CARTA A LOS OBISPOS

ANTES DE LAS ELECCIONES

 

            Queridos Obispos: Os agradezco vuestros deseos de orientarme a la hora de depositar mi voto en las próximas elecciones generales del 9 de marzo, pero no hace falta que os sigáis esforzando. Tengo ya más de 60 años y estoy en unas edades en que supongo que ya he alcanzado la madurez para saber decidir por mí mismo sin que mis “padres” (en este caso espirituales) me lleven de la mano. Por otra parte, lo que habéis escrito en el último documento ya nos lo habíais dicho otras veces, o sea, que ya nos lo sabíamos, tal vez con la excepción de vuestras apreciaciones en contra del diálogo con terroristas, punto en el que parecéis cambiados ya que algunos de vosotros habéis hecho de intermediarios en otras oportunidades. Repetir ahora lo ya sabido, cuando falta un mes para las elecciones, nos suena a querer influir sobre nuestro voto, casi igual que lo que hacen los partidos en sus campañas. Por si ya no teníamos suficiente tabarra con sus promesas y eslóganes, ahora aparecéis vosotros para aumentar la matraca del bombardeo publicitario.

 

            Mirad, queridos, voy a votar por el partido que yo decida, igual que lo he hecho en anteriores ocasiones, e igual que lo hacéis vosotros. Es más, voy a votar por un partido de izquierdas, porque, aunque no siempre es así ni muchísimo menos, considero que la izquierda ha estado siempre mucho más cerca de los ideales evangélicos de justicia y solidaridad con los pobres. Luego me defraudará el partido al que vote, ya lo sé, porque ningún partido es perfecto ni tiene por qué serlo. Como a los votantes de la derecha les defraudan también en ocasiones sus partidos. Eso es algo normal. Por eso resulta un tanto irreal que pongáis tantas condiciones para votar a un partido determinado, porque, en definitiva, ningún partido reúne todo eso ni puede reunirlos. Ni siquiera la Iglesia, que tantas apelaciones hace a la democracia y a los derechos humanos, es capaz de cumplir ella misma esos derechos. Que ni un partido, ni tampoco la Iglesia, se identifican con el Reino de Dios.

 

            Por otra parte, aunque esto ya lo he pedido muchas veces, os agradecería que no os decantarais tan descaradamente hacia la derecha. Eso lo aprecian todos los observadores y comentaristas. Primero porque no veo que el Evangelio tenga esa querencia de “ley y orden” ni muchísimo menos, sino que más bien Jesucristo fue criticado, detenido y asesinado legalmente bajo la acusación de incumplidor de la ley y alterador del orden. Segundo, porque nos sienta mal a los que no somos de derechas, ya que parece que no se pueda ser cristiano sin estar en esa orientación tan parcial. ¿O es que os importa muy poco nuestra opinión y nuestros sentimientos? ¿Cómo queréis que evangelicemos a los hombres y mujeres de izquierdas, que son al menos tantos como los de derechas, si nos van a rechazar con aquello de que la Iglesia es de derechas y de que se posiciona en contra de ellos?

 

            Finalmente, os agradecería que os apoyarais más en el Evangelio y menos en un supuesto derecho natural o razón más o menos objetiva. Una cosa muy negativa que puede ocurrir, y que de hecho ocurre, es mezclar el Evangelio con una ideología determinada. Y mucha gente, incluido yo, tenemos la sensación de que en no pocas ocasiones en lugar de de acercarnos el Evangelio nos coláis pura ideología conservadora. Por cierto, que he aguantado durante casi una hora la rueda de prensa del portavoz de la Conferencia Episcopal respondiendo a preguntas de los periodistas acerca de vuestro último documento orientativo y no recuerdo ni una sola cita evangélica en boca de este monseñor tan seguro de sí mismo y arrogante, o sea, antipático, mientras sí hacía apelaciones a una “recta razón”.

 

            Y aunque no soy obispo ni llegaré nunca a serlo porque, gracias a Dios, me salgo de los parámetros establecidos actualmente, os hago yo también, ¡qué caramba!, una recomendación u orientación: que votéis bien, especialmente teniendo como referente a Jesucristo que “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos”, y que todos nos sintamos a gusto en esta Iglesia nuestra que ya tiene madurez suficiente para dotarse a sí misma de unas estructuras democráticas. Un abrazo de hermano, hijo y amigo.

 

Pepe Nerín

1.2.2008