CURAS Y RELIGIOSAS

 

            Un total de 18 curas han recibido nombramientos oficiales para hacerse cargo de tareas en nuestra parroquia a lo largo de las últimas cuatro décadas del siglo XX. Al primer párroco, Daniel Ortega, que la rigió de 1961 a 1979, le ayudó durante un año (1963-64) el coadjutor Ernesto Valenzuela. De 1967 a 1970 contó con el adscrito José Antonio Trol (fallecido en 2005). De 1967 a 1971 trabajó como coadjutor, además de cura obrero, Alfonso Gimeno, fallecido ese mismo año en accidente de automóvil. También estuvo de coadjutor Roberto Borobia de 1967 a 1968, año de su fallecimiento. Fue sustituido por Ignacio Cendoya quien, tras diez años de coadjutor (1969-1979), fue nombrado párroco hasta 1990.

 

            De 1969 a 1973 ejerció de coadjutor Benito Ardid hasta que se marchó a Ecuador, falleciendo en 1989. Le sustituyó Jesús Feliú Valiente de 1973 a 1976, falleciendo en 2010. Antonio Mas fue nombrado adscrito al marcharse el anterior y permaneció hasta 1984. En 1977 llegó Jesús Cabello, quien siguió de coadjutor hasta 1995. Y en 1983 fue nombrado coadjutor Antonio González-Mohíno hasta 1991.

 

            Un nuevo párroco, Jesús Domínguez, fue nombrado en 1990 y permaneció durante diez años. Un año después llega Pepe Nerín, adscrito de 1991 a 1998 y coadjutor a partir de ese año. Fernando Arregui es nombrado coadjutor en 1993 permaneciendo hasta 1997. También fueron coadjutores Pascual Chopo, de 1995 a 2002, Juan Sebastián Teruel, en 1998, Luis . Torra, de 1998 a 1999 y José Manuel Iserte, de 1999 a 2002.

 

            A lo largo de estas cuatro décadas del siglo XX varias han sido las comunidades religiosas que han prestado sus servicios en nuestra parroquia. El 8 de enero de 1962 las Siervas de Jesucristo Sacerdote comenzaron a trabajar en el barrio en la creación de una Guardería Infantil (ayudadas por las Conferencias de S. Vicente de Paúl). El 10 de julio vinieron a vivir a Daroca 36.

 

                Organizaron una Academia Nocturna “Madre de Dios de Begoña” para chicas de 14 años en adelante y una Escuela Hogar de Mujeres. Más tarde estuvieron viviendo en la calle Terminillo hasta que el 19 de marzo de 1975 se instalaron en el nuevo complejo parroquial recién construido. Recordamos a Tomasa Funes, directora de la Guardería, pero también a Ricarda, Conchita Martínez, etc.

 

            Las Siervas llevaron, además de la Guardería (que abandonaron por falta de personal suyo) y la atención personal a todos los curas, la responsabilidad de los adolescentes, el despacho parroquial, la AVF, la pastoral de bautismo, la atención al Hogar de Ancianos, el cuidado de la sacristía y preparación de la iglesia, el cuidado del teléfono y la coordinación permanente de la casa, habitualmente abierta a todos. El 30 de julio de 1979 la Directora Gral. de las Siervas comunicó el abandono de la parroquia.

 

            El 25 de junio de 1979 la Compañía de María confirmaba la venida de un equipo de cuatro religiosas para empezar a trabajar el curso 79-80 en la Guardería. Margarita Osés se convirtió en la nueva directora y se incorporó al Consejo de Pastoral de la parroquia. Recordamos también a Consuelo Agudo, Isabel Elorza (la cocinera), Teresa Pascual, . Jesús Romero, Marga García, Blanca González, Charo Martínez, . Victoria Girbau, Alicia Rivero, Mari Cruz Juárez, Rosa Sanz y Chini Rueda. Al cabo de siete años la Cía. de María no renovó el contrato que tenía firmado con la Guardería y las religiosas se marcharon al finalizar el curso 1986-87.

 

            En 1979 la Obra Misionera de Jesús y María se encargó de la gestión de la Residencia de Ancianos pasando a vivir a ella varias religiosas.

 

            Las Misioneras de la Inmaculada Concepción llegaron en 1989  y se instalaron en la calle Terminillo. Vinieron con la finalidad de insertarse en un barrio sencillo y necesitado de su acción apostólica y de sus actividades pastorales y sociales, y de inculcar este estilo de vida a sus formadas. Normalmente dos de ellas han estado incorporadas a las tareas parroquiales.

 

            No podemos dejar de mencionar igualmente a las Anas, religiosas que atendían el Sanatorio Psiquiátrico y que colaboraban en diversos grupos parroquiales, ni tampoco a los novicios jesuitas que convivieron muchas experiencias en la parroquia.