CÁRITAS: IGLESIA Y NO FEUDO
La constitución del nuevo Consejo Pastoral Diocesano de Zaragoza, es decir, del órgano diocesano que aconseja al Obispo en asuntos pastorales y en el que están (o deberían estar) representados especialmente los seglares (aunque suele haber más curas), nos ha deparado la pequeña sorpresa de constatar un cambio en la representación de nuestra Cáritas Diocesana en el mismo. Era costumbre que aportaran una triada formada por el director, el Consiliario y el Secretario General de esta organización. Pues bien, en esta ocasión se han mantenido los dos primeros y ha entrado como tercero Carlos Sauras, actual Responsable del Área de Acción Social. Este hecho alimenta los rumores muy extendidos en Cáritas de que ésa es la persona que va a ser promocionada por el actual director para sustituirle en el cargo, una vez que se cumpla el tiempo para el que fue elegido. Procedentes ambos de unos mismos parámetros ideológicos (es conocida su afinidad al Opus Dei), esta presumible actuación confirmaría la costumbre de la cooptación que rige desde hace unos años consistente en que el director se busca a una persona de su plena confianza y conectada con sus ideas, le da un cargo de responsabilidad dentro de la organización para que se vaya introduciendo en las claves de la misma (o en las de la dirección), lo mantiene en ese puesto un tiempo hasta que lo propone como su sucesor cuando llega el momento del cambio de líder.
Dada la actual situación de la dirección de Cáritas, que venimos apuntando en los últimos editoriales, y el estado de confusión en que se encuentran muchos trabajadores y voluntarios de la misma a causa de los vaivenes y de la falta de líneas claras, el asunto cobra su importancia ya que apunta a una intención de continuidad de la situación actual en los próximos años, a no ser que el nuevo Arzobispo, persona decidida a quien no parece ponérsele nada ni nadie por delante, opte por algún tipo de cambio, tanto en las personas como en las orientaciones. Si no es así, mucho nos tememos que la orientación de Cáritas va a ir convirtiéndose (o se ha convertido ya) en cosa de unos pocos, seglares por más señas, los cuales se asientan en el convencimiento repetido hasta la saciedad de que constituyen la "jerarquía" de la organización y que, por ello, sus decisiones tienen que acatarse sin más o abandonar el barco quien no comulgue con ellos. La actual experiencia del Programa de Transeúntes es un claro ejemplo de ello.
Si hay un organismo en nuestra Iglesia que goza de un merecido y universal prestigio es Cáritas. Sus servicios centrales, instalados hasta ahora en la Casa de Acción Católica, y actualmente, como todo el edificio, en proceso de remodelación que ha traído consigo su dispersión por diferentes edificios de la ciudad, son un ejemplo, entre otras cosas, de actividad y reflexión en favor de los marginados, lugar de encuentro de voluntarios, foco de sensibilización, fondo documental, centro de acogida de transeúntes y fondo de donativos procedentes de diversas personas e instituciones. Cáritas es la Iglesia en ejercicio de la caridad o amor eficaz en favor de los últimos. Son numerosos los voluntarios que componen los diferentes equipos parroquiales siguiendo casos concretos de pobreza, desarrollando campañas de sensibilización, profundizando en materiales que les orientan en su acción y poniendo todas sus inquietudes en las manos del que es Padre de todos y que a todos quiere porque somos sus hijos, especialmente los excluídos. Junto a los voluntarios hay un importante colectivo de personas contratadas que apoyan desde sus conocimientos técnicos la labor que se viene realizando, tanto en los servicios centrales como en las parroquias y zonas.
A lo largo de los años, Cáritas nos ha ido enseñando y transformando a cuantas personas hemos tenido la suerte de irnos integrando en ella. En mi caso concreto, doy gracias a Dios por haberme concedido la oportunidad de trabajar en un primer momento, ya desde 1978, como técnico, realizando investigaciones sociológicas para ella y dirigiendo un centro de documentación de transeúntes, y a continuación como voluntario dentro del Programa de Transeúntes desde 1984, poco después de que éste acabara de organizar y desarrollar unas Jornadas Internacionales sobre Transeúntes.
Nuestro amor a Cáritas, junto con nuestro historial y dedicación, nos impulsan a no abandonar la nave sin más cuando las cosas van torcidas sino a aportar pistas de solución al actual impasse institucional. Lo que expongo a continuación procede de mi experiencia tras 25 años en Cáritas y que he ido plasmando en diversos escritos a lo largo de todos estos años. No intento ser exhaustivo ni mucho menos, sino recoger toda una serie de reflexiones válidas para el pasado y válidas también para este futuro que nos aguarda y que aguardamos con esperanza.
CÁRITAS
- Es fundamental que Cáritas siga siendo la institución eclesial que potencia y coordina la evangelización de la comunidad local en el campo de la acción socio-caritativa. He aquí algunos textos (de los muchos que podríamos aportar) que lo explican muy bien:
. "En el seno de la Iglesia, comunión de carismas y comunidad misionera, Cáritas, organismo de la Iglesia, es promovida, erigida y animada por los obispos para cumplir el ministerio de la caridad que a ellos les corresponde... Cáritas participa de la vida y misión de la Iglesia, por consiguiente las dimensiones fundamentales de la caridad son inherentes a la Iglesia en su conjunto." (Reflexión sobre la identidad de Cáritas, 52 Asamblea de Cáritas Española, Valencia, 25 de octubre de 1997, pp. 26-27).
. "No se trata de una asociación de libre inscripción compuesta por personas con devoción particular hacia estos asuntos, sino que es cauce de la opción preferencial por los pobres, estimulando la participación de los fieles". (Id, p. 28).
. "Cáritas no es en la Diócesis una organización carismática optativa que, desde fuera, se pone a su servicio; ni una sucursal de una organización supradiocesana. Es más bien un ministerio pastoral con el que el obispo promueve y garantiza autorizadamente la responsabilidad de su Iglesia particular en la promoción, armonización y actualización de una dimensión irrenunciable de la Iglesia que preside: la acción sociocaritativa, como parte esencial de la acción evangelizadora junto al ministerio de la Palabra y la acción litúrgica" (Id., pp. 29-30).
. "Cáritas participa del compromiso por la justicia propio de toda la comunidad eclesial y trata de hacerlo viable, particularmente a través del compromiso temporal de los laicos, en la dimensión sociopolítica de su quehacer. Analiza, denuncia y actúa ante las situaciones de pobreza, de injusticia, de marginación y de violación de los derechos humanos. (Id., p. 36).
- La Casa (es decir, los servicios centrales situados hasta ahora en ella) no tiene sentido sin las Cáritas Parroquiales y los grupos de base. Tiene que estar a disposición de todos ellos y no al revés, porque el sujeto protagonista tiene que ser la comunidad, tal como ya se ha declarado.
- Hay que evitar el peligro de que la ubicación de la Casa en la ciudad de Zaragoza, y el preponderante peso de esta ciudad en el conjunto de la Diócesis, primen la actuación en este medio urbano en detrimento de la realidad rural. Hay que adecuarse a la situación y ritmo de cada cual. Más aún: si tenemos que favorecer especialmente a los más pobres, convendrá primar en todo caso nuestras actuaciones en los pueblos.
LOS MARGINADOS
- Una clave fundamental es colocar a los marginados en el centro de nuestras preocupaciones y de nuestros organismos: no para llevar adelante con ellos procesos asistencialistas y paternalistas sino para ponernos al servicio de su promoción, aceptando su protagonismo, y contribuyendo al cambio real de esta sociedad que les impide vivir como ciudadanos de plenos derechos. No debemos trabajar "para y por" los pobres sino "con" ellos.
