CARTA ABIERTA AL NUEVO OBISPO DE HUESCA Y JACA

 

            Acaban de nombrar obispo a Julián y desde el primer momento se ha visto asaltado por entrevistadores que le han dirigido preguntas comprometidas acerca de los bienes artísticos de la Iglesia Aragonesa, y más en concreto de la de Huesca, todavía en poder del obispado de Lérida, así como por otras preguntas igual o más comprometidas acerca de comparaciones entre Javier Osés y Angel Sanz, sus dos predecesores en su nueva diócesis, y otras cuestiones parecidas. Ha salido como ha podido, tratando de destacar que lo importante para él es anunciar a Jesucristo. Al mismo tiempo resuenan las intervenciones del talibán obispo de Alcalá subrayando la más rancia moral cristiana acerca de la sexualidad y calentando de este modo el encuentro de familias del 2 de enero. Se trata de un obispo de los aproximadamente 80 con los que va a integrarse en un club que no goza precisamente del prestigio de los ciudadanos sino más bien de todo lo contrario. En un club en donde va a estar controlado y en donde, imagino, procurará pasar lo más desapercibido posible, sobre todo en los primeros tiempos en que todo será nuevo para él.

 

            ¿Resulta apetecible ser obispo en estos momentos eclesiales? Ya sé que se me podrá objetar que no se trata de que apetezca o no sino de estar disponible para un servicio importante a la Iglesia, aunque ello te complique extraordinariamente la existencia. Ya lo sé. Pero no es lo mismo realizar un servicio, entregarte totalmente a una causa, según sean las circunstancias, los aires dominantes, los compañeros con quienes trabajar, las cortapisas existentes, etc. Y, ciertamente, en estos momentos…

 

            Ya sé que, por otra parte, resulta un reto muy estimulante. El reto de animar a toda una Diócesis, a ayudarle a vivir su fe cristiana con pleno sentido, con alegría, con entusiasmo. El reto de diseñar nuevos horizontes tratando de responder a los problemas y realidades de la nueva sociedad en la que nos encontramos. El reto de trabajar en equipo con personas, la mayoría desconocidas para uno, pero en las que puedes encontrar detalles, gestos, realidades, aspiraciones, buenas ideas, que le estimulen a uno, al tiempo que desánimos, desesperanzas, desgastes, debilidades y mil y un problemas de difícil resolución. El reto de cambiar la imagen de tantos obispos más preocupados por su carrera que por sus fieles, más dictadores que colaboradores, más palabreros que comprometidos, más en la órbita de los poderosos que de los débiles. El reto de entregarte totalmente a los cristianos de tu nueva diócesis, perdiendo con ello la posibilidad de una libertad más amplia que te puedes conceder cuando no hay personas que dependan de ti. El reto de tener que acordar voluntades dispares, proyectos dispares, ideologías dispares y tantos aspectos e intereses que no encajan fácilmente unos con otros. El reto, en definitiva, de ser un buen pastor que da la vida por sus ovejas.

 

            Y luego las preguntas inevitables: ¿por qué me han elegido a mí para obispo y no a otro?, ¿porque soy un hombre evangélico o porque encajo en las exigencias del aparato?, ¿por el cargo de vicario general que ocupaba o por mis cualidades?, ¿porque han consultado mi nombramiento a mis nuevos diocesanos y a éstos les ha parecido bien o lo han hecho como siempre por decreto inapelable?, ¿porque quieren que renueve la vida diocesana o porque prefieren que sea un continuista?, ¿por ser una persona con iniciativa propia y creatividad pastoral o porque han visto en mí una persona dócil que cumplirá con lo que le digan desde arriba?, ¿por ser una persona dialogante o porque sabré imponerme y mantener la obediencia y disciplina?, ¿porque tocaba nombrar a un obispo aragonés para cubrir el cupo o por otras razones?, ¿porque nunca he creado problemas a mis superiores o porque han visto en mí una rebeldía evangélica como la de Jesucristo?, ¿por influencia de mi arzobispo que ya ha “colocado” como nuevos obispos a dos de sus vicarios en poco tiempo o porque en Zaragoza hay actualmente un rico semillero episcopal?, ¿por no tener veleidades izquierdistas y tener un discurso políticamente correcto o por ser audaz en mis planteamientos?, ¿por… Y así podríamos seguir.

 

            Amigo Julián: te deseo lo mejor y que sea lo mejor para la Iglesia, la de todos, no la de unos pocos que dominan el cotarro. Necesitamos buenos obispos que mejoren lo actualmente existente. Deseo que animes la esperanza y las ilusiones en estos momentos en que no abundan precisamente en nuestra Iglesia. Deseo que no te dejes engullir por el aparato sino que mantengas la libertad de Jesucristo que no se apoyaba en cumplimientos rituales sino en servicio a los demás, especialmente a los más desfavorecidos y empobrecidos. Te deseo abierto, dialogante, renovador, crítico como los grandes obispos que hay y ha habido. Te deseo sin pedestales, sin signos de poder, sin capisayos, sin dogmatismos inflexibles. Te deseo no como un funcionario eclesiástico que conserva correctamente lo recibido sino como un aventurero de Dios que se atreve a salir de sus palacios y en nave frágil afronta tormentas y tempestades para acompañar a sus diocesanos a nuevas tierras prometidas yendo más lejos de las rutinas y miedos que se nos han ido metiendo.

 

            Un abrazo y que sea en-hora-buena.

 

Pepe Nerín

31.12.2010