A PROPÓSITO DE
El
reciente viaje del Papa a Santiago y Barcelona ha provocado una serie de
reacciones que no pueden dejarnos indiferentes a cuantos nos declaramos
católicos en esta España de nuestros amores. Un viaje preparado al detalle por
los organizadores del mismo y que provocó polémicas antes de realizarse, las
cuales se centraron fundamentalmente a propósito de los gastos que iba a
suponer, especialmente para el común de los ciudadanos a través de las ayudas
públicas al mismo, y también disquisiciones acerca del número de personas que
iban a acudir a los diferentes actos o que simplemente iba a atraer a las
citadas poblaciones (expectativas que luego en realidad hubo que revisar a la
baja) lo cual redundaría en beneficios producidos por la propaganda turística
que ello acarrearía. El secretario de
Y
llegó el Papa. Pero antes de descender del avión, hizo unas penosas
declaraciones comparando el clima de laicismo actual, propiciado por el
Gobierno socialista, con el que existía en los años 30, años de
A
lo largo de estos dos días hemos podido ver a Benito XVI en los aeropuertos,
celebraciones litúrgicas y recorridos callejeros en el llamado “papamóvil” (a
excesiva velocidad, no sé si por motivos de seguridad o para cumplir con la
puntualidad germana, que impidió que los ciudadanos de la calle pudieran verlo
adecuadamente); se han escrito numerosos artículos sobre el mismo en los
diversos medios de comunicación, su figura y actuación han estado presentes en
numerosas tertulias televisivas, en cantidad de aportaciones de ciudadanos en
Internet, tanto a favor como en contra del mismo, y se ha ido debatiendo en
“caliente” el papel de
Tras
la visita, los dirigentes de los organismos oficiales, tanto civiles como
eclesiales, han difundido la idea de que la visita papal ha sido un éxito. Da
la impresión de que cada cual ha arrimado un tanto el ascua a su sardina. Así,
por ejemplo, los dirigentes catalanes han destacado la importancia de que el
Papa haya usado el idioma catalán en determinados momentos dándole de esta
forma una amplia difusión y dimensión internacional, lo cual ha aumentado su
autoestima y subrayado el carácter peculiar de Cataluña (algo que curiosamente
no ha sido destacado en Galicia), mientras que los restantes obispos españoles
se han felicitado por la claridad de su doctrina e incluso algunos
especialmente por su condena del laicismo, como ya hemos señalado
anteriormente. Se ha criticado desde diversos ámbitos más conservadores la
ausencia del Presidente del Gobierno en la eucaristía de
Pero no todos opinamos lo mismo y muchos, tanto entre los creyentes católicos como entre los que no lo son, nos hemos colocado en postura crítica no sólo ante el estilo de visita papal sino también ante muchos otros aspectos concomitantes. De ahí que me permita exponer humilde pero firmemente algunas consideraciones que he ido sacando:
- No estoy de acuerdo con este tipo de viajes ni con la parafernalia que le acompaña. Ya lo he expuesto en anteriores editoriales. A estas alturas, y tras los numerosos viajes al extranjero de los Papas, iniciados con Pablo VI, no es evangélico un viaje del obispo de Roma como Jefe de Estado, lo cual supone presentarlo como un actor poderoso en el panorama internacional y obliga a seguir un protocolo de visita oficial que moviliza a Reyes, Príncipes y Gobierno del país que lo recibe. Y eso aunque la visita se califique como “pastoral”. Por otra parte, sería considerado totalmente incorrecto y provocaría tensión e incidentes diplomáticos el hecho de que un Jefe de Estado extranjero expusiera en su visita numerosas críticas a diversos aspectos del país visitado (crítica a su laicismo cultural, a varias de sus leyes, etc.), algo que al Papa se le consiente sin que el Gobierno sea capaz de reaccionar y exponer su malestar.
