Dios y ateísmo: un debate abierto
JUAN JOSÉ TAMAYO, El País
03/02/2009
La
jerarquía católica de España se ha sentido agredida por la campaña publicitaria
de diferentes asociaciones de ateos y librepensadores en los autobuses, y ha
expresado su condena de la misma con especial beligerancia, volviendo así a dar
muestras de intolerancia para con los increyentes.
Sorprende para empezar la desproporción
entre el tono respetuoso de la campaña y las gravísimas acusaciones de los
obispos españoles. Algunas organizaciones cristianas han pasado incluso de las
palabras a los hechos. El Centro Cristiano de Reunión, comunidad evangélica de Fuenlabrada, y el colectivo E-cristians
han replicado con una campaña similar en defensa de la existencia de Dios. Esta
situación me sugiere estas reflexiones.
1. La campaña de los ateos es una
respuesta a los fundamentalismos religiosos instalados con frecuencia en las
cúpulas de las religiones, que se muestran agresivos con la increencia
en sus distintas manifestaciones: ateísmo, agnosticismo e indiferencia
religiosa. Los fundamentalistas llegan a afirmar que el hombre sin Dios es como
un animal que pace y que Dios es el único fundamento de los derechos humanos.
Reclaman el protagonismo de las religiones en la esfera pública, pretenden
imponer la moral religiosa -en España, la cristiana- a toda la ciudadanía, no
respetan la autonomía de las realidades temporales y ocupan los espacios
públicos para deslegitimar la democracia. Condenan asimismo la teoría
científica de la evolución y defienden como ciencia el mito de la creación y la
teoría del diseño inteligente.
2. Creyentes y no creyentes están
en su derecho a expresar libremente sus ideas. Se trata de un derecho humano
fundamental e inalienable.
3. Creo, sin embargo, que el
problema de la existencia o inexistencia de Dios es demasiado serio como para
dirimirlo a través de anuncios cruzados a favor o en contra en unos autobuses.
Es necesario crear otros escenarios de reflexión y debate en torno al tema. En
los años sesenta del siglo pasado prestigiosos intelectuales cristianos, ateos
y agnósticos de la talla de Roger Garaudy,
Karl Rahner, J. Baptist Metz, Gilbert
Mury, Lombardo Radice, Giulio Girardi y Milan Machovec participaron en
los diálogos cristiano-marxistas en torno a Dios, la trascendencia, el futuro
de la religión y su significación en las sociedades modernas. González Ruiz,
participante en aquellos diálogos, recordaba años después la petición de los
intelectuales marxistas a los teólogos cristianos: "No maltraten el
Misterio. Respétenlo porque es fuente de espiritualidad". Cristianos y
marxistas renunciaron a sus respectivos dogmatismos y pasaron, en feliz
expresión del filósofo Garaudy, "del anatema al
diálogo", sin por ello renunciar a sus respectivas cosmovisiones. Fue una
iniciativa fructífera que debería continuarse hoy en el nuevo escenario sociorreligioso.
4. Me preocupa el tono de
confrontación entre creyentes y no creyentes que pueden tomar la campaña y la
contracampaña, ya que corre el peligro de seguir la estrategia del choque de
civilizaciones y religiones diseñada por el politólogo norteamericano
recientemente fallecido Samuel Huntington. En cuyo
caso, superadas ya las guerras de religiones, el siglo XXI se iniciaría bajo el
signo del enfrentamiento entre personas religiosas y no religiosas. Las
creencias e increencias religiosas volverían a
ser motivo de división o de conflicto, cuando son, más bien, expresión del pluriverso ideológico, de la diversidad religiosa y de la
riqueza de lo humano.
El nuevo siglo debe caminar por la senda
del encuentro entre culturas, el diálogo entre religiones y entre creyentes y
no creyentes, y la alianza contra la pobreza con un objetivo bien definido: la
construcción de una sociedad más justa y fraterna, intercultural, interétnica e
interreligiosa. En la tarea han de colaborar creyentes y no creyentes desde el
reconocimiento del otro y el respeto a sus diferencias. Exista Dios o no, hay
que disfrutar de la vida, pero luchando contra las injusticias, sin caer en el
individualismo insolidario, sea éste ateo o creyente.