Capítulo 20º: TEATRO


11.2.66: Me doy cuenta de que me es imprescindible una buena formación. Es indudable que hasta ahora no le he dado la importancia que se merece. He perdido mucho tiempo. Me doy cuenta muchas veces de que no estoy a la altura de algunos (no de todos, claro está). Tal vez sea por amor propio pero el caso es que me siento estimulado a estudiar. He empezado ya a estudiar la Psicología de manera regular. Me he dado cuenta de que, si no me decidía, llegaría septiembre y estaría peor que el año pasado. Igualmente he de estudiar los documentos del Concilio. Espero que me llegue el tomo de la BAC un día de éstos.

Estudio bastante mi papel de cardenal. Lo encuentro difícil. A mí se me da más el de tío de cara dura. No obstante, no me importa que sea difícil ya que tengo gran interés en ver hasta dónde llego en la interpretación. El próximo ensayo lo haremos en regla.


19.2.66: Esta semana se han celebrado en la Casa de Ejercicios de San Ramón unas conferencias sobre el Concilio. Además, ha habido igualmente reuniones de pastoral entre los curas asistentes. Los del Mayor hemos asistido a las conferencias, las cuales han estado a cargo, principalmente, de un perito conciliar: Jiménez-Urresti. Las conferencias en las que he atendido me han gustado. He sacado diversas conclusiones, entre ellas la importancia del estudio de los documentos conciliares y la necesidad de que el sacerdote se forme bien.

Estoy bastante cabreado por la cuestión de la obra de teatro. Vamos muy retrasados debido principalmente a que a algunos tíos no les da la gana estudiarse su papel. Se nota mucha falta de responsabilidad y de interés por las cosas. Me he pasado malos ratos pensando en esto.

Hoy hemos tenido mesa redonda con el prefecto. Nos ha nombrado una serie de cosas en las que no tirábamos. Me ha impresionado bastante. No obstante, durante la cena, los de mi mesa se han dedicado a rebatir los argumentos presentados por Plaza. La característica de sus ataques consistía en devolver la pelota criticando la actuación de los superiores. No les quito su parte de razón. Sin embargo, caen en el círculo vicioso de siempre. Yo, por lo menos, prescindiendo de los fallos de los superiores, me siento culpable de muchas cosas de las que nos han acusado, y no soy de los que peor se portan. Tal vez ganaríamos mucho si, en vez de criticar a los superiores, nos examináramos profundamente conforme a los puntos de que somos acusados. Me parece que es humildad lo que nos falta.


24.2.66: La obra de teatro nos sale fatal. Mi papel es de suspenso. Estoy deshecho. No doy vida a mi papel. No acierto a moverme. No había sufrido tanto en los ensayos como este año.


11.3.66: El día 7 hicimos la obra de teatro y el resultado fue bastante bueno. La obra nos salió bien, si exceptuamos los efectos escénicos. Yo hice un papel bastante respetable que satisfizo mucho más de lo que cabía esperar hace unas 2 semanas. La obra la vamos a representar de nuevo el día 20, día del Seminario (*).

Pero lo que salió fatal fue la fiesta de Sto. Tomás. Claro que ello se fraguaba ya desde la reunión famosa de hace un mes y en la que se mostró el poco afán de colaboración de los teólogos. No tuvo apenas resonancia. Hubo, sí, misa en la catedral, partido de fútbol y comedia, pero, a pesar de todo, no fue la fiesta de los teólogos. El partido de fútbol tuvo que ser entre teólogos y resto. Por la mañana aguantamos unos campeonatos de atletismo entre el Instituto y los Escolapios. Pero hacer algo los teólogos en común…, de eso nada. No hubo ni merienda, ni café o algo parecido después de comer, ni nada propio nuestro.

El miércoles estuve de charla con el prefecto y resultó interesante. Me hacía falta centrarme después de todos los jaleos de la obra de teatro. Puntos más importantes: vivir la cuaresma, reflexión, estudio, entrega a los demás, confianza en la gracia y responsabilidad que trae consigo mi decisión de ser sacerdote y estar en el Seminario. Salí muy contento.

Hoy he tenido una pequeña agarrada con los del curso por motivos de trabajo común. Tengo a veces un genio...

