Botellones y
botellazos
El
reciente botellón de Pozuelo de Alarcón ha disparado todas las alarmas
sociales. El espectáculo, triste y bochornoso, de 17 agentes intentando
controlar a 4.000 personas acabó como el rosario de la aurora. De pronto hubo
agresiones, destrozos, incendios y un caos de violencia y calimocho.
El
botellón se convirtió en botellazo y los policías tuvieron que salir por patas
porque la ley y el orden la impusieron los mozos (dicen que no todos) que
andaban animados por los tragos que, a esas alturas de la noche, se habían
metido entre pecho y espalda.
Pertenezco
a una generación que aprendió a correr delante de la policía cuando en las
manifestaciones los grises de aquel entonces repartían mandobles aquí y allá
provocando la ira general y dándonos a los jóvenes de aquellos años argumentos
sobrados para protestar en las calles contra la dictadura, la burguesía y el sursumcorda. La calle se convirtió para nosotros en el
espacio de reivindicación, de lucha, de contestación y de carreras policiales
que nosotros nos empecinábamos en correr, como si de un encierro se tratara,
aun con riesgo de que nos rompieran la cara o, como fue mi caso, las gafas. Quise
luego denunciar al policía que me las rompió pero mis familiares, armados de
prudencia y paciencia, me dijeron que si me había vuelto tonto o si la
revolución de marras me había trastornado.
Por
eso comprenderán que no acabe de entender que a los policías les quemen los
coches y les persiga una masa de adolescentes furiosos sedientos de experiencias
fuertes que, alimentados por los chupitos, buscan
nuevas sensaciones nocturnas antes de irse a casita.
Me
da pena, créanme, porque pienso que los jóvenes son buena gente y que este
permisivismo tontorrón que se ha instalado en nuestra sociedad acaba por
embrutecer a los chavales y hacer que no distingan lo que está bien de lo que
está mal.
Y
es que creo que esa degeneración del botellón en botellazo es el reflejo de
unos adultos que no acabamos de creer que los límites son necesarios para
aprender a ser libres y que la educación es un complejo ejercicio que siempre
hay que cuidar apoyando a sus profesionales.
El
escándalo de Pozuelo no ha sido sólo el de la violencia de la noche, sino el
saber que los chavales detenidos eran de buenas familias. Ya ven, en un país
acostumbrado tristemente a culpar a los inmigrantes o a los pobres de todo lo
malo, las criaturas de Pozuelo que tomaron la calle golpeando, incendiando y
destruyendo no eran ni fanáticos nacionalistas, ni marginados sociales ni
desarraigados extranjeros..., eran chavales de familias normalizadas. Los
chavales de Pozuelo nos han dejado con las vergüenzas al aire; nos han
demostrado que hay ago que no hacemos bien y que los malos no tienen que ser
siempre los marginales excluidos, sino que pueden serlo también los consentidos
en todo y los premiados por lo que no se merecen..., aunque sean de familias
acomodadas. Leí las declaraciones del padre de un detenido que se quejaba porque
consideraba desproporcionada la sanción aplicada a estos chavales, castigados
por las autoridades a no ir de fiesta en tres meses. Entendí perfectamente que
su hijito pudiera tomar un trago de más y convertirse en un canalla. Pobre
angelito…, tres meses sin fiesta le decía papá.
Algo
nos pasa. Nos encontramos en una sociedad que, de pronto, ha barrido todos los
límites. Da la sensación de que todo está bien. Nadie puede pararle los pies a
nadie porque parece que eso daña la libertad. Nos hemos cargado tantas cosas
que hasta los valores humanos se nos van a hacer puñetas.
Todo da igual.
De
todo esto se habla ahora, cuando también se habla del funcionario de un
Ayuntamiento próximo, que ha salido indemne después de que le detuvieran por
plantar 63 plantas de marihuana en dependencias del Ayuntamiento. Las plantas
estaban colocadas en unos armarios preparados para ello, alumbradas con cuatro
grandes focos y con un extractor instalado. Lo sorprendente es que tanto el
fiscal como el propio Ayuntamiento pidieron al juez que la causa fuera
sobreseída. Y así ha sido.
También
se habla de Pozuelo cuando se comenta que alcaldesas trepas, que salen de la
trena después de haberse embolsado una pasta gansa abusando de su cargo, son
recibidas por algunos ciudadanos en una macrofiesta
preciosa.
Y
se habla de Pozuelo a la vez que se habla también de que en nuestra
tierra políticos de pro favorecen que el Proyecto Gran Scala se instale entre nosotros para que podamos jugarnos
el dinero en un sinfín de casinos.
Tal
vez cultivar marihuana en un Ayuntamiento, fomentar el juego desde la política
y dar pelotazos desde
JOSAN MONTULL
12.9.2009