CARTA ABIERTA A MI ARZOBISPO

CUANDO LE LLEGA SU JUBILACIÓN

(29 de enero, S. Valero)

Querido obispo Elías: Permíteme que por primera y, seguramente, única vez, te tutee, aunque sé, por alguno de mis colegas que lo ha intentado, que no te acaba de gustar ese tratamiento. Pero estás entrando en tu jubilación y eso me provoca un brote de ternura como la que siente uno ante un abuelo digno y gastado por la vida, y eso me lleva a dirigirme a tí de manera profundamente humana y fraternal, como nos tratamos los de mi parroquia y cuantos cristianos coincidimos en celebraciones, foros, tertulias o grupos de trabajo.


UNA CARTA ABIERTA

Te escribo una carta abierta sin saber siquiera si llegarás a leerla. Seguramente no, porque no creo que tengas costumbre de "perder" tu tiempo entrando en una página web como ésta. Tal vez alguna de esas personas que creen hacer un servicio a la Iglesia chivándose ante tí de nuestros errores o pecados te la lleve con sus mejores intenciones. Pero bueno, tampoco importa demasiado porque en el pasado las cartas que te hemos escrito (pienso, aunque no sólo, en el colectivo Clubenitos) tampoco han servido de mucho. Te escribo, sin embargo, por si puede servirnos de algo. A mí desde luego que sí porque me va a ayudar a hacer un repaso de mi trayectoria desde que llegué a Zaragoza. Y espero que a otros también porque todo lo que sea confrontarnos con la realidad y aprender de ella es positivo. Por eso es una carta abierta.


FELICIDADES

Mi intención primera es felicitarte por haber llegado a esa avanzada edad. Recuerdo las alabanzas que la Biblia dedica a los ancianos e interpreto tu situación como una bendición de Dios. Además, estoy convencido, de que tu vida no ha sido en vano, que has pasado por el mundo haciendo mucho bien, como buen seguidor del Maestro, y que lo seguirás haciendo en los años que te queden de vida. Otros me lo han indicado así, especialmente tus Vicarios Episcopales que sienten una especial devoción por tí, considerándote un hombre ejemplarmente evangélico. Doy gracias a Dios por ello y me congratulo.


TU JUBILACIÓN NO ES UNA MÁS

En estos años estamos celebrando muchas jubilaciones de sacerdotes debido a que el clero está muy envejecido. Pero la tuya no es una más: se jubila el que durante 26 años seguidos ha sido el Arzobispo de la Diócesis de Zaragoza, la clave visible de este edificio con muchos años y siglos a sus espaldas. Tu retirada, que, según parece, puede retrasarse hasta final de curso, va a provocar una situación nueva porque un Arzobispo, y más en tu caso, es mucho Arzobispo, como comentan los obispos y vicarios aragoneses que se reúnen y trabajan periódicamente contigo. Por eso, tu retirada nos obliga a hacer un especial análisis de la realidad, a recolocarnos, a pensar obligatoriamente en el futuro partiendo de un pasado que ya es historia.


COMENTARTE CON CARIÑO UNAS CUANTAS COSAS

Lejos de mí pretender hacer una evaluación global, un juicio exhaustivo sobre tus años de Arzobispo. No creo en los grandes juicios globales porque siempre son parciales y, consiguientemente, injustos. Prefiero comentarte algunas de mis vivencias en relación contigo por si ello puede acercarnos un poco ahora que nos vamos a alejar definitivamente. Quiero comentártelas como se las podría comentar a mi padre si es que aún viviera: con cariño, con gratitud y también con pena por lo mucho que pudimos hacer juntos o decirnos y que no ha sido posible. Y lo hago unas veces en singular y otras en plural, porque en realidad mis opiniones no son únicas ni raras sino que te las puedes oir por poco que preguntes y que el otro quiera hablar sinceramente.


GRACIAS POR TU SENTIDO ACOGEDOR

Empiezo dándote las gracias por haberme aceptado cuando tuve que marcharme de mi Diócesis de Barbastro digamos que casi "por la puerta de atrás". A pesar de mi historial "conflictivo" me aceptaste en Zaragoza e incluso me nombraste Director de una Oficina Diocesana. Tu aceptación me hizo ver que eras un hombre acogedor y eso mismo he experimentado las no muy numerosas veces que me he reunido contigo. Coincido con los que dicen que ganas mucho en la distancia corta.