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(*) El reparto de esta obra, cuyo núcleo argumental era la persecución de un Cardenal Primado en tierras ocupadas por los soviéticos, fue el siguiente: Antonio Mozás (Peters), Pepe Solana (Hno. Liberatus), Aurelio Bernad (Monseñor), Enrique Lasaosa (padre confesor), Ángel Castillo (coronel Petko), J. Mª. Durán (Raki), Manolo (Petrovich), Antonio Vidaller (Alexander), Ángel Noguero (Mariscal), Pepe Ariño (Policía 1º), Teodoro Zunzarren (Policía 2º) y yo (cardenal). A Manolo le dieron unos días más tarde el premio de interpretación por su papel que era el antagonista del mío.


Marité. 17.3.66: Rezo, rezo por tí. ¡Me das algo de envidieta! Si alguna vez he deseado ser hombre ha sido por la ilusión de llegar un día a ser lo que tú vas a conseguir: ser sacerdote. No pido, pues, al Señor tanto por tu sabiduría sino por tu santidad. ¿No te parece que esto es lo principal?


Religioso. 17.3.66: Probablemente el curso siguiente no habrá aquí noviciado, pues no hay gente. Ruega también para que tengamos.


CARTA ABIERTA A LOS JÓVENES

(Artículo de Manolo en El cruzado Aragonés, 19.3.1966)

Querido amigo: Tú sabes muy bien quién ha sido el vencedor del Festival de San Remo, cuál es el conjunto que más se cotiza en el mercado del disco; sin duda te sabrás de corrido las alineaciones de dos o tres equipos de fútbol, y hasta me sabrías repetir una lista de esas estrellas y astros que pueblan la galaxia de la pantalla. De esto te han hablado los compañeros de curso, las amigas en los paseos domingueros, las revistas semanales...; pero lo que quizá te extrañe es que te hable de esto un seminarista. ¡Si los seminaristas no saben de estas cosas! Tanto como tú, no, pero un poquito sí, lo suficiente para entablar conversación contigo y que te des cuenta de que somos unos muchachos de glóbulos rojos, de tejido óseo y células nerviosas como tú, que tenemos un alma como la tuya, que estudiamos también ecuaciones de segundo grado y trigonometría, historia y literatura, física y filosofía y latín, mucho latín (en esto nos diferenciamos un poco).

Por ahora, si nos examinaran en el mismo tribunal no creo que nos distinguirían uno de otro; la diferencia viene al especializarnos; tú serás arquitecto, médico o seguirás químicas o ingeniería; yo seré sacerdote.

Me dirás: ¿por qué te haces sacerdote? No me hago sacerdote, el Señor me ha elegido para sacerdote, es eso que tú llamas vocación; me está mal el decirlo pero el Señor, que a todos nos quiere mucho, a mí me ha mimado de un modo especial, se ha fijado en mí no porque sea más guapo o más feo, más inteligente o menos, no, me ha reservado para Él simplemente porque ha querido.

Pero, ¿qué es la vocación?, me seguirás preguntando, ¿cómo sabes tú si tienes vocación o no? En cuanto a lo primero no sé si sabré responderte acertadamente; la vocación es difícil de explicar con palabras humanas. No es un sentimiento que te dispone al sacerdocio, ni una llamada interior sentida en un momento de fervor, de alegría espiritual; la vocación es decir SÍ a Dios, es una respuesta que exige fe y entrega a Dios.

Toda certeza humana es poca, se queda pequeña para diagnosticar certeramente la existencia de la vocación; sin embargo, la llamada de Dios es eterna e irrevocable. Habrá momentos que la sentirás con la certeza de un convencido, otras veces irás a la deriva en un mar de dudas, vacilaciones, de falsos reclamos, pero Dios no abandona; a tu lado tendrás unos superiores que te enseñarán a descubrir la vocación, a identificarte con ella. Cuando en tu vida y en tu personalidad se haya perfilado la figura de Cristo, serás marcado para siempre con el carácter sacramental, tus manos serán ungidas para que derramen la gracia y el consuelo, tus palabras recibirán la fuerza misteriosa de la Palabra divina; desde ese momento, tus oídos, tu boca, tus manos, todo tu cuerpo ya no te pertenece, es del Señor y para el Señor, serás aquí en la tierra un doble de Cristo.

