Capítulo 22º:
TRÁGICO FINAL DE UN CURSO COMPLICADO

15.4.67: Acabo de leer "Los curas comunistas". No cabe duda de que me ha influido. La figura del cura me ha gustado. Sin lugar a dudas me he metido un poco en el ambiente obrero, en la medida, claro está, en que uno puede meterse leyendo una novela. Pero, sobre todo, creo que he entrado algo más en la psicología del sacerdote obrero y he podido descubrir valores muy interesantes.
Sigue mal la relación con los de Zaragoza. Por mi parte he aumentado algo más mis amistades pero no por ello puedo sentirme satisfecho. El coto cerrado de los de Barbastro se está cerrando cada vez más sobre sí mismo y ha llevado a una interdependencia tal que hace que constantemente haya reunión en alguno de nuestros cuartos. Francamente deplorable lo encuentro. Y yo estoy metido en el ajo.
9.5.67: Acabo de leer lo referente a mi situación de hace un año y me he sentido decepcionado ya que era bastante más crío que ahora y, tal vez, considerara mi vida un tanto deportivamente, sobre todo en el plano espiritual. Actualmente paso por un momento de responsabilidad. Las cosas no marchan bien. El rector nos ha dado un serio toque de atención a los de 2º de Barbastro debido a nuestra conducta. Por otra parte, hay tensión en lo referente al plan del veraneo propuesto por el Obispo y D. Lino.
Estoy bastante contento en mi aspecto académico. Trato de estudiar, no de cara a los exámenes, sino tratando de formarme para ser útil. Mi biblioteca aumenta a pasos agigantados. Mis alumnos de matemáticas (Javier y Ariño) me han regalado 2 libros, cada uno el suyo, de gran interés.
21.5.67: He preparado unas buenas moniciones para las primeras comuniones en la parroquia de La Química. Densos lagrimones caían de los ojos de las madres.
Con Julio Sáez y unos amigos he estado en el Centro Gallego dando pasto de picante pulpo.
El asunto que ha dominado el ambiente últimamente ha sido el del plan del veraneo. Tras unos momentos difíciles todo se ha solucionado. Nos llegó una carta firmada por D. Lino comunicándonos el plan. Mejor dicho, parte del plan, como después se vio. En ella se nos decía que dentro de la Diócesis el trabajo que más se prestaba en el verano era el de campamentos juveniles con los críos. El resto de trabajos pasaba por un bache durante el verano y funcionaba a medio gas. Por lo tanto eran los campamentos, y necesariamente el de Pineta de Acción Católica, los sitios más indicados para nuestro trabajo. Igualmente se nos comunicaba la visita de la alta jefatura para discutir el plan.
Y el plan se discutió. Ya lo creo. Aquel mismo día nos reunimos los de Barbastro para deliberar. La noticia había sentado como un tiro. Había otros planes y éste los partía por mitad ya que estos campamentos suelen realizarse a mitad del verano. En la reunión, pues, rechazamos el plan, entre otras por esa razón. Se habló hasta de derechos, tanto nuestros como del Obispo. Se dijo que nosotros nos ordenamos para ser sacerdotes de la Iglesia, no de una Diócesis determinada. También preguntábamos hasta qué punto el Obispo podía exigirnos esto y cortarnos el verano. E igualmente se insistía en que nuestra Diócesis ya la conocemos bastante pues nos hemos criado allí y, por tanto, nos hace falta conocer otras realidades para adquirir una formación humana. Primero la humana, después ya vendrá la cristiana y sacerdotal. Separación no muy correcta a mi entender y también al de Escartín que luego la rechazaría indicando la no necesaria separación de ambas y la posibilidad clara de desarrollarlas armónicamente, a la par.
Éste era en líneas generales el asunto, agriado todavía más por el distanciamiento hacia tío Lino y, si cabe, por el naciente descontento hacia el viraje que últimamente parece adoptar el Obispo.
A mí no me convencía la idea de dedicarme de nuevo a los críos siendo así que en Zaragoza mi actuación pastoral se reduce exclusivamente a ellos. Pienso que es cierto lo que diría Escartín al día siguiente: que la personalidad de uno y su línea pueden adquirirse trabajando en un solo campo aunque no se meta uno en los restantes; es decir, uno trabajando con críos puede adquirir una formación y una línea que le capacita para poder y saber actuar en todos los demás aspectos. No es necesario, por ejemplo, trabajar de obrero para saber luego tratar y actuar con ellos. Hace falta que uno adquiera una fuerte personalidad y una gran integridad para poder luego actuar en cualquier terreno.
Pero, no obstante, me inclino a pensar también que una personalidad será siempre más rica si ha frecuentado y palpado diversas realidades. Y me atrevo hasta a afirmar que esto es algo psicológico.
