CAPÍTULO 28º:
NO PUDO SER
22.9.78.- Ya está todo decidido. El obispo, aprovechando una sesión de la Asamblea de curas, les ha comunicado mi marcha. Algunos han pedido públicamente que yo hablara, pero me he limitado a dar por bueno el anuncio del prelado ya que no estaba dispuesto a suministrar carnaza para alimentar polémicas.
Por otra parte, del CRETA me han confirmado mi participación en un cursillo.
Estuve también con el Arzobispo y se mostró favorable a mi inserción pastoral en Zaragoza. En cuanto concluya los nombramientos de curas me adscribirá a una parroquia.
Todo está, pues, decidido. El domingo comunicaré a la gente de mis pueblos mi marcha definitiva. Definitiva... No obstante, y hasta que no me destinen a una parroquia en Zaragoza, seguiré encargado de Eriste.
He participado en la Asamblea de curas. Me acuerdo que en Aínsa, una vez expulsado del Instituto, seguí haciendo propuestas a los compañeros del mismo para un mejor funcionamiento del centro. Aquí ha sucedido lo mismo. Será por inercia. Pero es también porque sigo haciendo un esfuerzo por no desconectarme de la Diócesis.
Pero todo parece inútil. El obispo ha reiterado y defendido en la Asamblea con uñas y dientes su posición y mando por encima de todos. Se reserva todo el poder de decisión. Es él quien convoca toda reunión, inválida sin ese requisito. Acepta o no libremente las conclusiones a las que se llegue. Nombra para los cargos a quien quiere y como quiere. Prefiere que los miembros del Consejo del Presbiterio sen consejeros a título privado y no voceros de las inquietudes de los otros curas. Veta tratar problemas como el del Cruzado Aragonés poniendo como excusa que carecemos de la suficiente información (información que él, por supuesto, no nos proporciona).
Por lo visto, le repelo. En los momentos en que la Asamblea ha presentado puntos de vista diferentes al suyo ha reaccionado públicamente con destemplanza.
Y que no me digan que en la Asamblea se ha discutido con libertad. Cuando se impone la obediencia por Código surge el miedo a las represalias. Pocos, muy pocos son capaces de introducirse en cuestiones espinosas. El resto o callan en lo que no interesa decir, o le hacen la pelota al prelado. Las críticas, naturalmente, se producen por detrás.
Sigo pensando que la esperanza hay que centrarla necesariamente en la formación de equipos. Las reuniones de los curas de la zona de Castejón son hoy por hoy la única expectativa de un cambio en la orientación de la Diócesis.
3.10.78.- Ana ha muerto. La enterramos el domingo día 1 en Zaragoza y ayer se celebró el funeral. Lo presidí y en la homilía hablé especialmente de la colaboración fundamental de ella y Jesús en el funcionamiento de mis parroquias.
Casi me parece increíble lo ocurrido en tan poco tiempo. Quisiera "regresarla" en palabras de Miguel Hernández. La actitud tremendamente tranquila y serena de Jesús le ha restado enteros a la tragedia. Ahora ella está presente en él y en sus cinco hijos que se convierten para mí inevitablemente en punto de referencia.
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También murió, tras sólo un mes de pontificado, el Papa Juan Pablo I. Campechano de estilo y conservador en ideas, no me queda en el recuerdo más que como una anécdota sorprendente.
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Separarme de Eriste y de los otros pueblos me está suponiendo un serio desgarro. Ahora los quiero más que nunca. Incluso llegué a pensar en una posible compatibilidad entre mi trabajo de Zaragoza y ellos. Pero fue mi madre (que va a venir a residir conmigo) la que me apartó de estas ideas al comentarme su necesidad de vivir acompañada dada su edad. Era un factor que yo no tenía demasiado en cuenta y que me hizo abandonar definitivamente la pretensión de compaginar dos espacios geográficos y vitales tan diferentes. Por otra parte, esta solución mixta presentaba problemas bastante complicados.
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He entregado en la Administración Diocesana la cantidad que les debía por el préstamo que me hicieron al comprarme el coche. Cada mes me descontaban 5.000 pts. de la nómina y aún me quedaban por pagar 64.000 pts. que he abonado a toca teja ya que a partir de ahora el dinero lo recibiré mensualmente de la Diócesis de Zaragoza. Por otra parte, ahora que me voy me han instalado el teléfono en la abadía de Eriste, proporcionándome en el Obispado el dinero para pagarlo.
4.11.78.- Ya estoy definitivamente en Zaragoza. El lunes 30 de octubre aterricé aquí y de momento vivo solo en el piso ya que mi madre está en Madrid con Pilar.