. "Junto a la labor necesaria de denuncia, Cáritas ha de buscar, por encima de todo, hacer posible que los empobrecidos lleguen a ser sujetos agentes de su propia historia; acompañándolos en la liberación de situaciones de dependencia o ignorancia, y ayudándoles a descubrir las causas que generan su propio empobrecimiento y exclusión social." (Id., p. 37).
LOS DIRECTIVOS
Nos encontramos con unos nuevos dirigentes para los cuales el estilo es piramidal sin más matices. Es la concepción jerárquica traducida a su manera. No entienden que nadie pueda intentar matizar sus comentarios o decisiones, que les haga observaciones, que trate de hacerles caer en la cuenta de que podría ser mejor de otra forma. Parece que no estén acostumbrados a ello y que lo consideran una impertinencia. La concepción rigurosamente jerárquica del actual director de Cáritas parece que le hace concebir a este organismo eclesial como un ejército disciplinado y obediente sin lugar para el menor tipo de crítica. De ahí la dificultad para entender la imprescindible coordinación no ya sólo interna sino también externa, con otras instituciones, sean eclesiales o civiles.
Todo ello con un halo religioso muy particular. Se utiliza el Evangelio para todo y de la forma en que les interesa. Te escuchan aparentemente con atención pero, a continuación, no hacen el menor caso de lo que les dices. Es igual que les pruebes con datos fehacientes las críticas que diriges a determinados comportamientos, sobre todo cuando ponen en cuestión a cargos de su entorno: la crítica es inútil y la denuncia no digamos (sobre todo si es una denuncia al poder interno). Se han blindado y no quieren ver nada más. Tu palabra no vale nada y a uno le da la sensación de que te atienden como si hicieran su buena obra del día, ofreciendo este sacrificio por tu propia conversión. No hay diálogo: sólo practican los monólogos. Y todo ello con maneras suaves propias de una persona "bien educada", derrochando peticiones de perdón por si "te he ofendido", unas peticiones que no van acompañadas por ningún propósito de enmienda por lo que se convierten en palabras huecas, falsas.
- Los directivos deben entender y practicar que los organismos eclesiales deben estar al "servicio" de la Iglesia, de las parroquias, de la gente, potenciando sus pasos, su autonomía, en lugar de pretender dirigir desde el centro e imponer consignas y modos de ver la realidad;
- Deben esforzarse sobre todo en promover alternativas: especialmente para aclarar por dónde debe ir la asistencia-promoción, la prevención, el cambio social y la acogida.
- Deben contribuir a su descentralización para evitar centralismos y dirigismos abusivos;
- Evitar que en las organizaciones haya personas, al nivel que sea, que se establecen como núcleos de poder que afecta al conjunto de la organización o a una parte sustancial de la misma. Algunas personas han ido acumulando un inmenso poder dentro de Cáritas, son intocables e inmunes ante cuantos argumentos en su contra se han ido presentando a lo largo de estos años. Hay una persistencia como consejeros durante años y años de determinadas personas de las que no se sabe muy bien cuáles son sus méritos y su capacidad para seguir influyendo de manera determinante en las decisiones de Cáritas Diocesana de Zaragoza.
- Habría que evitar órganos de gobierno, comisiones permanentes, etc., monocolores y dependientes acríticamente de quien les ha nombrado, es decir, de quien ejerce realmente el poder.
- Establecer "defensores del pueblo" en ésta y en otras organizaciones u organismos eclesiales, es decir, personas a las que puedan recurrir los que se sientan injustamente tratados y que puedan hacer de puente y, especialmente, de defensores de los débiles y de las víctimas. Su ausencia lleva a experimentar un sentimiento de impotencia.
- Asumir que la "denuncia profética" es necesaria no sólo hacia fuera sino también hacia dentro; más aún: agradecer las críticas y tomarlas en serio de forma eficaz porque sin ellas una organización se enquista y acaba por desaparecer.
- Reconocer el papel y la importancia de todos cuantos no están en los aledaños del poder, sobre todo de cuantos voluntarios se ofrecen gratuitamente.
