¿CUÁNTO VALE UN PISO?


¡Ufffffffffff...! Tal vez por ello en los últimos tiempos se habla mucho de los "sin techo" (sin vivienda) y se multiplican los reportajes sobre gente (muchos de ellos jóvenes) que duerme en la calle, en el metro o en albergues, "okupa" viviendas deshabitadas o no tiene dónde caerse muerto. Bajo este nombre se engloba a colectivos como mendigos, vagabundos, refugiados o inmigrantes sin recursos, e igualmente a personas que viven en pisos "a la mecagoendiez" o a jóvenes cabreados y en busca de otras alternativas de vivienda común. También se incluye a los que tradicionalmente hemos conocido bajo el nombre de "transeúntes", es decir, personas que "transitan", están de paso, van de un sitio a otro, de lugar en lugar (a veces sin salir de una misma localidad), de albergue en albergue, sin más recursos que lo que llevan encima, buscando algo (ayuda, trabajo, etc.) que les permita sobrevivir a corto plazo aunque sea en un nivel vital mínimo.


Demasiado arroz para un pollo, como se suele decir. Demasiadas diferencias entre todos estos grupos de gente "sin techo" para poder hacer afirmaciones generales y llegar a conclusiones válidas para todos. Pero, eso sí, todo este conjunto de personas reciben el calificativo de "marginadas", es decir, que se encuentran al margen de la sociedad, o en los márgenes. En definitiva: no "integrados". Y lo que es peor: apenas participan de cosas tan elementales como ser tratados con dignidad, disponer de una vivienda, medios económicos, cultura, etc.


Dentro de los "sin techo", los afectados más analizados han sido los transeúntes, y, aunque no sean los únicos insertos en esta situación, os presentamos algunos datos significativos de los mismos. Ocho o nueve de cada diez son varones, si bien en los últimos años se ha producido un cierto incremento relativo de mujeres lo cual va teniendo su lógica si consideramos que los roles en función del sexo tienden a igualarse. La mayoría son solteros, pero aumentan claramente los separados y divorciados. Y el número de jóvenes en estas circunstancias parece que va en aumento.


Aproximadamente uno de cada tres transeúntes presenta graves problemas de salud, en lo cual tiene una gran incidencia tanto el deterioro del nivel de vida y las condiciones físicas en que se desenvuelven como la práctica del alcoholismo e incluso en algunos la drogodependencia. Las enfermedades mentales (especialmente entre los jóvenes) están también afectando a al menos una parte, minoritaria pero significativa, de este colectivo. Finalmente, el paro los envuelve a casi todos y, en caso de tener trabajo, éste presenta características de precariedad. No reciben pensiones contributivas y apenas no contributivas o asistenciales.


ABSTENERSE POBRES Y EXCLUIDOS


Los "sin techo" no constituyen un fenómeno social aislado sino que se produce dentro de un determinado contexto social y está íntimamente relacionado con otros fenómenos sociales. Si lo analizamos aisladamente no lo comprenderemos. Forman parte, además, del gran fenómeno de la "pobreza" en el que están incluidos otros colectivos humanos.


La Unión Europea considera pobre a quien se sitúa por debajo del 50% del ingreso medio mensual de su propio país. Esta definición apunta claramente a la desigualdad social y es importante tenerlo en cuenta para romper la concepción "individualista" de la pobreza. Si en España una de cada cinco personas es pobre, no les echemos acríticamente la culpa a ellos de esa situación sino profundicemos en el problema como fenómeno social analizando las relaciones sociales fundamentales que estructuran el actual modelo de sociedad. Por eso cada vez más se apunta a la exclusión como el contenido formal de la pobreza, y se presenta a ésta como una cuestión relacionada con los derechos de la persona.