Ahora bien, en definitiva, me da la impresión, bastante exacta creo yo, de que en todo el tinglado que armamos para rechazar la propuesta de los de arriba había un fondo muy claro de egoísmo personal. Es cierto que la solución a la que llegábamos era bastante razonable, a mi modo de ver: que surjan iniciativas entre nosotros y que las realicemos de acuerdo con los superiores, y en el caso de que uno no sepa qué hacer entonces viene la labor subsidiaria de los de arriba proponiendo diversas soluciones. Pero en el fondo estaba claro que el principio inviolable que nos regía era el de que nos dejaran intactos nuestros planes. La verdad es que si nosotros nos ordenamos para servir a la Iglesia, nuestro servicio se ha de realizar allí donde se nos señale. Debemos tener una tremenda disposición para entregarnos e ir al sitio donde se nos necesite.
De la primera reunión pudieron sacar en claro los 3 que vinieron (Obispo, D. Lino y Escartín) que nuestra oposición al plan era palpable y claramente expresada. Por otra parte, la reunión se celebró en un clima de tensión, cosa que repruebo de todo corazón. No ganamos nada con ello.
D. Lino y el Obispo se fueron bastante molestos, según confesó el primero pocos días después a un grupo de los nuestros. Y Escartín, que expresó su postura claramente y sin tapujos, fue objeto más tarde de críticas por prestarse a todo esto.
El tema fue perdiendo interés y ante el anuncio de la segunda reunión la desgana era general. A esta reunión ni siquiera acudió el Obispo. Y cayó el resultado como fruto maduro: libertad para elegir. Se pidió voluntarios para encargarse en Guayente de los chavales de ingreso. Nos apuntamos 5. Se pidió igualmente gente para Pineta. Ni uno solo respondimos a la llamada. D. Lino apuntó la necesidad y conveniencia de que los planes no oficiales fueran dados a conocer en su tiempo a los superiores. Y con cuatro palabras vanas se cerró la reunión, contentos nosotros por haber conseguido nuestro propósito y evitado que nos tocaran nuestros planes.
¡Cuánto nos falta, sin embargo, todavía, para ser hombres tan sólo! Escribo esto con visión algo pesimista, fijándome más en los racanismos que demostramos tener que en las virtudes que sin lugar a dudas debemos poseer. Ahora me estoy fijando en el nº 11 del Decreto sobre la formación sacerdotal. En él se nos dice que hay que cultivar en nosotros la madurez humana y luego enumera las características de esta madurez: estabilidad de espíritu, capacidad para tomar prudentes decisiones, rectitud en el modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres, dominio del propio carácter, sinceridad, sentido de justicia, fidelidad a la palabra dada, buena educación, moderación en el hablar, todo esto unido a la caridad.
La verdad es que a veces da pena vernos. Por otra parte, pienso que tenemos una gran capacidad de entregarnos, pero por desgracia esa capacidad se pierde en parte por no saber manejarnos los superiores. No les acuso sólo a ellos: también reconozco que perdemos y malgastamos nuestras fuerzas en tontadas. Pero no puedo dejar de acusar a los superiores que, al menos ahora, podrían ser un punto muy importante para solucionar nuestros problemas.
Mal momento pasamos. No quiero ennegrecerlo más. Pero no puedo dejar de sentir la cantidad de energías que quedan malgastadas.
Tal vez Tú, Señor, nos quieras hacer pasar por esta prueba. Pero estoy totalmente convencido de que nos estás de acuerdo con esta situación de mal momento que atravesamos. Por favor, danos tu luz e impúlsanos a trabajar para mejorar esto. Yo, al menos, estoy tentado muchas veces de echarlo todo a rodar. Aunque tal vez me eche a rodar el rector de Zaragoza cuando me pase revista en su habitación.
29.5.67: Escribo deshecho: una bomba me ha caído encima. El rector me ha llamado a su habitación y, tras una serie de preguntas de tanteo, me ha recomendado que interrumpa mis estudios en el Seminario. No tengo espíritu sacerdotal. El dato en que se apoya es mis faltas de asistencia a misa y mi afición a ir al cine.
Pienso que el rector y compañía han actuado muy a la ligera. Han llegado a la conclusión de que yo estoy de más aquí, pero no han sido capaces de amonestarme personalmente y tratar de descubrir ya desde hace tiempo el motivo de mis ausencias. Lo cierto es que decidí levantarme algo más tarde cuando al tallarme para lo de la mili constaté que había adelgazado 5 kilos. Siento de veras la actuación en este punto de mis superiores, así como reconozco mi falta y el no haberles informado de mi situación. Siento, además, que el resto de mi actuación personal no cuenta para nada.