SE PUEDE DIMITIR

También decidiste nombrarme Delegado de Pastoral Juvenil, a propuesta de mis colegas de la Delegación, pero en esta ocasión te lo pensaste más (unos seis meses) y lo hiciste ya bien entrado el nuevo curso. Luego, cuando tres años más tarde te anuncié, y lo mismo hizo mi adjunto, nuestra intención de abandonar el cargo un año después, porque consideraba que ya era un tiempo suficiente más allá del cual se va empezando a perder ilusión y ganas, así como ideas, tú ni siquiera preguntaste cómo nos había ido, cómo nos iba, ni si nos podíamos replantear la cuestión: te limitaste a pedirnos que te sugiriéramos nombres para el relevo. Un año más tarde dimitíamos (reconozco que también con ello queríamos dar ejemplo, ¡ingenuos de nosotros!, y demostrar que en esta Diócesis se puede dimitir, frente a los que dicen que tú no les dejas) y desde entonces apenas nos hemos visto si no es en alguna recepción con motivo de la felicitación de Navidad.


HA EXISTIDO DISTANCIA

No me he sentido cercano a tí. Reconozco que tiendo a no acercarme demasiado a los que detentan poder (= capacidad de tomar decisiones que afectan en gran medida a la vida de otros). Tampoco soy uno de los trepas que en todas partes, como también en esta Diócesis, existen al amparo de las circunstancias. Sea lo que sea, el caso es que ha existido distancia, pero una distancia que, tengo que decirte, es como la que sienten o han sentido muchos respecto a tí, y no hablo sólo de curas sino también de seglares. En mi parroquia he oído que te recriminan por no haberte acercado apenas, por no haber compartido con nosotros, por haberte limitado a ser un obispo a distancia. Creo que ha sido un error, aunque ya sé que la Diócesis es grande y que somos muchos. Has dado la imagen de alguien a quien le han interesado más los asuntos de fuera, los de la alta o no tan alta política eclesiástica: que si mucha Conferencia Episcopal Española, que si muchos viajes por Europa... Ya sé que eso también es necesario y que has prestado un buen servicio, pero se te hubiera aceptado más si, junto a ello, tú hubieras sido alguien cercano y, por desgracia, para muchos de nosotros no lo has sido. Y no es culpa de tu evidente timidez, pues ése es un don o un defecto, algo natural. Pero, como he dicho antes, tampoco yo he sido alguien que se haya acercado a tí y ello me ha movido a incluir una petición de perdón el día S. Valero en el Acto Penitencial de la misa porque te hemos criticado seguramente más de lo que te hemos ayudado.


TU INTERÉS HACIA NOSOTROS

A muchos nos da la impresión de que no te ha interesado nuestra vida ni nuestra tarea pastoral. A lo mejor no es verdad y tú has estado muy interesado. Pero nosotros lo hemos vivido así y eso ya no tiene arreglo. ¿Tanto te hubiera costado demostrar tu acercamiento a nuestros intereses y problemas? Tampoco, por supuesto, has sido un obispo policía, atento a nuestros fallos. Mi impresión es que en eso te has portado con "finezza", como dicen los italianos: nos has enviado algún que otro sutil mensaje (fundamentalmente sobre nuestra actuación litúrgica) por medio de otros y has procurado no pasar a mayores. En todo caso te has mostrado más contundente sólo en algún problema concreto, como ha sido, por ejemplo, el de la absolución colectiva y ello ha provocado que muchos curas tuviéramos que hacer malabarismos para intentar cumplir tus disposiciones y ser a la vez fieles a los seglares, los cuales por lo general encontraron en las celebraciones comunitarias de la penitencia con absolución general una forma mucho más acorde con su sensibilidad. Y no creas que con ella el arrepentimiento de sus pecados y su ponerse en brazos del Padre eran menores, sino seguramente todo lo contrario: aprendieron a vivir fraternalmente la misericordia de Dios con mucho más sentido que cuando en tiempos pasados frecuentaban el sacramento más tantas veces por cumplir que por otra cosa.