En estos momentos estás en una encrucijada de la vida. A izquierda y derecha se abren caminos hacia un porvenir brillante, hacia un futuro hogar, hacia una colocación en la vida o simplemente a un hacerse sitio en la sociedad. Entre estas posibilidades de tu vida, sacerdote de Cristo, ¿por qué no?

El camino es duro, la marcha constante, desgranando los mejores años de la juventud, renunciando a los otros caminos; seguramente muchos te considerarán un bicho raro, un fracasado o bien moverán compasivamente la cabeza diciendo: ése no sabe lo que se pierde.

El sacerdocio es empresa de valientes, de enamorados de su vocación. No me creas un héroe, soy un muchacho como tú, con todas las grandezas y bajezas que supone ser hombre, pero un hombre que dice SÍ al Señor.


26.3.66: El día 20 repetimos la obra de teatro en función pública con motivo del día del Seminario. En conjunto se mejoró y yo me superé más todavía. Estuvo Luis M. en la comedia y después de ésta hablamos un rato sin más importancia.

El 18 nos enviaron por los pueblos con motivo de la Campaña del Seminario. Yo fui con Sin a Aínsa. Estuvimos hasta el 19 por la tarde. Trabajamos bastante. Salí contento pero cansado. En especial he de destacar mi trato con los críos que resultó abundante y en el que me desenvolví estupendamente. No cabe duda de que en esto he avanzado mucho y de que ir a dar catecismo me ha ido estupendamente.

Estos últimos días hemos estado entrenándonos a jugar a balón-bolea. El hecho es que nos invitaron para que participáramos en un campeonato. He de destacar tanto el interés de los chavales de Barbastro que lo han organizado formando parte de un plan más amplio, y el interés de los seminaristas que desde el primer momento empezaron a entrenarse dispuestos a perder, no importándoles esto ya que veían en ello una forma de compensar las victorias de fútbol que normalmente consigue el Seminario.

Pues bien, a última hora, Arcas, encargado de la cuestión deportiva, ha puesto su veto y todo ha quedado, por tanto, en agua de borrajas. Lo lamento muy de veras por todo lo dicho y, además, porque no quiso dar a Lacau, que fue el que vino a saber la decisión, ninguna razón por la que decidía su negativa.


31.3.66: He tomado la decisión de no leer más obras de teatro hasta las vacaciones. El último recuento de las que he leído ha hecho ascender la suma hasta 74, más ocho o cosa por el estilo que he visto por la TV o directamente.

He de mejorar extraordinariamente en mi trato con los demás. No soy ni la sombra del que entró en el Seminario hace dos años y medio. Tengo poco más o menos mi grupito de amigos y de ahí no salgo. Además, incluso éstos tienen que venir a buscarme. No estoy aislado pero tampoco tengo el trato que debería tener.

Por lo que se refiere a vivir el tiempo litúrgico la cosa está muy verde. La Cuaresma me ha pasado como si tal. De espíritu de mortificación, poco.


27.4.66: Durante esta Semana Santa mis amigos no me han subido a ver, si exceptuamos a los hermanos Abarca. El caso es que existe cada vez más una separación entre ellos y yo. No obstante he hablado con ellos las pocas veces que hemos estado juntos por Barbastro. Una cosa veo clara: tengo que ser yo el que vaya a ellos, no ellos los que vengan a mí.

Es evidente que tampoco tengo por qué estar siempre reducido a un grupo de amigos de toda la vida, pero esto no es razón para que los deje, teniendo en cuenta, además, que son prácticamente los únicos de fuera del Seminario con quienes me relaciono.

Mi programa de estas vacaciones fue sencillo: se redujo a dar una clase diaria de matemáticas de 3º, pintar acuarela (*), leer algo y escuchar música. Una vidorra.

La Semana Santa llevé una vida mucho más intensa. Por fin me dediqué a mortificarme algo. Llevé el cilicio, cosa que no había hecho hasta ahora (**), y me preparé más a fondo las ceremonias y el espíritu. El sábado santo fui con Solana a Estadilla para la Vigilia Pascual.

