VAYAMOS A LO ESENCIAL
Terminaba
mi último editorial sobre papanatismos y silencios eclesiales afirmando que “necesitamos afrontar directamente los graves retos
pastorales que tenemos delante de nuestras narices” y prometía una reflexión
sobre ello. Fruto de ésta son las notas que ofrezco a continuación y en las
cuales trato de simplificar, reduciendo a lo esencial la tarea que como Iglesia
Diocesana pienso que deberíamos acometer. Lo resumo en 4 grandes preguntas y en
tan sólo folio y medio para hacerlo más operativo:
1. ¿Quiénes somos? Pues una Iglesia con
toda una historia detrás, con sus elementos positivos pero también negativos, y
que siguen influyendo de forma bastante determinante, sobre todo nuestra
historia de los últimos cien años.
→
Por ello convendría realizar un informe que nos ayudara a potenciar lo positivo
que se ha ido desarrollando y a tratar de no recaer en lo negativo.
Pero no basta con conocer quiénes
hemos sido y cómo ha sido nuestra historia, sino que necesitamos situarnos en
el presente, en nuestras características actuales como Diócesis.
→
Por ello convendría realizar un estudio sociológico sobre las características
de quienes componemos actualmente
2. ¿Dónde estamos? En una sociedad del siglo XXI con unas características distintas a las de otras épocas: una sociedad donde ha aumentado la diversidad, la mezcla de gentes y culturas, el nivel de vida y de confort para muchos, la pobreza para una amplia minoría, la tecnología, la esperanza de vida, etc.; en donde se valoran aspectos que antes no se valoraban tanto; con unos problemas enormes y unas necesidades profundas que siguen ahí.
→ Por ello necesitaríamos disponer de un informe sociológico que resumiera los muchos informes actualmente existentes.
3. ¿Qué tenemos que hacer? Anunciar el Reino de Dios, igual que hacía Jesucristo.
→ Por ello habría que clarificar qué entendemos por la expresión “Reino de Dios”. Por cierto, que ofrecemos un “producto” que en buena medida no se entiende, está expresado en conceptos que necesitan “traducción”, lo cual debería llevarnos a una renovación del lenguaje y, lógicamente, a una formación actualizada en la que se nos presentara el “mensaje” en conceptos inteligibles para los hombres y mujeres de hoy.
Y hay que tener en cuenta que hay que anunciarlo a una sociedad que:
- ha dejado de ser religiosa en general y en la cual Dios ya no es un supuesto dado por descontado;
- aparentemente ya no necesita a
- pero que sigue necesitada de salvación, es decir, de liberarse de muchas ataduras y esclavitudes, de muchos problemas que acucian a la gente, y que pensamos que sigue necesitando la salvación de Jesucristo;
- y en la que conviven diversas ofertas religiosas.
4. ¿Cómo anunciar el Reino de Dios? Cuatro me parece que son las claves:
- viviendo un estilo de vida alternativo, precisamente el de Jesús, basado en el amor y en el programa de las bienaventuranzas;
→ por ello tendríamos que realizar una profunda evaluación acerca del estilo de vida que llevamos;
- viviéndolo comunitariamente, no como una manera de salvación o de piedad meramente individual;
→ por ello tendríamos que especificar las características fundamentales y concretas de una auténtica comunidad cristiana y observar si las cumplimos;
- anunciándolo como hacía Jesucristo: por medio de palabras y de obras que conecten con la vida concreta de la gente;
→ por ello tendríamos que analizar cuáles son nuestras palabras, de qué hablamos, a quién hablamos, cómo son nuestros medios de comunicación, etc., y analizar nuestras obras para ver si son, como las de Jesús, de curación y sanación-salvación de cuantos sufren necesidad, especialmente de los pobres de nuestro mundo, y realizadas gracias a nuestra ubicación en medio de ellos;
-celebrándolo juntos, dando gracias a Dios por su Espíritu que nos mueve a continuar la tarea de Jesús resucitado y presente;
→ por ello tendríamos que proceder a una renovación de nuestra oración y celebraciones sacramentales, especialmente de la eucarística, clave y fuente fundamental de nuestro ser y de nuestro obrar.
Y previamente a todo esto, sería muy conveniente realizar algunos gestos significativos para hacer creíble nuestra determinación de renovarnos evangélicamente.
Si no nos tomamos en serio esta tarea, todo lo demás serán formas de mantenernos entretenidos o lamernos nuestras heridas. Necesitamos ir a lo fundamental para poder reilusionarnos como Iglesia, algo que es fundamental para poder ser luz y sal.
Pepe Nerín
13.6.2008