TU OBEDIENCIA AL PAPA

Este problema es importante porque encierra varias claves que, en mi opinión, te han definido durante estos años. Una muy importante es tu ciega obediencia a Roma, en la cual parecen acompañarte la inmensa mayoría o totalidad de los obispos españoles. Siento decirte que nos da la impresión de que "gobernáis" más mirando hacia Roma que hacia vuestra propia diócesis, que parecéis ser más funcionarios o delegados del Papa que obispos y pastores de vuestro rebaño, que el número de citas de Juan Pablo II en vuestros escritos es muy alto, dando la impresión de que es el Papa el que piensa por vosotros. Y no es que queramos que os rebeléis contra el Papa ni muchísimo menos, ¡faltaría más!; pero nos hubiera gustado un poco más de colegialidad, de sentido crítico, de aportarnos el carisma papal, por supuesto, pero también de acercarle a él nuestros deseos, inquietudes, problemas, sensibilidad, esperanzas y soluciones que vamos viendo. Y que nos lo hubieras dicho.


LOS CURAS, ¿COLABORADORES O FUNCIONARIOS?

Lo dicho con respecto a esta cuestión vale también para otras que, se quiera o no, se hablan, comentan o debaten en el Pueblo de Dios (el papel de la mujer, el celibato de los sacerdotes, la opinión pública en la Iglesia, la ética sexual, la corresponsabilidad más allá del simple consejo, etc.). A los curas se nos considera oficialmente como "colaboradores" del Obispo, pero nos es difícil creérnoslo dada la práctica que se suele seguir: más que colaboradores parece que seamos funcionarios que tienen que cumplir "decisiones superiores" sin apenas margen de actuación en muchas cuestiones concretas en que nosotros nos la jugamos por estar codo a codo con los seglares y viviendo los problemas del día a día eclesial en la base. A nosotros es a quien toca abrir caminos, aplicar vuestras disposiciones a la realidad, y no sé si conocéis bien lo difícil que es eso en determinadas cuestiones en que nos da la impresión, perdona que te lo diga, de que no pisáis tierra ni sabéis lo que vale un peine terrenal, dicho en plan castizo.


TU MAGISTERIO

Te hemos visto como un obispo muy preocupado por el magisterio doctrinal, por lo que se suele llamar el depósito de la fe. Y, desde luego, no os vamos a negar vuestra responsabilidad en este punto. Pero permite que te diga que has resultado como muy frío en este aspecto. Nos has presentado unas verdades "eternas" pero tal vez como alejadas de la realidad cotidiana, especialmente en el lenguaje con que intentabas transmitirlas. Has escrito mucho sobre la Trinidad, pero no sé si has traspasado el dogma y has llegado a la vida. Te ha faltado más eficacia catequética, lo cual sorprende en alguien a quien se supone experto en esa materia. A tus columnas semanales en la hoja Iglesia en Zaragoza les ha faltado la chispa de la vida. Pero has hecho un gran esfuerzo y eso hay que agradecértelo.

Tu postura magisterial la has vivido, pensamos, demasiado desde la cátedra, como el que sabe y tiene que enseñar a quien no sabe. Nos ha dado la impresión de que nos has considerado en este terreno un poco menores de edad, puramente discentes, como quien tiene que limitarse a aprender del experto, de quien tiene el don del Espíritu. Has dispuesto de muchísimos "consejeros" repartidos en 4 grandes Consejos (Episcopal, Pastoral, Presbiteral, Consultores) pero todos pensamos que el Consejero has sido tú, que has dado consejos a todos, llegando incluso a elaborar tú solo todo un Plan Pastoral (que, por cierto, más que un plan parece una catequesis y que difícilmente iba a provocar entusiasmo y ganas de tenerlo muy en cuenta al no haber participado los demás en su elaboración). Y lejos de nosotros pretender ser "maestros", pero ¿no crees que alguna vez podemos decir algo de mínimo interés?, ¿no crees que también de nosotros puede servirse en alguna ocasión el Espíritu Santo para sugeriros algo a los obispos?


