José Ignacio Calleja, Religión Digital, 26
de diciembre de 2009
Pero, ¿para qué te metes en esos foros?, me dicen
algunos que bien me quieren; sabes perfectamente que son como "una jaula
de grillos". Quizá, pero... Si hiciéramos un esfuerzo para ponderar lo que
estamos diciendo y si podemos decirlo así, tal cual... Leo el nombramiento
de Munilla en boca de "los políticos" y me digo, "ya han
convertido un debate eclesial y pastoral en un debate político;
preferentemente, político". Y detrás de ellos, la gran mayoría de los
católicos de a pie. Desde luego, todo tiene un sesgo político de uno u otro
signo; todo; la composición de
Creer que el pesar de los párrocos guipuzcoanos
en el "caso Munilla" es por filias y fobias nacionalistas,
sólo puede explicarse desde un nacionalismo mucho más visceral que el
denunciado. Debiéramos acostumbrarnos a diferenciar entre opciones políticas
y valores culturales de una población; en este caso, más que en otros,
plural y compleja en su conciencia de la identidad. Quien no digiere esta
distinción, y acusa a otros de politizaciones nacionalistas de la religión,
sólo porque habla así, tiene un problema de tolerancia y de capacidad de
convivencia con otros distintos a uno mismo.
Conozco mucha gente muy buena en su vida e
intención, pero que tiene este problema; la respeto, pero se lo digo. Y de esto
no podemos escapar diciendo, "Eta es
terror y asesina", sino diciendo esto mismo, ¡qué lo digo hace muchos
años!, pero respetando aquella diversidad y sus expresiones justas. El quicio
de la cuestión está en "justas", no en si molestan y cómo evitarnos
el problema. Vivir en el País Vasco, y ser ciudadano ahí, requiere
diferenciar el terror y sus apoyos políticos y sociales, de la legítima e
incómoda complejidad de sus ciudadanos. Con todos los peligros que esto
conlleva, pero con todos los derechos y deberes que son irrenunciables en
todos. Y de ahí, el pacto democrático, siempre respetado, y siempre precario.
Esto es vivir en sitios de complejidad identitaria, cultural y nacional
compleja. Quien quiera ser iglesia, obispo, cura o laico, en ese lugar, tiene
que entenderlo y traducirlo a derechos y deberes respetados, exigidos y
valorados. Yo mismo sé, y soy vasco, que al no hablar euskera, no debo consentir
abusos contra mí y otros por esta razón, pero tengo una dificultad muy seria
para ciertas responsabilidades, como ser Párroco en una zona euskaldún. Era un ejemplo.
Si esto fuese cierto, el debate en "el
caso Munilla" es ante todo eclesial y pastoral; qué modo de ser
Iglesia, de anunciar el evangelio y de practicar la fe entre una gente con sus
características propias. Y esto no puede resolverse en los términos de lo
que diga "el Cardenal", ¡es una maldad mía, pero hay que
decirlo!; es claro que no puede satisfacer a nadie, salvo a aquéllos que están
viviendo el caso en términos de "reconquista", y denuncio que son
demasiados. Ridículo.
Así que veamos con más tino y equilibrio algunos
lugares comunes sobre la "iglesia vasca", o para no ofender, "de
¿Por qué? Se dice que no hemos sido sensibles
al sufrimiento de las víctimas y hasta indiferentes. Hay que aceptar las
críticas, tienen mucho de verdad, pero hay que diferenciar y concretar mucho
más. Ellas debieron tenernos más cerca y más nítidamente, y antes. Deben
reconocer que se rodearon de no pocos compañeros de viaje con un propósito muy
politizado y partidista. No era tan fácil. De hecho, eso de que hubo que
buscar curas, por miedo y cobardía de los curas vascos, para celebrar los
funerales, no lo sé; se cita como un lugar común, pero me extraña; otra
cosa es que la parroquia tuviera unos horarios para los funerales, y se le exigiese
que esté el Obispo y sea a la una; no lo sé; siempre he pensado que en la
muerte, y más en el asesinato de los representantes políticos del pueblo, o de
la autoridad, el Obispo debió estar y favorecer los deseos de la familia;
pero también he pensado, que había que despolitizar los funerales de las
víctimas, con ese correr de las autoridades públicas a "presidir" el
funeral en lugar destacado; el homenaje público, sí, pero ¿el funeral? Estas
distinciones que sé que enfurecen a muchos, yo las mantengo desde el
compromiso de haber tenido una palabra pública de denuncia del terror de ETA,
desde hace muchos años; no paso factura, pero me siento un poco más libre,
sólo un poco, para decirlas; y la forma como veo que se denuncia a ciertos
Obispos vascos, y a la iglesia "vasca" en su conjunto, la asumo por mor de las víctimas, pero digo que muchos de cuantos la
hacen, no ponderan bien sus palabras, hablan generalizando, y están más
politizados que la mayoría de nosotros; y, cuando ha sido, o es,
Se dice que esta iglesia "vasca" ha
arruinado su patrimonio popular histórico, por mor de
su nacionalismo. Bueno, todo es más complejo, tras la secularización de las
sociedades modernas. Pero admitamos parte de la culpa. No debemos
ofender a ningún católico por nuestro nacionalismo, y él debe aprender a
reconocer el suyo y a convivir con distintos. Porque claro, si un
nacionalismo asentado y legítimo, el español, lo damos por
"normalizado", y por ende, "vivido en silencio", y otro,
emergente, lo declaramos ilegítimo, "porque genera terror", y lo
vivimos como anormal y silenciable, entonces tenemos
un problema de derechos en torno a lo justo. Yo me siento muy libre, otra
vez, para hacer estas distinciones, porque soy demasiado incrédulo como
para ser nacionalista de cualquier lugar, pero sé que tengo que respetar los
derechos y deberes de los que son distintos a mí, lo justo.
Y hay una cosa que he aprendido, lo justo en
sociedades identitariamente complejas hasta el
antagonismo es muy ingrato y difícil de acoger. Pero lo mismo sucede en las
sociedades de la crisis por causa del antagonismo en cuanto a los bienes
necesarios para vivir. Claro, si nos callamos sobre la propiedad y su
acumulación injusta y desmedida, y sobre la diversidad nacional de los vascos,
y cómo vivir estas cosas en justicia, si todo lo reducimos a
"caridad-beneficencia", todo es más fácil para la religión, pero a
qué precio en su encarnación hacia Dios y hacia la tierra. Es difícil todo
esto. Dicen que hemos vaciado los seminarios e iglesias, y que ahora se van
a recuperar, con otra propuesta religiosa, sólo religiosa, y cristiana, bien
cristiana; Dios nos oiga. Hay seminarios con vocaciones por distintos
lugares. No tantos, no tantos; y en varios casos, recogiendo vocaciones de aquí
y allá, más por afinidades "ideológico-religiosas", que por una
iglesia local floreciente. No sé cuál es el futuro de esa iglesia; con todo
respeto a esas personas y opciones, y Munilla los representa bien, tendrán que
dar cuenta, como todos, de las preferencias evangélicas, ¡no propias o de los
mentores!, sino evangélicas, las bienaventuranzas, primera expresión moral
y espiritual del Amor que nos convoca, y tendrán que hacerlo al modo como Jesús
es el Cristo de Dios, ¡que por cierto, lo lleva a la cruz, una cruz ni querida
ni buscada!, y tendrán que acoger la ley de
Si de uno u oro modo, no se acogen esas
preferencias de la fe, y estoy pensando en "los más pobres y
pecadores", sí, en ellos, y no se le da significado también social, sí,
social, y no se sabe de la autonomía moral de la persona, sí, moral,
evidentemente, pueden intentar otro camino pastoral y eclesial, pero lo harán
en falso; no he dicho, en vano, sino en falso. Todos tenemos que corregir en
los caminos recorridos, pero si alguien cree que por tener más vocaciones,
ya está la iglesia de Jesucristo en marcha, se equivoca; valorar la marcha
de
Creer que de esto te libras si acuerdas con el
Cardenal tus pasos, y por él, con Roma, es un camino que te va a distraer del
Evangelio, ¡no sería la primera vez en la iglesia española, ni la única iglesia
a la que le pasa!, y que mucha gente de bien entre nosotros lo va a recordar a
diario, y como es lógico, lo llevará a los Consejos de
Así que vamos despacio, y si ya no tiene remedio, a ver cómo hacemos iglesia de Jesucristo juntos, en la incomodidad de sabernos social y pastoralmente distintos; ¡quiero creer sinceramente que no antagónicos!; y en la certeza de que, desde la libertad del Amor, y el compromiso con los más pequeños del mundo, podemos dar con un mejor camino para que el ser humano viva con dignidad, o sea, para glorificar al Dios vivo. No es fácil.
Feliz Navidad. Zorionak
José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete