CARTA A VÍCTOR
Querido Víctor: desde hace tiempo quería escribirte una
carta. Se lo había prometido a tu abuela, que en el trabajo varias veces al día
nos habla de ti y, cuando lo hace, se le ilumina el rostro y te presenta como
una superestrella que anima la vida allí donde está. Y no le falta razón.
Ya casi pensaba que tu abuela se había olvidado de mi
promesa, cuando ayer sin ir más lejos, cuando en el Teatro de
Y es que, tío, no sé cómo será cuando tengas la edad de leer
esta carta, pero te aseguro que ahora, cuando tienes 9 meses, eres guapo de
verdad. Le arrebatas a uno la mirada y dejas a la gente encantada, sin
posibilidad casi de dirigir la vista hacia otro lado excepto donde estás tú.
Muy serio nos observabas a cada uno, como queriendo escudriñar qué había tras
el careto embobado que nos había dejado. Luego, cuando ya nos analizaste, nos
sonreíste. Y eso, créeme, hizo que todos nos riéramos contigo. Yo no sé qué
pensarías tú… pero la peña quería tocarte, te acariciaba, te daba besos, te
miraba y remiraba, te decía cosas y buscaba contigo una complicidad a la que tú
correspondías con tu sonrisa. Allí estaban Elisa, Richi,
Natalia, Javier, Sara y Gema que no tenían ojos más que para ti. Y allí estaban
tu tía y tu abuela, que no cabían en sí mismas. Yo no pude resistirme a hacerme
una foto contigo. La he visto varias veces. Estamos tú y yo frente a frente.
Tú, en brazos, claro. En la foto tú me miras sonriente y yo intento mirar a la
cámara poniendo una cara de gilipollas más que importante (supongo yo, por la
emoción de tenerte en los brazos).
Me vas a permitir que te diga tres cosas. Cuando tengas edad
de leer esta carta puede que yo ya ande por otros andurriales y tú te preguntes
quién era aquel tipo que tuvo el morro de sacarte en una revista hablando de
ti… puede. Pero te aseguro que te digo estas tres cosas con un cariño inmenso.
Son dos consejos y un secreto. Ahí van los consejos:
Quiere mucho a tu familia. Ellos te quieren de verdad. El
que unos padres jóvenes te acojan con tanta alegría sabiendo que no les quitas
libertad sino que se la potencias a raudales es una bendición. Tú eres una
bendición para tus padres, te lo aseguro. Quiéreles siempre, incluso cuando
tengas 15 años y te parezca que son unos antiguos y no te comprenden.
Quiéreles. Quiere a tus tíos, a tus abuelos que van derramando baba de
satisfacción cuando te ven. Te aseguro que son unas personas maravillosas, un
regalo que tendrás que guardar como el mejor de los tesoros.
Otra cosa, puede que te suene un poco rara, prefiere siempre
a los pobres, a los trabajadores, a la gente sencilla. Habrá quien te diga que
hay que tener mucho dinero para ser feliz. Es mentira. Prefiere a la gente
humilde y apuesta por ellos. Defiéndeles, piensa que los pobres son víctimas de
una sociedad que para enriquecerse necesita generar pobreza. Lucha
pacíficamente al lado de la buena gente que trabaja por un mundo más humano. Reconoce el mérito de tantas personas que
desde muchas plataformas se esfuerzan día a día por la justicia. No te fíes de
los que se han enriquecido sin trabajar y de aquéllos que critican todo y no
hacen nada por nadie. Prefiere a la gente solidaria, da igual qué ideas tengan…,
son más felices.
Y ahora, después de los consejos, el secreto. Ayer, cuando
llegaste a
Puede que cuando tengas la edad de leer esto les preguntes a
tus padres quién era el colgao que escribía estas
cosas. Puede que digas que andaba mal de la azotea… no sé. Pero, como ahora, lo
único que haces es sonreírnos y no puedes reprocharnos nada, ahora que puedo
déjame que te diga, querido Víctor, que te pareces a Dios.
JOSAN MONTULL