. Parece que va a resultar más difícil de lo sospechado lograr que a uno le dejen marchar en paz, pero así son las cosas en esta Iglesia. No se quieren escándalos: hay que guardar las formas.
Quiero que quede clara una cosa: no soy un ingenuo. Desde el principio acepté el riesgo que suponía plantear las cosas con claridad. Sabía que éste no era el modo normal de actuación para medrar en esta Iglesia de nuestros pecados (ni en ninguna organización), pero si opté por la Iglesia y por el sacerdocio era para intentar, dentro de lo que hay, seguir un camino más evangélico. Pienso que es posible, aunque no hay que llevarse las manos a la cabeza si a causa de ello se aprovechan de tu sinceridad para golpearte. De todos modos, es inevitable alzar la protesta contra ello. No una protesta ingenua, del que clama diciendo ¿cómo es posible que pase esto?, sino una protesta profética declarando "esto es injusto". Protesta muchas veces hecha en solitario, amarga incluso, pero necesaria como voz que también tiene derecho a expresarse.
Sigo queriendo permanecer como cura. La gente de los pueblos con la que he convivido merece la pena.
31.8.78.- Fatídico 31 de agosto. Todos los años ocurre algo grave, doloroso frecuentemente. Pero lo de este año supera a lo de los anteriores: ¡Ana se muere! Sí, mi amiga Ana, la mujer de Jesús, mis compañeros preferidos durante este año de estancia en Eriste que ahora está a punto de concluir en plena tormenta. ¡Ana! Con quien yo, junto con su marido, he cenado tantas veces (prácticamente todas las semanas) en su casa. Suena ahora Miguel Hernández dedicando una elegía a Ramón Sijé. La he puesto a propósito: "Un hachazo invisible y homicida", "siento más tu muerte que mi vida". Me lo han comunicado hoy. La fueron a operar y debieron cerrarla rápidamente al constatar que lo que tenía era cáncer y en grado muy avanzado.
Es un día muy triste para mí. Me han informado de ello antes de misa y apenas he podido contener la emoción durante la celebración. Luego he puesto tierra por medio, acabando en Guayente, en donde me he encerrado a rezar, pensar y pasear durante casi dos horas.
Jesús ha pedido que no se la visite ni se le llame por teléfono. Me he quedado, pues, sin el trágico adiós. Mantendré su recuerdo, lleno de vitalidad, de serena responsabilidad para con su 5 hijos, de alegres veladas nocturnas del largo invierno de Eriste. Digamos que hasta he pedido un milagro, que me dominaba por igual la rabia y la desolación.
Estoy deshecho.
6.9.78.- He visto a Ana. Aprovechando un viaje a Zaragoza, del que luego hablaré, me acerqué a la clínica y estuve con ella, con su hermana y con Jesús. Tenía aspecto más delgado pero se iba recuperando de la operación. Hacía planes y estaba completamente ajena a la tragedia. Jesús se mostraba sereno y con toda su sangre fría me analizó la cuestión. En el momento en que ella sospeche su suerte se abrirá la etapa final en la cual habrá que afrontar con valentía el hecho inevitable de la muerte. Es fácil escribir esto, incluso decirlo. Pero parece como si en los momentos decisivos la persona se superara a sí misma. Con todo, es cierto que vivimos en medio de la tragedia esperando simplemente que nos llegue la nuestra.
Y otro desastre: Jaso Alós, mi sobrino-amigo, ha muerto ahogado en la Costa Brava mientras practicaba la pesca submarina. Un nuevo mazazo, aunque mitigado por la lejanía. Nos veíamos ciertamente de ciento a viento, pero él me escribía cual amigo fiel más asiduamente de lo que yo lo hacía. Su muerte es otro trágico adiós.
Zaragoza, por el contrario, parece abrirme sus puertas de manera insospechada. La primera noticia que recibí al llegar fue que Aurelio Orensanz se va a Nueva York seguramente para no volver. Era un apoyo importante pero su marcha deja huecos que puedo rellenar. Algunos vicarios de Zaragoza ya han propuesto mi nombre para sustituirle en la Oficina de Estadística del Arzobispado. Sorpresa.
Andrés Ortiz me puso en contacto con Javier de la Victoria, vicerrector del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA), es decir, del seminario regional. Parece ser que puedo dar algún cursillo.
