A DIOS REZANDO

Y CON LA MANO DANDO

 

            La parroquia se formó en torno a la primitiva capilla, bajo la imagen de la Virgen de Begoña y en medio de un barrio de gente trabajadora. Datos significativos ya que colocan el punto clave en una espiritualidad humilde, mariana y comprometida con la realidad. Desde el primer momento hubo una gran preocupación por una liturgia a tono, teniendo en cuenta que se partía de formas preconciliares con el altar todavía de espaldas al pueblo. Pero ya la primera misa se celebró en la calle, con el obispo al frente, y una multitud que arropaba con su presencia lo que intuían que allí estaba surgiendo.

 

            Pronto surgió el interés por una participación activa de los seglares en las celebraciones litúrgicas y fruto de ello fue la formación de un grupo de personas que ayudaran a los sacerdotes a elaborar sus homilías, ampliando sus competencias en los primeros años setenta. Luego se constituiría un grupo de Liturgia que iría persistiendo desde entonces hasta la actualidad.

 

            En el Consejo Pastoral celebrado en Aguarón los días 2-3 de octubre de 1971 se analizaron las misas de niños. Surgieron porque los menores de 12 años necesitaban una misa que pudieran comprender y a la que pudieran cómodamente asistir. Se destinó para ello la de 11, a la que se prohibió la asistencia a los mayores. Se procuró hacerla más corta, con cantos especiales, predicación adecuada, etc. A los doce años, niños y niñas debían integrarse en las misas de mayores. También hay que mencionar los intentos de Misa de Juventud que se fueron realizando.

 

            Según datos de un estudio sobre la asistencia a misa en toda la diócesis, nuestra parroquia celebraba en 1982 seis misas dominicales: una a las ocho de la tarde el sábado, mientras que el domingo se celebraban por la mañana a las 10, 11, 12, 13, y a las cinco y media de la tarde, asistiendo en total más de 900 personas (cifra inferior a las 1500 de diez años antes).

 

            Al mismo tiempo resulta relevante la preocupación del Consejo Pastoral por una adecuada preparación y formación en los sacramentos, en una época en que despuntaba ya claramente el fenómeno de la secularización e incluso el ateísmo. Especialmente destacable es el interés por las condiciones en que se administraba el bautismo y el sacramento del matrimonio, así como por la formación de catequistas, padres y novios. Incluso provocó serios debates el tipo de traje a llevar por los niños de 1ª Comunión.

 

            Por otra parte, la oración estaba muy presente en la marcha de la comunidad. Los ratos de oración en Adviento y Cuaresma, los de oración comunitaria, encuentros de oración, la formación orante, las convivencias y retiros, el cuidado de los tiempos litúrgicos, proliferaron durante todos aquellos años.