EL PROBLEMA DE LOS VALORES EN LA INVESTIGACIÓN SOCIAL
(R. Sierra Bravo: "Técnicas de investigación social, cap. 2º)
El problema de la influencia de las ideologías, de los llamados juicios de valor, en la actividad y en las formulaciones científicas en el campo social, fue planteado en las ciencias sociales ante todo por Max Weber. En sus obras defendió lo que él llamaba la neutralidad valorativa, es decir, una posición del científico social de libertad e independencia frente a los juicios de valor.
Su criterio motivó una fuerte polémica aún no acabada y que todavía sigue sin solución definitiva.
Muchos autores opinaron que es imposible una investigación social ajena a la influencia de los valores. En esta línea hay que incluir el pensamiento marxista que, tanto insiste en la importancia de las ideologías en la actividad y las realizaciones humanas.
Aquí sólo puedo detenerme a indicar la existencia de esta discusión, sobre la que han corrido y siguen corriendo, corno se suele decir, ríos de tinta. A mi juicio, en las dos posiciones hay su parte de verdad, pero ambas son rechazables si se tornan exclusivamente.
Por una parte, parece indudable que las actividades y concepciones, incluso científicas, están en relación y, sin duda, influidas, por su paradigma, o concepción general del mundo, de la vida y de la ciencia vigente en un momento histórico.
Y así se puede afirmar que diferentes paradigmas darán o pueden dar lugar a lecturas más o menos distintas de la misma realidad.
T.S. Kúhn, en su conocida obra, "La estructura de las revoluciones científicas", sostiene, incluso, que toda la ciencia de una época está montada sobre un paradigma determinado y es cuando este paradigma se demuestra inadecuado cuando se producen las revoluciones científicas para sustituir el antiguo por un nuevo paradigma.
Pero, por otra parte, está claro que el carácter empírico y positivo de las ciencias sociales, dada su conexión más estrecha con los valores que las ciencias naturales, exige que la actividad investigadora de los científicos sociales sea lo menos posible mediatizada por sus juicios de valor particulares. Esto significa que no deben intervenir en su labor de observación y análisis científico de los hechos. Es necesario que así sea en toda ciencia, para que las apreciaciones científicas se basen, corno debe ser, en los hechos y no se vean desvirtuadas por juicios ajenos a la realidad, y de modo especial en las ciencias sociales, dada su conexión más estrecha con los valores que las ciencias naturales.
Esta exigencia no sólo mira a salvaguardar el trabajo científico de la influencia de los valores e ideologías, sino que también restringe y limita el papel de la ciencia a su propio campo, el de la experiencia. De tal modo es así que si formula juicios de valor o saca conclusiones valorativas, una vez obtenidos los resultados científicos, traspasa su propio campo y entra en el de la filosofía, en el de la ética o en el de la política.
La objetividad de las ciencias sociales, entendidas de esta manera, no supone una concepción aséptica de éstas ni es contraria a unas ciencias sociales "críticas" y "comprometidas" con las cuestiones de cada tiempo. La investigación científica debe observar, respecto a la observación y análisis de los hechos, una objetividad o neutralidad valorativa, tan perfecta como humanamente es posible. Sin embargo en el objeto y orientación de sus investigaciones no debe ser ajena a los grandes problemas sociales que agitan en cada momento al mundo en que vivimos.
Desde un punto de vista personal, el requisito de objetividad no es fácil de cumplir en la práctica, porque el científico es un hombre y, como tal, tiene sus creencias y convicciones, de las que es imposible despojarse totalmente. Sin embargo, lo que está obligado es a evitar toda falta de objetividad consciente.
Se ha de tener en cuenta que la neutralidad valorativa no significa desprenderse de los propios valores, lo que es imposible, sino que exige únicamente atenerse a los hechos y que se los respete. Es decir, que en ningún momento se deben velar, adulterar o falsificar porque sean molestos o contrarios a las convicciones propias. Este modo de proceder es contraproducente. La realidad se venga. Las cosas no dejan de ser como son porque las disfracemos. En esto consiste fundamentalmente la ética de la investigación científica.
***Trata de hacer una síntesis de los problemas que comenta el autor.
¿Sacas alguna consecuencia de cara a la influencia de los valores en el análisis de la realidad eclesial?