La pobreza tiene, pues, una causalidad, y fundamentalmente una causalidad social. Además, no es producto de un solo factor sino más bien de una cadena de factores que se entrelazan e interrelacionan. De ahí que sea necesario estudiar todo ese conjunto de factores (estructurales, relacionales y subjetivos) para entender mejor este fenómeno, empezando por los factores socioeconómicos que son los fundamentales. Desgraciadamente, además, el crecimiento y la forma de distribución avanzan por el camino de consolidar las desigualdades. Digamos, por último, que la evolución de la pobreza en España va en la misma dirección que en Europa: se da una mayor presencia de los desempleados junto a un cierto rejuvenecimiento de la población pobre.


Y como a perro viejo todo son pulgas, encima tienen que soportar los sanbenitos que sobre ellos lanzan los beneficiados por el sistema ("son vagos, mala gente, se lo han buscado..."), con lo cual se justifica la injusticia de su exclusión social, se les aísla y se tacha de "desviada" su conducta y sus protestas.


A LA INTEMPERIE Y SIN RECURSOS


Lo afirmado sobre las causas de la pobreza vale igualmente para los "sin techo". Pero si hemos insistido en las causas de carácter más general, social, tendremos que completarlas destacando las de raíz más personal, ya que está claro que no todas las personas colocadas en la misma difícil situación ambiental reaccionan igual: unos (los menos) "eligen", por ejemplo, el transeuntismo o la "okupación" de viviendas deshabitadas y otros (la mayoría) no. En el caso de los transeúntes, por ejemplo, causas tan concretas como no tener cualificación profesional, ser hijo de padres emigrantes, haber pasado por la cárcel o por un centro psiquiátrico, etc., se combinan con la propia psicología de la persona: su carácter, la relación con la familia, la falta de estímulos, el deseo de aventura, los fracasos de diferentes tipos, etc.


El Observatorio Europeo para los Sin Techo destaca que cuando las personas experimentan dificultades sociales, económicas o algún tipo de dificultad personal la salida depende de los recursos a los que tengan acceso en ese momento. Por ello el riesgo de convertirse en "sin techo" se ve incrementado por la falta de acceso a los recursos ya sean económicos, ayuda de amigos y familiares o a los servicios públicos o voluntarios.


Este fenómeno no es algo nuevo, si bien parece haberse incrementado en los últimos años como consecuencia de diversos factores, entre ellos, claro está, el de las sucesivas crisis económicas que han afectado a España con la terrible secuela del paro. De ahí que se haya producido un rejuvenecimiento así como un aumento en el número de mujeres, juntándose todo ello con el emerger terrible del problema de la droga, el fuerte aumento del precio de las viviendas e incluso con la desinstitucionalización psiquiátrica (factor este, sin embargo, de influencia cuantitativamente menor que los anteriores). Digamos, además, que el fenómeno se ha visto agravado también por el insuficiente desarrollo de los Servicios Sociales, la limitada expansión del Estado del Bienestar y la escasa asistencia a estos colectivos.


JUNTO A LOS "SIN TECHO".


Si las causas de su situación son fundamentalmente socioestructurales y el fenómeno lo hemos relacionado con la exclusión y los derechos de la persona, parece claro que una acción meramente asistencialista llevada con ingenua buena voluntad y a base de parchear el problema no es la más adecuada. Por ello cada vez se habla más de "promoción" y de "inserción".


Pero, atención: cuando hablamos de inserción no estamos defendiendo que estas personas deban "someterse" o "adaptarse" a la misma sociedad que los ha expulsado y que incluso muchos de los "sin techo" rechazan. Eso sería colaborar en el mantenimiento de un orden social que consideramos injusto, y que ellos también lo consideran así, especialmente los que han sido capaces de denunciar el escándalo de la multitud de viviendas desocupadas y promover incipientes movimientos alternativos de cara a la utilización de las mismas.


Estamos hablando del esfuerzo común, entre ciudadanos "sin techo" y ciudadanos con él; estamos hablando de promocionar a las personas que por sí solas son incapaces de organizar su vida de manera autónoma y de reaccionar ante una sociedad en la que deben poder ejercer plenamente sus derechos como todos los ciudadanos, para lo cual habremos de ir modificando los obstáculos que a ello se oponen. También para los jóvenes hay aquí una importante tarea, contando además con el hecho de que va en aumento el número de jóvenes en esta situación.