- Es importante potenciar en todos sus aspectos (representatividad equilibrada, desarrollo de sus sesiones, etc.) el Consejo Diocesano, órgano fundamental en Cáritas Diocesana. Junto con su Comisión Permanente tienen que dedicarse especialmente a garantizar y desarrollar las grandes líneas de actuación, y velar para que no se apague el espíritu de Cáritas en comunión con el Obispo y la Iglesia Diocesana.
LOS VOLUNTARIOS
- Necesitamos personas creyentes, con una opción clara por los pobres (y no cogidos a lazo), en todos los espacios. Con personalidad propia y amantes de Cáritas. No es mejor el que agacha la cabeza y obedece sumiso sino quien actúa como adulto, reflexiona, aplaude y también critica, aportando al mismo tiempo soluciones.
- Los voluntarios son los agentes principales de Cáritas, aunque no los únicos, ya que precisamos igualmente contar con el trabajo profesional de personas con cualificación técnica que complementen la labor de los voluntarios con su asesoramiento, responsabilidad y eficiencia.
- Tienen que marcar la pauta y no pueden limitarse a "servicios auxiliares" o ser meros "recaderos", y tampoco pueden ser utilizados para cubrir huecos laborales de manera gratuita.
- No sólo deben ser Responsables de Programas, Áreas, etc., sino integrarse con todo su peso en los Equipos de Programa.
- Potenciar Equipos de Voluntarios en los Proyectos, no simplemente para "ayudar" sino para dirigirlos.
- Hemos sufrido el abandono de muchos voluntarios que en su momento cumplieron esforzadamente sus responsabilidades y que vieron cómo sus protestas se estrellaban una y otra vez contra el muro levantado por algunos directivos. Esta impotencia ha llegado a afectar igualmente a voluntarios de órganos tan importantes como el Consejo Diocesano de Cáritas.
LOS TÉCNICOS
- Hay que reconocer y valorar el papel y trabajo de los técnicos, de manera especial el gran servicio que a lo largo de los años han ido desarrollando en tantos aspectos (asesoramiento, apoyo, elaboración de trabajos que requieran una especial cualificación técnica, etc.), incluido el de potenciar la labor de los voluntarios. Hay que pagarles adecuadamente al mismo tiempo que se les exige profesionalidad y dedicación, y no permitir que asuman competencias "políticas" que no les corresponden.
LOS PROGRAMAS
- Los Centros y Proyectos dependientes de Cáritas tienen que funcionar bien: sus miembros deben estar contentos, sus objetivos deben facilitarse, sus medios humanos (contratados y voluntarios) y materiales deben ser los adecuados. No podemos permitirnos mantener nuestros centros en un estado permanente de precariedad con todo lo que de ineficacia, desmotivación e irritabilidad lleva consigo. En la dotación de los mismos habrá que establecer un equilibrio entre lo óptimo aparente (inalcanzable por el principio de austeridad) y lo posible, primando especialmente el papel de los voluntarios.
- Potenciar el Equipo de cada Programa. Procurar que sus componentes: estén atentos a la marginación en cuestión, tengan claro por dónde van las necesidades de sus marginados, capten las problemáticas, realicen una labor de estudio y reflexión, subrayen líneas, planifiquen y evalúen, estén atentos a la evolución, teniendo en cuenta la historia del Programa (siendo su memoria histórica), garanticen la continuidad, tengan una visión global del problema, controlando, por consiguiente, las distintas actuaciones para que estén en una misma línea, dinamicen a los involucrados (centros, coordinadoras, etc.), a la comunidad creyente y a la sociedad (sensibilización, en coordinación con el Programa de Sensibilización), denuncien situaciones injustas relacionadas con su problemática, colaboren con otros, fomenten la coordinación (interna de la Casa y externa), representen a Cáritas en las actuaciones hacia fuera (de ahí la responsabilidad que nos debe llevar a situarnos en línea con Cáritas, a exponer su punto de vista y no el nuestro particular), acompañen a los voluntarios del Programa (en relación con el Programa de Voluntariado).
