CAMPAMENTOS

 

Merche Sanz

 

La aventura del campamento para la comunidad parroquial se inició en el verano de 1980. Algunos jóvenes de la parroquia no teníamos planes de verano y Antonio Mas, responsable de Pastoral Juvenil, y Margarita Osés, que también trabajaba en ello, decidieron responsabilizarse junto con Gonzalo y Clara, dos jóvenes fichados para la animación juvenil, y llevarnos a siete adolescentes a pasar una semana al Valle de Gistaín. Iniciamos una experiencia que a algunos nos cambió la forma de ver la vida y nos aportó vivencias que quisimos luego prolongar y extender. Los dos años siguientes el campamento se convirtió en una vivencia más de la Pastoral Juvenil. Fue creciendo en número de días y grupo de gente joven: en Hecho fuimos 22 y en La Sarra (Sallent) 40. La montaña seguía siendo la actividad principal pero ya había que ir organizándose para que todo funcionase.

 

En el verano de 1983, tras muchas discusiones, decidimos que fuera un campamento de cariz cristiano pero tolerante y abierto a la realidad de todos los que quisiéramos asistir y se abriría al resto de la Comunidad. Pese a todo, siguió siendo fundamentalmente juvenil porque sólo unos pocos adultos se incorporaron. Obarra fue el lugar donde se vivió también en vacaciones el espíritu comunitario. La actividad del campamento también cambió. La montaña seguía siendo fundamental, pero también lo era la oración y la convivencia en un marco (los monasterios románicos) ideal para lo que allí se quería vivir.

 

El campamento definitivamente se convirtió ya en una vivencia comunitaria. De los años 84 a 86 fuimos a Broto y se incrementó su carácter familiar: niños, jóvenes, adultos e incluso ancianos compartíamos quince días de vacaciones y aumentaban las actividades propuestas. Del 87 al 89 volvimos al monte puro y duro, a la tienda de campaña y la falta de comodidades. El campamento ya no era vivencia de quince días sino de todo el año. Los años 90 y 91 volvimos de nuevo a una casa puesto que cada vez venía más gente mayor. De nuevo estuvimos en Obarra y en Palo. El último año, en 1992, como si fuese una premonición, volvimos cerca de donde todo había empezado, en Virgen Blanca, al otro lado del río frente al Monte San Juan donde estuvimos el primer año y allí se decidió acabar con la experiencia.

 

Hace dos años, con motivo del treinta aniversario del primer campamento, decidimos recuperar algo del espíritu que allí vivimos. Son dos las ocasiones en las que nos hemos juntado un fin de semana los que hemos querido o podido y hemos tenido muy presentes a los que ya no están con nosotros. Continuaremos.