¿NECESITAMOS UN CONGRESO DE LAICOS
O DE TODA LA IGLESIA?
Durante los días 28 y 29 de febrero de 2004 tendrá lugar en Zaragoza un Congreso del Laicado Cristiano de Aragón impulsado por los obispos aragoneses que han encomendado su preparación a las Delegaciones de Apostolado Seglar de sus respectivas diócesis. El Congreso comenzará con una ponencia de Domingo Buesa (presidente de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Diócesis de Zaragoza e historiador) sobre la "presencia del laicado cristiano en la construcción de la sociedad aragonesa a lo largo de la historia", a la que seguirán diez talleres (coordinados por conocidos laicos zaragozanos) para analizar la presencia pública de los cristianos. Estos talleres llevan los siguientes encabezamientos: el contexto de la vida diaria del laico cristiano, el mundo de la educación y la enseñanza, el mundo de los jóvenes, los medios de comunicación, el compromiso político, el mundo del trabajo, la familia constructora de nueva sociedad, el mundo de la marginación y la pobreza, el mundo de la salud y el mundo rural. Finalizará la primera jornada con otra ponencia, en esta ocasión de Rafael Serrano (Delegado Diocesano de Apostolado Seglar de Madrid y Secretario General de Manos Unidas), sobre los "retos que la actual situación socio-cultural plantea a la presencia pública de la Iglesia y de los cristianos". El día 29 se presentará la ponencia "Propuestas para una presencia constructiva de la Iglesia y de los cristianos en la sociedad", la cual correrá a cargo de Carlos García de Andoín, ex-responsable de Formación del Laicado de la Diócesis de Bilbao. El Congreso emitirá un Mensaje a las comunidades cristianas y a la sociedad aragonesa, finalizando con una "solemne" Eucaristía presidida por los Obispos de Aragón. El Congreso, como es habitual, ha venido siendo organizado desde hace bastantes meses y viene precedido por una invitación de los Obispos de Aragón en carta pública a los cristianos laicos de nuestras Iglesias fechada en Zaragoza a 13 de noviembre de 2003.
Da la impresión de que este Congreso se pretende que sea una referencia muy importante en orden a la evangelización o nueva evangelización de la gente de nuestra tierra aragonesa. Y, en principio, parece muy interesante que los cristianos laicos de Aragón se reúnan para profundizar acerca de esta cuestión. Con todo, me surgen algunos interrogantes y dudas que aporto humildemente por si pueden ayudar en temas de tanta transcendencia:
- No acabo de comprender el porqué de organizar un congreso de laicos aragoneses en lugar de que sea un congreso de la Iglesia (o Iglesias) de Aragón. Creo que se mantiene en la dicotomía curas-laicos, separando el trabajo y realidad de ambos, y potenciando la Iglesia no a dos velocidades pero sí a dos estamentos. Personalmente, y soy uno más en esta opinión, prefiero una Iglesia de servicios y ministerios, figurando entre estos últimos el presbiteral, pero no sólo él.
- Mi impresión anterior queda más confirmada cuando nuestros Obispos, en su carta de invitación, y citando al Concilio Vaticano II (LG 33), afirman que "los laicos están llamados, particularmente, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a través de ellos". En este texto se habla de la "Iglesia" como de una realidad en sí, o aparte, como si no se identificara con los laicos, como si se hablara de una Iglesia formada sustancialmente por otros (¿por el clero y jerarquía?) a la que ellos hacen presente en una realidad en la que "ella" no puede ser sal de la tierra por sí sola. Resulta difícil, y a mí no me parece suficientemente acertado, este lenguaje conciliar de hace 40 años. Yo creo que todos (catequistas, misioneros, curas, obispos, religiosos, visitadores de enfermos, personas de Cáritas, etc.) somos Iglesia y, por consiguiente, la "hacemos presente", para bien o para mal, en este mundo concreto en que vivimos. Otra cosa es que haya miembros de la Iglesia que no vivan en "este" mundo.