- No es de recibo la forma en que se ha desmantelado un Equipo como el del Programa de Transeúntes, dando largas durante todo un curso e incumpliendo una y otra vez los plazos y promesas realizadas por los directivos de Cáritas. Seguimos esperando la prometida convocatoria para acudir a las reuniones del mismo.
- Hay que potenciar la acogida de los marginados en todos nuestros centros y tener como estilo permanente el salir a su encuentro allí donde estén.
CRITERIOS DE ACTUACIÓN
- Debemos situarnos en una línea de promoción e inserción y no en una orientación benéfico-paternalista.
Tras conseguir a lo largo de muchos años dar el paso del asistencialismo a la asistencia-promoción, da la impresión de que se pretende ir en la dirección contraria potenciando el asistencialismo. ¿En qué consiste ese estilo de trabajo? Está muy bien expresado en el Modelo de Acción Social con Transeúntes de Cáritas Española:
. Se trabaja "para" la persona, desde arriba, no con ella, no acompañándola y potenciando su protagonismo.
. Predominio de la orientación benéfico-paternalista.
. Descoordinación y poca planificación.
. Ausencia de orientación preventiva y de apoyo a la autonomía personal.
. Desvinculación de la vida comunitaria, del contexto del marginado, de su inserción en el barrio o medio que le rodea.
. Metodología voluntarista de la acción social.
. No conecta con los problemas en profundidad, con sus causas y el contexto global.
. Atiende especialmente demandas manifiestas: alimentación, alojamiento, vestido, billetes innecesarios, etc., pero descuida las necesidades profundas, su historia personal, etc.
. No estimula al transeúnte a abrir nuevos horizontes. Lo que interesa son resultados inmediatos y muchas veces para exhibirlos en plan propaganda.
Baste, como botón de muestra, la propuesta que hizo la dirección de Cáritas a los miembros de la Coordinadora de Transeúntes que acudieron para protestar por la desvinculación de Cáritas de la Campaña de los Sin Techo: que invitaran al presidente de la DGA y al alcalde de Zaragoza a servir ese día la comida de los transeúntes. No se trata de cambiar de raiz la situación de los marginados, de provocar cambios estructurales en nuestra sociedad para que no se expulse de su seno a estas personas, de sensibilizar a la sociedad desde la denuncia basada en hechos y argumentos convincentes, de afrontar el grave problema e injusticia de que no puedan ejercer sus derechos como ciudadanos. Se trata de darles algo, en definitiva, limosna, pero no de hacerlos ciudadanos ejerciendo como tales. Se trata de dar respuesta a algunas de sus necesidades inmediatas, pero no de afrontar globalmente la situación de estas personas y hacerlo coordinadamente con otros grupos u organismos que intentan trabajar en su promoción.
- Es indispensable que nuestra actuación incida tanto sobre los efectos como, especialmente, sobre las causas de las situaciones de marginación y exclusión, potenciando el análisis de la realidad, la prevención, la sensibilización, la denuncia profética y el cambio social.
- Afrontar los hechos con serenidad y desde distintos ángulos, buscando siempre la verdad aunque duela. Debemos analizar la realidad de las nuevas pobrezas para evitar que la rutina de nuestras actuaciones nos impida detectarlas. Asimismo, debemos superar la dificultad de trabajar con marginados que no entran en nuestros cauces.
