BEGOÑA, UNA EXPERIENCIA DE GRACIA
Jesús Domínguez, párroco de
Temor
y temblor siento cuando trato de poner en palabra escrita estos diez años.
Estoy convencido de que fue un auténtico retazo de historia de salvación lo que
estos años vivimos, llenos de ilusión y pasión, buscando en cada momento los
planes que Dios tenía para nosotros, poniendo amor en todo lo que emprendíamos,
viviendo con espontaneidad y sencillez la dinámica de encarnación, muerte y
resurrección, siempre con una mirada lúcida de la realidad que nos rodeaba.
Años en los que los desafíos que nos venían del entorno eran para nosotros
llamadas del mismo Dios que nos invitaba a salir y sembrar evangelio en el
barrio.
Viví
las experiencias que a uno le hacen madurar como persona: saberte acogido,
querido y reconocido, con tus virtudes y defectos; poder realizar el ideal de
sacerdote que desde el seminario te habías propuesto, así como consolidar la
pequeña utopía de parroquia que habías estudiado y soñado; verte tiernamente
acompañado en los duros momentos de la enfermedad y muerte de tu madre y de tus
dos hermanos o en todo el proceso de cumplir ese deseo de tener una casa de
pueblo, en concreto en Puendeluna. Mi capacidad y
necesidad afectiva se vio colmada, no necesitando nada más para ser feliz ni
para la realización personal.
Siempre
nuevas metas, nuevos desafíos, lo imposible se hacía posible porque, junto a la
ayuda permanente de
Como
gracia de Dios quiero recordar los pilares de la vida de la parroquia:
1) El espíritu comunitario,
mantenido con mediaciones como el equipo de animación comunitaria, la comida de
los miércoles, los encuentros comunitarios de cada mes, la fiesta de
2) El espíritu participativo y corresponsable, con sus consejos y asambleas
parroquiales, la comisión permanente, las de evangelización, acción social,
pastoral obrera y participación en plataformas ciudadanas, las juntas directivas
de las obras sociales, el despacho, las gestiones administrativas. El cénit de
esta participación fue el diseño y aprobación del Plan de Pastoral de la
parroquia.
3) La dimensión evangelizadora,
partiendo siempre de la realidad a la hora de discernir los planes de Dios para
la parroquia; la voluntad de acogida ofreciendo lo que disponíamos así como la
voluntad de trabajar conjuntamente en todo lo que supusiera mejorar el barrio;
la presencia en colegios, AA.VV, Consejos de Salud,
APAS, manifestaciones, ONG, mundo obrero; la oferta de procesos catecumenales para adultos y la celebración de los
sacramentos, tratando de cuidar la cercanía a los alejados; la abundancia de
grupos de jóvenes y niños.
4) La dimensión celebrativa
y contemplativa, con celebraciones vivas y alegres, participativas, bien
preparadas, cercanas a la vida, resaltando las misas con niños y las de doce,
sus folletos, dinámicas y símbolos. Recordar los talleres de oración, las
oraciones de los martes, los retiros, las oraciones de los encuentros
comunitarios, las pequeñas plegarias antes de cada reunión.
5) La dimensión samaritana, con las
grandes obras sociales para dar respuesta a las necesidades más importantes del
barrio en esos momentos. Junto a ello la importancia de Cáritas,
6) El entronque con el barrio,
manifestado en la gran presencia de feligreses, incluido el párroco, en la vida
y actividades de
7) La formación para que los
cristianos de Begoña pudieran dar razón de su esperanza: los equipos de
revisión de vida, los diversos catecumenados, los talleres de oración, las
charlas y convivencias, el equipo de Tercera Juventud.
8) La coordinación de vicaría y
diocesana, participando activamente en todas las actividades conjuntas,
muchas de las cuales se realizaban en nuestras instalaciones.
Sólo
me queda deciros que “siempre que me acuerdo de vosotros doy gracias a Dios.
Cuando ruego por vosotros lo hago con alegría” (Flp
1,3-4).■