LA FALTA DE DEBATE

Tu magisterio, vivido desde una postura coherente con tu clara obediencia al Papa, te ha llevado, pensamos, a no favorecer ninguna otra voz. Y, por supuesto, a evitar los debates. No has fomentado iniciativas en este punto y la ausencia de discusión ha convertido a la Diócesis en una mortecina balsa de aceite. Los curas, por ejemplo, no suelen atreverse a decirte lo que piensan, por lo general te tienen casi como miedo, no quieren tener problemas, e incluso ante tus Vicarios se cuidan muy mucho de lo que dicen. Me contaba el otro día un amigo cura que en la elección del arcipreste de su zona no había manera de que ninguno de los presentes quisiera ser candidato; todo esto lo decían mientras criticaban la ineficacia de todas estas elecciones porque pensaban que no servían para nada ya que no se discuten los problemas a fondo, el Obispo siempre se lleva el gato a su agua y el personal se llama a andana. En un determinado momento mi amigo se propuso como candidato con una condición: que lo que estaban comentando se pusiera por escrito, lo firmasen y él te lo llevaría para tu conocimiento. Nadie quiso tal cosa, ninguno quiso comprometerse.

Esta falta de debate abierto y sincero lo has evitado. Por ejemplo, los Clubenitos te enviamos una vez una carta expresándote nuestras opiniones sobre la Diócesis para comentarlas contigo y tú retrasaste meses y meses la entrevista, y cuando se produjo te limitaste a decirnos que ya no recordabas muy bien nuestras propuestas y que, en todo, caso, evidenciaban problemas personales nuestros. De verdad que nos quedamos muertos ante tu toma de postura y he de decirte que desde entonces se quebró algo muy profundo en lo que respecta a nuestras esperanzas en nuestro pastor. ¿Tan sobrados de fuerzas e ideas estáis como para prescindir de las que os podamos aportar? ¿No es esto algo así como apagar el "pábilo vacilante"?


EL DIÁLOGO CONTIGO

Hay grupos que se sienten muy marginados por tí, por ejemplo los de Comunidades Cristianas Populares. Los tienes dolidos a la vez que se sienten igualmente Iglesia y parte de la misma. Ya sé que son los que han mantenido posturas más críticas, pero ésa no parece razón para no contar con ellos, a no ser que se considere que la crítica no es aceptable o que ser de izquierdas es incompatible con la comunión eclesial. ¿Por qué desperdiciar a todas estas personas que, de verdad, son buena gente? ¿Por qué no dialogar y dialogar como buen padre con sus hijos? Por cierto, que nos ha "escandalizado" la forma de tratar el asunto del teólogo Tamayo si es que ha sido tal y como él la cuenta: no hablar con él en ningún momento del proceso hasta llegar a la condena y condenarle por afirmaciones que él dice que no son las suyas. Nos desconcierta porque se está condenando a personas que nos han aportado muchas ideas beneficiosas para nuestra vida y esperanzas como creyentes. De alguna manera nos sentimos también nosotros en parte condenados y eso nos produce desazón, nos sentimos situados en la frontera cuando estamos muy metidos en la Iglesia (o si no ya no entiendo nada) y lo único que queremos es que sea (seamos) cada día más evangélica.


LA CALLADA POR RESPUESTA

Otra de las características de estos años ha sido dar la callada por respuesta. Daba la impresión de que ya podíamos escribirte, publicar algún artículo en revistas, salir en TV o en cualquier otro medio haciendo las más variadas propuestas: siempre como respuesta el silencio, aunque muchos curas y seglares hablaran con nosotros y nos manifestaran su acuerdo con nuestras opiniones. Vosotros (me refiero a tí y a tus Vicarios) optábais siempre por el silencio. Y si en alguna ocasión hemos hablado con tu Obispo Auxiliar o con tus Vicarios sobre problemas graves relativos a algún importante organismo de la Diócesis, se nos ha escuchado, pero luego de nuevo el silencio, un silencio que no ha producido a continuación cambio alguno. Desmoralizante. Y no me vale que se me diga, como me dijo el otro día un vicario episcopal de otra diócesis aragonesa, que ellos intentaban hacerlo lo mejor posible. Sí, pero siempre los mismos y desde arriba, y desde hace muchos años. Pero así y todo hemos continuado y continuamos en la brecha.