El nuevo trimestre ha empezado con el signo de un mayor estudio y también de una mejoría espiritual. De hecho me encuentro más unido a Dios y mi trato con Él es más personal, más íntimo, no de mero ritualismo absurdo.

Domina en el ambiente la preocupación por el verano con todos los planes y proyectos que ello acarrea. De los del grupo, Javier y Ariño van a ir a Francia a trabajar a través de los curas del Prado. Vidaller piensa salir de su nuevo pueblo (Labuerda) en donde se ahoga. Yo no tengo grandes proyectos para el verano. Me limitaré a hacer alguna que otra acampada, dar alguna clase particular (si es que tengo alumnos) y estudiar las 3 asignaturas que me quedan de 1º de filosofía.

Otro asunto que domina en la casa, y es de gran importancia, es el futuro del Seminario y, en definitiva, de los que estamos en él. Hay mal ambiente a este respecto. Estamos pocos y eso ha llegado a cansarnos. Ya D. Lino presentó la cuestión, que anteriormente había sido formulada por el Obispo, pero las soluciones que él presentó se encargó de tumbarlas él mismo. El hecho es que el malestar se agiganta por momentos.

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(*) La afición a la acuarela se basaba en que en el Seminario nos daban clase de pintura (acuarela y óleo) en los talleres. Corrían a cargo del Sr. Gascón, profesor del Instituto.

(**) Utilicé un cilicio que me prestaron. La verdad es que daba bastante repelús ya que estaba algo oxidado y sus puntas manchadas de sangre. Lo utilicé únicamente para ir a la capilla por la mañana. Se notaba claramente quién lo llevaba porque al bajar las escaleras ibas con mucho cuidado para que no se te incrustara más. No volví a repetir la experiencia. Por otra parte, tampoco nos insistían en que lo usásemos. Lo que creo no haber visto nunca han sido "penitencias", es decir, pequeños látigos para golpearte la espalda.


2.6.66: Los de Francia tienen que ir a trabajar al norte de este país. Les llegó una carta notificándoselo. Pero las cosas han tomado un nuevo rumbo, inesperado a estas alturas: los superiores parece ser que se oponen. Los han remitido al Obispo. Mala señal. Se encuentran bastante chafados por la noticia.

El mes de mayo ha sido muy fecundo para mí en materia periodística. He sido la revelación del "MAS" y he escrito bastantes artículos, mientras que hasta ahora me limitaba a dibujar los chistes sobre nuestra vida en el Seminario. Un artículo mío sobre Guayente, dio lugar a que el prefecto nos mandara retirar el periódico (*).

Estamos preparando la acampada del verano. Emilio ya me ha mandado sus ideas sobre la misma. A Luis M. también le he escrito. Como puntos de partida para esta ocasión tenemos los siguientes: el lugar ha de estar apartado de la civilización para no perder el clima de acampada; el número de acampados no ha de ser muy elevado: 10 ó 12 a lo sumo; la condición de los que vayamos ha de guardar cierta homogeneidad para evitar casos como los del año pasado y conseguir una mayor unidad entre nosotros. El lugar será posiblemente Pineta. Las fechas: finales de junio.

El grupo no nos ha mejorado. Sigue siendo algo bastante extrínseco a nosotros y carente de vida. Las reuniones han sido, por lo general, de poca categoría. Si he de decir la verdad, el grupo depende de mí: cuando estoy en vena y hablo, las reuniones chutan; si me callo, el asunto se apaga. No me entrego al grupo lo que debiera de entregarme. Pienso que es probable que el curso que viene yo esté en la Universidad Pontifica de Comillas y entonces temo por el grupo.

En casa quieren que yo me vaya a Comillas. Si en un principio estuve indiferente, actualmente he cambiado de opinión. De hecho me ahogo un poco en este Seminario. Claro que no intento ir a Comillas con ánimo de doctorarme. La verdad es que el estudio no me atrae.

Actualmente procuro estar amable con todos los de aquí y ser un tipo cordial, alegre y simpático. Creo que si me voy a Comillas tengo que dejar aquí buena impresión entre los compañeros. En el futuro tendré que actuar junto con ellos cuando sea sacerdote y es menester que ellos me vean con buenos ojos para que esto ayude a la futura colaboración. No obstante creo que conmigo, principalmente en este curso, no se han entregado lo suficiente. Ha habido momentos en que yo he deseado que se preocuparan por mí y los demás no lo han hecho. Reconozco que he sido yo el culpable al haberme encerrado un tanto en mí mismo. Pero ni aun los del grupo se han portado conmigo como yo hubiera deseado. ¿Resentimiento por esto? En absoluto. Tengo buenos amigos aquí.

El otro día en la reunión Ariño me dijo que yo era feliz estando solo y dedicándome a lo mío. Es un ejemplo de lo que quizás piensen los demás de mí. Y nada más falso. Yo paso mis mejores ratos cuando alguno me cuenta sus dificultades y trato de ayudarle. Cuando estoy solo mucho tiempo acabo de mal humor y con los nervios deshechos.

Actualmente estoy optimista y eso es bueno. He sabido virar a punto. Además, mi trato con el Señor va por buen camino, y el mes de mayo ha servido para acordarme un poco más de que tengo una Madre extraordinaria, a la cual la tengo bastante apartada de mi vida.

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(*) No fue el único artículo polémico que escribí. Recuerdo otro que empezaba así "Parece mentira que la superioridad no se haya preocupado hasta ahora del problema del cine". Provocó una fuerte reacción crítica por parte de los que yo llamaba "superioridad", término que les disgustó, así como el encabezamiento "parece mentira". En realidad, lo que yo pretendía era que los seminaristas pudiésemos tener mejor acceso al cine, organizar cine-fórums, etc.


1.7.66: Ya se terminó el curso. Mis amigos viajan que da gusto. Manolo me escribió desde Oviedo en donde está junto con Vidaller, Castillo y Cazcarra. Trabajan en una fábrica. Javier me ha escrito desde Burdeos. Está con la familia. Ariño en Monzón y se marcha a Serrate con los salesianos. Lasaosa y Palacio Nacenta en Barcelona. El que no se ha movido es Solana, pero trabaja como peón, con la empresa de sus hermanos, en el arreglo del tejado del Seminario.

Y yo en casa estudiando filosofía. Leo algo de Jardiel Poncela y trato de que me vengan temas para escribir un guión de teatro, cosa que a veces me parece imposible y otras lo considero un sueño propio de mi edad y consecuencia lógica, como D. Quijote, de leer tantas obras de teatro.


26.7.66: La acampada se realizó conforme a lo previsto. Fuimos 12 (Paco Lacau, M. A. Turmo, Riazuelo, Joaquín Coll, Julio y Guillermo Sáez, Luis Baelo, Hernando, Mayor, Emilio, Escartín y yo) y estuvimos una semana por Pineta y alrededores. Resultó mejor que el año pasado, pese a lo cual no llegó ni con mucho a la primera acampada. Estuvimos en Montinier, lago Marboré y los Astazus. Pero este año no tuvimos ya ninguna charla sobre temas interesantes. Al que peor encontré fue a Emilio. Estaba como amargado, refunfuñando contra Escartín y sin ganas de andar. Escartín pasó momentos de tensión en la dirección de la acampada. Yo, por mi parte, actué mejor que el año pasado e hice mayor amistad con algunos. No obstante, me aburrí soberanamente los días de descanso.

Estamos en Guayente y lo que ha aumentado ha sido el número de tacos en uso. Es influencia del trabajo que han desarrollado algunos este verano.

Mal va lo de la noche. Manolo y yo somos los encargados de arreglarlo. Hace falta. Pensamos en fuegos de campamento. También está proyectado un teatro-forum.

Lo que va de cráneo es mi trato con los del grupo. Nada en absoluto. Parece mentira pero es verdad. No digamos ya de reunión de grupo, que no ha habido.


14.8.66: Guayente se acabó. Ha mejorado algo con respecto al principio. No obstante, ha vuelto a fracasar en gran parte. El rector nos ha anunciado que éste ha sido el último año de este Seminario de verano.

Mañana ordenan de curas a Juste, Noguero y Sagredo con 4 más de Huesca.