CANSADOS DE JESUCRISTO
Caminábamos por la calle Delicias cuando una parroquiana, catequista en su colegio, me apuntó el hecho de que los chavales actualmente te dicen a las claras que están “cansados de Jesucristo”, es decir, que se los han explicado tantas veces a lo largo de los diferentes cursos que para ellos no resulta ninguna novedad sino más bien algo sabido y requetesabido. Coincide con la opinión de un chico de mi parroquia al que hace años, tras su proceso de Confirmación, le invité a formar parte de un grupo. “Me parece bien”, me dijo, “pero que no sea para hablar de Jesús sino de otras cosas”. Terrible, pensé entonces y sigo pensando ahora ante lo que me informa la catequista.
¿Cómo mostramos a Jesús?, ¿cómo
lo “enseñamos”? Porque es verdad que la tal enseñanza comienza “oficialmente”
con la preparación a la primera comunión, si bien antes los abuelos
(actualmente más que los padres) han podido contarles algo, enseñarles algunas
oraciones, regalarles algún librito o estampa… Sigue luego en la fase de
poscomunión (si es que hay algo de eso en las parroquias), se intensifica en la
preparación para
Una primera consideración que se me ocurre es que no es suficiente tener algo institucionalizado (catequesis parroquial, clases de religión) para tener asegurado el éxito, es decir, para que los catequizados profundicen en el personaje de Jesús, su vida y su mensaje. A veces da la impresión de que a los obispos les interesa por encima de todo mantener la enseñanza de la religión en los colegios como parte del curriculum escolar, pensando que por sí sola ya produce efectos positivos. Pero todos hemos oído el apelativo de “fábrica de ateos” aplicado a algún cura o profesor de esta asignatura. Si recuerdo mis años de bachillerato, lo normal era que el fraile encargado de esta asignatura fuera con frecuencia el menos pedagogo de todos con lo cual no lograba suscitar en nosotros el interés oportuno. Y, en definitiva, que no es suficiente que te machaquen año tras otro con lo mismo para que llegues a ser un creyente convencido.
Una segunda consideración es que tampoco por aprender intelectualmente los contenidos de la fe se convierte uno en el buen creyente que aspiramos conseguir. Si no hay vivencias de fe, experiencias de vida cristiana, el “alumno” se queda tan frío como antes.
Una tercera es que es primordial la idea que tienen de Jesús los catequistas y profesores de religión. En otro artículo de la sección “novedades” de esta misma página web publico uno de Juan Arias en el que certeramente señala que lo importante no es tanto creer en Dios sino en qué Dios creemos. Aplicado a nuestro caso podríamos decir igualmente que lo relevante es qué Jesús enseñamos, ya que todos sabemos que a los personajes se les puede manipular y presentar de mil maneras, no siempre coherentes entre sí. A propósito de esto, siempre me ha preocupado que el Cristo en la cruz, con cara de crucificado casi descompuesto, sea la única imagen que lo refleje en nuestra parroquia. Me da la impresión de que es difícil para un chaval identificarse con Él, considerarlo como el Amigo que siempre te acompaña y con el que puedes relacionarte. Por ello vamos a situar en nuestro templo, además del de la cruz (imagen que requiere una cierta madurez para profundizar en lo que significa como el Cristo identificado con los crucificados de este mundo), otro rostro de Jesús que presente una perspectiva más atractiva para chavales y que complete la anterior.
Finalmente, es igualmente decisivo el modo cómo presentamos a Jesús, la pedagogía que empleamos para ello, la pasión que el catequista le pone, los materiales que utiliza, la enseñanza no repetitiva sino progresiva, etc. Hay libros de catequesis o de religión que se te caen de las manos. Hay catequistas o profesores que aburren hasta el infinito. Hay predicadores de los que desconectas. Si no conectamos a Jesús con la realidad concreta de los alumnos, si no les ayudamos a insertarlo en sus vidas, vidas que van pasando por situaciones diferentes y en crecimiento, les ofreceremos un Jesucristo superestructura, algo que se quitarán en cuanto salgan de clase o de la catequesis.
En esta fiesta del DOMUND en la que se nos recuerda que somos enviados para darlo a conocer y a vivir, ojalá sepamos anunciar bien a Jesucristo y su mensaje, tarea que a todos nos incumbe como responsabilidad nuestra.
Pepe Nerín
22.10.2011