EL AMOR A LA IGLESIA

Te agradezco que quieras profundamente a la Iglesia y que trates de enseñar a todo el mundo a quererla. Yo también la quiero y me uno a tí en ello. Quiero destacarte esto al recordar que una vez me dijeron que habías preguntado si yo estaba en "comunión" con la Iglesia, lo cual me resultó doloroso pero lo asumí como se asumen otras cosas en la vida. Por cierto, que siempre habláis de comunión nuestra con vosotros pero no al revés, y esto choca bastante. Te repito: quiero a la Iglesia y lo mismo hacen tantos creyentes que, como yo, nos permitimos de vez en cuando criticar lo que consideramos negativo en ella. Y lo hemos hecho abiertamente, sin ir por detrás murmurando. De esta forma hemos considerado que prestábamos un servicio a la Iglesia.

Pero me temo que no se nos ha reconocido este servicio. Nos duele cuando, a propósito de algún escrito o toma de postura, se ha dicho que íbamos "contra" la Iglesia ("dicen que es un escrito contra la pastoral de la Diócesis", me comentó un alto cargo de la nuestra a propósito de la aparición del Manifiesto que sacamos sobre el futuro de la Diócesis). Parece que para algunos sólo es de Iglesia y la quiere el que se llena la boca con ella, o quien prefiere callar, no decir nada no sea que el hablar tenga un precio, o alabar siempre al que manda. He criticado y he propuesto, como así han hecho también muchos otros. Y he asumido que mi razón no prosperase. Pero aquí estoy, en la Iglesia, y con ganas de continuar aportando mi granito de arena para que el reino de Dios se siga abriendo paso, que es la gran tarea de nuestra Iglesia. Ahora bien, esto no quiere decir que me parezca evangélico todo, especialmente la forma en que actualmente funciona y está organizada, desde el Papa hasta mí mismo. Y no soporto que haya quienes se crean que quieren a la Iglesia más que yo: hasta ahí podíamos llegar, que quieran para ellos solos la patente de este amor (¿no será que más bien se quieren a ellos mismos ya que se consideran "la" Iglesia y excluyen a otros?). Y lo que te digo de mí te lo puedo decir igualmente de muchas personas que parece ser que no están muy bien consideradas eclesialmente hablando. Pero ¡si somos gente muy moderada y dialogante!, jobar.


LA FALTA DE JÓVENES

También quiero decirte que no hay manera de "venderle" a los jóvenes esta Iglesia. Ellos y ellas se sienten atraídos por Jesucristo, pero la "estructura", el "aparato", la "gran política", la "jerarquía", vuestros escritos por lo general, etc., etc., les resultan infumables. No hay más que darse una vuelta por los "foros" de Internet en los que participan, por sus opiniones en las entrevistas, por las encuestas, por lo que dicen incluso los más allegados a las parroquias, grupos y movimientos. Los jóvenes están lejos de la Iglesia. Esto lo sabe todo el mundo que va a misa o que participa en cualquier acto o celebración parroquial. Esto lo muestra la caída de las vocaciones, especialmente la del número de seminaristas. Pero hay como una gran resignación a ello, un echar balones y culpas fuera hablando del materialismo ambiental y cosas por el estilo, y el envejecimiento eclesial aumenta y aumenta. La solución que se nos propone parece ser la de rezar mucho, pedirle a Dios vocaciones, como si Él fuera el culpable de esta situación, como si Él se olvidara de llamar. Pero de cambios estructurales nada y de modificar las vías de acceso al sacerdocio menos. No sé si es que los obispos alucináis con las concentraciones del Papa con los jóvenes. De verdad: ésa no es, ni mucho menos, toda la realidad juvenil (ni exclusivamente la "auténtica" o la "sana" como os gusta decir). A ellas acuden fundamentalmente jóvenes llevados por determinados Nuevos Movimientos que luego pasan olímpicamente de lo que no sea su Movimiento y el Papa. Pero por lo general no hay la menor creatividad en sus propuestas, no hay auténtico protagonismo juvenil sino dirigismo desde el mundo adulto y clerical de una determinada línea, no hay una espiritualidad comprometida con la realidad y en especial con los empobrecidos. No hay, por no haber, ni siquiera una mínima renovación estética en el terreno musical, ni en el de vestimenta y, me temo, que tampoco en otros terrenos.