- Es importante ir hacia Modelos de Intervención (en colaboración con Cáritas Española) que orienten la actuación con cada uno de los colectivos marginados a los que nos dirigimos. A este respecto, presentamos en su momento todo un conjunto de alegaciones ante el modelo de intervención social de Cáritas Diocesana de Zaragoza, elaborado por dos técnicos de la misma. Estas alegaciones dejaban al descubierto, entre otras cosas, el paternalismo del mismo respecto a los marginados, los cuales no tienen en él ni arte ni parte, así como el predominio de la dirección técnica sobre los voluntarios convertidos en meros ejecutores de los primeros, contraviniendo de esta forma el espíritu que siempre ha caracterizado el ser y las actuaciones de Cáritas: voluntariado eclesial en acción auxiliado por técnicos sin papel directivo. Todo ello con un lenguaje infumable (no se comprende por qué no se utiliza un lenguaje cotidiano que pueda ser fácilmente entendido por lectores no técnicos). Los grandes olvidados han resultado ser, por un lado, los Programas o, mejor dicho, el Equipo del Programa y, por otro lado, aquéllos a los que últimamente se viene en llamar los "últimos". No se parte del Equipo, no se parte de las personas voluntarias o técnicos que lo constituyen, sino de sus "dirigentes". La base del Equipo de Programa no parece pintar demasiado ni programar nada. No creemos que esto estimule precisamente al voluntariado. Pero, sobre todo, los grandes olvidados son "los últimos" ya que en ningún apartado se especifican sus funciones, responsabilidades, su papel en una organización que se supone al servicio de ellos. Parecen ser meros pasivos sobre los que recae la actuación de todos los cargos que tan prolíficamente se menciona. Esto no es admisible en Cáritas. La consecuencia es que una organización que debería apoyarse en su base y su razón de ser que son los pobres y, junto a ellos, los voluntarios, y para cuyo servicio se crea una infraestructura y se contratan a unas personas, resulta una organización piramidal, complicadísima, que emana directrices para que las cumplan los de abajo.
- La acogida.
- Es muy importante estar a disposición de cuantos intentan estar al servicio de los pobres o que necesitan descubrir este servicio.
- Sería muy deseable que la Casa (sin propósito monopolista y reconociendo el importante papel de otros Centros y Cáritas Parroquiales) se convirtiera en un gran Centro de Acogida (de marginados, de voluntarios y de personas técnicas), en donde todos nos sintamos a gusto y "como en casa". Que primara este aspecto sobre la imagen que se pueda dar de gran centro de oficinas en donde ir a "pedir algo".
- El debate.
- Todas las plataformas (Programas, Áreas, Comisión Permanente y Consejo Diocesano) son espacios adecuados para el mismo. Incluso sería bueno que la Casa se convirtiera en un gran espacio en el que se organizaran debates, ciclos, etc.
- La formación.
- Encarnada en la vida de los marginados y que sea un apoyo efectivo para el "hacer" de Cáritas y, primordialmente, para el "ser" de sus miembros.
- Consideramos de gran importancia la formación tanto de los voluntarios como de los técnicos. Una formación que parta de la situación y necesidades de los más pobres. Es imprescindible la actualización de conocimientos, el reciclaje y el debate sobre estilos, actuaciones y métodos.
- La coordinación.
- Creemos en la importancia de la coordinación de los diferentes niveles, perfectamente compatible con la autonomía propia de cada uno, lo cual tiene entre sus consecuencias reconocer a cada parte su papel, por ejemplo, en la elaboración de los nuevos Proyectos.
- Coordinación y principio de subsidiaridad: la participación en plataformas de coordinación debe ayudarnos a valorar lo que hacen otros, a descubrir, entre otras cosas, los vacíos existentes así como las duplicidades. De ahí que potenciemos que no haya lagunas y que nos retiremos de los servicios donde otros cubran la necesaria asistencia-promoción.
- Es preciso que Cáritas valore cuantos esfuerzos y trabajos realizan quienes no forman parte de ella, sean organizaciones eclesiales u organismos civiles. Es de lamentar profundamente que los actuales dirigentes no hayan sido capaces de mantener unas relaciones normales de cooperación con muchas de estas organizaciones y organismos, especialmente con los de las administraciones públicas.
- La austeridad.
- Es consustancial con el de la opción por los pobres. No potenciar los grandes medios sino los sencillos, no ir hacia una Cáritas en plan de gran empresa sino a una Cáritas potenciadora de la acción caritativa y social de la Iglesia, de los cristianos de a pie.
