BIEN LEIDOS

 

Solicitado por el semanario barbastrense “El Cruzado Aragonés” y publicado en el mismo el 26 de febrero de 2011 en una sección en la que preguntan a diversos personajes sobre sus experiencias en la lectura.

 

Pienso que mi familia fue la que me infundió el gusto por la lectura. En casa había bastantes libros y no se quedaban quietos. El hecho de no haber tenido hermanos (aunque sí hermanas) pudo también influir ya que en mi domicilio no tenía con quién jugar y o bien me inventaba algunos solitarios con todo tipo de materiales o bien me refugiaba en la lectura.

 

Me gusta la novela y especialmente aquélla que relata momentos en los que los personajes tienen que vérselas con situaciones insospechadas que les hacen reflexionar profundamente sobre el sentido de sus vidas. Dada mi actual situación de enfermo de cáncer que me ha obligado a pasar mucho tiempo en mi vivienda, estoy teniendo la ocasión de leer bastante, especialmente novela contemporánea tanto española como extranjera (Benedetti, Banffy, Wolf, Auster, Lahiri, Muñoz Molina, Marías, Salinger, Martín Garzo, Némirovsky, Lee, Márai, Houellebecq...). Con todo, mi mayor dedicación ha sido al ensayo, tanto en el campo de la teología como en el de la sociología. Y también he leído bastante literatura peruana (Vargas Llosa, Bryce Echenique, Jaime Bayly, Ricardo Palma…) gracias a mis relaciones con peruanos, además de literatura europea del siglo XIX.

 

Como anécdotas, que no como claves determinantes, puedo contar que de chaval leí como unas 14 veces un libro de la Enciclopedia Pulga titulado “Los caballeros de la mesa redonda” en la que se narraban las andanzas del rey Arturo, Lanzarote y la reina Genoveva. Casi llegué a sabérmelo de memoria. Al mismo tiempo me entretenía con las aventuras del Capitán Trueno (que compraba cada semana a peseta y media en la librería Moisés), los libros de Enid Blyton (con las aventuras de los cinco), así como vidas de santos, especialmente la de mi preferido S. Felipe Neri (por su sentido del humor), y las novelas ilustradas de Bruguera. Tal vez esto ayude a comprender un cierto afán aventurero y de asumir riesgos en la vida, algo que en parte me caracteriza. De adolescente, con 14 años, me zampé durante un verano cantidad de novelas policíacas de Agatha Christie, apasionándome por descubrir el misterio que se escondía en cada una de ellas, algo que puede relacionarse con mis trabajos de investigación que más tarde he ido realizando. Durante mis estudios en el Seminario de Barbastro devoré cuantas obras de teatro localicé en su biblioteca, y no eran pocas, participando en actividades teatrales como actor e incluso guionista llegando a dirigir alguna en años posteriores, lo cual creo que me sirvió para superar timideces, adquirir un sentido escénico y una comunicación directa con personas y grupos. Con veintipocos años traté durante unas navidades en Suiza de escribir yo mismo una novela, pero me salió algo surrealista y acabé por abandonarla; ahora utilizaría también ese calificativo para describir muchas situaciones que me ha tocado vivir, sobre todo en nuestra querida Iglesia.

 

Reconozco que la lectura me ha ayudado mucho a escribir, tanto libros de investigación sociológica como incluso a hacer mis pinitos literarios que me llevaron a obtener en 1968 el primer premio de poesía de la primera Semana Cultural de Barbastro. He fundado y participado en bastantes revistas, de ámbito reducido, pero a cuya redacción me entregaba con pasión y lo sigo haciendo. Desde hace diez años mantengo activa y constantemente actualizada mi propia página web (www.pepenerin.net ) en la que, entre otras cosas, me he recreado en contar mis memorias, redactar una historia de mi familia, además de obligarme a escribir cada semana un editorial sobre temas de actualidad, especialmente eclesial. Esto no sería posible si la práctica de la lectura no me hubiera llevado a amar profundamente la escritura y a practicarla permanentemente como un signo de vitalidad nunca encadenada. Por eso recomiendo vivamente esta práctica.

 

Pepe Nerín Baselga, natural de Barbastro, sacerdote y sociólogo residente en Zaragoza desde hace 32 años. Párroco de Madre de Dios de Begoña en el barrio de Delicias y profesor de Sociología y Sociología de la Religión en el CRETA (Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón).