BANQUEROS Y ECLESIÁSTICOS
El pasado sábado 19 de enero se producían dos noticias de ámbito eclesial aunque de muy desigual importancia y contradictorias entre sí. La primera se originaba en Roma: a la segunda votación era elegido el nuevo “líder” de los jesuitas, hombre abierto a promover nuevas vías de encarnación entre la gente en orden a una evangelización más a tono con los tiempos que vivimos. Una buena noticia entre un aluvión de otras que nos llenan de confusión cuando no de desesperanza.
La
segunda noticia nos atañía más directamente ya que se localizaba en la basílica
del Pilar de Zaragoza y tenía como protagonistas al banquero Botín, al
arzobispo y al deán de
Más
explícito y polémico resulta el encabezamiento del Periódico de Aragón, diario
que le dedica casi una página, la 27: “Ahora
Algún compañero me ha llamado movido por una “santa” indignación. El hecho había tenido lugar cuando el sol intentaba amanecer, hacia las siete y media de la mañana, mientras la mayor parte de los zaragozanos todavía dormía aprovechando el sábado, a diferencia de los banqueros que, como se sabe, no descansan en pro de su interés. Nada menos que 2.000 directivos acompañaron al presidente de su entidad y fueron despedidos a la puerta del templo por el mismísimo arzobispo que momentos antes se había encargado de la bendición del manto.
Así
pues, unos jesuitas que buscan caminos nuevos para evangelizar a los pobres,
como invita el Evangelio, y unos ricos banqueros que ocupan el templo, reciben
bendiciones de las máximas autoridades eclesiásticas y fuerzan a
Desgraciadamente
una vez más se cumple aquello de que el dinero abre todas las puertas y que
ante el poderoso nos inclinamos. Da la impresión de que los banqueros no
respetan ni a uno de los máximos símbolos (
Ya sé que hay que salvar la buena intención de nuestros dirigentes eclesiásticos, pero ¿no han calculado éstos el efecto devastador de unas fotografías de las que muchos deducirán lo bien que parecen sentirse nuestros próceres entre los poderosos de este mundo, fotografiándose con ellos como si de dos instancias de poder se tratara? Los han visto con trajes de gala para recibir a los ricos y supondrán lo mucho que gusta a nuestras autoridades que los poderosos parezcan ser piadosos devotos, sin tener en cuenta que los beneficios de los bancos aumentan escandalosamente cada año por lo menos un 25 %, aireándolos impúdicamente, mientras el resto de los mortales tenemos que aguantarnos con resignación cristiana a reducidos aumentos salariales cuando no recortes. Habrá quien piense que con gestos así y con las propinas recibidas se pierde libertad evangélica para poner a cada uno en su sitio, denunciar los abusos y colocarse con credibilidad del lado de los pobres, que es nuestro lugar más adecuado.
Comprendo
que todos necesitamos recursos económicos para vivir y que
A pesar de haber conseguido recientemente que nuestros gobernantes nos asignen un porcentaje de los dineros públicos recaudados en función de que los ciudadanos nos marquen con una cruz, no creo que ésta sea una vía de futuro adecuada. Tampoco es conveniente apoyarnos en donativos de gente poderosa, la cual siempre sabe cobrarte con creces lo que con una mano parece regalarte. Ni se trata de competir en el mercado y mediante publicidad televisiva para que se nos ayude por lo buenos que somos y por los beneficios sociales que aportamos.
No se trata tampoco de hacer públicas nuestras cuentas, aunque no todas, si esas cuentas no han sido aprobadas tras un debate con una amplia participación sino confeccionadas por un reducido número de personas que no rinden cuentas al conjunto de la comunidad cristiana. No se trata de gastar dinero en más y más templos, sin saber siquiera si van a ser llenados en el futuro. Se trata de hacer viable en estos tiempos el consejo evangélico de dar nuestro dinero a los pobres y seguir a Jesús.
¿Qué consecuencias tiene este evangelio respecto a las numerosas propiedades eclesiales? ¿Deberíamos dejar de recibir dinero de los poderosos para no encontrarnos con las manos atadas? ¿Deberíamos crear fondos de solidaridad con los pobres y potenciar la labor promocional de éstos, en lugar de buscar fondos rentables en Bolsa? ¿Deberíamos controlar más de cerca el trabajo que los “expertos” realizan con el dinero de todos? ¿Deberíamos establecer prioridades pastorales, siempre en dirección a los pobres, y cubrirlas económicamente como se merecen? ¿Deberíamos acabar con la hipoteca del sueldo de los curas, que se lleva la mayor parte del presupuesto, y trabajar civilmente éstos como cada hijo de vecino, renunciando a la paga que nos proporciona el Estado? ¿Debería preocuparnos mucho más quedar bien con los pobres que no con los ricos?
Muchas preguntas y más que se pueden hacer. Ya no sé siquiera si somos o no una Diócesis rica, pero lo tremendo es que parecemos serlo dadas las amistades que tenemos y la ubicación y poderío de muchos de nuestros edificios. No es de extrañar que el común de los mortales descubra la gran contradicción con el Jesús pobre y con su mensaje de fraternidad y solidaridad.
Pepe Nerín
21.1.2008