DE UNA SOLA LINEA
La decisión del Consejo de Administración de RTVE de someter a control previo del mismo el contenido de los informativos ha provocado una lógica indignación y alcanzado tal magnitud que ha provocado que rápidamente hayan tenido que dar marcha atrás y retirar tan polémica medida. Nos congratulamos tanto de la reacción de rechazo a la disposición, lo cual es indicio de una opinión pública adulta que no admite que la traten como menor de edad, como del hecho de enmendar el error (y no sólo error) cometido.
A los obispos escuchamos de vez en cuando proclamas en contra del monopolio de los medios de comunicación, de su manipulación o de su control, sobre todo en los días en torno a las Jornadas sobre Medios de Comunicación. Pero la práctica episcopal muchas veces nos resulta contradictoria y la teoría al respecto no les impide controlar sus propios medios de forma incuestionable para evitar que opiniones que no coinciden con las suyas puedan ver la luz y ser conocidas.
Escribo esto a propósito de la decisión de nuestro Arzobispo de imponer por decreto el nombramiento de varios profesores en el CRETA (Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón), todos ellos de su particular línea ideológica y coincidiendo, además, con el cambio estatutario de director que se acaba de producir. Al mismo tiempo se ha postergado a otros posibles candidatos que, por su dedicación al centro en años anteriores en cursillos complementarios, parecían la opción más lógica y acertada. La decisión supone una preocupante novedad en la historia del mencionado centro.
Con independencia de la valía de
estos nuevos profesores y de sus cualidades personales, que se les supone como
a cualquiera de sus nuevos colegas, así como del cariño que les tenemos como
antiguos alumnos que han sido, la decisión, si estuviéramos en el ámbito civil,
sería considerada como una “cacicada”. En este caso se trata de un paso más
dentro de la tendencia impulsada desde “arriba” a uniformar las mentalidades, a
imponer el pensamiento único (el episcopal) y a alejarse cada vez más del deseo
del papa Pío XII de potenciar una opinión pública (se supone que plural) en
La decisión episcopal era un tema que corría de boca en boca de los profesores por los pasillos en las pausas del minicursillo que se nos estaba impartiendo para impulsar la nueva pedagogía. La desazón era evidente. Por el contrario, los profesores recién llegados, y cuya ortodoxa vestimenta difería claramente de la del resto, asistían a las explicaciones del ponente con caras de satisfacción propias de quien se siente a gusto en su nuevo cometido. Los profesores más veteranos hacían cuentas del tiempo que les restaba como tales debido, sobre todo aunque no únicamente, a lo poblado de sus canas.
Invitado posteriormente el claustro a degustar en el Seminario una bien servida y abundante comida, pudimos contemplar (“en vivo y en directo”, como se dice ahora) la nueva imagen de los siete u ocho seminaristas del Seminario Menor, también comensales aunque sin mezclarse. Me sentí como en Lima o en Medellín, observando sus uniformes propios de colegiales de esos países y su aspecto de hijos de inmigrantes. Tal vez uno de ellos fuera indígena, pero no así el resto, al menos por sus rasgos. Internos y segregados en un apartado centro desde la adolescencia. Una muestra más de que los chicos españoles (a las chicas se les impide) pasan de esta movida vocacional, lo cual no nos extraña a muchos dadas las actuales estructuras y orientaciones.
Pepe Nerín
23.9.2011