¿BALANCE PAPAL O PANEGÍRICO?


Con ocasión de cumplirse los 25 años de pontificado de Juan Pablo II los medios de comunicación vienen ofreciéndonos programas dedicados a glosar el evento. La otra noche presencié uno de ellos. Se trataba de un "debate" en torno a la figura del Papa. En él participaron 6 personas, de las cuales 5 mostraron en todo momento su entusiasmo por el actual Obispo de Roma, mientras que tan sólo una se mostró crítica, es decir, destacó elementos positivos juntamente con otros que lo han sido menos, si bien el desarrollo del programa le fue llevando a subrayar bastante más estos últimos aspectos. El crítico era Juan José Tamayo, teólogo laico y "bajo sospecha oficial", mientras que los otros eran el obispo de la Seo de Urgel y copríncipe de Andorra (así estaba presentado), un escolapio que ocupa altos cargos entre los religiosos españoles y europeos, la nueva directora de Cáritas Española, un biógrafo del Papa, de edad avanzada, y una joven estudiante de la universidad San Pablo CEU de Madrid. El programa se extendió a lo largo de unas dos horas y fue moderado por Javier Urdaci, Director, creo, de los Servicios Informativos de RTVE.

Como suele ocurrir en este tipo de programas, se habló de mucho pero se profundizó más bien poco ya que resultaba imposible dado el tiempo a disposición y la cantidad de cuestiones. Pero no me interesa en este artículo destacar tanto los contenidos cuanto una serie de apreciaciones que fui realizando a lo largo del mismo:

- Dada la idiosincrasia de los invitados (repito que 5 de un lado y 1 del otro) me temo que no se pretendía tanto un "debate" sino un panegírico de Juan Pablo II. El teólogo podía reflejar un cierto contrapunto que le daba un poco de "pimienta" al programa. De ahí que el moderador soliera lanzar las preguntas dirigiéndose a él, si bien el teólogo respondía con suavidad y buena documentación, sin pretender provocar polémicas, y que, a continuación, los otros intervinientes se expresaran en otra dirección eclipsando de alguna forma las opiniones críticas.

Tamayo habló documentando sus argumentos con numerosas citas, especialmente de escritos papales, en lo cual superó ampliamente a todos los demás invitados. Usó un estilo tranquilo, claro, divulgativo, y se situó desde el principio como analista crítico. No tuvo ningún gesto de crispación y escuchó atentamente lo que decían los demás sin que en su rostro se reflejara contrariedad alguna cuando no coincidían con sus argumentos. Parecía más un profesor o, en todo caso, un cura abierto. Consciente de que era el "disidente", asumió ser el único en ese rol, cayendo así en el juego de que pudiera pensarse que en la Iglesia posturas como la suya son propias de una ínfima minoría.

- Era muy curiosa la expresión facial del obispo: mientras hablaba Tamayo su cara se ponía tensa y oscura, mientras que era todo lo contrario, relajada y satisfecha, cuando lo hacía el escolapio. Además, trataba inmediatamente de matizar o corregir casi todo lo que el primero decía. El tuteo mutuo que se aplicaban denotaba, no obstante, que no era precisamente la primera vez que conversaban, lo cual favorecía que no existiera asomo de tensión a lo largo de todo el programa.

El obispo solía utilizar un lenguaje generalista y de grandes principios teológicos, dando por descontada la validez de algunos de éstos sin más matizaciones. Repetía, digamos, la posición oficial, aunque con una cierta flexibilidad, es decir, no en plan absolutamente cerrado, y, por supuesto, con buenos modales. Pero daba la impresión de que se situaba de alguna forma por encima. A este respecto me resultó curioso que al resaltar Tamayo la impresión negativa que produjo el que el Papa diera la comunión a Pinochet o amonestara públicamente en el aeropuerto a un Ernesto Cardenal postrado de rodillas ante él, el obispo afirmara que se trataba de anécdotas, comprensibles en un Papa que acababa de vivir durante toda su vida bajo un régimen comunista, mientras que para él lo importante eran otros gestos (a los que no calificaba como "anécdotas") como la oración ecuménica en Asís y otros que enumeró.