Bernardo me conectó con Betés, cura y sociólogo, y éste me introdujo en un grupo de sociólogos laicos que están dado sus primeros pasos como tales (Ángela López, José Luis Ansó, Miguel Marco, etc. y unas chicas) con quienes prepara una encuesta sobre adolescentes para la Diputación General de Aragón. Volveremos a reunirnos el próximo lunes.
Se habló también de que tenía a mi disposición un puesto de trabajo en el ICE de la Universidad, de clases de religión en BUP, de capellanía de unas monjas. Iba de sorpresa en sorpresa al ver las posibilidades.
Ahora el punto clave es mi obispo y también el de Zaragoza. Me han aconsejado suavidad.
Vi a Manolo, Augusto y Enriqueta, Labordeta, Teodoro Félix, Alberto Ruiz, Muñío y a un largo etcétera. Comí con uno de los chavales de la Residencia del Seminario de Barbastro. Por lo visto también a ellos les ha contado el nuevo encargado la mala gana con que se traslada a Zaragoza. Es otro motivo de asombro, pero cada vez me importa menos.
El problema que tengo ante mí es que después de cuatro años de no practicar la Sociología me entra una grave preocupación ante la posibilidad de dedicarme a dar clases o cursillos. Aunque hay que echarse p'alante con cara y preparando, eso sí, las cosas bien.
Con todo, estoy triste. No querría irme de mi Diócesis. Es más, me encantaría que todavía fuera posible una solución intermedia. Pero en Barbastro parece perdida toda esperanza. Ojalá (utopía) que me equivocara.
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He visto a Javier Martí. Todavía no sabe si accederá al puesto de profesor en el Instituto de Barbastro.
Otra noticia: está a punto de aparecer la Guía que preparaba con los de ACUSO. Ya hay propaganda en los escaparates.
18.9.78.- Las cosas siguen sin concretarse, aunque vayan aclarándose. No parece haber obstáculos por parte de los de Barbastro. Hablé con Pedro y después con el obispo. Ambos estuvieron cordiales. Con el primero se puso énfasis en mis contactos con la Diócesis. El prelado me remitió al Arzobispo y lo único que parecía preocuparle era que la Diócesis tuviera que cargar dentro de bastantes años con el pago de mi jubilación después de haberme pasado mi vida laboral fuera de ella. Por lo visto, da por hecho que ya no volveré. Es estimulante. Pero estuvo amable, como si nada hubiera pasado entre los dos.
En Zaragoza, como ya quedó dicho, la acogida de los amigos ha sido mucho más cálida.
Por ahora sigo trabajando en la encuesta a los jóvenes. Hemos decidido cambiar el objeto de nuestra investigación, dedicándonos a ellos y no a los adolescentes.
El vicario general de Zaragoza, Francisco Martínez, me recibió y me pidió paciencia antes de que me asignaran un trabajo pastoral ya que ahora están muy enfrascados con numerosos nombramientos. Por lo que respecta a la Oficina de Estadística, me informó que el Arzobispo desea colocar en ella a algún cura de Zaragoza, pero Aurelio Orensanz le ha escrito una nota al vicario proponiéndome como su sucesor ya que dice que yo, "sacerdote joven y excelente amigo", tengo "enormes ganas de trabajar en este campo" y cree que sería "una magnífica incorporación y ayuda a la Diócesis". De todas formas, pasado mañana estoy citado con Elías Yanes.
Otra realidad que parece ir por buen camino es mi colaboración con Cáritas de Zaragoza. Han quedado en proponerme que les ayude en dos proyectos: uno con transeúntes y otro con la Universidad de la 3ª Edad. Por otra parte, Garanto y yo estamos preparando algo con vistas a mi colaboración con Cáritas Diocesana de Barbastro.
En cuanto a la posibilidad de que dirija algún cursillo en el CRETA, estoy ya organizando materiales que me permitan diseñar uno sobre Sociología de la Organización para proponerlo en breve.
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Lo que más me duele es la frialdad de los curas de mi Diócesis con respecto a mi problema. No podía esperar otra cosa, pero duele. Al mismo tiempo crece mi estima por la gente de los pueblos y se incrementa el dolor que me causa la separación.
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Ha salido ya la Guía. El resultado es excelente y parece que se vende bastante.
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Ana está ya en Zaragoza. La fui a ver el otro día. Todavía no sabe nada acerca de su situación real.
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Los de Innsbruck nos reunimos el otro día en Vinaceite, que es uno de los pueblos que atiende Teodoro y en donde ha fijado su residencia. Coincidimos todos menos Ernesto. Fue una reunión tipo "cor unum et anima una". Entrañable.