LA REALIDAD SOCIAL COMO REALIDAD Y APARIENCIA

(Miguel Beltrán: "La realidad social", pp. 11-42, selección de textos)


1. REALIDAD Y APARIENCIA ENGAÑOSA

La cuestión de la apariencia y la realidad, que tiene una larga tradición filosófica, es a mi modo de ver capital para acotar el objeto de la Sociología, la realidad social. El término apariencia viene definido en el Diccionario de la Real Academia como "aspecto o parecer exterior de una persona o cosa" (primera acepción), y como "cosa que parece y no es" (tercera acepción). Es curioso observar cómo el Diccionario se orienta decididamente por la vía de oponer apariencia a realidad, bien señalando que la primera no ofrece sino el aspecto exterior de las cosas (es decir, que ofrece sólo un aspecto de la cosa, que es parcial), bien que parece y no es (es decir, que es engañosa). Y digo que es curiosa esta orientación porque ignora otra acepción del término, neutra y etimológicamente correcta, que define la apariencia como la manifestación de la cosa, identificando apariencia y realidad. Bien es verdad que el uso del término apariencia es predominantemente desconfiado: la apariencia es sólo el aspecto externo de la cosa, una visión por tanto que oculta nada menos que "lo interior", lo que la cosa es "en realidad"; parcialidad, pues, que se resuelve en engaño ("las apariencias engañan", dice la sabiduría popular): apariencia y realidad son cosas diferentes en la medida en que la primera oculta a, y desorienta sobre, la segunda.

Acabo de decir que, desde este punto de vista, apariencia y realidad son cosas diferentes: esto no s completamente exacto, pues no siempre se entiende la apariencia como cosa en el mismo sentido en que se valora la realidad como cosa; con frecuencia se considera que la eventual discrepancia no se da entre dos cosas (la apariencia y la realidad), sino entre una cosa (la realidad) y su apariencia, su modo de manifestarse. Adelantaré ya que, para lo que aquí interesa, entiendo que la apariencia es apariencia engañosa, y que tan cosa es la apariencia como la realidad que deforma, oculta o enmascara.

Señala Ferrater (1979) que la necesidad de distinguir entre apariencia y realidad tiene al menos dos motivos. En primer lugar hay realidades que a primera vista se manifiestan o parecen de un modo, pero que una vez examinadas con más atención o de manera más ilustrada resultan ser de otro modo que como se dejan ver. En segundo lugar, el saber acerca de las cosas equivale a dar una explicación de ellas, y esto implica dar razón de cómo y por qué aparecen como lo hacen, especialmente cuando lo hacen de una manera engañosa, al menos a primera vista. Debe hacerse notar que es la apariencia la que es engañosa (cuando lo es), no el testimonio de los sentidos; no quiero decir que los sentidos no se engañen nunca, sino que las apariencias no son meras ilusiones: en el caso del palo sumergido en agua los sentidos testimonian correctamente que parece quebrado, pero las leyes de la refracción así lo presentan. Pues bien, con este ejemplo, que tomo de Ferrater, queda claro que la apariencia es también propiamente real (tan real como la cosa misma, aunque de un tipo de realidad diferente: apariencial), no ilusoria; esto es, no dependiente de la debilidad de los sentidos, y necesitada, por tanto, de una explicación.

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Las apariencias de las que aquí hablaré son aquéllas que guardan una mayor o menor diferencia con la cosa. Esa apariencia diferente de la realidad en cierto modo revela la cosa, y en cierto modo la oculta. La revela, en efecto, porque la apariencia es el modo que esa cosa tiene de mostrarse, de hacerse visible, bien que de manera distorsionada. Y la oculta también, en la medida en que presenta la cosa como no es, de manera infiel a la realidad. La apariencia, pues, supone un juego de revelación y ocultación de la realidad que exige habérselas con ella para llegar a la cosa, y para dar razón de por qué la cosa es así y su apariencia es de esta otra manera.

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Me limito a señalar que en ciertas ocasiones las cosas (objetos, estados, situaciones, procesos) se presentan al observador tal y como son, y en otras, por el contrario, a través de una apariencia que en alguna medida las deforma o disfraza.

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Creo que son posibles tres posiciones muy diferentes entre sí. Para la primera lo que importa es la cosa en su ser más real: la apariencia o fenómeno, en la medida en que es engañosa, no es sino pura representación, mera ilusión que hay que superar y despreciar para llegar a la realidad de la cosa; si la cosa está enmascarada, lo que procede es desenmascararla y atenerse exclusivamente a ella tal como es en realidad.

Una segunda posición, fenomenalista, valoraría la representación o fenómeno como única realidad, en contra de cualquier presunta realidad de la cosa, negando todo sentido a la afirmación de que existan diferencias entre realidad y apariencia; lo que existe es lo que parece existir. El fundamento posible de esta segunda posición sería o bien la afirmación de que no hay nada que pueda ser llamado realidad en sí, una realidad oculta por las apariencias, o bien que de existir se trataría de algo incognoscible, inaccesible a la observación y al conocimiento.

