CAPÍTULO
10º: EJERCICIOS Y EPÍLOGO
ENTRE REZOS
Y PLÁTICAS
En
febrero nos llevaban a los mayores, es decir, a los alumnos de 5º y 6º a
Peralta de

Cada
día nos soltaban cinco “rollos” y la jornada resultaba algo pesada, en unas
instalaciones, sobre todo nuestros dormitorios, que dejaban bastante que
desear. Además el silencio era obligatorio (¡qué tortura para chavales de 15 y
16 años!). Y la alimentación de nuestros cuerpos consistía, por ejemplo, en un
desayuno de chocolate hecho y leche en polvo, una comida del mediodía a base de
arroz, huevos en camino, carne empanada y flan, una merienda con pan y chocolate,
y una cena con verduras, tortilla francesa, cuatro olivas, galletas y pan (todo
lo cual lo he sacado de mis apuntes, naturalmente). Acudimos el domingo por la
tarde y regresamos el jueves por la mañana.
Al
año siguiente, salimos hacia Peralta un miércoles cuando atardecía. Ya no
éramos novatos en estas lides y eso se notaba. Conocíamos el terreno y la casa
ya no nos resultaba misteriosa. Nada más llegar entramos directamente en
harina: rezamos el rosario, cenamos y tuvimos una plática de preparación para
los Ejercicios. El cura que nos acompañaba era el paciente P. Bonifacio. Al día
siguiente nos levantábamos a las ocho de la mañana y la jornada fue
transcurriendo entre rollos, misa, vía crucis, etc. Lo que más me conmovió fue
este último ya que su desarrollo no se ciñó a las clásicas meditaciones
piadosas sino que tuvo muy en cuenta nuestras circunstancias y dejó espacios a
una espontaneidad que por momentos resultó vibrante y sin tapujos. También
Durante
el segundo día el cura entró en mi habitación, supongo que para vigilar, nada
menos que en seis ocasiones, y es que de vez en cuando montábamos juerga, en
especial a base de batallas de almohadas (me pegó Emilio un almohadillazo en un
ojo que por poco me lo saca) o practicamos el sistema Morse para comunicarnos
unos con otros, algo que imagino desconcertaría a nuestro vigilante escolapio.
El último día el cura sólo me visitó una vez, menos mal. A última hora hablamos
sobre los temas más importantes. Hicimos confesión general y también formulamos
propósitos e impresiones además de dar limosna, supongo que como práctica
ascética para alentarnos al desprendimiento generoso.
El
domingo tuve un ataque de sonambulismo por la noche, algo que durante mi
infancia y adolescencia me sucedía en ocasiones como aquélla en la que soñaba
que estaba subiendo por una escalera y de pronto ésta se hundió y me desperté desconcertado
ya que me había agarrado y colgado de un clavo de la pared. En mi sueño había
utilizado la cama primero y luego la mesilla como escalones, hasta que se
desmoronó. En esta ocasión, en plenos Ejercicios, me senté en la cama y me puse
a hablar y gritar como un loco. Tuvieron que acudir Mayoral y el cura a
calmarme. Superado el incidente, a las once de la mañana emprendimos el viaje
de regreso y tras parar una hora en Monzón llegamos a comer a Barbastro.
Digamos que las chicas no tenían su Peralta y sus Ejercicios eran abiertos en
la capilla de su colegio un mes más tarde que los nuestros. Se ve que
necesitaban menos apoyo espiritual que nosotros.

MUERTE,
JUICIO, INFIERNO Y GLORIA
Del
contenido de las pláticas que el cura director nos dirigía guardo memoria en un
cuadernillo verde comprado para la ocasión en la misma casa de Ejercicios y en
el que lo relato todo, hasta los menús de las comidas, como he indicado antes, incluyendo
la anotación de los signos del mencionado alfabeto Morse. En los temas que nos
desarrollaba el padre predicador, que no recuerdo quién fue, se intentaba
mostrarnos a un Dios que nos ha dado el ser y al que debemos alabar como Amo y Señor,
que quiere la felicidad de todos y que nos concede para ello los dones
necesarios. Sin embargo, todo esto quedaba sepultado por las cuestiones en las
que más se incidía, a saber, no nuestras vidas cotidianas tratando de descubrir
la presencia de Dios en ellas, no el ejemplo de Jesucristo desviviéndose por
los demás, especialmente por los más marginados, no nuestras actitudes de
respeto, solidaridad, justicia, amor mutuo, confianza en Dios, etc., sino otras
más rimbombantes y alejadas como el juicio de Dios, el pecado, la muerte, el
infierno, los ángeles caídos a causa de su orgullo, la confesión frecuente de
los pecados, la pureza y las tentaciones. Todo para conducir a unos
adolescentes de corto recorrido a pensar en situaciones límites que pudieran
estremecernos y que nos llevaran a un hipotético cambio de vida en la dirección
de ser apóstoles, dejarnos llenar de la gracia de Dios y conseguir el cielo
como recompensa.