LA CORRESPONSABILIDAD

Llevados del principio de corresponsabilidad, tan destacado por tí y por el Sínodo Diocesano, estamos intentando desde hace años que todos nos sintamos y seamos Iglesia en nuestras parroquias, cada uno desde los encargos que ha recibido, desde su vocación y sus carismas, tanto los seglares como los curas y religiosas. Pero tengo que decirte que no nos ayudáis lo suficiente: lo jurídico potencia el papel del cura como clave de todo, lo cual lleva inevitablemente a mantener a los seglares y religiosas en la minoría de edad: siempre hace falta la firma del párroco para todo, el consejo parroquial sólo es consultivo (y se recalca y recalca desde vosotros), las mujeres tienen un techo muy limitado aunque un suelo muy grande, el cura siempre tiene derecho de veto. Y eso crea escuela, resignación en unos y abandono en otros. Además eso ocurre actualmente en una situación en que la mayoría de los curas está entrando en la jubilación o tienen la mente puesta en ella. En mi parroquia el bueno del párroco tiene que emplear más energías en la gestión de las obras sociales que en su labor evangelizadora. Se os dice esto y es igual, se os proponen soluciones y nada. ¿Pero es que no es posible organizarse de modo diferente, más lógico y convincente? ¿Pero es que no os dais cuenta de que ya no es posible ignorar que la mujer es un ser tan humano como el hombre y con sus mismos derechos y deberes (casi me da vergüenza recordar estas obviedades)? ¿No piensas que algo no debe ir muy bien en la teología "oficial" en el tratamiento de la mujer? Yo es que me hago cruces, y nunca mejor dicho. Y mira que son buena gente nuestras mujeres. Y lo mismo nuestros hombres, y los religiosos y religiosas. Buena gente y con grandes cualidades y capacidades, dando el callo cantidad, ante quienes deberíamos quitarnos el sombrero si es que lo lleváramos.


EL CURA CONTROLADOR

Yo estuve unos cuantos años en un Movimiento de Acción Católica: el Junior. Allí fui consiliario, tanto en la parroquia como en la Diócesis. Y, oye: yo no dirigía el asunto, como parece ser que es el único modelo posible en las parroquias. Allí yo "aconsejaba", como su nombre indica, animaba en la fe (como solíamos decir). Pero el Movimiento lo llevaban los seglares, los cuales, en su gran mayoría, eran chicos y chicas jóvenes. Y la cosa funcionaba y muy bien. ¿Esto no es posible en las parroquias? ¿Por qué os empeñáis en que el cura lo tenga todo bajo control? ¿Es que no os fiáis de los seglares? No me lo puedo creer. ¿Y si te dijera que los curas no solemos vender una "escoba", como se suele decir; que nos limitamos a conservar lo que hay (si es que lo conservamos), cada vez a menos (porque se van muriendo los "fieles"), y que no llevamos a cabo una pastoral misionera? Pero es igual: de eso no nos pedís cuentas; en cambio parece que se ha establecido la costumbre de preguntarnos si rezamos (lo cual es indignante y humillante, no sé si os dais cuenta), si celebramos misa todos los días (otra pregunta parecida), y cuestiones por el estilo. Y parece que preguntar esto ha creado escuela y que incluso -me han dicho- que algunos compañeros han denunciado a otros por esto. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Espero que a mí nadie me pregunte eso porque me negaré en redondo a responder o lo haré con muy mala leche. ¿O es que creéis que llevamos años y años de cura, aguantando muchas veces carros y carretas, sólo por nuestra cara bonita? Perdona la expresión pero también a mí me sostiene el Padre Eterno y en Él me apoyo y le consulto para decirte todo esto.


¿TE HAS FIADO DE TUS CURAS?

