A pesar de todo, balance positivo
Los Gobiernos de José
Luis Rodríguez Zapatero quedarán marcados por la crisis. No obstante, las
reformas democráticas y la implantación de nuevos derechos civiles y sociales
serán su principal y más duradero legado
IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA, El País 10/10/2011
Ley de
matrimonio homosexual, enmienda constitucional de limitación del déficit
público, retirada de las tropas de Irak, aumento sustancial del salario mínimo
y de las pensiones mínimas, ampliación del permiso de paternidad, ley de la
memoria histórica, reforma del sistema de pensiones, independencia de RTVE,
leyes antitabaco, ley del divorcio, ley de dependencia, Conferencia de
Presidentes autonómicos, eliminación y recuperación del impuesto de patrimonio,
ley de plazos del aborto, aumento sustancial de la inversión en I+D, proceso de
paz y desaparición de la actividad terrorista, ley sobre violencia de género,
0,7% de ayuda exterior, carné por puntos y disminución drástica de los muertos
en carretera, abaratamiento del despido, cheque bebé y retirada posterior del
mismo, regularización de inmigrantes, recortes a los funcionarios, ley sobre
violencia de género, reforma del sistema de financiación de las autonomías,
limitación de la publicidad institucional, ley de igualdad entre hombres y
mujeres, etcétera.
Cabe preguntarse si es posible encontrar un
hilo conductor que dé sentido a esta maraña de intervenciones. Para poder
responder, hay que recordar primero cuál era el punto de partida. En marzo de
2004, el PP perdió las elecciones por mentir sobre la autoría del peor atentado
terrorista de la historia de España. Aquello fue un intento grave de subvertir
las reglas democráticas engañando a la ciudadanía. La situación económica del
país era buena en lo económico pero mala en todo lo demás: el estilo
autoritario de Aznar había tensado al máximo las relaciones con las naciones
vasca y catalana y el apoyo a la guerra de Irak, en contra de la opinión
pública española, fue un error capital. No es entonces de extrañar que tanto el
programa electoral de 2004 como el primer discurso de investidura de Zapatero
dieran gran importancia a la política exterior, a la recuperación de las formas
democráticas y a la cuestión territorial.
La política exterior de Aznar fue rectificada
antes incluso de la primera reunión del Consejo de Ministros, con el anuncio de
la retirada de las tropas de Irak. En cuestiones de democracia y ciudadanía, el
Gobierno tomó medidas muy importantes sobre nuevos derechos civiles y sociales.
Inspirado por la filosofía del republicanismo, que introducía una perspectiva
original en los planteamientos tradicionales de la socialdemocracia, el
Gobierno impulsó un proyecto radical destinado a aumentar la autonomía de
colectivos ciudadanos especialmente vulnerables (homosexuales, dependientes,
inmigrantes sin papeles, mujeres maltratadas). En este sentido, la política
social más importante fue la ley de dependencia, si bien su desarrollo se
centró en transferencias a las familias y no en la creación de una red de
personal especializado en atención a los dependientes que hubiera generado
actividad económica y mayor tasa de actividad en el mercado de trabajo. En
política social, además, faltó un impulso decidido a la creación de guarderías
públicas, una medida más útil socialmente y más eficiente económicamente que,
por ejemplo, el cheque bebé.
En la misma línea republicanista,
Zapatero se propuso reforzar las instituciones y el Estado de derecho. Su mayor
contribución en este campo, que dejó en evidencia a todos los Gobiernos
anteriores de la democracia, fue garantizar la independencia de la televisión y
la radio públicas. Hubo, sin embargo, dos leyes, la de transparencia y la de
laicidad, que podrían haber culminado estos cambios durante la segunda
legislatura y que, debido a cálculos políticos miopes, se quedaron en un cajón.
En materia territorial, Zapatero normalizó las
relaciones con las autonomías, desactivó el Plan Ibarretxe, convocó
Relacionado con el problema territorial,
Zapatero se arriesgó enormemente con el proceso de paz. Se ha repetido una y
mil veces que el proceso fracasó, como si la solución policial, que dura ya más
de cuatro décadas, hubiera sido un éxito indiscutible. Sin embargo, hay que
reconocer que, gracias al proceso, el PSE fue recompensado en las urnas y hubo,
por primera vez, un lehendakari no
nacionalista: la ciudadanía vasca valoró positivamente la iniciativa del Gobierno
y entendió que fue ETA quien frustró las expectativas. En este sentido, el
elemento crucial que decantó la decisión de los de Otegui
de poner distancia con ETA fue el veto de los terroristas al acuerdo de Loyola
alcanzado entre el PSE, el PNV y Batasuna. El proceso, por lo demás, no sirvió
a los terroristas para reorganizarse.
Curiosamente, los resultados menos brillantes
se produjeron en el ámbito económico, que era la mejor herencia del Gobierno de
Aznar. Solbes puso el piloto automático y se dejó
arrastrar por la inercia del boom. No solo se desatendió la reforma
fiscal, sino que el Gobierno ni siquiera se atrevió a retirar las deducciones
por compra de vivienda. Aquí no hubo propuestas audaces. El PSOE, completamente
ciego, basó buena parte de su programa electoral de 2008 en la expectativa del
pleno empleo, cuando era entonces evidente no que vendría una gran recesión,
pero sí que se complicaría el panorama económico mundial. En estas llegó la
crisis y pilló a Zapatero con el paso cambiado. Su reticencia a reconocer la
crisis y la refutación sistemática de sus vaticinios optimistas fueron el
comienzo de una pérdida irreversible de sintonía con la opinión pública.
España, con todo, fue uno de los países
europeos que mayor esfuerzo realizó en políticas anticíclicas en 2009. Pero en
2010 llegó la crisis de la deuda en el área euro y Europa forzó un cambio
radical de rumbo. Resulta ilusorio pensar que cualquier otro Gobierno pudiera
haber evitado el ajuste que se le impuso a España en mayo de 2010. No obstante,
la respuesta sí podía haber sido más equilibrada, pues el Gobierno se negó en
rotundo a tomar medidas para que las grandes fortunas y las grandes empresas
contribuyeran al sacrificio colectivo. Zapatero se metió a continuación en una
reforma urgente de las pensiones, a pesar de que no tenía ninguna relación con
la crisis, y abarató el despido en contra de lo que él mismo había estado
manteniendo hasta unas pocas semanas antes. Pero sin duda la medida más extraña
y de más difícil justificación para un Gobierno socialdemócrata ha sido la
limitación constitucional del déficit, una medida destinada a paliar una
situación coyuntural que ata arbitrariamente las manos del Ejecutivo en el
futuro. Dicho esto, debe reconocerse que, a pesar de todas las críticas que
puedan hacerse, España ha logrado, por el momento, evitar la intervención que
Grecia, Irlanda y Portugal han sufrido, lo que no es poco.
¿Cómo se valorarán estas dos legislaturas en
el futuro? El balance quedará marcado por la crisis, que truncó el proyecto
político del Gobierno. En la parte no económica se acabará valorando la
importancia que tuvo el proceso de paz en el fin de ETA y se reconocerá el
éxito del Gobierno en este campo tanto durante como después del proceso.
Quedará para la historia de la infamia la acusación de Rajoy a Zapatero de
"traicionar a los muertos". Pero a mi juicio, el principal legado, y
también el más duradero, de los Gobiernos de Zapatero consistirá en las
reformas democráticas y en la implantación de los nuevos derechos civiles y
sociales, que han hecho de España un país menos áspero y más decente.