- Me disgusta que traigan al Papa como a una atracción de multitudes, como a una superestrella del espectáculo. Lo cual provoca que se convoque a la gente para verle, para escucharle y para aplaudirle. Cuando uno viaja a otro país lo primero que hace es observar, admirar, escuchar, tomar buena nota (o fotografías), procurar salirse de los itinerarios trillados para descubrir nuevos aspectos menos publicitados, etc. Bueno pues resulta que el Papa hace (o le hacen hacer) lo contrario: no observa sino que es observado, no escucha sino que hay que escucharle a él, se deja llevar por los sitios oficiales sin manifestar su interés por ver otras realidades, etc. De esta forma, al no mezclarse con la población no puede animar a los creyentes porque sus palabras no están encarnadas en la realidad sino que son pronunciadas desde lo “alto”.
- No me gusta nada que el asiento del Papa se convierta en un trono, lo mismo en las ceremonias oficiales que especialmente en las celebraciones litúrgicas. ¿Por qué esta consideración monárquica y por encima de los demás en las concelebraciones con sus hermanos obispos y sacerdotes en lugar de situarse humildemente junto a ellos como el servidor de todos? Lo que hemos visto es de un culto a su personalidad totalmente aberrante.
- No me gustan detalles estéticos como sus muy visibles y carísimos zapatos rojos de la marca Prada. A diferencia de sus predecesores, B16 nos sorprende con sus gustos refinados y no sólo en los zapatos, lo cual no es precisamente un indicador de gusto por la pobreza evangélica.
- Me preocupan profundamente las informaciones acerca del interés preferencial del Vaticano hacia España como ejemplo para toda Iberoamérica en donde se concentran más de la mitad de los católicos de todo el mundo. ¿Significa eso que todavía se va a aumentar el control sobre nuestra Iglesia española para impedir el menor atisbo de supuesta heterodoxia y, al mismo tiempo, para actualizar su condición histórica de martillo de herejes, todo ello desde unos parámetros muy conservadores, dando ejemplo desde aquí al mundo de inflexible “ortodoxia”?
- Me indignó, como a tantos otros, la escena de las monjas fregando el altar mientras eran observadas, cómodamente sentados en sus asientos, por los varones cardenales, obispos y curas allí presentes. El machismo eclesiástico quedó manifiesto ante las cámaras de TV de todo el mundo, y no sólo por este penoso detalle sino por la inaguantable ausencia de mujeres entre los revestidos para la concelebración. Un mar de hombres dominando una multitud de “fieles” entre las que predominaban las mujeres, cuyo puesto, en palabras del Papa, parece que deba estar más en el hogar que en el presbiterio.
Y es que el
personal de este ya entrado siglo XXI ya no traga cualquier cosa que se le
presente. La sociedad española (y, por supuesto la mundial) ha ido avanzando en
su autonomía secular, ha ido profundizando en los derechos humanos y no soporta
este tipo de organización con estamentos jerarquizados que domina y ha dominado
desde hace siglos la estructura eclesial. No acepta que nadie se presente como
portavoz de una supuesta moral superior a la que todos deben someterse. No soporta
la discriminación de la mujer, y en
Aunque haya
quienes consideran que hay actualmente una campaña contra
Cada vez son
más evidentes las contradicciones entre tantas formas y estilos eclesiásticos
con el espíritu del Evangelio de Jesucristo. Y esto, señores míos, constituye
un gran escándalo y destruye su credibilidad ante cada vez mayor número de
personas que han ido acabando por considerar que lo de
Otro estilo de
viajes papales, o, ¿por qué no?, "mamales", es posible y necesario, como vengo indicando desde hace tiempo.
Nos gusta que Pedro venga a visitarnos, pero del modo humilde y dialogante como
lo hacía su predecesor en los comienzos del Cristianismo, reconociendo al mismo
tiempo el pluralismo bueno, inevitable y necesario que se da entre los
creyentes. Pero para ello es imprescindible que cambie el actual estilo papal y
toda la parafernalia que lo acompaña, todos los intereses y ambiciones, toda la
podredumbre que el mismo B16 ha denunciado en ocasiones en el interior de
Pepe Nerín
12.11.2010