A veces llego a la conclusión de que no sólo no os fiáis de los seglares sino tampoco de los curas. No puedo entender, de verdad, el inmovilismo en los cargos, especialmente en los de mayor responsabilidad, que has establecido en estos 26 años. Yo a los Vicarios Episcopales los quiero y los considero buena gente. Pero no me entra en la cabeza que los hayas mantenido a uno 31 años (ya estaba antes de tí), a otros25, a otros... Me han contado que has dicho que cuesta mucho hacer un Vicario, pero ¿no crees que los has deshecho manteniéndolos tanto tiempo en el cargo? ¿No crees que da la impresión de que te has fiado sólo de unos pocos? ¿No crees que llevados unos años en el cargo uno va perdiendo fuerzas y necesita renovarse y cambiar? Me imagino que a tí te habrá pasado lo mismo, porque los obispos supongo que no sois de otra raza. Pero habrá quien pensará que esto lo digo o lo decimos porque queremos ocupar nosotros esos puestos. Eso es coger el rábano por las hojas o aquello de que "piensa el ladrón que todos son de su condición". Me es igual. Yo, por mi parte, tengo muy asumido que mi carrera eclesiástica hace años que tocó techo y estoy la mar de contento con ello, y sé, además, que cuanto más alto se sube menos libertad se tiene. O sea que lo tengo clarísimo.


LA VALORACIÓN DE NUESTROS ESFUERZOS PASTORALES

Tampoco sé si os fiáis o valoráis mínimamente nuestros esfuerzos pastorales cuando intentamos adentrarnos por caminos nuevos. Realizamos intentos tratando de conseguir unas celebraciones más vivas, participadas, relacionadas con la vida, humanamente religiosas en definitiva, tanto con adultos como con jóvenes y con críos. ¿Os interesa algo esto o pensáis que con repetir mecánicamente todo lo que dicen los rituales ya está todo bien? Realizamos intentos de abrir nuevas vías en cuanto a medios de comunicación, pastoral con inmigrantes, posicionamiento ante los problemas del barrio, animación comunitaria, pastoral de la salud, etc. Parece que dé igual y que en todo caso lo que se potencia oficialmente es lo que viene de arriba abajo (del Papa, de tí, de las Delegaciones Diocesanas, etc.). Recuerdo que ya hace años se trajo a alguien de la Comisión de Liturgia de la Conferencia Episcopal para tratar la cuestión de las misas con niños. Yo en aquella época tenía misa de chavales todos los domingos y con los del Junior y catequistas de la parroquia habíamos elaborado materiales que considerábamos interesantes, dinámicas, acercamiento de las lecturas a la mentalidad y vida de los chavales, etc. Bueno, pues todo esto no interesó a los organizadores ni por asomo, no lo tenían ni previsto ya que no figuraba en el orden del día: lo que interesaba era lo que traía aquel señor desde Madrid y a los demás nos tocaba aprender, entre otras cosas, los cantos que nos proponían y comprar el cassette correspondiente. Es tan sólo un ejemplo que guarda relación con aquello que se dice de que investigar en España es morir. No se te hace el menor caso. Pero, así y todo, no nos desanimamos y seguimos.


CADA VEZ MÁS TAREAS PARA LOS CURAS

Y, sin embargo, a mí, como a la mayoría de los curas, especialmente a los que estamos por las parroquias, nos toca cada vez un mayor número de áreas a las que atender por el sencillo hecho demográfico de que cada vez somos menos. Se nos hace cada vez más responsables pastoralmente, pero sin reconocernos mayor capacidad en el terreno de los cambios estructurales. Se nos hace la encomienda y arréglatelas como puedas ("haz lo que puedas", se nos dice). Y estamos llegando a una situación que es la contraria de lo que ocurre en el mundo civil, el normal: a medida que te vas haciendo mayor, en lugar de ir retirándote de tareas se te encomiendan más y más, precisamente cuando tus fuerzas van menguando. Me imagino que a los obispos no os pasa esto porque con nombrar más obispos ya está solucionado, y por eso no sé si captáis con exactitud lo que esto nos está suponiendo, física y, sobre todo, mentalmente. Unido al hecho de que ya no nos vamos a poder jubilar, porque ahora la habéis fijado en los 75 años, pero yo ya veo a bastantes curas que traspasan esa edad y siguen activos y en cargos de gran responsabilidad, incluso vicarios. Como consecuencia de ello resulta que mientras cualquiera de mis amigos sabe con bastante certeza lo que va a ser profesionalmente en los próximos años hasta su jubilación, a nosotros nos pasa lo contrario. A este paso nos van a faltar manos y, además, no somos nosotros los que definimos nuestro futuro sino que son otros los que lo hacen. Por ello no te extrañe que vaya aumentando el número de curas que piensen (pensamos) que tal vez fue un error no haber tenido un trabajo civil y añadirle nuestro compromiso militante (sacerdotal en nuestro caso), como hacen los seglares. Fórmula que, por otra parte, ya la realizan bastantes sacerdotes y que fue, por supuesto, normal, en los primeros siglos del Cristianismo.


