CURAS EN COMITÉS
DE ÉTICA ASISTENCIAL
FRANCISCO PRAT, experto en bioética, Cristianos en el PSOE
MADRID.
Eclesalia,
25/04/08
De nuevo, la bioética
se convierte en cuestión polémica, controvertida. En este caso, a cuenta de la
noticia, aireada la semana pasada, de la presencia de los curas en los Comités
de Ética Asistencial en los hospitales públicos de
Los Comités de Ética
Asistencial (CEAs) son un órgano de carácter
consultivo y entre las funciones expresamente excluidas de su competencia está
la toma de decisiones vinculantes o el subrogarse en la responsabilidad de
quien presenta una consulta. Es decir, las decisiones de carácter clínico le
corresponden al médico siempre. El Comité tan solo emite informes no
vinculantes a solicitud de un profesional que desea consultarle sobre aspectos
éticos. No puede tampoco juzgar la corrección o incorrección ética de la
actuación de un profesional.
Respecto a su
composición, suele ser plural; es decir, médicos, enfermeras, psicólogos,
trabajadores sociales, juristas, expertos en bioética, miembros “legos” ajenos
a la institución, etc. En aquellas instituciones en las que se cuenta con
asistencia religiosa católica, los curas suelen pertenecer a los CEAs. Entre otras cosas, porque no es fácil encontrar a
personas disponibles para participar en esos grupos, y los curas suelen
estarlo.
En los hospitales
públicos rige un Acuerdo Iglesia-Estado sobre Asistencia Religiosa Católica en los
Centros Hospitalarios Públicos de 1985, que se enmarca en los acuerdos entre el
Estado y
¿Deben los curas formar
parte de los Comités? La tradición ha atribuido al clero cierto halo de “expertía” en el manejo de los temas morales. De algún modo,
la sociedad reconocía a los sacerdotes el papel de “guía moral” o depositarios
de la verdad moral. Hoy, en
La pregunta sobre si
deben los curas formar parte de los Comités podría reformularse en estos
términos: ¿qué curas en los Comités? Si son curas que se sienten en posesión de
la verdad moral, es mejor –mucho mejor- que no formen parte de los CEAs. El sacerdote –el creyente, en definitiva- que quiera
tener cierta “autoridad” en temas de bioética y asistencia a la persona
enferma, deberá ser creíble por sus actos, por su formación seria y rigurosa en
bioética, por su talante abierto y dialogante, por su capacidad de reconocer en
el otro, en el que no piensa como él, su “pedazo” de verdad moral, por su
capacidad de trabajar en equipo como iguales. Si el cura es así, entonces
resultará evidente al resto de los miembros del Comité, que debe seguir
perteneciendo al mismo. Y lo será no en cuanto sacerdote, sino en cuanto
persona.
Porque, de hecho, los
miembros del Comité lo son a título personal y no en razón de su cargo; es
decir, cuando un médico habla en un Comité no representa a los médicos, ni
cuando una enfermera habla lo hace en nombre del colectivo de enfermería; no es
así en los CEAs, sino que, al contrario, cada uno
habla desde su experiencia y opinión personalísima. Así, nadie puede pretender
ver en la opinión de un médico la opinión de
El problema es que, en
general, pocos –muy pocos- sacerdotes tienen formación en bioética, en
habilidades de comunicación con el paciente, en enfermería, en pastoral de
Por tanto, el sacerdote
en el Comité, sí y no. Sí, en cuanto experto en bioética y no en cuanto
representante de una confesión religiosa. Lo que los CEAs
necesitan son personas abiertas al diálogo, prudentes y con conocimientos en
bioética. Sean o no curas. A efectos del Comité, la condición de uno de sus
miembros (casado o soltero, hombre o mujer, cura o laico) debería ser
irrelevante. Porque además, otras confesiones religiosas tienen todo el derecho
a reclamar que, si hay curas en los Comités en calidad de representantes de una
confesión, también haya representantes de la suya.
En esta polémica que os
ocupa, toca reconocer el importantísimo papel que la institución eclesial ha
jugado y juega en la asistencia sanitaria en nuestro país. Y, desde esa
valoración positiva, explorar caminos en pos de una sociedad más democrática y
participativa. Ello implica ir implementando el principio de una sana e
incluyente laicidad, que respete el hecho religioso como fuente de valores e
impulse el diálogo cívico en busca de puntos de acuerdo laicos en los que
todos, independientemente de nuestras creencias, podamos vernos reflejados. Y
la inclusión de sacerdotes en los Comités en virtud de un Convenio no camina en
esa dirección. Camina más bien en la dirección contraria.
Por tanto, desde mi
postura de creyente católico y militante socialista de Madrid, comparto la
demanda de que se derogue el vigente Convenio entre