Desde luego que no me ha pasado por la cabeza abandonar el Seminario. No he pensado en interrumpir y sigo sin pensar en ello, porque creo que el Señor me llama. Voy a poner todos los medios para evitar ser cortado en mi marcha hacia el sacerdocio.
Por otra parte se espera que muchos abandonen este año, ya sea definitivamente ya en plan de interrupción temporal, entre los que se encuentran Solana y Mosteo, con los que me he desahogado esta tarde. Lo malo es que parece que se van personas de grandes valores humanos. Mañana iré a hablar con el padre espiritual.
[A finales de junio Paco Satué, Franco, M. A. Turmo y yo subimos de acampada por Vallibierna unos cuantos días. Las acampadas con Escartín habían pasado ya a la historia y nos habíamos "emancipado".]

6.7.67: El día 4 se mató Suils, compañero de curso en el Seminario, en una cantera de Sesué. Aquel mismo día empezaba a trabajar en las oficinas de la misma y un barreno lo lanzó contra las piedras. Había subido allí simplemente por curiosidad, para dar una vuelta. Su muerte me ha afectado, aunque no era de mis mejores amigos. Pienso que Suils está con Dios y que ha llegado ya a su plenitud. El entierro fue ayer en Castejón de Sos y nos congregamos un buen número de sacerdotes y seminaristas, los cuales cargamos con el féretro a hombros.
Mi caso está bastante solucionado debido a que el Obispo me ha otorgado su plena confianza, pues piensa que no he podido cambiar tanto como para no tener ya vocación. Incluso me ha facilitado las cosas para ir a un cursillo de catequesis a Oviedo. Mi confidente ha sido Teófilo, además, naturalmente, de los amigos a los que se lo comuniqué. Teo ha sabido estar de nuevo a su altura brindándome su tremendamente sincera amistad y sufriendo con nuestras penas tanto o más de lo que nosotros podemos hacerlo.
Además del elevado número que de los de mi curso de Zaragoza van a interrumpir, también se encuentran entre éstos Solana, Vidaller, Ariño y Durán por nuestra parte. Los dos primeros han sacado ya el Preu y Ariño la mayor parte de 1º de Magisterio. A éstos se les une Manolo que, una vez terminada la carrera, se encuentra todavía sin fuerzas para ordenarse y tiene que arreglar lo que va a hacer el próximo curso. Y si a esto añadimos las defecciones producidas entre los seminaristas filósofos y medios de Barbastro, nos encontramos con una situación gravísima que nos aprieta por todas partes.
12.10.67: Escribo tres meses después. A mitad de julio me fui con Paco Campo y Javier a Oviedo. Estuvimos en un cursillo de catequesis. Interesante. Conocimos a gente de valía: Hípola, Lázaro... El verano que viene es el 2º curso. A la vuelta regresamos Javier y yo en auto-stop por León, Valladolid, Salamanca, Ávila y Madrid, en donde pasamos un día en casa de Teófilo.

Para las fiestas de Barbastro nos encargamos por las noches de la tómbola de Cáritas. Por otra parte, formo parte de un grupo teatral. Cuando llegué de Oviedo me dieron un papel en "Un solo de saxofón" de C. Muñiz. El papel era ínfimo pero me hizo ilusión volver a las candilejas. Además vi que aquello tenía futuro y quería estar dentro del movimiento. La obra, más que por su calidad, triunfó como acontecimiento ya que suponía el primer intento de resurgimiento del teatro en Barbastro (*).
Tras esta obra, los hermanos Torrente, que montaron una compañía de aficionados hace unos años en la que intervenía también mi hermana Isabel-Jesús, trataron de volver por sus fueros y propusieron la puesta en escena de D. Juan Tenorio. La realizarían en noviembre los que se quedan aquí. Pero el plan fracasó sin haber siquiera comenzado los ensayos.
Menos mal que el fracaso no nos ha afectado lo más mínimo y ya hay dos obras en cartel, una para noviembre y otra para Navidad: "Cena de matrimonios" y "Llama un inspector". Me han encargado el papel de inspector en esta última.
Estuvo Joaquín en Barbastro con permiso y pasó unos quince días. Hablamos bastante sobre su Maribel.
He decidido leer novelas y durante el verano me he encarado con Galdós, Quevedo, Steinbeck, Mauriac, etc.
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(*) El reparto fue el siguiente: Pedro Mayor (Jackie), Modesto Pascau (Obrero 1º), Francisco Pascau (Obrero 2º), Paco Satué (Obrero 3º), J. Mª. Franco (Sam), M. A. Turmo (Jinks), Paco Lacau (Sargento), Mª. Antonia Durán (Linda), Luis García (Jimmy), Luis Lacau (Gánster) y yo (guardaespaldas). El director fue Alberto Prieto. La representamos en el pequeño escenario del salón de actos de la Casa de la Cultura el 30 de agosto a las ocho y media de la tarde.