Díez-Alegría, la aventura de una conciencia
JUAN JOSÉ TAMAYO, El País 22/10/2011
En fecha
tan memorable como el 22 de octubre, centenario del
nacimiento de José María Díez-Alegría, me gustaría evocar el impacto que su
persona dejó en mí y las lecciones que de él aprendí tras casi cuatro décadas
de amistad y colaboración.
1. La primera y más importante fue la esperanza,
más aún, la esperanza contra toda desesperanza. Una esperanza vivida en
comunidad. Por eso con su amigo Pedro Laín Entralgo
podía hablar de co-esperar. No fue, empero, la suya una esperanza
ingenua o infantil, fácil y bobalicona, que desembocara en una confianza ciega,
sino, por utilizar la terminología de Bloch, docta spes,
en alianza con la razón, enraizada en la historia, con la mirada puesta en el
futuro, en el horizonte de la libertad, sabedora de los riesgos del camino y
consciente de los fracasos, tropiezos y desviaciones de la meta. Pero una
esperanza que salía reforzada de los fracasos.
2. La segunda lección fue el profetismo
en su doble vertiente de denuncia y anuncio, de crítica y propuesta de
alternativas. Siguiendo la estela de los viejos profetas de Israel y de Jesús
de Nazaret denunció las injusticias causadas por el capitalismo, objeto
fundamental de su crítica en no pocas de sus obras, siendo una de las más
emblemáticas De la propiedad privada a la socialización. Y lo hizo sin
temor a las consecuencias represivas de la jerarquía eclesiástica y del poder
político. La vida de Díez-Alegría, su pensamiento itinerante, su modo de estar
en el mundo y su manera de entender el cristianismo constituyen un ejemplo
luminoso de profetismo en la ciudad secular, en sintonía con la utopía de
"otro mundo posible" de los Foros Sociales Mundiales.
3. Hay una tercera lección de la que fue
pionero: la serena aproximación al marxismo en plena España franquista
donde reinaba en un clima antimarxista visceral. El marxismo jugó un papel
fundamental en la conformación del pensamiento y en la vida de Díez-Alegría,
pero no como sistema dogmático, sino como método de análisis de la realidad,
teoría de la revolución y guía ética para ubicarse en el lugar de la
marginación. Ese fue uno de los campos de reflexión y de debate en el que
brilló con luz propia junto a intelectuales de talla mundial como Bloch, Garaudy, Mury, Lombardo-Radice, Gardavski, Sacristán, Machovec, Girardi, Rahner, Metz, Moltmann
y otros. El ideal cristiano y el marxista coinciden en la construcción de una
sociedad sin clases. En esto, afirmaba, no hay contradicción entre ambos
ideales.
4. Díez-Alegría no fue un creyente crédulo, sino
crítico, pero no desde fuera y de forma malhumorada e iconoclasta, sino
desde dentro y con ánimo constructivo. Su crítica se dirigió a la religión y,
más en concreto, al cristianismo "realmente existente", a
5. La libertad de conciencia y la
libertad de expresión fueron la quinta lección maravillosamente formuladas y
ejemplarmente razonadas en muchos de sus escritos desde antes incluso del
concilio Vaticano II, pero, sobre todo, practicadas en los conflictos que le
tocó vivir, por ejemplo, con motivo de la publicación de su libro Yo creo en
la esperanza, a principios de los años setenta del siglo pasado, y a la
hora de abandonar
La apelación a la conciencia fue lo más
revolucionario de su vida y de su pensamiento, su modo de ser, su estilo de
vida y su criterio de actuación ante las instituciones y las jerarquías
religiosas y políticas. Sin levantar la voz, con buenos modales y elegancia.
La aventura de una conciencia es el certero
subtítulo de la biografía de Pedro Miguel Lamet Díez-Alegría,
jesuita sin papeles (Temas de Hoy, Madrid, 2005), que ofrece múltiples
ejemplos de la libertad y la objeción de conciencia del teólogo. Libertad de
conciencia y derechos humanos. Vida y pensamiento de José María Díez-Alegría
es el título de la tesis doctoral de Juan Antonio Delgado de
Díez-Alegría elevó a la categoría de virtudes,
no sé si cardinales o teologales (en esto no quiero ser heterodoxo), la
esperanza, el profetismo, la aproximación al marxismo, el sentido crítico y la
apelación a la conciencia.