La
idea de hacer apostolado nos debería lanzar hacia nuestros compañeros para
convertirles, siguiendo la vocación que Dios nos hubiera concedido, entre las
cuales la más perfecta era la del estado religioso al estilo fraile con sus
votos de pobreza, obediencia y castidad. La de mayor dignidad, sin embargo, era
la del sacerdocio, mientras que el matrimonio (el de hombre y mujer) también
era considerado como camino de santidad, aunque “si un varón no se siente atraído por una mujer es que algo va mal en
él y no sirve ni para el matrimonio ni para la vida religiosa”. Con todo, “puede que no sea muy prudente escoger con
toda libertad a la mujer, pues pudiera ser una simple pasión. Lo mejor es
dejarse guiar un tanto por los padres. Claro que a veces los padres se exceden
y se dejan guiar por la posición social u otras causas”. En fin, un poco de
lío paterno-filial. Que en cuestiones de amor y de pareja nadie ha podido
sacarse el doctorado.
Pero,
a decir verdad, el pecado era el tema recalcitrante, es decir, que aparecía una
y otra vez. Se trataba de una ofensa infinita a Dios que sólo la sangre
derramada por Cristo en la cruz podía limpiar. De nuevo el postulado medieval
de San Anselmo, otra vez la teología preconciliar que
incluso en pleno siglo XXI nos quieren colar, espero sin éxito, algunos
clérigos influyentes. ¿No se daban cuenta de que era imposible aguantar a un
Dios que nos lo presentaban tan sádico, tan cruel con su propio Hijo? Los
predicadores no eran conscientes de esta contradicción que ha impulsado a
muchos a abandonar la fe. Pero insistían en ello y en la posibilidad de
condenación eterna tras una muerte inevitable. “Me tengo que morir –se nos decía-, estamos condenados a muerte, mi infancia ya ha muerto, mi juventud va a
morir… Podemos morir cuando menos lo pensemos. Me moriré cuando Dios lo quiera”.
Sin embargo, “Dios quiere que no nos
condenemos y para ello hay que ser devotos de María”. A pesar de esta
voluntad divina salvadora, insistían en la condena al infierno y nos la
presentaban como terrorífica. El predicador se regodeaba en ella no
ahorrándonos detalles de lo más crudos y realistas: “Los condenados padecen y padecerán un fuego eterno que no dará luz.
Estarán en una perpetua angustia. Llorarán con desesperación. Tendrán una sed
horrible. Sufrirán indescriptibles tormentos. Estarán allí ¡SIEMPRE!”. Una
prueba más de la interpretación literalista que
confunde lo simbólico con la realidad.

“Si no acertamos con nuestra vocación
estamos perdidos”. Un medio
imprescindible, se nos indicaba, es la oración que “es la palanca que mueve al mundo. Hay que rezar poco (?) pero bien. Rezar al acostarnos y al
levantarnos”. Muy importante tener cuidado con las diversiones,
especialmente con los bailes “agarrados”: “Al
baile no se puede ir nunca pues es ocasión de pecado, en cambio los deportes
son muy necesarios”. Y es que “actualmente
las fiestas han derivado en una especie de paganismo; prácticamente no se
concibe una fiesta si no se incluyen en ella actos que son ocasión de pecado”. Lo
ideal era que nos conserváramos castos: “La
pureza no es una virtud negativa sino el baluarte del hombre perspicaz y
enérgico. Los del campo enemigo (!) han
lanzado constantes ataques contra ella, pero el que guarda la pureza tiene el
mismo valor que el mártir: el puro es el más caballero de los hombres”. Por
esta razón, “para escoger el camino del
cielo hemos de dominar nuestras pasiones y unos elementos muy eficaces para
conseguirlo son los sacramentos”. “Se cae en la tentación cuando se está ocioso
o enfermo (?). Lo mejor es estar
activo”. Y esta parrafada sexista: “Los
jóvenes son mucho más apasionados que las jóvenes. El hombre sufre más
tentaciones que la mujer”.