La tercera posición, en cambio, parte del hecho de que efectivamente "las cosas -o algunas de ellas- no son lo que parecen"; cuando se da tal diferencia entre la realidad y su apariencia ambas son "reales": ambas, por así decirlo, forman parte de la realidad. Ésta incluye, por tanto, a la realidad-real (la cosa como es en realidad) y a la realidad-apariencia (la cosa tal como se presenta), y el conocimiento de la realidad -en sentido amplio- implica el de la cosa como es -realidad en sentido estricto- y el de su apariencia -apariencia engañosa-. Y esto es así porque tanto la cosa como es (accesible sólo a través de un proceso de desenmascaramiento), como su apariencia o máscara producen efectos en el resto de la realidad: ambas, realidad y apariencia, son, por así decirlo, reales en sus efectos... Esta tercera posición es la que defiendo en estas páginas.


2. EL DESENMASCARAMIENTO DE LA REALIDAD

Es la propia realidad la que se manifiesta a través de apariencias, engañosas o no. Pero no es sólo de la realidad de quien proceden las apariencias: no es ella la única productora de su disfraz, sino que los mismos observadores la disfrazamos constantemente... En buena parte somos responsables del enmascaramiento del mundo por nuestra necesidad de simplificarlo, por no ser capaces de convivir mentalmente con su extrema complejidad... La articulación de nuestra experiencia, que no es sino lingüística incluso en el pensamiento, es también un factor de empobrecimiento, y correlativamente de deformación, de la realidad... Habría, pues, en resumen, un triple origen de la apariencia: el natural (que genera las apariencias propiamente dichas que aquí nos interesan), el psicológico y el lingüístico. La realidad, de suyo, no es transparente ni inmediatamente cognoscible: conocemos inmediatamente de ella lo que ella presenta a nuestros sentidos; y a esta opacidad del mundo aparente añadimos tanto nuestras defensas en forma de prejuicios y simplificaciones, como nuestra incapacidad para expresar adecuadamente lo que de ella nos llega.

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En mi opinión, toda realidad social se caracteriza porque, en primer lugar, tanto la realidad de la cosa como su apariencia engañosa producen efectos sociales reales...; y, en segundo lugar, porque la propia realidad social contiene elementos (intereses e ideologías) que objetivamente sostienen la apariencia engañosa... Esta realidad social así entendida constituye el objeto de la sociología, por lo que si ésta quiere ser ciencia y no ideología habrá de atender a realidades y apariencias, yendo a las primeras a través de la superación crítica de las segundas, y explicando lo visible por lo oculto.


3. LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD

Nada -o muy poco- en la sociedad humana es natural, y todo -o casi todo- es histórico. La realidad social (incluyendo tanto realidades propiamente dichas como apariencias) es, pues, producto de la actividad social humana, no algo dado, natural o necesario...


4. CIENCIA Y SENTIDO COMÚN

... Todo lo que aparece se percibe bajo el modo lo-que-me-parece, y, por tanto, es susceptible de ser aprehendido de manera errónea o ilusoria; no obstante lo cual, la apariencia como tal comporta una fuerte sensación de realidad para el espectador. Esta sensación de realidad es el fundamente del sentido común (en su versión estricta de Aristóteles y de Tomás de Aquino), en virtud del cual se generalizan mis cinco sentidos privados a un mundo compartido con otros: el sentido común logra un mundo intersubjetivo en el que los objetos, ciertamente, pueden ser vistos desde diferentes perspectivas, pero como existentes y con el mismo contexto para todos. Hay, pues, un acuerdo de todos sobre la realidad e identidad de la cosa, que confirma la experiencia sensible que cada uno tiene del mundo. La realidad es, pues, algo dado para el sentido común, y esta sensación de realidad es tan biológica (procede de los sentidos) como social (es confirmada por los demás); en cualquier caso es estrictamente necesaria para sobrevivir.

El pensamiento, sin embargo, desconfía con frecuencia de la experiencia de los sentidos y sospecha que a veces las cosas son diferentes de como aparecen ante aquéllos...

La cuestión está en que si su percepción de los objetos es tan acrítica que toma las apariencias engañosas por realidades, entonces será necesario que un tipo de conocimiento más exigente y crítico, el conocimiento científico, rompa con el sentido común y se construya a espaldas suyas. Planteado de manera más cruda: "¿Es la ciencia un conocimiento diferente del sentido común? ¿Consiste esa diferencia, si es que existe, en que la ciencia no se deje engañar por las apariencias? Y en el caso de que la ciencia sea capaz de saltar sobre las apariencias, ¿qué encuentra, y cómo lo encuentra, más allá de ellas?

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La Sociología no puede ignorar el saber común acerca de la sociedad, pero ese saber común forma parte precisamente de su objeto de estudio, y como tal ha de ponerlo en cuestión... [No obstante] el saber social del sentido común es mucho menos común y más fragmentario de lo que pudiera parecer... Posee una gran importancia social pues, tanto si es un saber de realidades ("verdadero") como de apariencias ("falso"), condiciona el comportamiento efectivo de la gente y es lo que la sociedad sabe de sí misma.