ALGO DE ECONOMÍA

Muchas más cosas te seguiría diciendo, gratuitamente y con cariño, ahora que ya el tiempo ha pasado y tú asumes el final de tu presencia entre nosotros, por lo cual ya no puedes cambiar las cosas. Pero no quiero terminar sin mencionar que muchos estamos perplejos ante el estilo económico de la Diócesis. Nos dicen oficialmente que las decisiones se toman después de una amplia consulta, pero luego preguntas a los curas y no están de acuerdo con que eso sea en realidad así. No digo ya a los seglares, pero ése es otro tema. Y lo del sueldo de los curas es un lío: parece ser que la clave está en que pensáis que sacamos dinero de muchos sitios porque, de lo contrario, protestaríamos por el sueldo más bien tirando a bajo que recibimos de la Diócesis. Y, debido a ello, mantenéis la situación. Ya sé que la cosa es muy complicada y la armonización de los ingresos de los curas casi suena a utopía. Pero, ¿no crees que, si ésa es la clave, la cosa es muy triste? Me horrorizo, además, cuando para aumentar nuestros ingresos (en el caso de que alguien se queje de su nivel actual) se nos dice, a quienes hemos hecho la opción de no cobrar personalmente las misas y que el dinero vaya al fondo parroquial, que nos quedemos los estipendios para nosotros y todo resuelto. O no se quieren entender otras posturas o no sé lo que pasa. En cualquier caso, no vemos que la preocupación económica fundamental sean los pobres, y ésa sí que debería ser la clave.


VIVIR ENTRE LA GENTE, ESPECIALMENTE JUNTO A LOS POBRES

Gracias, otra vez, Elías, por tu dedicación de estos años y por todo lo bueno que me has aportado. Me imagino que muchas veces habrás sentido la soledad e incomodidad de vivir en un palacio como el arzobispal, aunque a lo mejor no has reparado mucho en ello dada tu bien merecida fama de trabajador incansable entre libros de variada procedencia y recepciones a tantos y tantas (interesantes o pelmas) durante estos años. De todos modos, aconséjale, si quieres, a tu sucesor que se traslade a un piso normal y corriente al que para acceder a él no haya que pisar alfombras rojas y amplios y numerosos escalones para subir hasta el pastor. Se vive mejor entre la gente, créeme, tratando a los vecinos en la escalera, en el ascensor o metiéndote en sus casas, y hasta participando en la reunión de comunidad. Es muy pedagógico poder ir al mercado y codearte con jóvenes y viejos, con vecinas y vecinos en la tarea diaria. Y luego pasear por las calles contemplando la vida en ebullición, ir al cine o al fútbol, jugar a la petanca o a las cartas, y hasta darte algún garbeo en bicicleta. Y, ya para nota, integrarse uno en la Asociación de Vecinos en donde un pequeño puñado de esforzados y esforzadas tratan de afrontar problemas urbanísticos, de viviendas, de marginación o de todo tipo. Así aprende uno lo que cuesta llegar a fin de mes a mucha gente y con el sueldo de cura uno puede solidarizarse con todos los que descubres que ganan menos que tú. Así puedes comprender que deberíamos tener una economía solidaria y, por lo tanto, profundamente evangélica, y una vida compartida con los demás al estilo de Jesús de Nazaret. Y si, además, uno vive junto a los pobres, entonces sí que adquiere uno el estilo de Jesús, le sigue con mayor fidelidad y se sitúa desde la perspectiva que Dios quiere que tengamos para mirar la realidad: la de los intereses de los pobres. Te agradezco que cuando hemos hablado tú y yo de los transeúntes te he encontrado muy receptivo a ellos y no te ha importado ni muchísimo menos compartir la mesa con estas personas.

Que disfrutes muchísimo de tu jubilación, que sigas colaborando en la construcción del Reino, y que perdones mi atrevimiento.

Pepe Nerín