Sobre
todo, “tenemos una misión que cumplir y
que es mi salvación”. Y esto obedeciendo siempre a quien manda, dándole a
éste un aire sacral: “Toda autoridad representa a Dios y nosotros, al someternos a la
autoridad humana, nos sometemos al mismo Dios”. En el contexto español que
nos había tocado vivir, todo esto sonaba a una legitimación de nuestros
gobernantes franquistas y no sé si el conferenciante era consciente de ello
dado que la moral de la obediencia lo impregnaba todo. Finalmente, en ocasiones
se nos predicaba un desapego de las cosas, una indiferencia hacia ellas, que parecía
que nos dirigía la meditación un monje budista: “Podemos utilizar a las criaturas, pero para no abusar de ellas es
necesario que estemos indiferentes a todas las que estén bajo nuestra voluntad.
No debemos querer más la salud que la enfermedad, más las riquezas que la
pobreza, etc. Las que libremente se pueden usar las has de mirar con ojos
libres de amor y odio. Hemos de guardar respecto a ellas un justo equilibrio”.
En
definitiva: tres días sometidos a una presión de un signo religioso no
precisamente evangélico y que después se quedaban en nada ya que no enlazaban
con nuestra vida de adolescentes en un pueblo de diez mil habitantes, no
respondían a nuestras aspiraciones, problemas o ilusiones. Me temo que nuestros
predicadores no sabían hacerlo de otra forma e insistían año tras año en
repetir la misma fórmula definitivamente caduca. Por desgracia, cincuenta años
después la pedagogía pastoral de muchos clérigos, catequistas o profesores de
religión sigue anclada donde estaba, sin darse cuenta de que no consiste en dar
religión por darla como si por sí sola produjera el milagro sino en hacer de la
relación con Dios una experiencia positiva, ampliadora de horizontes,
gratificante, humanizadora, que redunde en beneficio de todos precisamente para
mayor gloria del Dios que sí merece la pena.
* * *
EPÍLOGO
TRAS MEDIO SIGLO A CUESTAS
Religión,
obediencia, amigos y amoríos de pequeños provincianitos, aburrimientos y ganas
de pasar el rato juntos, curas y monjas, castigos y cuadros de honor, cine y
bicicletas, sacrificios y apostolados, tunas y frontones, familiares y vecinos,
nuevas músicas y viejas costumbres, sexo y disciplina, atardeceres de tormentas
y mañanitas ocultas por las nieblas, montañas nevadas en la distancia y hojas
de otoño caídas sobre el Coso formando alfombras de medio pelo. Todo eso y
mucho más, sobre todo gentes que vivían el comienzo del despegue de un
Barbastro que empezaba a atisbar aquello del desarrollo, aunque seguían ancladas
en un franquismo que soñaba con un Caudillo eterno. “Que nos dure”, decía mi padre, recordando y temiendo que se
volviera a reproducir el caos que para la derecha supusieron los tiempos de
Hoy
Barbastro ha cambiado mucho. Ha pasado de diez mil a unos dieciséis mil
habitantes. Abundan desde el año 2000 los inmigrantes procedentes de diferentes
partes del mundo. Se ha desarrollado su industria, gracias al polígono
industrial conseguido en los años sesenta, sin perder su peso comercial que
siempre le ha caracterizado. Ha sido espectacular el desarrollo de la
producción vinícola bajo
Las
nuevas tecnologías, Internet, las redes sociales, las numerosas cadenas de TV,
nuevas emisoras de radio, los móviles, etc., han revolucionado la información e
incluso las relaciones personales y se goza de una amplia libertad de prensa,
aunque dominada por los grandes medios. La instalación de una sede de
Nuevos
hoteles (entre ellos el de mi amigo Paco que ha dado un nuevo tono a

Ya
no existe el colegio de las monjas en su emplazamiento tradicional frente a los
Escolapios, habiéndose desplazado hacia el sur, por encima del nuevo Hospital
Comarcal que tanto trabajo y manifestaciones costó conseguir (gracias a la
influencia del Opus, según murmuraron entonces los que no creían en la fuerza
de la reivindicación ciudadana). Ha cerrado sus puertas el Colegio Seminario,
obra de los años cincuenta que sustituyó al final de la carretera de Huesca al
destrozado en las contiendas de los años treinta y que espera actualmente un
cambio de función. El mismo colegio de los Escolapios, que experimentó una renovación
profunda en sus instalaciones más vetustas, va a cambiar de ubicación ya que parece
que va a ser adquirido por el Ayuntamiento para ampliar las instalaciones de
éste.
