CAMBIAR NUESTRA IDEA DE DIOS

 

            Éste ha sido un semestre de arrancada rápida y descenso suave y largo hasta el verano. Acabábamos de celebrar la Navidad y, nada más comenzar febrero, se nos echó la Cuaresma y la Pascua encima. Pero luego nos ha dado tiempo a saborear un tiempo pascual repleto de domingos de especial significado a lo largo de los cuales hemos saboreado la acción salvadora de Dios en la historia de la humanidad y en la de cada uno de nosotros.

 

            No es de extrañar, por tanto, que las “chicas” del Equipo A, nuestras veteranas, optaran por hacernos reflexionar en el último Encuentro Comunitario nada menos que sobre Dios, teniendo en cuenta, además, que se han dedicado este curso a profundizar en un libro que intenta desmontar tantas falsas imágenes de lo divino.

 

            Como dice el autor de este libro, J. M. Mardones, los creyentes tenemos imágenes idólatras de Dios. Adoramos en nuestra mente y en nuestro corazón representaciones más que torcidas, malsanas, de Dios. Éste se convierte así en un ídolo de miedo, temor, sumisión, coacción, represión. Un Dios más digno de rechazo que de aceptación. Este dios es una carga.

 

            Hay que cambiar nuestras imágenes de Dios, hay que sanarlas. Tener malas imágenes de Dios es una patología, enferma a la persona y al grupo. Tras nuestras imágenes de Dios se juega la aceptación o no de Dios por otros. En el mundo que se avecina, dice el autor, la cuestión central  religiosa no será si se cree o no en Dios, sino en qué Dios se cree.

 

            No es fácil cambiar nuestras representaciones de Dios ya que están vinculadas a una forma de entender la realidad y la vida. Proponer un cambio de imagen de Dios no es lo mismo que cambiarse de camisa. Normalmente tenemos en la cabeza una idea, muy extendida, de que Dios es el omni-todo: el omnipotente, el omnisciente… y lo relacionamos con el Poder, el Ser, la Fuerza, etc. Para los cristianos, sin embargo, hablar de Dios es hacerlo del Dios de Jesucristo, y éste está ligado al abajamiento, la limitación e impotencia, la vulnerabilidad y el sufrimiento, la pobreza, la oferta que no se impone, la compasión y el perdón. Como parroquia de Begoña tenemos que volver a colocar en nuestra mente y corazón la imagen escandalosa del Dios de Jesús.