¿PARA QUÉ HA
SERVIDO
EL AÑO SACERDOTAL?
El pasado jueves 27 de mayo
celebramos en el Pilar las bodas de oro y plata de un numeroso grupo de curas
de
Precisamente es esta frase la que
me resulta más ambigua y tal vez inconveniente. ¿Sin sacerdotes no hay Iglesia?
Más bien habría que decir que sin Espíritu de Jesús no la hay, que sin
comunidad pueblo de Dios tampoco o sin asamblea de fieles a Jesús que afronta
la realidad para anunciar el Reino de Dios. Destacar por encima de todo a los
sacerdotes me resulta falaz y muy jerarquicista en
sentido estrecho. Parece más bien fruto de una demagogia, que ensalza mucho
pero que luego se suele quedar en eso. Porque, ¿para qué ha servido este Año
Sacerdotal decretado por Roma y que termina a mitad de junio? ¿Ha mejorado la
situación de los curas, su autoestima, la clarificación de su situación en
Y es que pienso que un Año “sacerdotal” debería haber servido mucho más que para dar unas conferencias (por interesantes que hayan sido) y organizar peregrinaciones a Ars y a Roma. No ha habido una reflexión seria y, sobre todo, colectiva sobre la realidad de este ministerio, sobre su teología, su estilo de vida, sus alegrías, problemas y dificultades, su distribución, su papel como colaboradores de los obispos. Una vez más, igual que los políticos suelen hacer todo para el pueblo pero sin el pueblo, los obispos organizan todo para los curas pero sin los curas. Y se ha desperdiciado una buena oportunidad para reflexionar todos juntos sobre el envejecimiento del clero, la falta de repuesto, la actual importación de curas y las consecuencias que ello trae y va a traer, la no jubilación que lleva a algunos a atender parroquias más allá de los 80 años, sus ingresos económicos, los escándalos como el de la pederastia, las vocaciones, el seminario, el celibato, el sacerdocio de la mujer, la formación permanente, las vacaciones, etc. No afrontar estos problemas ha llevado a algunos, como hace Gonzalvo en su artículo, a proponer la creación de un “sindicato independiente del clero” que se dedique a afrontarlos, lo cual tiene su lógica si se piensa en la situación de “indefensión” estructural en que nos encontramos ante unos obispos que acaban por constituirse en fuentes del derecho.
De paso, no estaría mal tratar de
modificar la actual nomenclatura. No me parece que utilizar el nombre de
“sacerdotes” sea lo más adecuado ya que nos remite inevitablemente al
sacerdocio del Antiguo Testamento y a la idea de sacrificio cultual que en
todas las religiones se centra en el servicio al templo. No tenemos más
sacerdote que Jesucristo, como claramente atestigua
¡Ah!, y, por favor, si se celebra una misa con motivo de las mencionadas bodas de oro y plata, que no se tenga a los homenajeados como “floreros”, privándoles de todo protagonismo en el altar. Ni les dieron la oportunidad de decir una palabra, ni siquiera de estar en el altar durante la concelebración junto a los obispos (aunque uno en un momento dado se sumó, aprovechando su condición de canónigo que le daba más soltura para acercarse gracias a su práctica en la basílica). Y es que todos los años pasa lo mismo. Más tarde sí que les permitieron decir algo a los postres de la comida en el restaurante, en donde recibieron una aséptica placa conmemorativa, pero esto no borra ni muchísimo menos lo anterior.
Un abrazo, queridos y sacrificados curas.
Pepe Nerín
31.5.2010