No me parece muy válida esta forma de argumentar, rebajando lo que afirma el interlocutor para subrayar por encima de todo las propias opiniones. Creo, como digo a mis alumnos, que hay que asumir todos los datos de la realidad, aunque a veces algunos nos resulten incómodos, y precisamente porque son incómodos para nuestros esquemas. De lo contrario nos quedamos con lo que nos interesa y negamos la existencia (o minimizamos todo lo que podemos) de lo otro. Todos esos datos sobre Juan Pablo II son reales y dignos de ser tenidos en cuenta a la hora de hacer un balance. Tampoco me parece muy válida la comprensión que se manifiesta ante las posibles "debilidades" del superior, sobre todo si se usan otras medidas a la hora de analizar y juzgar lo que realizan quienes no tienen una relevancia social.

- El religioso destacaba por su expresión amplia, con deseos de agradar, con gestos que pretendían, me parece a mí, transmitir una actitud de equilibrio y jovialidad a la hora de analizar los acontecimientos. Claro que siempre matizaba al mismo, al teólogo, no, por ejemplo, al obispo. Trataba, digamos, de poner las cosas en su justo punto. A mí me recordaba a aquellas personas que consideran que en el medio está la virtud, que hay que evitar posicionamientos extremos y radicales, y que siempre se lo suelen transmitir esto a quienes adoptan posturas más comprometidas. Me recuerda políticamente a quienes tratan de ocupar constantemente el centro del espectro político, pero que no dudan en acusar de "equidistantes" a quienes no se pronuncian radicalmente sobre las cuestiones que a ellos les interesan.

Los buenos modales del religioso, su expresión simpática, invitaban a estar de acuerdo con él, como suele ocurrir con las figuras mediáticas que saben cómo presentarse para caer bien. Lamentablemente no suelen reaccionar con la misma dulzura cuando se les pone en cuestión, se les contradice en aspectos que pueden ponerles en entredicho. Espero que éste no sea el caso. Pero los buenos modales, el "guante de seda", a veces se convierten en puño de hierro. No son suficientes las buenas formas, no tiene más razón quien no habla con pasión sino con suavidad. Las formas no son suficientes (aunque pueden agradecerse las buenas), el continente no es más que el contenido. El deseo de situarse en el medio empujando al disidente hacia el extremo no creo que sea la táctica mejor para alcanzar entre todos la verdad.

- La nueva directora de Cáritas resultó para mí decepcionante. Venía precedida de una buena imagen, procedente incluso de un partido de izquierda con el que fue concejala unos cuantos años de un ayuntamiento tan importante como el de Barcelona. Pero careció de un discurso amplio, se limitó a darnos a conocer lo que tenía apuntado en una libreta, se escaqueó de cuestiones que le afectaban especialmente por su condición femenina como la del sacerdocio de la mujer diciendo que a ella nunca le había interesado, alabó en todo momento la actuación del Pontífice y matizó en todas o casi todas sus intervenciones lo que acababa de decir el teólogo sin ni siquiera mirarlo de frente y eso que lo tenía sentado a su lado.

- El biógrafo papal resultó bastante irrelevante. Se trataba de un señor mayor a quien no se le acababa de entender muy bien (a excepción de aquello de que el Papa es un gran filósofo, lo cual lo repetía una y otra vez) y que tampoco lograba articular muy correctamente las frases, seguramente por no estar acostumbrado a hablar cotidianamente castellano. De un biógrafo esperábamos otra documentación más amplia y profunda. No intervino apenas en el debate. A mí me pareció más un panegirista que un biógrafo.

- La joven universitaria estudiaba, como ya he indicado, en una universidad católica privada de Madrid. Mostraba la espontaneidad propia de una chica de 20 años a la que no le interesan los matices sino lo que ella considera la verdad con mayúsculas. No quería entrar en nada que no fuera la relación personal con Jesucristo. A ella eso le bastaba, y consideraba que a muchos jóvenes (aunque en concreto sólo citó, creo, a dos amigas suyas) les pasa lo mismo que a ella. Jesús le habla y ella le habla. Le entusiasma Jesucristo y le sigue. Para ella el Papa era genial. Por su parte, trata de portarse bien en todo momento, aunque reconociendo que es débil e imperfecta como todo el mundo. Lo demás no parecía importarle demasiado y, de hecho, apenas intervino en el debate, como no fuera para ponerse en contra del teólogo.

Me recordó esa manera a mi modo "simple", que no sencilla, de vivir la fe que parece haberse extendido entre los nuevos movimientos religiosos, especialmente juveniles. Esa manera no comprometida con los pobres entre los que se encuentra Jesucristo. Esa espiritualidad del intimismo religioso, del trato individual con Dios y del cumplimiento de los deberes profesionales. Esa adoración por el Papa, olvidando el trabajo coordinado con el resto de la Diócesis. Esa "militancia" pública y amiga de las grandes concentraciones. Esa "sinceridad" de vivir religiosamente "sin complejos". Es un estilo que parece agradar a nuestras jerarquías ya que estas personas suelen estar disponibles para acudir a concentraciones y manifestar su entusiasmo (bastante cargante en muchas ocasiones), no manifestando nunca reclamaciones críticas ante la jerarquía y mostrando siempre buenos y dóciles modales. Es la juventud "sana" de la que suelen hablar nuestros obispos y dirigentes religiosos.


Tras esta breve descripción de los personajes y de algunas de sus actitudes (no puedo recordar todo lo que vi y oí), añado alguna otra consideración:

- No sé si se debate o se yuxtaponen monólogos. Y en esto caemos o podemos caer todos. No sé si interesa comprender al otro, sus razones y tratar de ir juntos hacia la "verdad", acercándonos entre nosotros lo más posible y sin necesidad, por supuesto, de uniformarnos. No sé si nos sentimos contentos con las aportaciones que nos hacen los demás. Creo que tenemos un ego muy grande tanto en cuanto individuos como en cuanto colectivos.

- Me pregunto por el grado de libertad que tienen los que ocupan cargos oficiales, habiendo sido nombrados para ellos por sus superiores jerárquicos. Me temo que aún resulta totalmente infrecuente escuchar a un obispo alguna sugerencia crítica y en parte disidente de la línea oficial. Me temo que la directora de Cáritas difícilmente puede hacer eso mismo sin que caiga bajo sospecha. Pero, ¿no deberían hacerlo en alguna ocasión?, ¿es que piensan que van a caer en desgracia o que pueden causar escándalo al "pueblo fiel"? ¿No es más bien desanimador y desmotivador ver cómo repiten lo que les viene de arriba sin ningún tipo de creatividad?

- En este punto resultó ¿sorprendente? la coincidencia en justificar la permanencia del actual Papa en su cargo a pesar de la evidente degeneración física. Se nos repite una y otra vez el gran ejemplo que nos da manteniéndose en la cruz, lo que anima esto a las personas mayores y con graves enfermedades (¿de verdad creen que es así?), y no se quieren considerar otras razones que son evidentes para mucha gente: que se merece un descanso, que para su trabajo hace falta alguien en plenas condiciones físicas, que hay que saber dar paso a otros y no considerarse imprescindible, que no hay que decir que ésta es la voluntad de Dios ya que lo mantiene en vida (¡horrible argumento!). La verdad es que a lo mejor yo soy muy raro y me junto con personas muy especiales, pero oigo comentar a la gente únicamente argumentos en favor de su retirada.

- Los que no coincidimos en bastantes aspectos con la línea oficial lo tenemos de momento bastante crudo. Me da la impresión de que nuestros argumentos no producen mella y que simplemente se nos "tolera". Se nota como una satisfacción y seguridad en las propias posiciones de los que nos dirigen, apoyadas, además, por todos aquéllos que les reafirman en ello. Al menos en el mencionado debate el disidente fue escuchado e incluso se comentó (para matizar o corregir) lo que afirmaba, y eso a pesar de que es un teólogo "condenado". Ya es un avance que admitiera, por ejemplo el obispo, sentarse con él para dialogar.

- Finalmente, es bueno que nos acostumbremos a hacer balances, pero que no los confundamos con panegíricos. Opino humildemente que hay que poner en una balanza lo positivo y lo negativo. Limitarse a lo primero es desvirtuar el balance y deshumanizar, en este caso concreto, al mismo Papa. En todos nosotros hay pecado, si bien "donde abundó el pecado sobreabundó la gracia". Todos somos mezcla de elementos positivos y negativos. Señalar estos últimos no es morbo sino aprender de errores ajenos para no repetirlos. Reconocer nuestros límites es favorecer que nos pongamos en actitud de dar gracias a Dios porque nos ayuda a superarlos.

Pepe Nerín