De sabios es rectificar
MIQUEL
CAMINAL, El País 12/07/2010
La
sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatuto de Autonomía de
Cataluña retrata sus prejuicios políticos y su falta de independencia. Han
ejercido de juez y de parte, pero no son los únicos responsables del
desaguisado estatutario. La responsabilidad política se reparte entre muchos
más actores e incluye también a las fuerzas políticas del catalanismo.
Habrá
tiempo para analizar el papel de cada uno en esta historia, pero en el momento
actual es necesario señalar el problema de fondo. ¿Cuál es? La falta de visión
y de sentido de Estado de los dos principales partidos españoles, el Partido
Popular y el PSOE. Una vez más se han enzarzado en acusaciones infantiles sobre
quién ha ganado o perdido. La sentencia del Tribunal Constitucional es una
derrota para todos, no solo para los catalanes. Las Cortes Generales han
quedado desautorizadas. ¿Es esto democráticamente lógico? ¿Ha pensado el
presidente del Gobierno en la desautorización de dos ministros suyos, los
ministros de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y de Justicia, Francisco
Caamaño, que tuvieron un papel protagonista en las negociaciones con los parlamentarios
catalanes? ¿Puede sensatamente el Grupo Socialista, mayoritario en el Congreso
de los Diputados, aceptar sin más la sentencia como si se tratara de cuestiones
poco relevantes? ¿En qué debería estar pensando la ministra Carme Chacón cuando
afirmó que estaba satisfecha con la sentencia?
El ridículo del Partido
Popular es todavía mayor. Los dirigentes de este partido político todavía no
han digerido el consenso constitucional de 1978. Utilizan, que no defienden, el
Estado autonómico. Un partido autonomista nunca hubiera presentado el recurso
contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Un partido democrático habría
respetado la decisión del pueblo catalán en el referéndum del 18 de junio de
2006. Impugnan artículos del Estatuto catalán que votan en el andaluz.
Increíble pero cierto. Los populares tienen genética preconstitucional y en los
momentos decisivos les sale. Son, ante todo, los guardianes de la patria
española. Otra vez este nacionalismo español tan particularista, tan primario,
como el propio Ortega y Gasset denunciaba.
Se impone la
rectificación. Ya es hora de que se haga un pacto de Estado por algo y no
contra algo. Desde
El problema de fondo que
ha descubierto el proceso de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña es
que no se quiere ver la necesidad de la reforma constitucional. Y no hay peor
ciego que el que no quiere ver. La ceguera constitucional afecta igualmente al PSOE
y al PP. Si recuperan la visión de Estado reconocerán las cuestiones capitales
que afectan al buen funcionamiento de un Estado compuesto, que el consenso
constitucional dejó pendientes, dadas las presiones políticas y las amenazas de
involución política que pesaban sobre el proceso constituyente. Tres décadas
después de aprobada
¿Por qué al PP y al PSOE
les resulta tan difícil reconocer España tal como es? España tiene textura
plurinacional y el Estado debe reconocerlo para conseguir la lealtad de todos
respetando la identidad nacional de cada uno. En una sociedad democrática todas
las lenguas merecen igual reconocimiento. El catalán (valenciano o balear), el
gallego y el vasco son lenguas que deben tener el mismo tratamiento oficial que
el castellano y, en consecuencia, ser reconocidas como lenguas oficiales del
Estado. Es lo que sucede en Suiza, en Canadá, en Finlandia, en Bélgica y es lo
justo. ¿Se ha pensado alguna vez qué sucedería en Suiza si el francés o el
italiano fueran tratados como el catalán en España? El uso en la igualdad de
las distintas lenguas oficiales en las Cortes Generales, en los documentos de identidad,
pasaportes, moneda, etcétera, tendría efectos extraordinariamente positivos
para la unión política.
Es ineludible una mejora
de la organización institucional del Estado autonómico. En primer lugar, no se
entiende ni funciona un Estado compuesto con un poder judicial centralizado. El
pecado original ya se cometió cuando se puso en el Título VI de
El poder judicial es la
institución más preconstitucional y centralista del Estado democrático, con una
sala de lo militar en el Tribunal Supremo cuya pervivencia insulta la justicia
democrática. Asimismo causa sonrojo que todavía no se haya promovido la reforma
del Senado como cámara territorial de las nacionalidades y regiones y, también,
que la provincia se mantenga como instancia periférica del Estado y como
circunscripción electoral. Todo ello distorsiona el modelo territorial
autonómico.
De igual manera no hay
que inventar nada sobre la distribución de competencias y recursos financieros
entre entes políticos. El derecho federal comparado abre muchas soluciones.
¿Por qué hay tanto miedo a la normalización y uso de la teoría y práctica
federales que tan buenos resultados ha dado en otros Estados democráticos? Un
miedo que deviene paradójico en la cultura política española, porque mientras
el nacionalismo español ve en el federalismo la semilla de la división, los
nacionalismos periféricos lo ven como el riesgo de uniformidad.
Al final los
nacionalismos enfrentados acaban sumando fuerzas contra la alternativa federal.
Pero no hay proyecto compartido posible entre España y Cataluña que no sea
federal y se fundamente en la plurinacionalidad del
Estado. Así que los nacionalismos tendrán que reconocerse, dialogar y pactar
soluciones, como se hizo en el consenso constitucional de 1978. Creo que es
posible si se aparcan los esencialismos nacionalistas
y hay voluntad política de seguir la senda del desarrollo democrático y
autonomista de
Miquel
Caminal es catedrático de Ciencia Política
de