- Y otros criterios como trabajar la sensibilización, asumir en serio la corresponsabilidad, entendida como la participación de todos en lo que a todos nos afecta, y, especialmente, no sólo "hacer" sino fundamentalmente "ser".
- Finalizo este apartado con las sugerencias del Papa Benedicto XVI contenidas en su Encíclica "Dios es Amor", sobre el estilo caritativo propio y esencial de los cristianos: no sólo ser expertos sino dedicarse "al otro con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad" (31); no practicar proselitismo, aunque tampoco haya que "dejar de lado a Dios y a Cristo" (31); no humillar al otro puesto que "no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo" (34); no adoptar una postura de superioridad ante el otro; reconocer que se trata de una relación bilateral: no sólo ayudar sino sentirse ayudado también por el pobre. Y destaca especialmente la importancia de la oración para no convertirnos en meros activistas secularistas: el amor a los demás debe alimentarse "en el encuentro con Cristo" (34).
CONSIDERACIONES FINALES: ¿HACIA DÓNDE IR?
Necesitamos hacer un muy serio esfuerzo de racionalización, de sensatez, de humildad, de espantar fantasmas, de flexibilidad y, si se me permite, de amor mutuo, incluso hacia aquéllos de los que nos sentimos distanciados afectiva y efectivamente. Necesitamos hacer el esfuerzo de dejarnos llenar no por nuestro espíritu, tantas veces pequeñito y corto, sino por el Espíritu que intenta darnos ánimos, acercar posiciones, derramar sobre nosotros generosamente el amor de Dios. Estamos en Pentecostés, somos una institución eclesial, y, a no ser que ya hayamos arrojado todo por la borda, tenemos que plantearnos nuestras posturas dejándonos interpelar por el que nos dice de una manera eficaz: "Paz a vosotros".
Ojalá imitemos la Sabiduría de Dios que Él estableció ya al principio de sus tareas (Prov 8,22), que nos creamos que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 5,5), y que el Espíritu de la Verdad nos guíe hasta la verdad plena (Jn 16,13). De esta manera, tal como nos la presentan las lecturas de la fiesta de la Trinidad, podremos intentar imitar a Dios que es comunidad de personas diversas unidas, por el gran amor que se tienen, en su tarea de salvación de la creación entera.
No vivimos buenos tiempos en muchos aspectos en nuestra Iglesia. Pero serán todavía peores si no vamos corrigiendo con determinación y prontitud estas y otras realidades eclesiales. Algunos acabarán quedándose solos, con mucho poder, pero sin nadie sobre quien ejercerlo. Habrán vencido por la fuerza bruta pero no habrán convencido. Se rodearán de personas dóciles que no les lleven nunca la contraria, pero no disfrutarán nunca con la verdad ni con la creatividad y llevarán a nuestra Iglesia al marasmo y al abandono. Tendrán una buena jubilación, pero no habrán sembrado júbilos. Alardearán de una pretendida "sinceridad" pero habrán sido unos indiscretos y unos imprudentes poco inteligentes, como las vírgenes de la parábola. No dimitirán de sus cargos porque sin el poder se quedarían desnudos. En un alarde para la galería llegarán a decir en alguna ocasión "lo siento", como una muletilla refleja y de "buena educación", pero seguirán actuando de la misma manera porque la conversión exige propósito de la enmienda y ellos no la muestran ni en palabras ni en obras.
Quisiera, antes de terminar, volver a lo afirmado al principio: mi homenaje a una organización eclesial, Cáritas, que tanto bien ha realizado y sigue realizando en favor de los marginados, en la sensibilización social y eclesial, y en servir de referente y plataforma de reflexión y actuación a muchísimas personas. Lo que no es lícito es confundir la organización con sus dirigentes, o envolverse éstos en la bandera de la institución hasta acabar creyéndose que ellos mismos son Cáritas y punto. Es fundamental que Cáritas sea Iglesia y no el feudo de unos cuantos. Dios, ¡qué buenos vasallos, si obieran buenos señores!
Pepe Nerín