La verdad es que la cuestión de mi trabajo en Zaragoza ha evolucionado de manera sorprendente y me estoy viendo envuelto en una red de ocupaciones que van a dividir mis intereses y mi tiempo más de lo que hubiera deseado. La culpa la ha tenido principalmente aceptar el cargo de profesor de religión en el Instituto Goya sustituyendo a otro cura que ha sido cambiado de sitio. Me lo ofreció el vicario, indicándome además que si no lo quería había otros esperando. ¿Por qué, pues, me lo ofrecía a mí, recién llegado de fuera, y al cual, en cambio, no se atreve a dar la Oficina de Estadística? Pienso que ha sido por cuestión económica ya que cobrando del Goya les resultaré más barato.
Así pues, mi situación es ésta: profesor de religión (14 horas) en el Goya, profesor de sociología de la juventud rural aragonesa en el CRETA (2 horas), miembro de un proyecto de investigación sobre la juventud aragonesa (propuesto a la Diputación General de Aragón), profesor de sociología en las Aulas de la 3ª Edad (una semana) y adscrito a la parroquia de la Magdalena. Además de esto, hoy me han llamado de Cáritas para que les realice un trabajo sobre becas y dentro de unos meses (según el vicario) me nombrarán como sociólogo Director de la Oficina de Estadística del Arzobispado.
¿Llegaré a todo? Lo que ha trastocado mis planes ha sido lo del Goya. No era éste mi interés y, además, al comprobar que los textos elegidos por mi predecesor no me convencían lo más mínimo por antipedagógicos, me he visto en la necesidad de buscar con qué sustituirlos, lo cual ha provocado que en esta semana no haya trabajado y pensado más que en ello. He vuelto, pues, a ser profesor de religión en un Instituto, pero sin la ilusión de mis tiempos de Aínsa y con muchas otras ocupaciones sociológicas que me interesan más.
Por otra parte, en la parroquia esperaban un cura liberado y les he llegado yo cargado de trabajo. Al párroco no le ha hecho ninguna gracia, de ahí que mi estancia en ella se presente problemática desde el primer momento. Pasado mañana, sin embargo, haré mi entrada oficial.
En el CRETA la inmersión ha resultado suave. Doy el mismo tema que el de la investigación, lo cual facilita las cosas y el alumnado no presenta ninguna problemática especial. Más incierto es el futuro del centro.
La investigación está en fase de proyecto, si bien casi ultimado. Ahora toca determinar la cuantía de trabajo que cada uno vamos a invertir en ella. Quiero sacar todo el tiempo posible para que ésta sea en lo posible mi dedicación fundamental, pues para ello he venido básicamente a Zaragoza.
Finalmente, rechacé las clases que me ofrecían en el ICE traspasándoselas a Ramón Garcés dado que ya tenía suficientes ocupaciones. Así Ramón puede venirse a Zaragoza ya que hasta el momento se encontraba provisionalmente en Madrid y estaba pendiente de encontrar algo por estas tierras.
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Eriste ha quedado allá lejos. Y Barbastro también. He terminado mi etapa de cura rural y con ella esta parte de mis memorias llega a su fin.
La despedida fue suave y, naturalmente, triste, como todas las despedidas de algo que se ha querido y apreciado cada vez más con el paso de los días. La gente ha llegado en este año a estimarme y ha sentido sinceramente mi marcha, aunque sin aspavientos, ni yo he pretendido tocar ninguna fibra sentimental para provocar la lágrima fácil.
Mis pueblos se los reparten, al parecer, los curas vecinos. Intenté que fuera Fernando Zapater mi sucesor pero no acabó de aceptarlo. Los de Eriste hubieran preferido, naturalmente, disponer de cura propio residiendo en el pueblo.
Mi marcha ha transcurrido sin ruido. Casi como algo esperado y fatal. Mi destino, pensarán los más, no era ése. Yo no opino exactamente así. Creo que entre unos y otros han hecho imposible la continuidad de mi experiencia rural. La causa no ha sido intrínseca mía. No es que yo no valga como cura rural; lo que ocurre es que lo mío no era sólo eso. Y, por supuesto, no valgo menos que los otros curas para estar en un pueblo.
No sé cuál será mi futuro. De momento mi presente es Zaragoza, un presente no del todo claro debido a la dificultad de compaginar las diversas actividades en que han acabado por meterme. Pero, desde luego, más claro que mi hipotético regreso a Barbastro.
Y al nombrar a mi pueblo no puedo más que sentir tristeza. Ha resultado un imposible. Lo digo con rabia porque no me considero culpable, o al menos único culpable, al tener que abandonarlo. Han sido otros los que en la práctica han contribuido más a ello. Difícilmente, pues, podré regresar en las actuales circunstancias. Pero seguiré siendo cura de la Diócesis.

EPÍLOGO
Mi estancia en Zaragoza se ha prolongado ya 27 largos e interesantes años. Ya no vivo con mi madre, fallecida hace diez años, sino que comparto piso y amistad con un peruano bastante más joven que yo y al que confío mi salud por su profesión de enfermero. Mi preocupación por la Sociología no ha sido, sin embargo, predominante como preveía. He intentado compaginarla con la pastoral, pero no cabe duda de que esta última es la que se ha llevado la mejor parte de mi vida. No obstante, continúo como director de la Oficina de Estadística del Arzobispado así como profesor de Sociología y Sociología de la Religión en el CRETA. He publicado 7 libros y he colaborado en otros, además de realizar por mi cuenta otras muchas investigaciones y disertar sobre diferentes cuestiones (sobre todo de pastoral juvenil y de transeúntes), tanto en Zaragoza como en el resto de Aragón y de España.
Pero mi dedicación ha sido fundamentalmente pastoral: diez años en mi primera parroquia, tres en la segunda y ya catorce en la que actualmente me encuentro como párroco desde hace año y medio. He trabajado largo y tendido con chavales y no sólo por medio de los Campamentos en los que participé hasta 1985, llegando a ser designado Consiliario Diocesano del Movimiento Junior, y con jóvenes, ejerciendo durante cuatro años el cargo de Delegado Diocesano de Pastoral Juvenil que me llevó a contactar con la realidad de la Pastoral con jóvenes y adolescentes en toda España y a dar cursillos por diferentes diócesis. La edad es inexorable y actualmente son los adultos los que se llevan la mayor parte de mi tiempo, aunque continúo diseñando y celebrando misas de chavales con la misma ilusión con que empecé hace más de 25 años.
Cáritas me acercó a la realidad de los marginados y he colaborado activamente con los transeúntes hasta hoy día tanto en el terreno teórico como, sobre todo, en el práctico, especialmente en la Granja-Escuela-Taller Torre Virreina ubicada en el zaragozano barrio rural de Movera. La nueva realidad de la inmigración me puso en contacto con peruanos, magrebíes, ecuatorianos y colombianos, un contacto que me ha llevado a compartir mi vida con ellos. Me incorporé a un nuevo círculo de amigos curas (los "clubenitos") con los cuales nos hemos posicionado en cuestiones polémicas lanzando a la opinión pública eclesial diferentes propuestas de avance para que esta Iglesia dé un giro, como nos piden cada vez más nuestros amigos"civiles".
Y sigo siendo de la Diócesis de Barbastro (ahora Barbastro-Monzón) en la que continúo incardinado, a pesar de las presiones para que me "regularice" en la de Zaragoza.
El futuro, sin embargo, continúa sin aclararse, pero las causas ahora son diferentes a las que tenía que hacer frente cuando me trasladé a orillas del Ebro. Los curas cada vez somos menos y más viejos, sin perspectivas, por supuesto, de jubilarnos pasando a un segundo plano. La sociedad ha cambiado mucho y el prestigio de la Iglesia se ha ido viniendo abajo entre una gran parte de la población. Los templos y parroquias se han ido vaciando, mientras las personas que continúan acudiendo han ido envejeciendo con nosotros y apenas es visible algún puñado de jóvenes. El optimismo no es, por consiguiente, lo que predomina.
¿Qué es lo que nos espera? Incógnita. Pero, por encima de todo, quiero seguir acompañando a todos aquéllos con los que voy caminando en nuestro proceso de fe. Me estrujo las meninges para provocarme nuevas ideas pastorales y creo que he madurado bastante como cura. Me toca impulsar las obras sociales (guardería, residencia de ancianos, hogar) que desde hace años funcionan en mi parroquia y sigo siendo incómodo y molesto para quienes se empeñan en cerrar puertas o en aplicar esquemas periclitados. Mi expulsión de Aínsa no ha sido la única.
Soy cada vez menos dogmático y más tolerante, menos condenador y más acogedor. Cada vez soy más escéptico respecto a fórmulas que se presentan como soluciones. Y sigo desconfiando del poder, incluso del que yo mismo ejerzo por desgracia. Deseo trabajar en equipo pero no siempre encuentro respuestas y actitudes adecuadas. Me molesta la petulancia de quienes creen saberlo ya todo y la pequeñez de cuantos se ponen gallitos defendiendo simplemente sus intereses particulares. Admiro a quienes se entregan sin pasar luego factura y a quienes, a la chita callando, siguen construyendo sobre roca.
Mi Dios sigue siendo el mismo, pero mi humildad ante Él así como mi confianza en su providencia han ido en aumento. Me pongo en sus manos confiando en que supla todas mis debilidades.