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Que el sentido común está marcado por la ideología dominante, esto es, por la ideología de quienes son socialmente dominantes, parece bastante obvio.


5. REALIDAD MATERIAL Y REALIDAD MENTAL.

... Las apariencias no se dan sólo en lo que la gente piensa o dice sino también en lo que la gente hace... Un famoso texto de Edwar Sapir, de 1927, reza como sigue: "Es imposible decir qué está haciendo un individuo a menos que hayamos aceptado tácitamente los modos de interpretación esencialmente arbitrarios que la tradición social nos sugiere constantemente desde el mismo momento de nuestro nacimiento. A cualquiera que dude de esto puede dejársele que intente hacer un cuidadoso informe acerca de las acciones de un grupo de nativos ocupados en alguna actividad, digamos religiosa, respecto de la que el observador no disponga de sus claves culturales. Si es un escritor habilidoso puede tener éxito en lograr una descripción pintoresca de lo que ve y oye, o piensa que ve y oye; pero sus posibilidades de dar cuenta de lo que sucede de una forma que sea inteligible y aceptable para los propios nativos son prácticamente nulas. Incurrirá en toda clase de distorsiones y su énfasis estará constantemente desviado; encontrará de interés lo que los nativos consideran carente de interés, y fracasará por completo en la identificación de los puntos cruciales de la ación que dan significado formal al conjunto de la misma en las mentes de aquéllos que tienen la clave de su comprensión".

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La realidad social como tal no se agota en lo externo sino que requiere ser completada con el sentido que sus participantes le atribuyen, y es esta realidad más compleja, simultáneamente externa y mental, la que interesa al sociólogo.


6. LAS DEFINICIONES DE LA SITUACIÓN

La apariencia y la realidad se dan tanto en lo que la gente dice como en lo que la gente hace, tanto en el plano mental como en el del comportamiento. Uno y otro son partes complementarias de la realidad social, y en ambos pueden presentarse las cosas tal como son o veladas por apariencias engañosas. Lo que la gente piensa, cree, siente y dice acerca de la vida social puede ser tanto una apreciación objetivamente correcta como una mistificación (a veces involuntaria y a veces consciente, pero siempre por razones sociales). Del mismo modo el actuar de la gente en sus relaciones sociales puede revelar de manera objetiva lo que sus relaciones sociales son, o puede, por el contrario, encubrir o disimular lo que son, de suerte que parezcan otra cosa: que parezcan otra cosa incluso al propio actor, con lo que se corresponderán una mistificación objetiva y otra subjetiva; o que parezcan otra cosa al observador externo, siendo el actor consciente -al menos en un cierto grado- de la mistificación objetiva.

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Las cosas no son de cierta manera porque así le parezcan a la gente, sino que son como son; pero no es indiferente que, siendo efectivamente como son, le parezcan a la gente de una manera u otra, pues ello comporta determinadas consecuencias. Ése el llamado teorema de Thomas: "si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias"... Las definiciones de la realidad social tienen permanentemente consecuencias en la realidad social, y ello tanto si se trata de definiciones "verdaderas" (fieles a la realidad) como "falsas"... La propia definición pasa a formar parte de la situación y determina o condiciona las conductas de los implicados en ella... Es importante destacar que la percepción de la situación no es estrictamente individual e independiente sino que está socialmente condicionada o, con más propiedad, mediada socialmente.

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Mi conclusión es que la realidad social, en sentido amplio, como objeto de conocimiento de la sociología, tiene que incluir tanto las realidades en sentido estricto como sus apariencias, unas y otras dándose tanto en las mentes de la gente como en sus actividades: y ello por la razón de que realidades y apariencias, tanto en la mente como en el mundo externo, tienen consecuencias para la vida social.


8. UNA CONCLUSIÓN POCO CONCLUYENTE

... Hay que realizar una crítica de la realidad social capaz de discernir entre realidad y apariencia... En todo caso séame permitido mostrar mi acuerdo con Marvin Harris cuando sostiene que "debemos ciertamente intentar entender por qué la gente piensa que se comporta tal como lo hace, pero no debe bastarnos tal comprensión. Es necesario que nos reservemos el derecho a no creer sus explicaciones. Y sobre todo debemos reservarnos el derecho a no creer las explicaciones de la clase dominante", pues al hacerlo terminaríamos identificando la verdad con el poder. Y eso es justamente lo que la sociología debe tratar de evitar.


***PARA UN DEBATE SOBRE ESTE TEXTO:

- ¿Cuál es tu postura respecto a la distinción entre apariencias y realidad? ¿Coincides o no con el autor? ¿Qué consecuencias tiene esta distinción?

- ¿Estás de acuerdo con lo que afirma sobre el sentido común y sus diferencias respecto del conocimiento científico?

- Reflexiona sobre el teorema de Thomas: ¿puedes poner ejemplos?

- ¿Hay que creer o no las explicaciones que nos da la gente acerca de lo que dicen o hacen, especialmente las que dan quienes detentan el poder (el civil o el eclesiástico)?

- ¿Qué consecuencias sacas de la lectura de este texto para tus análisis y vivencias de la realidad eclesial y pastoral?