Ya
no se ven burros ni carros por las calles y los esquiladores hace tiempo que
cerraron el negocio. En cambio se han multiplicado coches y motos, bicicletas y
patines, convirtiendo cada vez más en una difícil aventura el intento de encontrar
aparcamiento. Los carteros ya no reparten más que cartas de los bancos porque
el correo electrónico los ha desplazado y abunda la publicidad en los buzones.
Ya no disfrutas con largas cartas de los amigos y te tienes que contentar con
mensajes en el móvil o breves e-mails. Han desaparecido los cuarteles militares,
los oficiales y los soldados sin graduación, así como la vieja y cansina “Burreta” que nos unía vía férrea con Selgua
con aires de tren centenario y que necesitaba, según la leyenda popular, del
apoyo y empuje de los viajeros que sumaban sus fuerzas para superar las cuestas
de
Continúa
el Obispado, desde hace unos años compartido con Monzón, ampliado con la zona
oriental de la provincia, antes de Lérida, pero con un clero dramáticamente
envejecido a consecuencia de la ausencia de vocaciones. Ya no suelen verse por
las calles las filas de seminaristas con sus becas, tampoco las sotanas ni las
tocas espectaculares de las monjas, aunque abundan las peregrinaciones del Opus
a su santuario de Torreciudad que hacen escala en
nuestra ciudad para rendir pleitesía a su san Josemaría
en la casa de
Los
chavales, adolescentes y jóvenes tienen ahora multitud de medios para su diversión,
lo cual no quiere decir que los adolescentes hayan dejado de ser indomables
aburridos. Hoy tienen animados recreativos llenos de maquinitas con luces de
colores, diversidad de discotecas, clubs deportivos, raquetas y zapatillas
deportivas de diseño, motocicletas a go-gó, videoconsolas de última generación, canchas para
practicar todo tipo de deportes, sofisticados gimnasios, posibilidades de
esquí, montañismo, viajes al extranjero. Pero tal vez se hayan vuelto más
espectadores que actores, menos creativos de lo que nosotros fuimos a causa de
la indigencia que debíamos superar para sobrevivir en aquellos años ya tan
lejanos, incluso inventándonos las reglas de juegos como el "futaj", mezcla de fútbol y ajedrez sobre un tablero,
como me recuerda Emilio.
Se
manejan como expertos por los bares, beben mucho y combinan con pastillas,
toman drogas que nosotros ni intuíamos. Apenas cuentan con algún hermano y son
pandilleros, como lo éramos nosotros, pero desbordan
la timidez de nuestros guateques y no entienden la virginidad prematrimonial,
aunque no todo el monte es orégano y han captado claramente aquello de que sin
novia no hay sexo. No tienen que recorrer el pueblo para descubrirlo ya que lo
pueden ver a cualquier hora en la pantalla de su ordenador con el Street View. No necesitan cines
porque tienen en sus casas DVD’s, aunque aún tienen
el Cortés como gran sala (con lo cual todavía pueden pasear desde éste al Coso y
viceversa), abatido el Argensola, cerrado a cal y canto el Teatro Principal (¡qué
desperdicio!) y desaparecido el Coliseo, no digamos ya del agotado cine de los
Escolapios. Llevan música a raudales gracias a sus cascos y MP3 que les dan un
aspecto de zombis cada uno a lo suyo y utilizan el You
Tube cantidad. Ya no saben francés (nosotros tampoco
sabíamos mucho) y el inglés se ha ido colando en sus vidas con mucho
papanatismo pero son conscientes de que hay que dominarlo para abrirse puertas.
