José Ignacio González Faus,
Religión Digital 12 de julio de 2010
Querido Iñaki: En tu programa de CNN+ el
pasado jueves, te preguntaste varias veces cómo ha surgido entre nosotros esa
joven generación de deportistas que, además de su gran calidad, son chicos
serios, sencillos, disciplinados, trabajadores y humildes: ¿son una rara
excepción o un indicio prometedor en nuestra sociedad?
Creo que los que te respondieron en el programa
recurrieron a tópicos de rigor y que tu pregunta -como tantas otras que
planteas- merece una reflexión más seria. Quizá yo hablo desde mis
muchos años, pero aquí va un elemento de respuesta.
Esos deportistas han tenido algo que no tienen
hoy nuestros jóvenes: una formación basada en el esfuerzo, la disciplina, la
paciencia y la aceptación de muchas derrotas. Yo conocí algo de eso, junto
a otros mil defectos que tuvo mi educación (rigor, miedo, falta de apertura a
la justicia social...). Pero, en la sociedad de mi infancia, esfuerzo,
paciencia y disciplina eran patrimonio común de todos: en la derecha el
esfuerzo para el enriquecimiento y el propio egoísmo. En la izquierda el
esfuerzo por la solidaridad y la justicia.
Creo que hoy casi no queda nada de aquello. La
derecha ha descubierto que no son necesarias la paciencia ni el esfuerzo para
enriquecerse: aquel capitalismo de corte calvinista que describió Max
Weber, basado en esfuerzo paciente, ha sido sustituido por la especulación
financiera y el llamado capitalismo de casino: hay maneras mucho más fáciles y
rápidas de enriquecerse.
Y los inacabables casos de corrupción entre
nosotros, creen algunos que no son excepciones sino puntas de iceberg: porque
aunque se corre algún riesgo con eso de la corrupción (o la evasión fiscal),
tampoco es un riesgo demasiado grande y, en cambio, es mucho más rentable que
el del esfuerzo paciente.
A su vez, la izquierda ha abandonado también el
esfuerzo paciente y se ha travestido en lo que otras veces llamé "izquierda
barata" (parodiando una frase del mártir Bonhoeffer
que acusaba a su protestantismo de caer en "la gracia barata"), o izquierda
"de cintura para abajo".
No importa el nombre pero quizá sí que importa la
clásica pregunta que hace Habermas: sin un fundamento absoluto e incondicional
("religioso" dice este autor) para la solidaridad ¿es posible a la
larga mantener el esfuerzo y la disciplina necesarios para intentar cambiar el
mundo, exponiéndose además a no ver los resultados de ese esfuerzo?
Creo que en eso del esfuerzo y la capacidad de
renuncia reside la diferencia entre esa generación de deportistas y buena parte
de nuestra juventud.
Dicho esto, quisiera agregarte, que más allá de
los efectos adormecedores y alienantes que hoy nos producen
Suelo decir, y perdona, que, bajo capa de una
neutralidad informativa, los medios de comunicación tenéis el defecto de
alinear al mismo nivel, y presentar en el mismo escaparate, la mierda y el jabugo. Con el inconveniente ulterior de que, como la
primera es mucho más barata, acabáis dándonos mayores dosis de ella.
Y sin embargo, volviendo a la juventud para
terminar, hay otro grupo de jóvenes que merecerían más presencia pública y de
los que vosotros no soléis hablar (bien sea porque no los conocéis o porque
teméis perder audiencia).
Son chavales y chavalas que dedicarán buena
parte, o la totalidad, de sus vacaciones no a ir a Sudáfrica y ver el mundial,
sino a trabajar solidariamente en el Tchad, en el
Congo, o en países sudamericanos. La triste muerte de cuatro de éstas
muchachas en un accidente en Perú, nos las ha puesto un momento de relieve.
Pero apenas les hemos dedicado nada más allá del espacio estricto de la noticia.
Y sin embargo, se merecían muchas más páginas de las que se ha llevado
Esta es mi humilde respuesta. Ya te dije que puede que sea sólo el clásico lamento de viejo. Pero a lo mejor da algo que pensar. Y tú, no dejes de lanzarnos ese tipo de preguntas como la del pasado ocho de julio. Un abrazo.