ONGs
Primero fue lo de Aminatu.
Aquella persona, frágil y de ademanes lentos y pausados, se calzó la dignidad
por montera y puso en jaque a poderes varios que no sabían qué hacer con
aquella mujer que, viniendo de Estado Unidos de recoger un premio por su defensa
de los derechos humanos, no podía entrar en el Sahara porque las autoridades
marroquíes afirmaban que el rey se sentía ofendido porque Aminatu
Haidar manifestaba en su documento de identidad que
era saharaui. Y, mira tú por donde, en una huelga de hambre valiente y reposada
nos recordó a todos la situación de un pueblo oprimido y privado de libertad.
Entrevistada en medio de su huelga dijo “No perderé la confianza en el ser
humano. Mi desconfianza está en algunos gobiernos, pero no en la humanidad”.
Luego fueron los cooperantes. Formaban parte de
Sorprendentemente, en un
periódico de tirada nacional, Fernando Sánchez Dragó decía textualmente: “La tele dice que
los misioneros sin crucifijo, pero con chalecos de coronel Tapioca, secuestrados
en Mauritania siguen en paradero desconocido. Mi mujer, que es japonesa,
exclama: ¡Menudo chollo! Los españoles pagáis al contado y, encima, convertís
en héroes a esos pijos. Razón lleva. Pijos, caraduras, gilipollas y gorrones,
añado. ¿Acción solidaria? No. Acción mamaria (de mamoneo)”.
Inmediatamente Risto Mejide decía en su programa
de televisión: “Lo suscribo. Cuatro políticos, esposas de
alcaldes, y niños pijos con mucho tiempo libre, se dedican a hacerse la foto
entre negritos”.
Días después fue lo de los Reyes Magos. El pasado 6
de Enero, mientras muchos niños y niñas disfrutaban de sus juguetes, sus
Majestades de Oriente acudieron al Palacio de
Y luego vino lo de Vic. Su alcalde ha manifestado que a partir de ya
mismo no se va a empadronar a ningún extranjero sin papeles que viva en el
pueblo, con lo cual sus derechos quedarán abiertamente menoscabados. Ante esta
situación, difícilmente comprensible, otra ONG, Caritas, decía: “En el
centro del hecho está el futuro de las personas más pobres y necesitadas, a
menudo sin trabajo, sin recursos, sin protección, y este hecho central se
olvida. Desde Cáritas no podemos mirar nunca si tienen papeles o no, si
proceden de una región u otra. No sería una mirada cristiana porque no pondría
al centro la persona y su necesidad”.
Ahora ha sido lo de Haití. Nos hemos quedado sin
palabras. La tierra ha temblado y nos ha hecho mirar a un mundo en el que los
pobres están ahí, con su dignidad y sus lágrimas, con su esperanza y dolor. Y
también en Haití, en medio de la destrucción, los muertos y la sangre, nos hemos encontrado a los hombres y mujeres
que, independientemente de sus credos e ideologías, son capaces de dar lo mejor
de sí mismos para paliar el dolor y humanizar el mundo. Están ahí, son médicos,
religiosas, bomberos, policías, curas, voluntarios, cooperantes…, son personas
que apuestan la vida por seres humanos sin papeles y sin ninguna posesión, pero
humanos.
Es ahí, en esa pelea no violenta a favor de los
pobres, donde nos entenderemos todos; es en la lucha denodada para enjugar las
lágrimas de todos los damnificados de la tierra donde nos encontraremos todas
las creencias y nos descubriremos como seres humanos. Es ahí, donde las
palabras de Mejide, Dragó y otros insolentes tendrán
que callar avergonzadas.
JOSAN MONTULL
17.1.2010