- La carta de nuestros obispos apunta como objetivo del Congreso el "impulsar la vitalidad evangelizadora de nuestras Diócesis". Para ello se apoya en dos afirmaciones de algunos de los últimos Papas. La primera subraya que "la ruptura entre evangelio y cultura es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo" (EN 20). Con toda humildad me permito sugerir que ése puede ser un drama importante desde una determinada mentalidad o concepción evangelizadora, pero para la gente que sufre dramas en su vida concreta seguramente no habrá nada tan terrible como las muertes por hambre en el mundo, o por guerras, o por maltratos de todo tipo. Me temo que detrás de la citada frase anterior se hallan unas preocupaciones culturales por encima de la vida concreta de la gente, lo cual me resulta bastante "dramático" y también ineficaz para que la Iglesia pueda ser sal y luz. Esta preocupación por lo cultural, por otra parte, me retrotrae a tiempos, desgraciadamente no superados, de la llamada "cultura de cristiandad" como me da la impresión que se refleja en otra cita de la carta episcopal: "la pastoral ha de asumir la tarea de imprimir una mentalidad cristiana a la vida ordinaria: en la familia, la escuela, la comunicación social; en el mundo de la cultura, del trabajo y de la economía, de la política, del tiempo libre, de la salud y la enfermedad" (n. 58). Yo creo que más que "imprimir una mentalidad cristiana" hay que ofrecer una alternativa de vida basada en el seguimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios Padre que nos regala su presencia y ánimo por medio de su Espíritu. Ofrecer esta alternativa a todos para que pueda ser libremente aceptada por cuantos quieran. No estar tan preocupados por imprimir (marcar) un sello a las instituciones sociales.
- En cuanto al desarrollo concreto de las dos jornadas del Congreso, es significativo en linea con lo anterior que la ponencia de apertura haya sido encargada a un concejal del Ayuntamiento de Zaragoza que obtuvo su escaño ocupando el segundo lugar en las listas del Partido Popular, precisamente del cual nos llegó una carta de propaganda electoral a muchos "agentes" eclesiales presentando a este partido prácticamente como el defensor de los intereses de la Iglesia Católica en Zaragoza. Me da la impresión de que encargándole la ponencia de apertura (la cual siempre "marca" todo Congreso) se ha tomado partido de una forma bastante inquietante.
- A continuación de la ponencia (y lógicamente influídos por ésta) se va a trabajar en los diez talleres mencionados. En principio, el trabajo en talleres puede ser interesante y los campos elegidos lo son. Pero lo sorprendente es que tras ellos vendrá otra ponencia hablando sobre los "retos" que nos presenta en la evangelización la actual situación socio-cultural. ¿Es que en los talleres no se habrán tenido en cuenta esos "retos"? ¿De qué se va a hablar, por tanto, en ellos, si no es de cómo se evangeliza o se intenta evangelizar en concreto en esos ámbitos, lo cual supone poner en común logros, avances, dificultades, retos, etc.?
- Aún más sorprendente, sin embargo, es que se deje para el último día y momento, sin debate posterior en grupos de trabajo, la presentación de una "propuesta" concreta sobre la presencia evangelizadora en nuestra sociedad. Habría cierta lógica en ello si esta propuesta hubiera sido trabajada en nuestras diócesis al menos por personas como las que van a participar en los talleres. Pero no. La presenta un experto que viene de Bilbao y, tras la misma, se dará a conocer el Mensaje final del Congreso. ¿Va a prescindir este Mensaje de la propuesta de la última ponencia? ¿Resulta esta última una especie de ramo de flores final? Soy de la opinión de que tal propuesta o es la del mensaje final o, lo que me parece más coherente, debería haber surgido de otra forma y ser debatida con tiempo, tranquilidad y empeño.
Me temo que, como tantos otros, este Congreso no consiga la eficacia que pretende. Muchas veces da la impresión de que desde arriba se hace trabajar al personal no tanto para dar frutos sino para tenerlo entretenido o por mera cuestión de imagen. ¡Ojalá nos dejemos ayudar por Dios!
Pepe Nerín