Han
multiplicado sus relaciones gracias a las redes sociales (a través de Facebook y de Twitter cuentan con decenas y cientos de "amigos"),
pero la mayoría de estos contactos
supuestamente amistosos, sobre todo cuando se comunican con otros jóvenes de
todo el mundo, son más virtuales que reales. En sus casas ya no se habla de
religión ni ellos se integran fácilmente en grupos religiosos, pero les
entusiasma salir tocando el tambor en Semana Santa con túnica de cofrades
marcando el paso; evitan el compromiso prolongado, sobre todo el político,
aunque están dispuestos a compromisos puntuales y movidas ocasionales. Disponen
de más dinero del que nosotros pudimos imaginar en nuestro tiempo, pero sus
perspectivas de empleo futuro son cada vez más negras.
Terminado
el bachillerato cada cual tuvo que optar, según sus circunstancias lo
permitían, aunque muchos ya se vieron antes obligados a ello al abandonar sus
estudios por diferentes razones. Hubo incluso quienes, como Galindo y Ordín, fueron los primeros en jurar bandera un 19 de mayo
con lo cual anticipaban una juventud que empezaba a asumir tareas de adultos. Mi
opción por entrar al Seminario convulsionó a mi pandilla y mi vocación
“tardía”, ya que lo normal era ingresar a los once años, fue ampliamente
comentada. Empezaba la dispersión del grupo. Comenzaba una juventud que cada
uno íbamos a vivir abriendo nuevos horizontes. Barbastro se nos fue quedando
pequeño a los que regresábamos en vacaciones desde lejanos lugares de estudio.
Y nuestros destinos se multiplicaron: Zaragoza (Galindo, Villas, Viñuales, Laín, Nerín, Palacio), Madrid (Omeñaca,
García Cuello, Codera), Sevilla (Guardingo),
Barcelona (Escorihuela, Gilaberte,
Lavilla, Lalana, Satué, Padrós),
Gijón (Sáez), León (Leira), Teruel (Lázaro), Huesca
(Buera, Bruno, Plana, Sorribas), Salamanca (Torres), Bilbao
(Baelo), Le Mans-Francia
(Michel), Tortosa (Casanova), Castellón (Folch, Pons), Valencia (Reñé), Lérida (Bellosta, Puigdevall), Monzón (Fuentes, Poza), Binéfar
(Cardil), Tamarite (Fumanal), Laluenga (Capablo), Esplús (Marsol), Benabarre (Lleida), San Sebastián (Santolaria),
Talavera de

Hoy,
por tanto, la mayoría no residimos en Barbastro aunque mantenemos unos lazos de
amistad que ni este último medio siglo transcurrido desde entonces ha
conseguido amortiguar. Un recuerdo especial, no obstante, para todos aquéllos
que han terminado su recorrido vital experimentando la muerte con más o menos
esperanza en la resurrección: a Luis Manuel García Gómez, José Félix Buil,
Jaso Alós, Ángel Dobarro, José
Mª. Pera, Joaquín Villar y a
algún otro que seguro cuya muerte desconozco, así como a los profesores Franco,
Aniquino y los padres Comín,
Narciso, Bonifacio, Conde, Elola, Olivera, etc. Para los que aún tenemos fe, ésta ha debido ir
cambiando y ya no es la misma que la que vivimos en el colegio, sino más madura
y baqueteada, y confío en que vaya orientada en un sentido más evangélico. En
cuanto a las ideas políticas, la vida nos hizo plurales sin que ello haya
afectado a nuestra amistad. Y, en lo concerniente a la edad, entramos ya en la
jubilación, con nuestros achaques y enfermedades, pero con ganas de
reencontrarnos para revivir recuerdos y potenciar nuevas ilusiones.
El
experimentado seguidor de mi página web que ha
completado la lectura de estos recuerdos habrá constatado que existen en los mismos repeticiones de mis anteriores memorias que
comenzaban precisamente en 1963. Fui consciente de este solapamiento desde el
principio pero no quise evitarlo ya que en aquéllas el hilo director era mi
historia vocacional, mientras que en éstas el relato de mi adolescencia no ha
dependido de nada exterior a la misma.
Confío
en que la lectura haya merecido la pena, siendo muy consciente de que me he basado
en mis propias experiencias de adolescente y he desarrollado mi
adolescencia y no la de otros que, aunque parecidas, han diferido lógicamente
porque cada uno es único y ponemos el acento en nuestras propias e
intransferibles vivencias. Gracias por vuestra paciencia y benevolencia que espero
alcanzar.
Pepe Nerín Baselga
Zaragoza,
Mayo de 2011
En homenaje a Nané, amigo de toda la vida, que lleva con dignidad y valentía la terrible carga
del E.L.A.