Conquistar el arte,

reevangelizar la cultura

J. M. Vidal, Religión Digital 5.7.11

Debería ser el principal objetivo pastoral de la Iglesia española, precisamente ahora que la CEE anda metida en la redacción de un nuevo plan pastoral para los próximos años. El camino lo marca el Papa que, ayer mismo, inauguraba en Roma una exposición y se alegraba de que la Iglesia y los artistas "vuelvan a encontrarse y hablarse". La Iglesia es arte y belleza. Los artistas españoles crearon arte y belleza para Dios durante siglos. Pero hace tiempo que dejaron de hacerlo. Escapan de las iglesias, salvo raras excepciones. Y, al escapar los artistas, escapa el arte. Y sin arte no hay cultura. Y sin reevangelizar la cultura, la sal de la Iglesia se vuelve insípida y su luz deja de brillar en medio del mundo.

Es hora de reconquistar la cultura. Fundamentalmente, con la seducción, con el acercamiento, con la aproximación a ese universo que se ha ido alejando de nosotros. Un acercamiento que debería plasmarse en actitudes y en estructuras. Por ejemplo, en todas las curias diocesanas hay delegados para casi todo. ¿Por qué no crear delegaciones culturales? ¿O por qué no reconvertir a los delegados de patrimonio (que sólo miran hacia adentro de la institución) en delegados culturales?

Con delegados que conecten con la cultura actual, desde la música a la pintura, pasando por las nuevas tecnologías. Y con ganas de trabajar por el Reino. Y sin miedos (absurdos) a la cultura moderna. Y, por supuesto, sin condenas previas, a las que tan aficionados somos en la institución.

Las diferentes y capilares asociaciones y organismos eclesiales podrían servir de plataforma y de escaparate cultural para muchos artistas jóvenes que buscan darse a conocer. La Iglesia tiene el escaparate, ofrézcalo a los artistas.

Otrora, en el seno de la Iglesia surgían también todo tipo de artistas: músicos, pintores, literatos, escritores...Del abundante número de clérigos salía la calidad en algunos, que alcanzaron la excelencia. Hemos perdido número y, por tanto, calidad, pero sigue habiendo curas-artistas. ¿Por qué no potenciarlos más, mucho más de lo que se hace? Por ejemplo, hay dos curas-escritores muy buenos: Jesús Sánchez-Adalid y Pablo D'Ors. Y ahí están olvidados y relegados por la propia institución. Quizás porque no son totalmente "adictos al régimen". ¡Flaco favor le hacen a la Iglesia los que confunden su 'sensibilidad' con 'la' Iglesia y condenan a los que no son de su cuerda al ostracismo más total! Esos que funcionan por cooptación (y no por méritos) y que invitan a congresos y exposiciones siempre a los mismos, que encima no suelen ser los mejores.

Y, por supuesto, habría que potenciar la presencia de la cultura y el diálogo con ella en los medios de comunicación de la Iglesia. Incluida la cadena COPE. Y profesionalizar contenidos e imagen externa. Hay programas, carteles, folletos o vídeos con una estética tan rancia y anticuada que, sólo por eso, dejan de ser buenos vehículos del mensaje que se quiere transmitir.

Y, además, si queremos reconquistar la cultura, tenemos que empezar por cambiar la imagen global de la Iglesia española. En estos momentos, hablar en los foros laicos de la Iglesia es nombrar a una institución profundamente antipática y con una cúpula sin autoridad moral ni credibilidad social. Aunque esa misma gente alaba y se quita el sombrero ante la Iglesia de base, de las parroquias de barrios y pueblos, de los curas entregados, de los frailes en la frontera, de Cáritas o Manos Unidas...o de los misioneros.

La dicotomía está muy consolidada en el imaginario social. Cambiarla, como pretenden algunos (en las campañas del Xtantos, por ejemplo), "coloreando" a la Iglesia con su enorme actividad caritativo-social, no surtirá efecto. Por la sencilla razón de que lo que la gente ve a diario en los grandes medios es a Rouco y a Camino, no a los misioneros ni a los voluntarios de Manos Unidas o de Cáritas.

Creo que, mientras no se cambie de imagen y de discurso (de la Iglesia del no a la del sí) en la cúpula, no recuperaremos imagen y credibilidad social, antesala para poder seducir a la cultura actual y reevangelizarla. Hay que cerrar etapas y abrir nuevos horizontes. Con caras nuevas, que propongan el mensaje seductor del Evangelio, que da sentido a la vida actual. Sin anatemas ni condenas. Sin poner el foco ni gastar las energías en hurgar en los libros de Pagola, por ejemplo. Sin querer imponer desde Añastro la moral de la Iglesia a toda la sociedad.

Una nueva forma de estar y presentarse ante el mundo. Y ya tenemos ejemplos de ello en nuestro propio país. En Cataluña y, sobre todo, en la archidiócesis de Barcelona, hace tiempo que están en esta órbita. El cardenal Sistach está apostando a fondo por la reevangelización de la cultura. Con iniciativa concretas, como el atrio de los gentiles o la fundación Joan Maragall de diálogo con la cultura. La Sagrada Familia es su claro referente. Un icono de belleza y de Dios en la cultura actual, bendecido por el dicasterio de la nueva evangelización (que lo convirtió en su logotipo) y por el propio Benedicto XVI. Sigamos al Papa en esto. Sobre todo en esto.